sábado, agosto 24, 2019

Evangelio Agosto 25, 2019

Día litúrgico: Domingo XXI (C) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc13,22-30):En aquel tiempo, Jesús atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén. Uno le dijo: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?». Él les dijo: «Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los que estéis fuera a llamar a la puerta, diciendo: ‘¡Señor, ábrenos!’. Y os responderá: ‘No sé de dónde sois’. Entonces empezaréis a decir: ‘Hemos comido y bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas’; y os volverá a decir: ‘No sé de dónde sois. ¡Retiraos de mí, todos los agentes de injusticia!’. Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras a vosotros os echan fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios. Y hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos».

«Señor, ¿son pocos los que se salvan?»
Rev. D. Pedro IGLESIAS Martínez - (Rubí, Barcelona, España)

Hoy, el evangelio nos sitúa ante el tema de la salvación de las almas. Éste es el núcleo del mensaje de Cristo y la “ley suprema de la Iglesia” (así lo afirma, sin ir más lejos, el mismo Código de Derecho Canónico). La salvación del alma es una realidad en cuanto don de Dios, pero para quienes aún no hemos traspasado las lindes de la muerte es tan solo una posibilidad. ¡Salvarnos o condenarnos!, es decir, aceptar o rechazar la oferta del amor de Dios por toda la eternidad.

Decía san Agustín que «se hizo digno de pena eterna el hombre que aniquiló en sí el bien que pudo ser eterno». En esta vida sólo hay dos posibilidades: o con Dios, o la nada, porque sin Dios nada tiene sentido. Visto así, vida, muerte, alegría, dolor, amor, etc. son conceptos desprovistos de lógica cuando no participan del ser de Dios. El hombre, cuando peca, esquiva la mirada del Creador y la centra sobre sí mismo. Dios mira incesantemente con amor al pecador, y para no forzar su libertad, espera un gesto mínimo de voluntad de retorno.

«Señor, ¿son pocos los que se salvan?» (Lc 13,23). Cristo no responde a la interpelación. Quedó entonces la pregunta sin respuesta, y también hoy, pues «es un misterio inescrutable entre la santidad de Dios y la conciencia del hombre. El silencio de la Iglesia es, pues, la única posición oportuna del cristiano» (San Juan Pablo II). La Iglesia no se pronuncia sobre quienes habitan el infierno, pero —basándose en las palabras de Jesucristo— sí que lo hace sobre su existencia y el hecho de que habrá condenados en el juicio final. Y todo aquel que niegue esto, sea clérigo o laico, incurre sin más preámbulos en herejía.

Somos libres para tornar la mirada del alma al Salvador, y somos también libres para obstinarnos en su rechazo. La muerte petrificará esa opción por toda la eternidad...
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Fuente: evangeli.net

Evangelio Agosto 24, 2019

Día litúrgico: 24 de Agosto: San Bartolomé, apóstol

Texto del Evangelio (Jn1,45-51):En aquel tiempo, Felipe se encontró con Natanael y le dijo: «Ése del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret». Le respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?». Le dice Felipe: «Ven y lo verás». Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño». Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?». Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

«Ven y lo verás»
Mons. Christoph BOCKAMP Vicario Regional del Opus Dei en Alemania - (Bonn, Alemania)

Hoy celebramos la fiesta del apóstol san Bartolomé. El evangelista san Juan relata su primer encuentro con el Señor con tanta viveza que nos resulta fácil meternos en la escena. Son diálogos de corazones jóvenes, directos, francos... ¡divinos!

Jesús encuentra a Felipe casualmente y le dice «sígueme» (Jn 1,43). Poco después, Felipe, entusiasmado por el encuentro con Jesucristo, busca a su amigo Natanael para comunicarle que —por fin— han encontrado a quien Moisés y los profetas esperaban: «Jesús el hijo de José, el de Nazaret» (Jn 1,45). La contestación que recibe no es entusiasta, sino escéptica : «¿De Nazaret puede haber cosa buena?» (Jn 1,46). En casi todo el mundo ocurre algo parecido. Es corriente que en cada ciudad, en cada pueblo se piense que de la ciudad, del pueblo vecino no puede salir nada que valga la pena... allí son casi todos ineptos... Y viceversa.

Pero Felipe no se desanima. Y, como son amigos, no da más explicaciones, sino dice: «Ven y lo verás» (Jn 1,46). Va, y su primer encuentro con Jesús es el momento de su vocación. Lo que aparentemente es una casualidad, en los planes de Dios estaba largamente preparado. Para Jesús, Natanael no es un desconocido: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi» (Jn 1,48). ¿De qué higuera? Quizá era un lugar preferido de Natanael a donde solía dirigirse cuando quería descansar, pensar, estar sólo... Aunque siempre bajo la amorosa mirada de Dios. Como todos los hombres, en todo momento. Pero para darse cuenta de este amor infinito de Dios a cada uno, para ser consciente de que está a mi puerta y llama necesito una voz externa, un amigo, un “Felipe” que me diga: «Ven y verás». Alguien que me lleve al camino que san Josemaría describe así: buscar a Cristo; encontrar a Cristo; amar a Cristo.
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Fuente: evangeli.net

viernes, agosto 23, 2019

Evangelio Agosto 23, 2019

Día litúrgico: Viernes XX del tiempo ordinario

Ver santoral 23 de Agosto: Santa Rosa de Lima, virgen (Patrona de América Latina)

Texto del Evangelio (Mt22,34-40):En aquel tiempo, cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?». Él le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas».

«Amarás al Señor, tu Dios... Amarás a tu prójimo»
Rev. D. Pere CALMELL i Turet - (Barcelona, España)

Hoy, el maestro de la Ley le pregunta a Jesús: «¿Cuál es el mandamiento mayor de la Ley?» (Mt 22,36), el más importante, el primero. La respuesta, en cambio, habla de un primer mandamiento y de un segundo, que le «es semejante» (Mt 22,39). Dos anillas inseparables que son una sola cosa. Inseparables, pero una primera y una segunda, una de oro y la otra de plata. El Señor nos lleva hasta la profundidad de la catequesis cristiana, porque «de estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas» (Mt 22,40).

He aquí la razón de ser del comentario clásico de los dos palos de la Cruz del Señor: el que está cavado en tierra es la verticalidad, que mira hacia el cielo a Dios. El travesero representa la horizontalidad, el trato con nuestros iguales. También en esta imagen hay un primero y un segundo. La horizontalidad estaría a nivel de tierra si antes no poseyésemos un palo derecho, y cuanto más queramos elevar el nivel de nuestro servicio a los otros —la horizontalidad— más elevado deberá ser nuestro amor a Dios. Si no, fácilmente viene el desánimo, la inconstancia, la exigencia de compensaciones del orden que sea. Dice san Juan de la Cruz: «Cuanto más ama un alma, tanto más perfecta es en aquello que ama; de aquí que esta alma, que ya es perfecta, toda ella es amor y todas sus acciones son amor».

Efectivamente, en los santos que conocemos vemos cómo el amor a Dios, que saben manifestarle de muchas maneras, les otorga una gran iniciativa a la hora de ayudar al prójimo. Pidámosle hoy a la Virgen Santísima que nos llene del deseo de sorprender a Nuestro Señor con obras y palabras de afecto. Así, nuestro corazón será capaz de descubrir cómo sorprender con algún detalle simpático a los que viven y trabajan a nuestro lado, y no solamente en los días señalados, que eso lo sabe hacer cualquiera. ¡Sorprender!: forma práctica de pensar menos en nosotros mismos.
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Fuente: evangeli.net

jueves, agosto 22, 2019

Evangelio Agosto 22, 2019

Día litúrgico: Jueves XX del tiempo ordinario

Ver santoral 22 de Agosto: Santa María Reina

Texto del Evangelio (Mt22,1-14):En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: «El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía a otros siervos, con este encargo: ‘Decid a los invitados: Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda’. Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad.

»Entonces dice a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda’. Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’. Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos».

«Mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda»
Rev. D. David AMADO i Fernández - (Barcelona, España)

Hoy, la parábola evangélica nos habla del banquete del Reino. Es una figura recurrente en la predicación de Jesús. Se trata de esa fiesta de bodas que sucederá al final de los tiempos y que será la unión de Jesús con su Iglesia. Ella es la esposa de Cristo que camina en el mundo, pero que se unirá finalmente a su Amado para siempre. Dios Padre ha preparado esa fiesta y quiere que todos los hombres asistan a ella. Por eso dice a todos los hombres: «Venid a la boda» (Mt 22,4).

La parábola, sin embargo, tiene un desarrollo trágico, pues muchos, «sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio...» (Mt 22,5). Por eso, la misericordia de Dios va dirigiéndose a personas cada vez más lejanas. Es como un novio que va a casarse e invita a sus familiares y amigos, pero éstos no quieren ir; llama después a conocidos y compañeros de trabajo y a vecinos, pero ponen excusas; finalmente se dirige a cualquier persona que encuentra, porque tiene preparado un banquete y quiere que haya invitados a la mesa. Algo semejante ocurre con Dios.

Pero, también, los distintos personajes que aparecen en la parábola pueden ser imagen de los estados de nuestra alma. Por la gracia bautismal somos amigos de Dios y coherederos con Cristo: tenemos un lugar reservado en el banquete. Si olvidamos nuestra condición de hijos, Dios pasa a tratarnos como conocidos y sigue invitándonos. Si dejamos morir en nosotros la gracia, nos convertimos en gente del camino, transeúntes sin oficio ni beneficio en las cosas del Reino. Pero Dios sigue llamando.

La llamada llega en cualquier momento. Es por invitación. Nadie tiene derecho. Es Dios quien se fija en nosotros y nos dice: «¡Venid a la boda!». Y la invitación hay que acogerla con palabras y hechos. Por eso aquel invitado mal vestido es expulsado: «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?» (Mt 22,12).
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Fuente: evangeli.net

miércoles, agosto 21, 2019

Evangelio Agosto 21, 2019

Día litúrgico: Miércoles XX del tiempo ordinario

Ver santoral 21 de Agosto: San Pío X, papa

Texto del Evangelio (Mt20,1-16):En aquel tiempo, Jesús dijo a los discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, les dijo: ‘Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo’. Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontrar a otros que estaban allí, les dice: ‘¿Por qué estáis aquí todo el día parados?’. Dícenle: ‘Es que nadie nos ha contratado’. Díceles: ‘Id también vosotros a la viña’.

»Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: ‘Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros’. Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno. Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, diciendo: ‘Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor’. Pero él contestó a uno de ellos: ‘Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

«Los últimos serán primeros y los primeros, últimos»
Rev. D. Antoni CAROL i Hostench - (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy, la Palabra de Dios nos invita a ver que la “lógica” divina va mucho más allá de la lógica meramente humana. Mientras que los hombres calculamos («Pensaron que cobrarían más»: Mt 20,10), Dios —que es Padre entrañable—, simplemente, ama («¿Va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?»: Mt 20,15). Y la medida del Amor es no tener medida: «Amo porque amo, amo para amar» (San Bernardo).

Pero esto no hace inútil la justicia: «Os daré lo que sea justo» (Mt 20,4). Dios no es arbitrario y nos quiere tratar como hijos inteligentes: por esto es lógico que haga “tratos” con nosotros. De hecho, en otros momentos, las enseñanzas de Jesús dejan claro que a quien ha recibido más también se le exigirá más (recordemos la parábola de los talentos). En fin, Dios es justo, pero la caridad no se desentiende de la justicia; más bien la supera (cf. 1Cor 13,5).

Un dicho popular afirma que «la justicia por la justicia es la peor de las injusticias». Afortunadamente para nosotros, la justicia de Dios —repitámoslo, desbordada por su Amor— supera nuestros esquemas. Si de mera y estricta justicia se tratara, nosotros todavía estaríamos pendientes de redención. Es más, no tendríamos ninguna esperanza de redención. En justicia estricta no mereceríamos ninguna redención: simplemente, quedaríamos desposeídos de aquello que se nos había regalado en el momento de la creación y que rechazamos en el momento del pecado original. Examinémonos, por tanto, de cómo andamos de juicios, comparaciones y cálculos cuando tratamos con los demás.

Además, si de santidad hablamos, hemos de partir de la base de que todo es gracia. La muestra más clara es el caso de Dimas, el buen ladrón. Incluso, la posibilidad de merecer ante Dios es también una gracia (algo que se nos concede gratuitamente). Dios es el amo, nuestro «propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña» (Mt 20,1). La viña (es decir, la vida, el cielo...) es de Él; a nosotros se nos invita, y no de cualquier manera: es un honor poder trabajar ahí y podernos “ganar” el cielo.
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Fuente: evangeli.net

martes, agosto 20, 2019

Beato Emilio Bover Albareda, Misionero y Mártir

Beato Emilio Bover Albareda, Misionero y Mártir
Agosto 20

El predicador popular P. Emilio Bover Albareda nació el día 31 de agosto de 1868 en el pueblo de Castelltersol de la provincia de Barcelona y de la diócesis de Vic. Fue bautizado solemnemente en la iglesia parroquial de San Fructuoso el día 3 de ese mes y año. En la misma iglesia parroquial fue confirmado el día 13 de noviembre de 1869 por el Excmo. Antonio Luis Jordá, Obispo de Vic, durante la visita pastoral.

Sus padres fueron D. Lorenzo Bover, peón, y Dª Teresa Albareda.

Los primeros rudimentos de latín, la retórica y la poética los estudió en Artés, sucursal del seminario diocesano, entre 1885-1888.

En el verano de 1888 ingresó en la casa de Cervera, donde tomó el hábito el 3 de septiembre de ese año y profesó el 1 de octubre del año siguiente. Su maestro de novicios fue el P. Sánchez del Val. Aunque entonces no se hacían votos temporales, él por razón de las quintas, tenía 20 años, profesó ad nutum superioris, supliendo años más tarde, antes de la ordenación in sacris, su profesión definitiva.

En Cervera hizo los estudios de filosofía y el primero de teología, pasando en 1894 a Santo Domingo de la Calzada. Los estudios los sacó con dificultad, tanta que a punto estuvo de pasar para hermano coadjutor. Por ello decía humorísticamente que a los 30 años acabó la carrera virgen y mártir haciendo referencia al poco saber y al mucho jadear. En enero de 1895 recibió las cuatro órdenes menores de manos del Excmo. Mariano Supervia, Obispo aux. de Zaragoza. El subdiaconado lo recibió el 17 de septiembre de 1897 de manos del Excmo. Ramón Fernández Piérola, Obispo de Vitoria. De diácono fue ordenado por el Excmo. José Mª García Escuder, Obispo de Osma el 9 de enero de 1898 y al domingo siguiente le confirió el presbiterado.
Al año siguiente, 1899, recibió su primer destino a la casa de Sabadell, recién fundada. A los dos años fue enviado a La Selva del Campo con el cargo de predicador. En septiembre de 1904 los superiores le destinaron a Vic y antes de acabar el año lo enviaron a Santiago de Chile.

Misionero en Chile
El P. Bover, con otros tres Padres y dos Hermanos coadjutores, emprendió el viaje a Chile en el Transatlántico León XIII el 3 de diciembre de 1904 con dirección a Buenos Aires. Desde ahí a Chile pasando los Andes tenía un viaje variado en sólo 44 horas en tren, en coche y en cabalgadura. A Santiago llegó a las once de la noche del 29 de ese mismo mes. Al final de 1906 tuvo que volver a España. Yendo a parar a la casa generalicia de Aranda de Duero.

La casa de Cartagena fue el destino del P. Bover en 1908, donde se dedicó a la predicación y catequesis. En 1914 fue trasladado a Solsona con el cargo de Consultor 2º y predicador. En esta casa demostró su habilidad en electricidad para poner una nueva instalación eléctrica en la casa y en la iglesia. Esta competencia la demostró en todas las casas por donde pasó. En 1916 fue elegido bibliotecario y colector local de misas. En 1919 el gobierno provincial decidió la construcción de un colegio para los estudiantes moralistas. La intervención del P. Bover fue notable.  En sus múltiples predicaciones por los pueblos consiguió numerosas vocaciones para el postulantado.

En diciembre de 1922 fue destinado a la casa de San Feliu de Guixols, fundada entonces, con el cargo de predicador. También aquí le dieron el cargo de bibliotecario, con el suplemento de encuadernar con gusto y lujo, y profesor de oratoria.  Varios miembros de esta comunidad consiguieron llevar a los postulantados de Vic y Cervera 65 niños en año y medio, casi todos de la diócesis de Gerona. La crónica de la comunidad informa: «Sin embargo es justo advertir que quien se llevó la palma en esta tan importante y meritoria obra fue el R. P. Emiio Bover como quiera que además él solo ha recogido cincuenta y seis, cargó con los crecidos gastos de viaje de casi toda merced a la generosidad de un buen amigo suyo, y con las incontables molestias de acompañarlos a los Colegios indicados».

En 1925 se fundó la casa de Gerona y allí fue enviado el P. Bover desde el primer momento para ir preparando la vivienda. Desde esta comunidad reclutó otros 33 niños para el postulantado el primer año. También siguió de bibliotecario convirtiendo la biblioteca en una de las más selectas de la provincia.

Cuatro años más tarde, 1929, fue destinado a la comunidad de Lérida. Su último destino fue Cervera. Aquí también siguió con el trabajo de encuadernar libros para diversas comunidades. Era su ocupación preferida.

          «En uno de sus viajes coincidió con Alejandro Lerroux en el mismo departamento del tren y le preguntó:

          Sr. Lerroux, si llega V. A ser poder, ¿hará todo eso que V. dice en sus soflamas... que dará a comer chorizo de canónigo y pernil de obispo?

          No, de ninguna manera... Acudo a esos recursos para mover a los obreros... que ante otros temas se quedan indiferentes...

          De hecho, el llamado “emperador del Paralelo” era mejor de lo que parecía. Cuando la quema de conventos e iglesias en Madrid, era Lerroux Ministro de Estado con la república... Volvió a Madrid ya próximo a la frontera en un viaje a París

          ¡Bárbaros!, ¿qué hacéis?  ¿no os días cuenta que nos estáis deshonrando ante el mundo?»

Cualidades. En un informe de estudiante de teología se le califica como atento y servicial, no tan discreto en hablar de otros. Mañoso, práctico, aficionado a la física. Es sagaz. Sus cualidades intelectuales eran regulares y, según informes, poco cultivadas, poco asiduo al estudio serio, pero fue un gran bibliotecario. En varias ocasiones escribió a los Superiores para que le dispensaran de los exámenes de moral.

          En la necrología se dice que era hombre original en todo, con buena dosis de humor e ironía, capaz de reírse de sí mismo, tanto para hacerse simpático, célebre y popular. Era muy caritativo, en Cartagena se preocupó más que nadie de los más pobres. También muy activo y trabajador.

          Tenía un gran amor a la Congregación.

Predicador

Gran predicador para gente sencilla. Cuando subía al púlpito para atraer la atención del público devoto decía: Mirad aquí miradme a mí que soy muy feo.

Era incansable predicador, no se negaba a ninguna ni hacía distinción de lugares por humildes que fueran. Aun no poseyendo buena oratoria fue buen misionero y predicador y tuvo gran aceptación. Por su sencillez y bondad dejaba un recuerdo imborrable. En las misiones sabía ganarse la confianza de los penitentes. Desde el púlpito decía: «No me gusta confesar ángeles, que no necesitan y además pueden engañarme».

Otra faceta importante en su ministerio apostólico fue la catequesis. Llamó poderosamente la atención en Cartagena y Gerona. Este método lo había aprendido principalmente del P. Costansó en Santiago de Chile.

Reclutador de vocaciones. A este aspecto se ha referencia anteriormente. De todos modos, conviene señalar que la táctica que seguía era la que las circunstancias le permitían en las misiones y novenarios para suscitar las vocaciones de los niños. Sin precedentes. “Se encontraba a gusto entre los niños; sabía atraérselos... – Portaos bien, les decía... “que tant us donaré un confit com una clatellada”».

 A muchos les pagaba los viajes y otras necesidades. Para ello contó con la ayuda económica de D. Marcos, Oficial de Marina de Cartagena, que a veces le mandaba su paga entera, y, después de la muerte de este, de Dª Concepción de Barnola.

Refugio y martirio

Al dispersarse la comunidad de Cervera el 21 de julio de 1936, el P. Bover se refugió en la casa del Sr. Gueli, fabricante de galletas. El comité de Cervera había dado un bando, un edicto, contra el cura, amenazando de muerte a los que le acogieran. Más tarde este bando fue extendido a todos los sacerdotes y personas religiosas escondidas. Para que todos se enteraran fijaron pasquines en las calles. Por este motivo hicieron registros en algunas casas. Los primeros días de la revolución celebró Misa en la iglesia de San Agustín. En la sacristía se discutió si se podía celebrar Misa sin sotana.

Desde el 23 de ese mes se refugió en la casa de D. José Civit, farmacéutico, que fue a buscarlo.
Su ocupación principal era rezar y estar con los niños de la casa. En un lugar de la casa tenían escondidas Hostias consagradas, que les habían llevado de una iglesia, y allí se le veía arrodillado con frecuencia. Todos los días practicaba el Viacrucis y rezaba el santo rosario sin parar con la participación de la familia. También explicaba el Evangelio. También confesaba a los de la familia y otras personas que venían verlo.

Sentía la pena que sufrirían los padres y familias de tantos niños que había reclutado para el postulantado.

Al referirse a las palabras de Jesús a los hijos del Zebedeo: ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber? Dijo que todos estábamos dispuestos a darle a Jesús la misma respuesta: ¡Podemos! El P. Bover estaba resignado a la muerte igual que el Sr Civit, que le hospedaba.

 El día 19 de agosto a eso de las once de la noche se presentaron unos individuos armados, entre ellos un tal Cera, sanguinario redomado, pidiendo al Sr José Civit que les siguiera para una declaración y que luego volvería, pero él les dio el rosario diciendo Hasta el cielo. Los milicianos dijeron que no cerraran la puerta porque volverían a hacer un registro. Le dijeron esto al P. Bover y respondió:

Ahora sí que entro en agonía.

Se retiró al salón y pasó la noche preparándose a morir. A las cinco de la madrugada todavía no se habían presentado los milicianos y le dijeron que se retirara a descansar. Se fue al cuarto de los niños donde había uno enfermo. El Padre se puso la bata blanca de practicante diciendo:

Así pareceré un enfermero, o el practicante que está velando al niño mayorcito.

El día 20, entre ocho y nueve de la mañana, se presentaron los milicianos a practicar el registro, minuciosísimo. Entraron en cuarto y al verle preguntaron quién era, respondiendo una niña que era un amigo de casa que estaba haciendo compañía a los niños de casa. Uno de los milicianos sacó un retrato del bolsillo y al reconocerlo dijo:

Vd. es Padre.

          Sí soy Padre, respondió el P. Bover.

          Le intimaron que les siguiera sin permitirle despedirse de la familia: A los niños les dijo que cuando se hallasen en un apuro gritasen fuerte:

¡Padre Emilio! que él desde el cielo les ayudaría.

A la cuñada del Sr José también le encomendó:

Despídame Vd de esta familia a la que doy las gracias por el caritativo acogimiento que me han dado. Me despido de todos hasta el cielo.

Después de media hora comparecieron de nuevo y pidieron el reloj y el dinero del Padre. El reloj era sencillo y el dinero poco: 25 pesetas.

Al P. Bover lo llevaron al Comité y después lo llevaron al cementerio de Cervera para fusilarlo. Se dice que antes de este acto, el Padre perdonó a sus asesinos y pidió besarles las manos. También rezó un Credo y gritó ¡Viva Cristo Rey! A continuación, partió la descarga a las puertas del cementerio y le remataron.
Era el día 20 de agosto de 1936. En dicho cementerio fue enterrado.
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Evangelio Agosto 20, 2019

Día litúrgico: Martes XX del tiempo ordinario

Ver santoral 20 de Agosto: San Bernardo, abad y doctor De la Iglesia

Texto del Evangelio (Mt19,23-30):En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos». Al oír esto, los discípulos, llenos de asombro, decían: «Entonces, ¿quién se podrá salvar?». Jesús, mirándolos fijamente, dijo: «Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible».

Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?». Jesús les dijo: «Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros».

«Un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos... Entonces, ¿quién se podrá salvar?»
Rev. D. Fernando PERALES i Madueño - (Terrassa, Barcelona, España)

Hoy contemplamos la reacción que suscitó entre los oyentes el diálogo del joven rico con Jesús: «¿Quién se podrá salvar?» (Mt 19,25). Las palabras del Señor dirigidas al joven rico son manifiestamente duras, pretenden sorprender, despertar nuestras somnolencias. No se trata de palabras aisladas, accidentales en el Evangelio: veinte veces repite este tipo de mensaje. Lo debemos recordar: Jesús advierte contra los obstáculos que suponen las riquezas, para entrar en la vida...

Y, sin embargo, Jesús amó y llamó a hombres ricos, sin exigirles que abandonaran sus responsabilidades. La riqueza en sí misma no es mala, sino su origen si fue injustamente adquirida, o su destino, si se utiliza egoístamente sin tener en cuenta a los más desfavorecidos, si cierra el corazón a los verdaderos valores espirituales (donde no hay necesidad de Dios).

«¿Quién se podrá salvar?». Jesús responde: «Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible» (Mt 19,26). —Señor, Tú conoces bien las habilidades de los hombres para atenuar tu Palabra. Tengo que decírtelo, ¡Señor, ayúdame! Convierte mi corazón.

Después de marchar el joven rico, entristecido por su apego a sus riquezas, Pedro tomó la palabra y dijo: —Concede, Señor, a tu Iglesia, a tus Apóstoles ser capaces de dejarlo todo por Ti.

«En la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria...» (Mt 19,28). Tu pensamiento se dirige a ese “día”, hacia ese futuro. Tú eres un hombre con tendencia hacia el fin del mundo, hacia la plenitud del hombre. En ese tiempo, Señor, todo será nuevo, renovado, bello.

Jesucristo nos dice: —Vosotros, que lo habéis dejado todo por el Reino, os sentaréis con el Hijo del Hombre... Recibiréis el ciento por uno de lo que habéis dejado... Y heredaréis la vida eterna... (cf. Mt 19,28-29).

El futuro que Tú prometes a los tuyos, a los que te han seguido renunciando a todos los obstáculos... es un futuro feliz, es la abundancia de la vida, es la plenitud divina.

—Gracias, Señor. ¡Condúceme hasta ese día!
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Fuente: evangeli.net

lunes, agosto 19, 2019

Evangelio Agosto 19, 2019

Día litúrgico: Lunes XX del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt19,16-22):En aquel tiempo, un joven se acercó a Jesús y le dijo: «Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?». Él le dijo: «¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos». «¿Cuáles?» —le dice él—. Y Jesús dijo: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo». Dícele el joven: «Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?». Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme». Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.

«¿Qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?»
Rev. D. Óscar MAIXÉ i Altés - (Roma, Italia)

Hoy la liturgia de la palabra pone ante nuestra consideración el famoso pasaje del joven rico, aquel joven que no supo responder ante la mirada de amor con que Cristo se fijó en él (cf. Mc 10,21). San Juan Pablo II nos recuerda que en aquel joven podemos reconocer a todo hombre que se acerca a Cristo y le pregunta sobre el sentido de su propia vida: «Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?» (Mt 19,16). El Papa comenta que «el interlocutor de Jesús intuye que hay una conexión entre el bien moral y el pleno cumplimiento del propio destino».

También hoy, ¡cuántas personas se hacen esta pregunta! Si miramos a nuestro alrededor, podemos quizá pensar que son pocas las personas que ven más allá, o bien que el hombre del siglo XXI no necesita hacerse este tipo de preguntas, ya que las respuestas no le sirven.

Jesús le responde: «¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno sólo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos» (Mt 19,17). No es solamente legítimo el preguntarse acerca del más allá, sobre el sentido de la vida, sino que... ¡es necesario hacerlo! El joven le ha preguntado qué tiene que hacer para alcanzar la vida eterna, y Cristo le responde que tiene que ser bueno. 

Hoy día, para algunos o para muchos —¡qué más da!— puede parecer imposible “ser bueno”... O bien, les puede parecer algo sin sentido: ¡una tontería! Hoy, como hace veinte siglos, Cristo nos sigue recordando que para entrar en la vida eterna es necesario cumplir los mandamientos de la ley de Dios: no se trata de un “óptimo”, sino que es el camino necesario para que el hombre se asemeje a Dios y así pueda entrar en la vida eterna de manos de su Padre-Dios. En efecto, «Jesús muestra que los mandamientos no deben ser entendidos como un límite mínimo que no hay que sobrepasar, sino como una senda abierta para un camino moral y espiritual de perfección, cuyo impulso interior es el amor» (San Juan Pablo II).
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Fuente: evangeli.net

domingo, agosto 18, 2019

Evangelio Agosto 18, 2019

Día litúrgico: Domingo XX (C) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc12,49-53):En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «He venido a encender fuego en el mundo, ¡y cómo querría que ya estuviera ardiendo! Tengo que pasar por una terrible prueba ¡y cómo he de sufrir hasta que haya terminado! ¿Creéis que he venido a traer paz a la tierra? Pues os digo que no, sino división. Porque, de ahora en adelante, cinco en una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres. El padre estará contra su hijo y el hijo contra su padre; la madre contra su hija y la hija contra su madre; la suegra contra su nuera y la nuera contra su suegra».

«¿Creéis que he venido a traer paz a la tierra?»
Rev. D. Isidre SALUDES i Rebull - (Alforja, Tarragona, España)

Hoy -de labios de Jesús- escuchamos afirmaciones estremecedoras: «He venido a encender fuego en el mundo» (Lc 12,49); «¿creéis que he venido a traer paz a la tierra? Pues os digo que no, sino división» (Lc 12,51). Y es que la verdad divide frente a la mentira; la caridad ante el egoísmo, la justicia frente a la injusticia…

En el mundo -y en nuestro interior- hay mezcla de bien y de mal; y hemos de tomar partido, optar, siendo conscientes de que la fidelidad es "incómoda". Parece más fácil contemporizar, pero a la vez es menos evangélico.

Nos tienta hacer un "evangelio" y un "Jesús" a nuestra medida, según nuestros gustos y pasiones. Hemos de convencernos de que la vida cristiana no puede ser una pura rutina, un "ir tirando", sin un constante afán de mejorar y de perfección. Benedicto XVI ha afirmado que «Jesucristo no es una simple convicción privada o una doctrina abstracta, es una persona real cuya entrada en la historia es capaz de renovar la vida de todos».

El modelo supremo es Jesús (hemos de "tener la mirada puesta en Él", especialmente en las dificultades y persecuciones). Él aceptó voluntariamente el suplicio de la Cruz para reparar nuestra libertad y recuperar nuestra felicidad: «La libertad de Dios y la libertad del hombre se han encontrado definitivamente en su carne crucificada» (Benedicto XVI). Si tenemos presente a Jesús, no nos dejaremos abatir. Su sacrificio representa lo contrario de la tibieza espiritual en la que frecuentemente nos instalamos nosotros.

La fidelidad exige valentía y lucha ascética. El pecado y el mal constantemente nos tientan: por eso se impone la lucha, el esfuerzo valiente, la participación en la Pasión de Cristo. El odio al pecado no es cosa pacífica. El reino del cielo exige esfuerzo, lucha y violencia con nosotros mismos, y quienes hacen este esfuerzo son quienes lo conquistan (cf. Mt 11,12).
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Fuente: evangeli.net

sábado, agosto 17, 2019

Evangelio Agosto 17, 2019

Día litúrgico: Sábado XIX del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt19,13-15):En aquel tiempo, le presentaron a Jesús unos niños para que les impusiera las manos y orase; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús les dijo: «Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos». Y, después de imponerles las manos, se fue de allí.

«Le presentaron a Jesús unos niños para que les impusiera las manos y orase; pero los discípulos les reñían»
Rev. D. Antoni CAROL i Hostench - (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy nos es dado contemplar una escena que, desgraciadamente, es demasiado actual: «Le presentaron a Jesús unos niños para que les impusiera las manos y orase; pero los discípulos les reñían» (Mt 19,13). Jesús ama especialmente a los niños; nosotros, con los pobres razonamientos típicos de “gente mayor”, les impedimos acercarse a Jesús y al Padre: —¡Cuando sean mayores, si lo desean, ya escogerán...! Esto es un gran error.

Los pobres, es decir, los más carentes, los más necesitados, son objeto de particular predilección por parte del Señor. Y los niños, los pequeños son muy “pobres”. Son pobres de edad, son pobres de formación... Son indefensos. Por esto, la Iglesia —“Madre” nuestra— dispone que los padres lleven pronto a sus hijos a bautizar, para que el Espíritu Santo ponga morada en sus almas y entren en el calor de la comunidad de los creyentes. Así lo indican tanto el Catecismo de la Iglesia como el Código de Derecho Canónico, ordenamientos del máximo rango de la Iglesia (que, como toda comunidad, debe tener sus ordenamientos).

¡Pero no!: ¡cuando sean mayores! Es absurda esta manera de proceder. Y, si no, preguntémonos: —¿Qué comerá este niño? Lo que le ponga su madre, sin esperar a que el niño especifique qué es lo que prefiere. —¿Qué idioma hablará este niño? El que le hablen sus padres (de otra manera, el niño nunca podrá escoger ninguna lengua). —¿A qué escuela irá este niño? A la que sus padres le lleven, sin esperar que el chico defina los estudios que prefiere...

—¿Qué comió Jesús? Aquello que le puso su Madre, María. —¿Qué lengua habló Jesús? La de sus padres. —¿Qué religión aprendió y practicó el Niño Jesús? La de sus padres, la religión judía. Después, cuando ya fue mayor, pero gracias a la instrucción que había recibido de sus padres, fundó una nueva religión... Pero, primero, la de sus padres, como es natural.
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Fuente: evangeli.net

viernes, agosto 16, 2019

Evangelio Agosto 16, 2019

Día litúrgico: Viernes XIX del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt19,3-12):En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos que, para ponerle a prueba, le dijeron: «¿Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?». Él respondió: «¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre».

Dícenle: «Pues ¿por qué Moisés prescribió dar acta de divorcio y repudiarla?». Díceles: «Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. Ahora bien, os digo que quien repudie a su mujer -no por fornicación- y se case con otra, comete adulterio».

Dícenle sus discípulos: «Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse». Pero Él les dijo: «No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido. Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda».

«Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre»
Fr. Roger J. LANDRY - (Hyannis, Massachusetts, Estados Unidos)

Hoy, Jesús contesta a las preguntas de sus contemporáneos acerca del verdadero significado del matrimonio, subrayando la indisolubilidad del mismo.

Su respuesta, sin embargo, también proporciona la base adecuada para que los cristianos podamos responder a aquellos que intentan buscar la ampliación de la definición de matrimonio para las parejas homosexuales.

Al hacer retroceder el matrimonio al plan original de Dios, Jesús subraya cuatro aspectos relevantes por los cuales sólo pueden ser unidos en matrimonio un hombre y una mujer:

1) «El Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra» (Mt 19,4). Jesús nos enseña que, en el plan divino, la masculinidad y la feminidad tienen un gran significado. Ignorarlo, pues, es ignorar lo que somos.

2) «Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer» (Mt 19,5). El plan de Dios no es que el hombre abandone a sus padres y se vaya con quien desee, sino con una esposa.

3) «De manera que ya no son dos, sino una sola carne» (Mt 19,6). Esta unión corporal va más allá de la poco duradera unión física que ocurre en el acto conyugal. Se refiere a la unión duradera que se presenta cuando un hombre y una mujer, a través de su amor, conciben una nueva vida que es el matrimonio perdurable o unión de sus cuerpos. Es obvio que un hombre con otro hombre, o una mujer con otra mujer, no pueden considerarse un único cuerpo de esa forma.

4) «Pues lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre» (Mt 19,6). Dios mismo ha unido en matrimonio al hombre y a la mujer, y siempre que intentemos separar lo que Él ha unido, lo estaremos haciendo por nuestra cuenta y a expensas de la sociedad.

En su catequesis sobre el Génesis, el Papa San Juan Pablo II dijo: «En su respuesta a los fariseos, Jesucristo plantea a sus interlocutores la visión total del hombre, sin la cual no es posible ofrecer una respuesta adecuada a las preguntas relacionadas con el matrimonio».

Cada uno de nosotros está llamado a ser el “eco” de esta Palabra de Dios en nuestro momento.
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Fuente: evangeli.net

jueves, agosto 15, 2019

Evangelio Agosto 15, 2019

Día litúrgico: 15 de Agosto: La Asunción de la Virgen María

Texto del Evangelio (Lc1,39-56):En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

Y dijo María: «Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos». María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.

«Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador»
P. Abad Dom Josep ALEGRE Abad de Santa Mª de Poblet - (Tarragona, España)

Hoy celebramos la solemnidad de la Asunción de Santa María en cuerpo y alma a los cielos. «Hoy —dice san Bernardo— sube al cielo la Virgen llena de gloria, y colma de gozo a los ciudadanos celestes». Y añadirá estas preciosas palabras: «¡Qué regalo más hermoso envía hoy nuestra tierra al cielo! Con este gesto maravilloso de amistad —que es dar y recibir— se funden lo humano y lo divino, lo terreno y lo celeste, lo humilde y lo sublime. El fruto más granado de la tierra está allí, de donde proceden los mejores regalos y los dones de más valor. Encumbrada a las alturas, la Virgen Santa prodigará sus dones a los hombres».

El primer don que te prodiga es la Palabra, que Ella supo guardar con tanta fidelidad en el corazón, y hacerla fructificar desde su profundo silencio acogedor. Con esta Palabra en su espacio interior, engendrando la Vida para los hombres en su vientre, «se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel» (Lc 1,39-40). La presencia de María expande la alegría: «Apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno» (Lc 1,44), exclama Isabel.

Sobre todo, nos hace el don de su alabanza, su misma alegría hecha canto, su Magníficat: «Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador...» (Lc 1,46-47). ¡Qué regalo más hermoso nos devuelve hoy el cielo con el canto de María, hecho Palabra de Dios! En este canto hallamos los indicios para aprender cómo se funden lo humano y lo divino, lo terreno y lo celeste, y llegar a responder como Ella al regalo que nos hace Dios en su Hijo, a través de su Santa Madre: para ser un regalo de Dios para el mundo, y mañana un regalo de nuestra humanidad a Dios, siguiendo el ejemplo de María, que nos precede en esta glorificación a la que estamos destinados.
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Fuente: evangeli.net