lunes, junio 27, 2016

Evangelio Junio 27, 2016

Día litúrgico: Lunes XIII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 8,18-22): En aquel tiempo, viéndose Jesús rodeado de la muchedumbre, mandó pasar a la otra orilla. Y un escriba se acercó y le dijo: «Maestro, te seguiré adondequiera que vayas». Dícele Jesús: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». Otro de los discípulos le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre». Dícele Jesús: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos».

«Sígueme»
Rev. D. Jordi PASCUAL i Bancells - (Salt, Girona, España)

Hoy, el Evangelio nos presenta —a través de dos personajes— una cualidad del buen discípulo de Jesús: el desprendimiento de los bienes materiales. Pero antes, el texto de san Mateo nos da un detalle que no querría pasar por alto: «Viéndose Jesús rodeado de la muchedumbre...» (Mt 8,18). Las multitudes se reúnen cerca del Señor para escuchar su palabra, ser curados de sus dolencias materiales y espirituales; buscan la salvación y un aliento de Vida eterna en medio de los vaivenes de este mundo.

Como entonces, algo parecido pasa en nuestro mundo de hoy día: todos —más o menos conscientemente— tenemos la necesidad de Dios, de saciar el corazón de los bienes verdaderos, como son el conocimiento y el amor a Jesucristo y una vida de amistad con Él. Si no, caemos en la trampa de querer llenar nuestro corazón de otros “dioses” que no pueden dar sentido a nuestra vida: el móvil, Internet, el viaje a las Bahamas, el trabajo desenfrenado para ganar más y más dinero, el coche mejor que el del vecino, o el gimnasio para lucir el mejor cuerpo del país.... Es lo que les pasa a muchos actualmente.

En contraste, resuena el grito lleno de fuerza y de confianza del Papa Juan Pablo II hablando a la juventud: «Se puede ser moderno y profundamente fiel a Jesucristo». Para eso es preciso, como el Señor, el desprendimiento de todo aquello que nos ata a una vida demasiado materializada y que cierra las puertas al Espíritu.

«El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza (...). Sígueme» (Mt 8,22), nos dice el Evangelio de hoy. Y san Gregorio Magno nos recuerda: «Tengamos las cosas temporales para uso, las eternas en el deseo; sirvámonos de las cosas terrenales para el camino, y deseemos las eternas para el fin de la jornada». Es un buen criterio para examinar nuestro seguimiento de Jesús.
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Fuente: evangeli.net

Santo Evangelio según san Mateo 8:19


Santoral Junio 27


-Beata Luisa Teresa de Montaignac de Chauvance, Virgen Fundadora
-Beata Margarita Bays, Terciaria Franciscana

-Beato Davanzato Poggibonsi, Sacerdote

-Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (Siglo 13) 
-Nuestra Señora del Dorade, Tolosa, Francia 
-Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Patrona de Haití 

-San Anecto de Cesarea, Mártir (Busco Estampa)
-San Arialdo de Milán, Diácono y Mártir
 

-San Cirilo de Alejandría, Obispo y Doctor de la Iglesia (Memoria Litúrgica)
-San Crescencio de Galacia, Obispo y Mártir (Busco Estampa)
-San Fernando de Aragón, Obispo 
-San Juan de Chinon, Obispo Recluso (Busco Estampa)
-San Juan de Tornay, Presbítero y Confesor
-San Ladislao de Waradin, Rey de Hungría (Junio 30)
-San Maggiorino de Acqui, Obispo
-San Sansón de Constantinopla, Presbítero y Confesor-Santo Tomás Toán, Catequista y Mártir
-San Walhero o Valero de Onhaye, Presbítero y Mártir (Junio 23)-San Zoilo de Córdoba, y compañeros Mártires



-Santa Gundenia o Gudena de Cartago, Mártir (Busco Estampa)

domingo, junio 26, 2016

Evangelio Junio 26, 2016

Día litúrgico: Domingo XIII (C) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 9,51-62): Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, Jesús se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén, y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?». Pero volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo.

Mientras iban caminando, uno le dijo: «Te seguiré adondequiera que vayas». Jesús le dijo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». A otro dijo: «Sígueme». Él respondió: «Déjame ir primero a enterrar a mi padre». Le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios». También otro le dijo: «Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa». Le dijo Jesús: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios».


«Sígueme»
Pbro. José MARTÍNEZ Colín - (Culiacán, México)

Hoy, el Evangelio nos invita a reflexionar sobre nuestro seguimiento de Cristo. Importa saber seguirlo como Él lo espera. Santiago y Juan aún no habían aprendido el mensaje de amor y de perdón: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?» (Lc 9,54). Los otros convocados aún no se desprendían realmente de sus lazos familiares. Para seguir a Jesucristo y cumplir con nuestra misión, hay que hacerlo libres de toda atadura: «Nadie que (...) mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios» (Lc 9,62).

Con motivo de una Jornada Misionera Mundial, Juan Pablo II hizo un llamamiento a los católicos a ser misioneros del Evangelio de Cristo a través del diálogo y el perdón. El lema había sido: «La misión es anuncio de perdón». Dijo el Papa que sólo el amor de Dios es capaz de hermanar a los hombres de toda raza y cultura, y podrá hacer desaparecer las dolorosas divisiones, los contrastes ideológicos, las desigualdades económicas y los violentos atropellos que oprimen todavía a la Humanidad. Mediante la evangelización, los creyentes ayudan a los hombres a reconocerse como hermanos.

Si nos sentimos verdaderos hermanos, podremos comenzar a comprendernos y a dialogar con respeto. El Papa ha subrayado que el empeño por un diálogo atento y respetuoso es una condición para un auténtico testimonio del amor salvífico de Dios, porque quien perdona abre el corazón a los demás y se hace capaz de amar. El Señor nos lo dejó dicho en la Última Cena: «Que os améis los unos a los otros, así como Yo os he amado (...). En esto reconocerán todos que sois discípulos míos» (Jn 13,34-35).

Evangelizar es tarea de todos, aunque de modo diferente. Para algunos será acudir a muchos países donde aún no conocen a Jesús. A otros, en cambio, les corresponde evangelizar a su alrededor. Preguntémonos, por ejemplo, si quienes nos rodean saben y viven las verdades fundamentales de nuestra fe. Todos podemos y debemos apoyar, con nuestra oración, sacrificio y acción, la labor misionera, además del testimonio de nuestro perdón y comprensión para con los demás.
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Fuente: evangeli.net

Santo Evangelio según san Lucas 9:51


Santo Evangelio según san Lucas 9:54


Santo Evangelio según san Lucas 9:58


Santoral Junio 26


-Beata Juana Gerard, Mártir
-Beata María Josefina de Jesús Crucificado, Carmelita
-Beata María Magdalena Fontaine, y 3 compañeras Mártires
-Beata María Francisca Lanel, Mártir
-Beata Teresa Magdalena Fantou, Mártir

-Beato Andrés Iscak, Presbítero y Mártir
-Beato Andrés Jacinto Longhin, Obispo Capuchino
-Beato Mykola Konrad, Mártir
-Beato Raimundo Petiniaud de Jourgnac, Presbítero y Mártir (Busco Estampa)
-Beato Santiago Ghazir, Sacerdote Capuchino y Fundador
-Beato Sebastiano de Burgherre, Mercedario
-Beato Vladimiro Pryjm, Mártir


-Nuestra Señora de Meliapore, Indias del Este (1542)


-San Antelmo de Belley o de Chignin, Obispo
-San David de Tesalónica, Eremita
-San Deodato de Nola, Obispo (Busco Estampa)
-San Josemaría Escrivá de Balaguer, Fundador de la Prelatura "Opus Dei"
-San José María Ma-Tai-Shun, Médico Catequista Mártir (Busco Estampa)
-San José María Robles Hurtado, Sacerdote, Escritor, Fundador y Mártir
-San Juan de Roma, Mártir
-San Medico, Mártir
-San Majencio o Adjutor de Poitou, Abad

-San Pablo de Roma, Mártir
-San Pelayo o Paio de Córdoba, Mártir (Memoria Litúrgica)
-San Rodolfo de Gubbio, Obispo
-San Salvio de Valenciennes, Obispo de Angulema y Mártir

-San Superio de Valenciennes, Discípulo de Salvio y Mártir (Busco Estampa)
-San Vigilio o Virgilio de Trento, Obispo y Mártir

-Santa Columba de Magné, Virgen (Junio 25) (Busco Estampa)

-Santa Macrina de Magné, Virgen (Junio 25) (Busco Estampa)
-Santa Pazanne (o Perseverancia) de Poitou, Virgen y Mártir (Junio 25)

sábado, junio 25, 2016

Evangelio Junio 25, 2016

Día litúrgico: Sábado XII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 8,5-17): En aquel tiempo, al entrar en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le rogó diciendo: «Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos». Dícele Jesús: «Yo iré a curarle». Replicó el centurión: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: ‘Vete’, y va; y a otro: ‘Ven’, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace». Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes». Y dijo Jesús al centurión: «Anda; que te suceda como has creído». Y en aquella hora sanó el criado.

Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Le tocó la mano y la fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle. Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; Él expulsó a los espíritus con una palabra, y curó a todos los enfermos, para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: «Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades».


«Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano»
Rev. D. Xavier JAUSET i Clivillé - (Lleida, España)

Hoy, en el Evangelio, vemos el amor, la fe, la confianza y la humildad de un centurión, que siente una profunda estima hacia su criado. Se preocupa tanto de él, que es capaz de humillarse ante Jesús y pedirle: «Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos» (Mt 8,6). Esta solicitud por los demás, especialmente para con un siervo, obtiene de Jesús una pronta respuesta: «Yo iré a curarle» (Mt 8,7). Y todo desemboca en una serie de actos de fe y confianza. El centurión no se considera digno y, al lado de este sentimiento, manifiesta su fe ante Jesús y ante todos los que estaban allí presentes, de tal manera que Jesús dice: «En Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande» (Mt 8,10).

Podemos preguntarnos qué mueve a Jesús para realizar el milagro. ¡Cuántas veces pedimos y parece que Dios no nos atiende!, y eso que sabemos que Dios siempre nos escucha. ¿Qué sucede, pues? Creemos que pedimos bien, pero, ¿lo hacemos como el centurión? Su oración no es egoísta, sino que está llena de amor, humildad y confianza. Dice san Pedro Crisólogo: «La fuerza del amor no mide las posibilidades (...). El amor no discierne, no reflexiona, no conoce razones. El amor no es resignación ante la imposibilidad, no se intimida ante dificultad alguna». ¿Es así mi oración?

«Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo...» (Mt 8,8). Es la respuesta del centurión. ¿Son así tus sentimientos? ¿Es así tu fe? «Sólo la fe puede captar este misterio, esta fe que es el fundamento y la base de cuanto sobrepasa a la experiencia y al conocimiento natural» (San Máximo). Si es así, también escucharás: «‘Anda; que te suceda como has creído’. Y en aquella hora sanó el criado» (Mt 8,13).

¡Santa María, Virgen y Madre!, maestra de fe, de esperanza y de amor solícito, enséñanos a orar como conviene para conseguir del Señor todo cuanto necesitamos.
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Fuente: evangeli.net

Santo Evangelio según san Mateo 8:8


Santoral Junio 25


-Beata María Lhuillier, Virgen y Mártir

-Beato Fulgencio de Lara, Mercedario

-Beato Guido Maramaldi, Confesor (Busco Estampa)
-Beato Juan Hispano, Monje
-Beato Pablo Giustiniani, Fundador

-Maternidad Divina de Nuestra Señora, declarada en el Concilio de Efeso en el año 431


-San Adalberto o Adelberto de Egmond, Diácono y Abad

-San Antidio de Besanzon, Obispo y Mártir
-San Agatón de Alejandría, Mártir
-San Diógenes, Mártir
-Santo Domingo Henares, Obispo y Mártir
-San Francisco Do Minh Chieu, Catequista y Mártir
-San Galicano de Alejandría, Mártir
-San Guillermo de Vercelli o Goleto, Monje, Ermitaño y Confesor 
-San Máximo de Turín, Obispo
-San Moloc (o Luano) de Escocia o Rosemarkie, Obispo
-San Pedro (David) de Murom, Esposo y Mártir
-San Próspero de Aquitania, Monje Seglar
-San Próspero de Reggio Emilia, Obispo
-San Salomón I de Bretaña, Rey y Mártir
-San Sosipatro de Berea, Discípulo de San Pablo 

-Santa Columba de Magné, Virgen (Busco Estampa)

-Santa Eleonora o Leonor de Provenza, Reina
-Santa Febronia (Eufrosina) de Murom, Esposa y Mártir
-Santa Febronia de Nisibe, Virgen y Mártir
-Santa Lucía, Mártir
-Santa Lucía de Roma, Virgen y 22 Mártires (Busco Estampa)
-Santa Macrina de Magné, Virgen (Busco Estampa)
-Santa Orosia o Eurosia de Jaca, Mártir
-Santa Pazanne (o Perseverancia) de Poitou, Virgen y Mártir
-Santa Tigris o Tecla de Maurienne, Virgen

viernes, junio 24, 2016

Evangelio Junio 24, 2016

Día litúrgico: 24 de Junio: El Nacimiento de san Juan Bautista

Texto del Evangelio (Lc 1,57-66.80): Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella. Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo: «No; se ha de llamar Juan». Le decían: «No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre». Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. Él pidió una tablilla y escribió: ‘Juan es su nombre’. Y todos quedaron admirados.

Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: «Pues ¿qué será este niño?». Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él. El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.


«El niño crecía y su espíritu se fortalecía»
Rev. D. Joan MARTÍNEZ Porcel - (Barcelona, España)

Hoy, celebramos solemnemente el nacimiento del Bautista. San Juan es un hombre de grandes contrastes: vive el silencio del desierto, pero desde allí mueve las masas y las invita con voz convincente a la conversión; es humilde para reconocer que él tan sólo es la voz, no la Palabra, pero no tiene pelos en la lengua y es capaz de acusar y denunciar las injusticias incluso a los mismos reyes; invita a sus discípulos a ir hacia Jesús, pero no rechaza conversar con el rey Herodes mientras está en prisión. Silencioso y humilde, es también valiente y decidido hasta derramar su sangre. ¡Juan Bautista es un gran hombre!, el mayor de los nacidos de mujer, así lo elogiará Jesús; pero solamente es el precursor de Cristo.

Quizás el secreto de su grandeza está en su conciencia de saberse elegido por Dios; así lo expresa el evangelista: «El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel» (Lc 1,80). Toda su niñez y juventud estuvo marcada por la conciencia de su misión: dar testimonio; y lo hace bautizando a Cristo en el Jordán, preparando para el Señor un pueblo bien dispuesto y, al final de su vida, derramando su sangre en favor de la verdad. Con nuestro conocimiento de Juan, podemos responder a la pregunta de sus contemporáneos: «¿Qué será este niño?» (Lc 1,66).

Todos nosotros, por el bautismo, hemos sido elegidos y enviados a dar testimonio del Señor. En un ambiente de indiferencia, san Juan es modelo y ayuda para nosotros; san Agustín nos dice: «Admira a Juan cuanto te sea posible, pues lo que admiras aprovecha a Cristo. Aprovecha a Cristo, repito, no porqué tú le ofrezcas algo a Él, sino para progresar tú en Él». En Juan, sus actitudes de Precursor, manifestadas en su oración atenta al Espíritu, en su fortaleza y su humildad, nos ayudan a abrir horizontes nuevos de santidad para nosotros y para nuestros hermanos.
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Fuente: evangeli.net

Santo Evangelio según san Lucas 1:57


Santoral Junio 24


-Beato Cristobal de Albarran, Mercedario

-Nuestra Señora de Clos Evrard, Trier, Alemania (1449)

-San Agilberto de Creteil, y compañeros Mártires (Busco Estampa)

-San Agoardo de Creteil, y compañeros Mártires (Busco Estampa)
-San Atanacio de Paros,
-San Ciriaco de Sataló, Soldado y Mártir
-San Farnacio de Sataló, Soldado y Mártir
-San Fermín de Sataló, Soldado y Mártir
-San Firmo de Sataló, Soldado y Mártir
-San Gunardo o Goardo de Nantes, Obispo y Mártir
-San Heroes de Sataló, Soldado y Mártir
-San José Yuan Zaide, Presbítero y Mártir
-San Juan Bautista (Natividad) (Memoria Litúrgica)
-San Juan de Terestes, Monje
-San Juan de Roma, Mártir
-San Longinos de Sataló, Soldado y Mártir
-San Orencio de Satalo, y Siete Hermanos Soldados Mártires
-San Rumoldo de Malinas, Eremita y Mártir
-San Simplicio de Autun, Obispo
-San Teodgaro de Vestervig, Presbítero
-San Teodulfo de Lobbes, Abad y Obispo

-Santa Febronia de Murom, Princesa de Rusia

jueves, junio 23, 2016

Evangelio Junio 23, 2016

Día litúrgico: Jueves XII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 7,21-29): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Y entonces les declararé: ‘¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!’.

»Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina».

Y sucedió que, cuando acabó Jesús estos discursos, la gente quedaba asombrada de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas.


«No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos»
Rev. D. Joan Pere PULIDO i Gutiérrez Secretario del obispo de Sant Feliu - (Sant Feliu de Llobregat, España)

Hoy nos impresiona la afirmación rotunda de Jesús: «No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial» (Mt 7,21). Por lo menos, esta afirmación nos pide responsabilidad en nuestra condición de cristianos, al mismo tiempo que sentimos la urgencia de dar buen testimonio de la fe.

Edificar la casa sobre roca es una imagen clara que nos invita a valorar nuestro compromiso de fe, que no puede limitarse solamente a bellas palabras, sino que debe fundamentarse en la autoridad de las obras, impregnadas de caridad. Uno de estos días de junio, la Iglesia recuerda la vida de san Pelayo, mártir de la castidad, en el umbral de la juventud. San Bernardo, al recordar la vida de Pelayo, nos dice en su tratado sobre las costumbres y ministerio de los obispos: «La castidad, por muy bella que sea, no tiene valor, ni mérito, sin la caridad. Pureza sin amor es como lámpara sin aceite; pero dice la sabiduría: ¡Qué hermosa es la sabiduría con amor! Con aquel amor del que nos habla el Apóstol: el que procede de un corazón limpio, de una conciencia recta y de una fe sincera».

La palabra clara, con la fuerza de la caridad, manifiesta la autoridad de Jesús, que despertaba asombro en sus conciudadanos: «La gente quedaba asombrada de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas» (Mt 7,28-29). Nuestra plegaria y contemplación de hoy, debe ir acompañada por una reflexión seria: ¿cómo hablo y actúo en mi vida de cristiano? ¿Cómo concreto mi testimonio? ¿Cómo concreto el mandamiento del amor en mi vida personal, familiar, laboral, etc.? No son las palabras ni las oraciones sin compromiso las que cuentan, sino el trabajo por vivir según el Proyecto de Dios. Nuestra oración debería expresar siempre nuestro deseo de obrar el bien y una petición de ayuda, puesto que reconocemos nuestra debilidad.

-Señor, que nuestra oración esté siempre acompañada por la fuerza de la caridad.
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Fuente: evangeli.net

Santo Evangelio según san Mateo 7:21


Santo Evangelio según san Mateo 7:22


Santo Evangelio según san Mateo 7:23


Santo Evangelio según san Mateo 7:24


Santoral Junio 23


-Beata Altrude da Romav Virgen Terciaria Franciscana
-Beata Francisca Martel,Virgen Mercedaria
-Beata María Rafaela Cimatti, Virgen
-Beata María de Oignies (María de Nivelles), Reclusa

-Beato Lupo de Paredes, Mercedario

-Beato Pedro Jacobo de Pésaro, Presbítero y Eremita

-Nuestra Señora de Justinienne en Cartago, (Siglo 6)


-San Ardame de Egipto, Mártir (Busco Estampa)
-San Bilio de Dariórigo o Vannes, Obispo y Mártir
-San Cotilas de Egipto, Mártir (Busco Estampa)
-San Félix de Sutri, Presbítero y Mártir
-San José Cafasso, Presbítero y Confesor
-San Juan de Roma, Presbítero y Mártir
-San Lanfranco Beccari de Pavia, Obispo
-San Liberto de Cambrai o Brabante, Obispo
-Santos Martires de Nicomedia, Mártires
-San Moisés de Egipto, Mártir (Busco Estampa)
-San Paisis de Egipto, Mártir (Busco Estampa) 
-Santo Tomás Garnet, Presbítero y Mártir 
-San Walhero o Valero de Onhaye, Presbítero y Mártir 
-San Zenas de Filadelfia, Esclavo y Mártir 
-San Zenón de Filadelfia, Mártir

-Santa Agripina de Roma, Virgen y Mártir 
-Santa Etheldreda de Ely o Inglaterra, Reina y Abadesa 
-Santa Ediltrudis de Eli,

miércoles, junio 22, 2016

Evangelio Junio 22, 2016

Día litúrgico: Miércoles XII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 7,15-20): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los reconoceréis».

«Por sus frutos los reconoceréis»
+ Rev. D. Antoni ORIOL i Tataret - (Vic, Barcelona, España)

Hoy, se nos presenta ante nuestra mirada un nuevo contraste evangélico, entre los árboles buenos y malos. Las afirmaciones de Jesús al respecto son tan simples que parecen casi simplistas. ¡Y justo es decir que no lo son en absoluto! No lo son, como no lo es la vida real de cada día.

Ésta nos enseña que hay buenos que degeneran y acaban dando frutos malos y que, al revés, hay malos que cambian y acaban dando frutos buenos. ¿Qué significa, pues, en definitiva, que «todo árbol bueno da frutos buenos (Mt 7,17)»? Significa que el que es bueno lo es en la medida en que no desfallece obrando el bien. Obra el bien y no se cansa. Obra el bien y no cede ante la tentación de obrar el mal. Obra el bien y persevera hasta el heroísmo. Obra el bien y, si acaso llega a ceder ante el cansancio de actuar así, de caer en la tentación de obrar el mal, o de asustarse ante la exigencia innegociable, lo reconoce sinceramente, lo confiesa de veras, se arrepiente de corazón y... vuelve a empezar.

¡Ah! Y lo hace, entre otras razones, porque sabe que si no da buen fruto será cortado y echado al fuego (¡el santo temor de Dios guarda la viña de las buenas vides!), y porque, conociendo la bondad de los demás a través de sus buenas obras, sabe, no sólo por experiencia individual, sino también por experiencia social, que él sólo es bueno y puede ser reconocido como tal a través de los hechos y no de las solas palabras.

No basta decir: «Señor, Señor!». Como nos recuerda Santiago, la fe se acredita a través de las obras: «Muéstrame tu fe sin las obras, que yo por las obras te haré ver mi fe» (Sant 2,18).
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Fuente: evangeli.net

Santo Evangelio según san Mateo 7:15


Santo Evangelio según san Mateo 7:16


Santoral Junio 22


-Beato Inocencio V, Papa

-Los Diez Mil Santos Mártires del Monte Ararat
-Los Mil Cuatrocientos Ochenta Mártires de Samaria

-Nuestra Señora de Narni, Italia (Siglo 15), habló con la Beata Lucia

-San Aarón de Caerleon, Mártir (Busco Estampa)
-San Albano de Inglaterra o Verulam, Máritr
-San Eusebio de Samosata, Obispo y Mártir

-San Everardo de Salzburgo, Arzobispo
-San Flavio Clemente, Mártir
-San Gregorio I de Agrigento, Obispo (Busco Estampa)

-San Juan Fisher de Rochester, Obispo y Mártir (Memoria Litúrgica)
-San Juan de Nápoles, Obispo
-San Julio de Caerleon, Mártir (Busco Estampa)
-San Nicetas de Remesiana, Obispo
-San Paulino de Nola, Obispo y Confesor (Memoria Litúrgica)

-Santo Tomás Moro (More), Mártir (Memoria Litúrgica)
-Santa Consorcia, Vírgen

martes, junio 21, 2016

Evangelio Junio 21, 2016

Día litúrgico: Martes XII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 7,6.12-14): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen. Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas. Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran».

«No deis a los perros lo que es santo»
Diácono D. Evaldo PINA FILHO - (Brasilia, Brasil)

Hoy, el Señor nos hace tres recomendaciones. La primera, «No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos» (Mt 7,6), contrastes en que los “bienes” son asociados a “perlas” y lo “que es santo”; y, por otro lado, los “perros y puercos” a lo que es impuro. San Juan Crisóstomo nos enseña que «nuestros enemigos son iguales a nosotros en su naturaleza pero no en su fe». A pesar de que los beneficios terrenales son concedidos de igual manera a los dignos e indignos, no es así en lo que se refiere a las “gracias espirituales”, privilegio de aquellos que son fieles a Dios. La correcta distribución de los bienes espirituales implica un celo por las cosas sagradas.

La segunda es la llamada “regla de oro” (cf. Mt 7,12), que compendiaba todo lo que la Ley y los Profetas recomendaron, tal como ramas de un único árbol: El amor al prójimo presupone el Amor a Dios, y de Él proviene.

Hacer al prójimo lo que queremos que nos hagan implica una transparencia de acciones para con el otro, en el reconocimiento de su semejanza a Dios, de su dignidad. ¿Por qué razón deseamos el Bien para nosotros mismos? Porque lo reconocemos como medio de identificación y unión con el Creador. Siendo el Bien el único medio para la vida en plenitud, es inconcebible su ausencia en nuestra relación con el prójimo. No hay lugar para el bien donde prevalezca la falsedad y predomine el mal.

Por último, la "puerta estrecha"... El Papa Benedicto XVI nos pregunta: «¿Qué significa esta ‘puerta estrecha’? ¿Por qué muchos no pueden pasar por ella? ¿Es un pasaje reservado para algunos elegidos?». ¡No! El mensaje de Cristo «nos dice que todos podemos entrar en la vida. El pasaje es ‘estrecho’, pero abierto a todos; ‘estrecho’ porque es exigente, requiere compromiso, abnegación, mortificación del propio egoísmo».

Roguemos al Señor que realizó la salvación universal con su muerte y resurrección, que nos reúna a todos en el Banquete de la vida eterna.

«Entrad por la puerta estrecha»
+ Rev. D. Lluís ROQUÉ i Roqué  - (Manresa, Barcelona, España)

Hoy, Jesús nos hace tres recomendaciones importantes. No obstante, centraremos nuestra atención en la última: «Entrad por la entrada estrecha» (Mt 7,13), para conseguir la vida plena y ser siempre felices, para evitar ir a la perdición y vernos condenados para siempre.

Si echas un vistazo a tu alrededor y a tu misma existencia, fácilmente comprobarás que todo cuanto vale cuesta, y que lo que tiene un cierto nivel está sujeto a la recomendación del Maestro: como han dicho con gran profundidad los Padres de la Iglesia, «por la cruz se cumplen todos los misterios que contribuyen a nuestra salvación» (San Juan Crisóstomo). Una vez me decía, en el lecho de su agonía, una anciana que había sufrido mucho en su vida: «Padre, quien no saborea la cruz no desea el cielo; sin cruz no hay cielo».

Todo lo dicho contradice a nuestra naturaleza caída, aunque haya sido redimida. Por eso, además de enfrentarnos con nuestro natural modo de ser, tendremos que ir a contracorriente a causa del ambiente de bienestar que se fundamenta en el materialismo y en el goce incontrolado de los sentidos, que buscan —al precio de dejar de ser— tener más y más, obtener el máximo placer.

Siguiendo a Jesús —que ha dicho «Yo soy la luz del mundo. El que me siga no caminará a oscuras, sino que tendrá la luz de la vida» (Jn 8,12)—, nos damos cuenta que el Evangelio no nos condena a una vida oscura, aburrida e infeliz, sino todo lo contrario, pues nos promete y nos da la felicidad verdadera. No hay más que repasar las Bienaventuranzas y mirar a aquellos que, después de entrar por la puerta estrecha, han sido felices y han hecho dichosos a los demás, obteniendo —por su fe y esperanza en Aquel que no defrauda— la recompensa de la abnegación: «El ciento por uno en el presente y la vida eterna en el futuro» (Lc 18,30). El “sí” de María está acompañado por la humildad, la pobreza, la cruz, pero también por el premio a la fidelidad y a la entrega generosa.
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Fuente: evangeli.net