Comunidad Católica Vidas Santas Páginas Católicas... dedicadas a las personas que aman la Vida de los Santos, Beatos, Venerables y Siervos de Dios del Mundo! En la vida de los hombres y mujeres llamados Santos encontraremos un camino a seguir en el deambular por este valle de lágrimas que es nuestra vida en la Tierra. En ella se busca el lema de la Paz, la Tolerancia y la Caridad, en un intento de recoger el máximo de imágenes de Santos
sábado, octubre 15, 2016
viernes, octubre 14, 2016
Evangelio Octubre 14, 2016
Día litúrgico: Viernes XXVIII del tiempo ordinario
Texto del Evangelio (Lc 12,1-7): En aquel tiempo, habiéndose reunido miles y miles de personas, hasta pisarse unos a otros, Jesús se puso a decir primeramente a sus discípulos: «Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. Nada hay encubierto que no haya de ser descubierto ni oculto que no haya de saberse. Porque cuanto dijisteis en la oscuridad, será oído a la luz, y lo que hablasteis al oído en las habitaciones privadas, será proclamado desde los terrados. Os digo a vosotros, amigos míos: no temáis a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más. Os mostraré a quién debéis temer: temed a aquel que, después de matar, tiene poder para arrojar a la gehenna; sí, os repito: temed a ése. ¿No se venden cinco pajarillos por dos ases? Pues bien, ni uno de ellos está olvidado ante Dios. Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis; valéis más que muchos pajarillos».
«No temáis; valéis más que muchos pajarillos»
Fr. Salomon BADATANA - (Wau, Sudán del Sur)
Fr. Salomon BADATANA - (Wau, Sudán del Sur)
Hoy contemplamos a Nuestro Señor Jesucristo dirigiéndose a las gentes
después de haberse confrontado con las autoridades religiosas judías, es decir,
los fariseos y los escribas. El Evangelio nos cuenta que el gentío era tan
grande que se pisaban unos a otros. Ahí queda claro que estaban hambrientos de
la Palabra de Jesús, el cual hablaba con tan extraordinaria autoridad a sus
líderes religiosos.
Pero san Lucas nos informa que antes de nada, Jesús empezó hablando a sus
discípulos diciendo: «Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la
hipocresía» (Lc 12,1). Nuestro Señor desea conducirnos a la práctica de la
sinceridad y transparencia, superando la hipocresía con que se manejaban los
fariseos y escribas. Puesto que ellos mostraban una actitud externa no conforme
con su camino interior de vida: ellos pretendían ser lo que no eran.
Es contra esto sobre lo que Jesucristo nos quiere prevenir en el Evangelio
de hoy cuando dice: «Nada hay encubierto que no haya de ser descubierto ni
oculto que no haya de saberse» (Lc 12,2). Sí, todo va a ser revelado. Por este
motivo nosotros debemos luchar por ajustar nuestra vida según lo que profesamos
y proclamamos. Obviamente, esto no es fácil. Pero no debemos temer, pues nuestro
Dios está atento. Tal como dijo san Juan Pablo II, «el amor de Dios no impone
cargas que nosotros no podamos llevar (…). Porque para todo lo que Él nos pida,
Él nos proveerá de la ayuda necesaria». Nada ocurre sin que Él lo conozca.
¡Incluso nuestros cabellos están contados! Sí, nosotros tenemos un precio ante
Dios. No tengamos miedo, pues su amor no tiene límites.
Señor, concédenos la sabiduría para llevar bien nuestra vida hacia las
exigencias de nuestra fe, incluso en medio de las dificultades de este mundo.
Amén.
«Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la
hipocresía»
P. Raimondo M. SORGIA Mannai OP - (San Domenico di Fiesole, Florencia, Italia)
P. Raimondo M. SORGIA Mannai OP - (San Domenico di Fiesole, Florencia, Italia)
Hoy, el Señor nos invita a reflexionar sobre un tipo de mala levadura que
no fermenta el pan, sino solamente lo engrandece en apariencia, dejándolo crudo
e incapaz de nutrir: «Guardaos de la levadura de los fariseos» (Lc 12,1). Se
llama hipocresía y es solamente apariencia de bien, máscara hecha con trapos
multicolores y llamativos, pero que esconden vicios y deformidades morales,
infecciones del espíritu y microbios que ensucian el pensamiento y, en
consecuencia, la propia existencia.
Por eso, Jesús advierte de tener cuidado con esos usurpadores que, al
predicar con los malos ejemplos y con el brillo de palabras mentirosas, intentan
sembrar alrededor la infección. Recuerdo que un periodista —brillante por su
estilo y profesor de filosofía— quiso afrontar el tema de la postura de la
Iglesia católica frente a la cuestión del pretendido “matrimonio” entre
homosexuales. Y con paso alegre y una sarta de sofismas grandes como elefantes,
intentó contradecir las sanas razones que el Magisterio expuso en uno de sus
recientes documentos. He aquí un fariseo de nuestros días que, después de
haberse declarado bautizado y creyente, se aleja con desenvoltura del
pensamiento de la Iglesia y del espíritu del Cristo, pretendiendo pasar por
maestro, acompañante y guía de los fieles.
Pasando a otro tema, el Maestro recomienda distinguir entre temor y temor:
«No temáis a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más» (Lc
12,4), que serían los perseguidores de la idea cristiana, que matan a decenas a
los fieles en tiempo de “caza al hombre” o de vez en cuando a testigos
singulares de Jesucristo.
Miedo absolutamente diverso y motivado es el de poder perder el cuerpo y el
alma, y esto está en las manos del Juez divino; no que el alma muera (sería una
suerte para el pecador), sino que guste una amargura que se la puede llamar
“mortal” en el sentido de absoluta e interminable. «Si eliges vivir bien aquí,
no serás enviado a las penas eternas. Dado que aquí no puedes elegir el no
morir, mientras vives elige el no morir eternamente» (San Agustín).
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Fuente: evangeli.net
jueves, octubre 13, 2016
Evangelio Octubre 13, 2016
Día litúrgico: Jueves XXVIII del tiempo ordinario
Y cuando salió de allí, comenzaron los escribas y fariseos a acosarle implacablemente y hacerle hablar de muchas cosas, buscando, con insidias, cazar alguna palabra de su boca.
«¡(...) edificáis los sepulcros de los profetas que vuestros padres mataron!»
Rev. D.
Pedro-José
YNARAJA i Díaz - (El Montanyà, Barcelona, España)
Hoy, se nos plantea el sentido,
aceptación y trato dado a los profetas: «Les enviaré profetas y
apóstoles, y a algunos los matarán y perseguirán» (Lc 11,49). Son
personas de cualquier condición social o religiosa, que han recibido el
mensaje divino y se han impregnado de él; impulsados por el Espíritu, lo
expresan con signos o palabras comprensibles para su tiempo. Es un
mensaje transmitido mediante discursos, nunca halagadores, o acciones,
casi siempre difíciles de aceptar. Una característica de la profecía es
su incomodidad. El don resulta molesto para quien lo recibe, pues le
escuece internamente, y es incómodo para su entorno, que hoy, gracias a
Internet o los satélites, puede extenderse a todo el mundo.
Los contemporáneos del profeta pretenden condenarlo al silencio, lo calumnian, lo desacreditan, así hasta que muere. Llega entonces el momento de erigirle el sepulcro y de organizarle homenajes, cuando ya no molesta. No faltan actualmente profetas que gozan de fama universal. La Madre Teresa, Juan XXIII, Monseñor Romero... ¿Nos acordamos de lo que reclamaban y nos exigían?, ¿ponemos en práctica lo que nos hicieron ver? A nuestra generación se le pedirá cuentas de la capa de ozono que ha destruido, de la desertización que nuestro despilfarro de agua ha causado, pero también del ostracismo al que hemos reducido a nuestros profetas.
Todavía hay personas que se reservan para ellas el “derecho de saber en exclusiva”, que lo comparten —en el mejor de los casos— con los suyos, con aquellos que les permiten continuar aupados en sus éxitos y su fama. Personas que cierran el paso a los que intentan entrar en los ámbitos del conocimiento, no sea que tal vez sepan tanto como ellos y los adelanten: «¡Ay de vosotros, los legistas, que os habéis llevado la llave de la ciencia! No entrasteis vosotros, y a los que están entrando se lo habéis impedido» (Lc 11,52).
Ahora, como en tiempos de Jesús, muchos analizan frases y estudian textos para desacreditar a los que incomodan con sus palabras: ¿es éste nuestro proceder? «No hay cosa más peligrosa que juzgar las cosas de Dios con los discursos humanos» (San Juan Crisóstomo).
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Fuente: evangeli.net
miércoles, octubre 12, 2016
Evangelio Octubre 12, 2016
Día litúrgico: Miércoles XXVIII del tiempo ordinario
Santoral 12 de Octubre: Nuestra Señora del Pilar
«Esto es lo que había que practicar aunque sin omitir aquello»
+ Rev. D.
Joaquim
FONT i Gassol - (Igualada, Barcelona, España)
Hoy vemos cómo el Divino Maestro
nos da algunas lecciones: entre ellas, nos habla de los diezmos y
también de la coherencia que han de tener los educadores (padres,
maestros y todo cristiano apóstol). En el Evangelio según san Lucas de
la Misa de hoy, la enseñanza aparece de manera más sintética, pero en
los pasajes paralelos de Mateo (23,1ss.) es bastante extensa y concreta.
Todo el pensamiento del Señor concluye en que el alma de nuestra
actividad han de ser la justicia, la caridad, la misericordia y la
fidelidad (cf. Lc 11,42).
Los diezmos en el Antiguo Testamento y nuestra actual colaboración con la Iglesia, según las leyes y las costumbres, van en la misma línea. Pero dar valor de ley obligatoria a cosas pequeñas —como lo hacían los Maestros de la Ley— es exagerado y fatigoso: «¡Ay también de vosotros, los legistas, que imponéis a los hombres cargas intolerables, y vosotros no las tocáis ni con uno de vuestros dedos!» (Lc 11,46).
Es verdad que las personas que afinan tienen delicadezas de generosidad. Hemos tenido vivencias recientes de personas que de la cosecha traen para la Iglesia —para el culto y para los pobres— el 10% (el diezmo); otros que reservan la primera flor (las primicias), el mejor fruto de su huerto; o bien vienen a ofrecer el mismo importe que han gastado en el viaje de descanso o de vacaciones; otros traen el producto preferido de su trabajo, todo ello con este mismo fin. Se adivina ahí asimilado el espíritu del Santo Evangelio. El amor es ingenioso; de las cosas pequeñas obtiene alegrías y méritos ante Dios.
El buen pastor pasa al frente del rebaño. Los buenos padres son modelo: el ejemplo arrastra. Los buenos educadores se esfuerzan en vivir las virtudes que enseñan. Esto es la coherencia. No solamente con un dedo, sino de lleno: Vida de Sagrario, devoción a la Virgen, pequeños servicios en el hogar, difundir buen humor cristiano... «Las almas grandes tienen muy en cuenta las cosas pequeñas» (San Josemaría).
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Fuente: evangeli.net
martes, octubre 11, 2016
Evangelio Octubre 11, 2016
Día litúrgico: Martes XXVIII del tiempo ordinario
Santoral 11 de Octubre: Santa Soledad Torres Acosta, religiosa
«Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros»
Rev. D.
Pedro
IGLESIAS Martínez - (Rubí, Barcelona, España)
Hoy, el evangelista sitúa a Jesús
en un banquete: «Un fariseo le rogó que fuera a comer con él» (Lc
11,37). ¡En buena hora tuvo tal ocurrencia! ¡Qué cara debió poner el
anfitrión cuando el invitado se saltó la norma ritual de lavarse (que no
era un precepto de la Ley, sino de la tradición de los antiguos
rabinos) y además les censuró contundentemente a él y a su grupo
social!. El fariseo no acertó en el día, y el comportamiento de Jesús,
como diríamos hoy, no fue “políticamente correcto”.
Los evangelios nos muestran que al Señor le importaba poco el “qué dirán” y lo “políticamente correcto”; por eso, pese a quien pese, ambas cosas no deben ser norma de actuación de quien se considere cristiano. Jesús condena claramente la actuación propia de la doble moral, la hipocresía que busca la conveniencia o el engaño: «Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad» (Lc 11,39). Como siempre, la Palabra de Dios nos interpela sobre usos y costumbres de nuestra vida cotidiana, en la que acabamos convirtiendo en “valores” patrañas que intentan disimular los pecados de soberbia, egoísmo y orgullo, en un intento de “globalizar” la moral en lo políticamente correcto, para no desentonar y no quedar marginados, sin que importe el precio a pagar, ni como ennegrezcamos nuestra alma, pues, a fin de cuentas, todo el mundo lo hace.
Decía san Basilio que «de nada debe huir el hombre prudente tanto como de vivir según la opinión de los demás». Si somos testigos de Cristo, hemos de saber que la verdad siempre es y será verdad, aunque lluevan chuzos. Esta es nuestra misión en medio de los hombres con quienes compartimos la vida, procurando mantenernos limpios según el modelo de hombre que Dios nos revela en Cristo. La limpieza del espíritu pasa por encima de las formas sociales y, si en algún momento nos surge la duda, recordemos que los limpios de corazón verán a Dios. Que cada uno elija el objetivo de su mirada para toda la eternidad.
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Fuente: evangeli.net
lunes, octubre 10, 2016
Evangelio Octubre 10, 2016
Día litúrgico: Lunes XXVIII del tiempo ordinario
«Esta generación es una generación malvada; pide una señal»
P.
Raimondo M.
SORGIA Mannai OP - (San Domenico di Fiesole, Florencia, Italia)
Hoy, la voz dulce —pero severa— de
Cristo pone en guardia a los que están convencidos de tener ya el
“billete” para el Paraíso solamente porque dicen: «¡Jesús, qué bello que
eres!». Cristo ha pagado el precio de nuestra salvación sin excluir a
nadie, pero hay que observar unas condiciones básicas. Y, entre otras,
está la de no pretender que Cristo lo haga todo y nosotros nada. Esto
sería no solamente necedad, sino malvada soberbia. Por esto, el Señor
hoy usa la palabra “malvada”: «Esta generación es una generación
malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de
Jonás» (Lc 11,29). Le da el nombre de “malvada” porque pone la condición
de ver antes milagros espectaculares para dar después su eventual y
condescendiente adhesión.
Ni ante sus paisanos de Nazaret accedió, porque —¡exigentes!— pretendían que Jesús signara su misión de profeta y Mesías mediante maravillosos prodigios, que ellos querrían saborear como espectadores sentados desde la butaca de un cine. Pero eso no puede ser: el Señor ofrece la salvación, pero sólo a aquel que se sujeta a Él mediante una obediencia que nace de la fe, que espera y calla. Dios pretende esa fe antecedente (que en nuestro interior Él mismo ha puesto como una semilla de gracia).
Un testigo en contra de los creyentes que mantienen una caricatura de la fe será la reina del Mediodía, que se desplazó desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y resulta que «aquí hay algo más que Salomón» (Lc 11,31). Dice un proverbio que «no hay peor sordo que quien no quiere oír». Cristo, condenado a muerte, resucitará a los tres días: a quien le reconozca, le propone la salvación, mientras que para los otros —regresando como Juez— no quedará ya nada qué hacer, sino oír la condenación por obstinada incredulidad. Aceptémosle con fe y amor adelantados. Le reconoceremos y nos reconocerá como suyos. Decía el Siervo de Dios Don Alberione: «Dios no gasta la luz: enciende las lamparillas en la medida en que hagan falta, pero siempre en tiempo oportuno».
Ni ante sus paisanos de Nazaret accedió, porque —¡exigentes!— pretendían que Jesús signara su misión de profeta y Mesías mediante maravillosos prodigios, que ellos querrían saborear como espectadores sentados desde la butaca de un cine. Pero eso no puede ser: el Señor ofrece la salvación, pero sólo a aquel que se sujeta a Él mediante una obediencia que nace de la fe, que espera y calla. Dios pretende esa fe antecedente (que en nuestro interior Él mismo ha puesto como una semilla de gracia).
Un testigo en contra de los creyentes que mantienen una caricatura de la fe será la reina del Mediodía, que se desplazó desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y resulta que «aquí hay algo más que Salomón» (Lc 11,31). Dice un proverbio que «no hay peor sordo que quien no quiere oír». Cristo, condenado a muerte, resucitará a los tres días: a quien le reconozca, le propone la salvación, mientras que para los otros —regresando como Juez— no quedará ya nada qué hacer, sino oír la condenación por obstinada incredulidad. Aceptémosle con fe y amor adelantados. Le reconoceremos y nos reconocerá como suyos. Decía el Siervo de Dios Don Alberione: «Dios no gasta la luz: enciende las lamparillas en la medida en que hagan falta, pero siempre en tiempo oportuno».
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Fuente: evangeli.net
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