jueves, enero 31, 2013

Beata Ludovica Albertoni, Viuda, Terciaria Franciscana


Beata Ludovica Albertoni, Viuda, Terciaria Franciscana
Enero 31

Martirologio Romano: En Roma, beata Ludovica Albertoni, que educó cristianamente a sus hijos y, al morir su esposo, entró en la Tercera Orden de San Francisco y prestó ayuda a los necesitados hasta tal punto que de ser rica llegó a ser pobre (1533).

Fecha de beatificación: Culto confirmado el 28 de enero de 1671 por el Papa Clemente X.

La beata Luisa (o Ludovica) Albertoni nació en Roma en 1473, en el seno de una familia noble. Fue hija de Esteban Albertoni y Lucrecia Tebaldi. A temprana edad quedó huérfana de padre y, al contraer nuevo matrimonio su madre, fue confiada al cuidado de su abuela y de sus tías, quienes se ocuparon de su educación cristiana.


Conforme a las costumbres de la época, siendo joven contrajo matrimonio con Santiago della Cetara, con quien vivió una unión santa y fiel, y tuvo tres hijas, a las que educó con esmero en la oración, la lectura espiritual y la práctica de la fe. Amó profundamente a su esposo y se distinguió por la fidelidad a sus deberes familiares.


Alrededor de los treinta y tres años, quedó viuda, recibiendo esta prueba con dolor, pero también con espíritu de fe y resignación cristiana. Desde entonces, decidió consagrarse más plenamente a Dios y se incorporó a la Tercera Orden de San Francisco, abrazando una vida de penitencia, oración y caridad activa.


A partir de ese momento, su existencia estuvo marcada por un amor extraordinario hacia los pobres, enfermos y necesitados. Repartía generosamente sus bienes, asistía a los hospitales, visitaba a los enfermos en sus casas y dedicaba especial atención a muchachas abandonadas o en peligro. Esta caridad sin medida le ocasionó graves conflictos con sus parientes, quienes llegaron a despojarla de su herencia y a someterla a vejaciones; aun así, Luisa perseveró con mansedumbre y firmeza evangélica.


Solía decir:


«¿Cómo es posible vivir sin sufrir, cuando se contempla a nuestro Dios colgado en una Cruz?».


Vivía con gran austeridad: dedicaba parte de la noche al descanso y el resto a la penitencia; por la mañana participaba en la Eucaristía y recibía devotamente la Comunión, distribuyendo luego el día entre los trabajos domésticos y la asistencia a los pobres. Repetía con frecuencia:


«Dios nos dio los bienes de la tierra para que los compartamos con quienes los necesitan».


Su generosidad fue tal que, de ser rica, llegó a vivir en la más completa pobreza, repartiendo incluso la pensión que su familia le había asignado para su sustento. En los últimos años de su vida, Dios la consoló con éxtasis espirituales extraordinarios, como anticipo de la paz eterna.


Murió en Roma el 31 de enero de 1533, a los sesenta años de edad. Toda la ciudad lloró su muerte, considerándola como la pérdida de una verdadera madre de los pobres. Su sepultura se convirtió pronto en lugar de veneración y de gracias obtenidas.


El culto a la beata Luisa Albertoni fue confirmado el 28 de enero de 1671 por el papa Clemente X. Su cuerpo se venera en la iglesia de San Francisco a Ripa, en Roma, donde se erigió una nueva tumba adornada con la célebre escultura de Gian Lorenzo Bernini, que la representa en un arrobamiento místico.

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Fuente: Vidas Santas 

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