San Agustín Roscelli, Presbítero y
Fundador
Mayo
7
Fundador de la Congregación de Hermanas de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María
Fundador de la Congregación de Hermanas de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María
Martirologio Romano: En Génova, en Italia, san Agustín Roscelli, presbítero y fundador de la Congregación de Hermanas de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María, para la formación de las niñas (1902).
Etimológicamente: Agustín = Aquel que es venerado, es de origen
latino.
En Agustín Roscelli, la Iglesia nos señala un ejemplo de sacerdote y de Fundador santo.
En Agustín Roscelli, la Iglesia nos señala un ejemplo de sacerdote y de Fundador santo.
Como sacerdote encarnó la figura del "pastor", del educador en la fe, del
ministro de la Palabra, del guía espiritual.
Siempre dispuesto a donarse en la obediencia, en la humildad, en el
silencio y en el sacrificio, buscó sólo la voluntad de Aquél que lo había
llamado y enviado.
En el desarrollo de su ministerio sacerdotal siguió el ejemplo de Cristo,
armonizando la vida interior con la intensa acción pastoral y su obra fue
fecunda porque estuvo alimentada por la continua oración y por un gran amor
hacia la Eucaristía.
Supo leer las situaciones de su tiempo e intervenir concretamente en favor
de los más indefensos, y en particular se empeñó para salvar a la juventud, de
las insidias y de los peligros morales.
Se dejó conducir por el Espíritu hasta fundar, casi sin saberlo, una
Familia religiosa.
Nació en Bargone de Casarza Ligure (Génova, Italia), el 17 de julio de 1818
de Domingo y María Gianelli; fue bautizado el mismo día porque se temía por su
vida.
Su familia, pobre de medios materiales, fue siempre para él, un ejemplo de
fe y de virtudes cristianas.
Inteligente, sensible, más bien reservado, Agustín muy pronto se mostró
útil a la familia en el cuidado del rebaño paterno.
Sus padres lo confiaron al Párroco, el Padre Andrés Garibaldi, quien le
impartió los primeros elementos del saber.
Hacia el sacerdocio
En mayo de 1835, con ocasión de una misión animada por el Archipresbítero
de Chiavari, Antonio María Gianelli, Agustín se sintió decididamente llamado al
sacerdocio y se trasladó a Génova para comenzar los estudios.
Los años de preparación a la Ordenación sacerdotal fueron duros y
difíciles, debiendo él mismo afrontar graves desafíos económicos.
Lo sostuvieron la voluntad tenaz, la intensa oración y la ayuda de personas
buenas, tales como el canónigo Gianelli quien, nombrado Obispo de Bobbio en el
año 1838, le encontró una ubicación como clérigo-sacristán y custodio de la
iglesia del Conservatorio de las Hijas de San José en San Rocchino, de la cual
Mons. Gianelli era el Director; los jesuitas después, lo vieron como el
"diligente prefecto", como lo afirma el mismo Rector en 1845.
El 19 de setiembre de 1846, fue ordenado sacerdote por el Cardenal Plácido
María Tadini.
Vice-Párroco - Confesor santo - Educador junto a los Artesanitos
El Padre Agustín fue destinado inmediatamente al populoso barrio de San
Martín de Albaro donde, con el espíritu de Cristo Pastor y con la administración
de todos los sacramentos, inició su humilde servicio en la obra de
santificación, dedicándose con esmero, caridad y con el ejemplo, al crecimiento
espiritual del Cuerpo de Cristo.
En el confesionario adquirió un conocimiento concreto de la triste realidad
y de los peligros en los que se encontraban tantas jóvenes que, por motivos de
trabajo, se trasladaban a la ciudad convirtiéndose en fácil presa para los
deshonestos.
Allí, su corazón de padre se angustiaba y se conmovía al pensar que tantas
almas sencillas podían perderse, porque se las dejaba solas e indefensas.
En 1858, si bien continuaba a dedicarse asiduamente al ministerio de la
Confesión, aceptó colaborar con el Padre Francisco Montebruno en la Obra de los
Artesanitos.
Entre los encarcelados y luego al horfanatorio
En 1872 amplió su campo de apostolado. Como ministro de Cristo "tomado
entre los hombres y constituido en favor de los hombres", se consagró
enteramente a la obra a la que el Señor lo había llamado, sin apartarse de las
miserias y de las pobrezas morales de su ciudad, interesándose no sólo de la
juventud masculina y femenina, sino incluso de los detenidos en la cárcel de San
Andrés, para llevar el consuelo y la misericordia del Señor.
En 1874, Capellán del nuevo Horfanatorio Provincial en la calle "delle
Fieschine", se dedicó a los recién nacidos administrándoles el Bautismo por un
lapso de 22 años (de los registros resulta que los bautizados fueron 8.484) y,
haciendo suyas las palabras de San Agustín "la plenitud de todas nuestras obras
es el amor", trabajó intensamente incluso a favor de las madres solteras, las
que eran jovencitas sencillas del pueblo que, por la falta de un trabajo digno y
retribuido, se convertían en víctimas de los malintencionados.
Las escuelas taller
El Padre Roscelli recibió la propuesta de algunas de sus penitentes,
espiritualmente maduras que, condividiendo su deseo de salvar las almas, le
ofrecieron su colaboración para ayudar a tantas jóvenes necesitadas de
asistencia moral, de una guía segura y de ser capaces de ganar honestamente lo
necesario para vivir.
En estas sedes, las jóvenes recibían una instrucción moral y religiosa,
junto a una sólida formación humana y cristiana en forma tal que las preparaba
para prevenir o para defenderse de los peligros de la ciudad, y al mismo tiempo
las capacitaba profesionalmente.
Una nueva Congregación
La tímida idea de dar vida a una Congregación religiosa fue estimulada por
Mons. Salvador Magnasco y por las colaboradoras del Padre Roscelli, las maestras
de las Casas-Taller, las que estaban convencidas que la Consagración a Cristo y
el empeño de santificación en la vida comunitaria, son la fuerza del
apostolado.
El Padre Agustín, interpeló incluso al Papa Pío IX y después de haber
recibido la respuesta "Deus benedicat te et opera tua bona" (Dios te bendiga a
ti y a tu buena obra), se sometió totalmente a la voluntad de Dios y el 15 de
octubre de 1876 realizó su sueño, y el 22 del mismo mes, entregó el hábito
religioso a sus primeras Hijas a las que llamó Hermanas de la Inmaculada,
indicando a las mismas el camino de santidad, señalado particularmente por las
virtudes propias de Quien es el modelo de la vida consagrada.
Después de las primeras incertezas, su obra se consolidó y se dilató más
allá de los confines de Génova y de Italia.
La existencia del "pobre sacerdote" concluyó el 7 de mayo del año
1902.
El Padre Roscelli fue:
Hombre de Dios: intuyó los designios de Dios sobre sí mismo y se abandonó a
El en una total docilidad.
En el humilde Sacerdote la acción divina y la humana, la contemplación y la
acción, se integraron en una admirable unidad de vida. Su apostolado siempre ha
brotado de la experiencia de Dios, que se abre a la oración, a la testimonianza
de fidelidad al ministerio sacerdotal, al anuncio del Evangelio.
Sal de la tierra: contemplativo, pobre, austero, siempre eligió el último
puesto, la renuncia. Olvidado de si mismo, de las propias exigencias, del
proprio tiempo, estuvo siempre a disposición de los demás en el confesionario, y
como fermento evangélico, intensificó la caridad "en la que confluían el amor
hacia Dios y hacia los hombres".
Signo profético: separado del mundo, pero en estrecha relación con la
realidad concreta de su tiempo, el Roscelli ha hecho visible el primado del amor
de Dios, acercándose con espíritu misericordioso y con corazón amoroso de Padre,
a los abandonados, a los encarcelados, a las madres solteras, a la juventud en
general y injusticia a quien hubiese caído víctima de la injusticia; a todos
ayudó y se mostró con una profunda sensibilidad por los derechos humanos y por
la causa justa de la promoción del hombre.
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Fuente: Vatican.va
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