sábado, febrero 07, 2026

Evangelio Febrero 7, 2026

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Sábado 4 del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 6,30-34): En aquel tiempo, los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. Él, entonces, les dice: «Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco». Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario. Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.


«‘Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco’. Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo»

Rev. D. David COMPTE i Verdaguer - (Manlleu, Barcelona, España)


Hoy, el Evangelio nos plantea una situación, una necesidad y una paradoja que son muy actuales.

Una situación. Los Apóstoles están “estresados”: «Los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer» (Mc 6,30). Frecuentemente nosotros nos vemos abocados al mismo trasiego. El trabajo exige buena parte de nuestras energías; la familia, donde cada miembro quiere palpar nuestro amor; las otras actividades en las que nos hemos comprometido, que nos hacen bien y, a la vez, benefician a terceros... ¿Querer es poder? Quizá sea más razonable reconocer que no podemos todo lo que quisiéramos.

Una necesidad. El cuerpo, la cabeza y el corazón reclaman un derecho: descanso. En estos versículos tenemos un manual, frecuentemente ignorado, sobre el descanso. Ahí destaca la comunicación. Los Apóstoles «le contaron todo lo que habían hecho» (Mc 6,30). Comunicación con Dios, siguiendo el hilo de lo más profundo de nuestro corazón. Y —¡qué sorpresa!— encontramos a Dios que nos espera. Y espera encontrarnos con nuestros cansancios.

Jesús les dice: «Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco» (Mc 6,31). ¡En el plan de Dios hay un lugar para el descanso! Es más, nuestra existencia, con todo su peso, debe descansar en Dios. Lo descubrió el inquieto Agustín: «Nos has creado para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que no descanse en ti». El reposo de Dios es creativo; no “anestésico”: toparse con su amor centra nuestro corazón y nuestros pensamientos.

Una paradoja. La escena del Evangelio acaba “mal”: los discípulos no pueden reposar. El plan de Jesús fracasa: son abordados por la gente. No han podido “desconectar”. Nosotros, con frecuencia, no podemos liberarnos de nuestras obligaciones (hijos, cónyuge, trabajo...): ¡sería como traicionarnos! Se impone encontrar a Dios en estas realidades. Si hay comunicación con Dios, si nuestro corazón descansa en Él, relativizaremos tensiones inútiles... y la realidad —desnuda de quimeras— mostrará mejor la impronta de Dios. En Él, allí, hemos de reposar.


Pensamientos para el Evangelio de hoy

  • «Si no es con Dios o por Dios, no hay descanso que no canse» (Santa Teresa de Jesús)
  • «El descanso divino del séptimo día no se refiere a un Dios inactivo, sino que subraya la plenitud de la realización llevada a término, dirigiendo al mismo una mirada “contemplativa”, que ya no aspira a nuevas obras, sino más bien a gozar de la belleza de lo realizado» (San Juan Pablo II)
  • «El obrar de Dios es el modelo del obrar humano. Si Dios ‘tomó respiro’ el día séptimo, también el hombre debe “holgar” y hacer que los otros, sobre todo los pobres, ‘recobren aliento’ (Ex 23,12). El Sábado interrumpe los trabajos cotidianos y concede un respiro. Es un día de protesta contra las servidumbres del trabajo y el culto al dinero» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2.172)

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Fuente: https://evangeli.net


San Teodoro de Amasea o Tiro, Mártir

San Teodoro de Amasea o Tiro, Mártir

Febrero 17 - Noviembre 9


Febrero 17 (tradición oriental)

Marzo 3, memoria secundaria / local (traslación o recuerdo ligado al “milagro del kolyva” en algunos calendarios).

Noviembre 9 (tradición occidental)


San Teodoro, llamado Tiro (recluta), fue un soldado del ejército romano natural de Amasea, en la región del Ponto. Vivió a comienzos del siglo IV, durante las persecuciones contra los cristianos bajo los emperadores Maximiano y Licinio.


Recién incorporado al ejército, Teodoro se negó públicamente a ofrecer sacrificios a los dioses paganos. Por esta causa fue encarcelado y sometido a interrogatorios y tormentos, manteniéndose firme en la confesión de su fe cristiana.


Según una antigua tradición, durante su cautiverio incendió el templo de la diosa Cibeles, gesto por el cual fue condenado a morir quemado vivo. Antes de su ejecución, entregó sus pocas posesiones a los pobres, manifestando así su desprendimiento y su confianza en Dios.


Consumado su martirio, los cristianos recogieron piadosamente sus restos, que fueron venerados desde muy antiguo. Su culto se difundió ampliamente tanto en Oriente como en Occidente, y es uno de los mártires militares más venerados de la antigüedad cristiana.


San Teodoro de Amasea es ejemplo de fidelidad a Cristo en la juventud, de valentía ante la persecución y de coherencia entre la fe profesada y la vida vivida. Su testimonio muestra que incluso en los primeros grados del servicio militar, la conciencia cristiana podía oponerse con firmeza a la idolatría y a la injusticia.

No confundir a San Teodoro Stratelates con San Teodoro de Amasea


 Aunque ambos santos comparten el nombre de Teodoro, no se trata del mismo mártir y pertenecen a tradiciones hagiográficas distintas.


-San Teodoro Stratelates o Heraclea fue un general (stratelates) del ejército romano, martirizado bajo el emperador Licinio en el año 319. Es venerado principalmente en la tradición oriental y se le representa como soldado de alto rango, con armadura, lanza o estandarte, y es considerado patrono de los soldados. Su conmemoración principal es el 8 de febrero (y también el 8 de junio).


-En cambio, San Teodoro de Amasea —también conocido como Teodoro Tiro— fue un soldado raso martirizado anteriormente, a comienzos del siglo IV. Su culto es igualmente muy antiguo, pero su iconografía es más sencilla, y su martirio se sitúa en un contexto distinto.


Su fiesta se celebra el 7 de febrero en varios calendarios.


La similitud del nombre y el hecho de que ambos sean mártires militares ha provocado, a lo largo de los siglos, confusiones iconográficas y hagiográficas. Por ello, es importante identificar correctamente a cada uno según su título, fecha y atributos, para no atribuir erróneamente la vida, los milagros o la iconografía de uno al otro.


Beato Salvador Valera Parra, Presbítero Diocesano

Febrero 7

Fecha del fallecimiento (dies natalis): 15 de marzo de 1889

† Huércal-Overa (Almería)


7 de febrero (memoria como beato, según la beatificación celebrada ese día)


Vida y ministerio

Salvador Valera Parra nació en Huércal-Overa (Almería) el 27 de febrero de 1816. Desde joven manifestó una profunda vocación sacerdotal, por lo que ingresó en el seminario y fue ordenado presbítero el 13 de marzo de 1840.


Ejerció casi la totalidad de su ministerio en su ciudad natal, primero como vicario parroquial y más tarde como párroco, entregándose sin reservas a su pueblo. En 1853 fue nombrado arcipreste, responsabilidad que desempeñó con gran prudencia pastoral, celo apostólico y espíritu de servicio.


Su vida sacerdotal estuvo marcada por una caridad heroica, especialmente visible durante las epidemias de cólera y los terremotos de 1863, que causaron graves daños materiales y numerosas víctimas. En aquellas circunstancias extremas, el Cura Valera se distinguió por su presencia constante entre los enfermos, la asistencia espiritual y material a los más necesitados, y una entrega sin descanso que le granjeó el reconocimiento unánime del pueblo.


Además de su labor pastoral, colaboró activamente en la extinción de incendios, en la recaudación de fondos para socorrer a los pobres, y en múltiples iniciativas sociales destinadas a aliviar el sufrimiento humano. En 1885, junto con santa Teresa Jornet, fundadora de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, promovió la creación de una residencia y albergue para ancianos, obra que refleja su sensibilidad evangélica hacia los más vulnerables.


Por su ejemplar conducta y servicios prestados, recibió del Estado español los honores de Caballero de la Real Orden de Isabel la Católica y posteriormente de la Orden Civil de Carlos III. Sin embargo, él vivió siempre estos reconocimientos con humildad, considerándose únicamente un servidor del Evangelio.


Espiritualidad y virtudes

Salvador Valera Parra fue un testimonio vivo del Buen Pastor que da la vida por sus ovejas (cf. Jn 10,11). Su obispo lo propuso como modelo de vida y virtudes sacerdotales para los aspirantes al sacerdocio.


Fue un hombre de fe profunda, amante de la oración, fervoroso celebrante de la Eucaristía y constante adorador del Santísimo Sacramento. Vivió un amor filial y entrañable a la Virgen María, a quien acudía en todas las circunstancias de su vida.


Dotado de un carácter firme y decidido, supo ejercer siempre la paciencia, la prudencia y la sobriedad, uniendo la fortaleza con la mansedumbre evangélica. Vivió ejemplarmente los consejos evangélicos, permaneciendo casto y puro de corazón, obediente y profundamente humilde, hasta el final de sus días.


Por la radicalidad evangélica de su vida y su celo pastoral, fue llamado por muchos “el Cura de Ars español”, comparación que refleja la percepción popular de su santidad.


Últimos años y muerte

En los últimos años de su vida sufrió graves enfermedades, aceptadas con espíritu cristiano y abandono confiado en la voluntad de Dios. Falleció en Huércal-Overa el 15 de marzo de 1889, rodeado del afecto y la veneración de su pueblo, que ya lo consideraba un santo.


Reconocimiento eclesial

El 17 de marzo de 2021, el papa Francisco lo declaró Venerable, reconociendo oficialmente la heroicidad de sus virtudes.


Fue beatificado el 7 de febrero, en una solemne celebración presidida por la Iglesia en Huércal-Overa, ante más de 5.000 fieles, en el Espacio de Usos Múltiples y el pabellón anexo habilitado por el Ayuntamiento. Desde entonces es venerado como Beato Salvador Valera Parra, presbítero.

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Fuente: Vidas Santas




viernes, febrero 06, 2026

Evangelio Febrero 6, 2026

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Viernes 4 del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 6,14-29): En aquel tiempo, se había hecho notorio el nombre de Jesús y llegó esto a noticia del rey Herodes. Algunos decían: «Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas». Otros decían: «Es Elías»; otros: «Es un profeta como los demás profetas». Al enterarse Herodes, dijo: «Aquel Juan, a quien yo decapité, ése ha resucitado». Es que Herodes era el que había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. Porque Juan decía a Herodes: «No te está permitido tener la mujer de tu hermano». Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto. 


Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré». Y le juró: «Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino». Salió la muchacha y preguntó a su madre: «¿Qué voy a pedir?». Y ella le dijo: «La cabeza de Juan el Bautista». Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: «Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista». El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.


«Se había hecho notorio el nombre de Jesús y llegó esto a noticia del rey Herodes»

Rev. D. Ferran BLASI i Birbe - (Barcelona, España)


Hoy, en este pasaje de Marcos, se nos habla de la fama de Jesús —conocido por sus milagros y enseñanzas—. Era tal esta fama que para algunos se trataba del pariente y precursor de Jesús, Juan el Bautista, que habría resucitado de entre los muertos. Y así lo quería imaginar Herodes, el que le había hecho matar. Pero este Jesús era mucho más que los otros hombres de Dios: más que aquel Juan; más que cualquiera de los profetas que hablaban en nombre del Altísimo: Él era el Hijo de Dios hecho Hombre, Perfecto Dios y perfecto Hombre. Este Jesús —presente entre nosotros—, como hombre, nos puede comprender y, como Dios, nos puede conceder todo lo que necesitamos.

Juan, el precursor, que había sido enviado por Dios antes que Jesús, con su martirio le precede también en su pasión y muerte. Ha sido también una muerte injustamente infligida a un hombre santo, por parte del tetrarca Herodes, seguramente a contrapelo, porque éste le tenía aprecio y le escuchaba con respeto. Pero, en fin, Juan era claro y firme con el rey cuando le reprochaba su conducta merecedora de censura, ya que no le era lícito haber tomado a Herodías como esposa, la mujer de su hermano.

Herodes había accedido a la petición que le había hecho la hija de Herodías, instigada por su madre, cuando, en un banquete —después de la danza que había complacido al rey— ante los invitados juró a la bailarina darle aquello que le pidiera. «¿Qué voy a pedir?», pregunta a la madre, que le responde: «La cabeza de Juan el Bautista» (Mc 6,24). Y el reyezuelo hace ejecutar al Bautista. Era un juramento que de ninguna manera le obligaba, ya que era cosa mala, contra la justicia y contra la conciencia.

Una vez más, la experiencia enseña que una virtud ha de ir unida a todas las otras, y todas han de crecer orgánicamente, como los dedos de una mano. Y también que cuando se incurre en un vicio, viene después la procesión de los otros.


Pensamientos para el Evangelio de hoy

  • «San Juan murió por Cristo, el cual es la Verdad. Justamente, por el amor a la verdad, no reduce su compromiso y no tiene temor a dirigir palabras fuertes a aquellos que habían perdido el camino de Dios» (San Beda el Venerable)
  • «Juan no tiene miedo de los juicios humanos, las persecuciones, las calumnias ni de la muerte, pues, tiene una conciencia clara de su misión. La vida del Bautista se resume en la necesidad de obedecer a Dios antes que a los hombres» (Benedicto XVI)
  • «Siguiendo a los profetas y a Juan Bautista, Jesús anunció en su predicación el Juicio del último Día. Entonces, se pondrán a la luz la conducta de cada uno y el secreto de los corazones. Entonces será condenada la incredulidad culpable que ha tenido en nada la gracia ofrecida por Dios» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 678)

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Fuente: https://evangeli.net


jueves, febrero 05, 2026

Evangelio Febrero 5, 2026

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Jueves 4 del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 6,7-13): En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: «Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas». Y les dijo: «Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos». Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.


«Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos (...) Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran»

Rev. D. Josep VALL i Mundó -!(Barcelona, España)


Hoy, el Evangelio relata la primera de las misiones apostólicas. Cristo envía a los Doce a predicar, a curar todo tipo de enfermos y a preparar los caminos de la salvación definitiva. Ésta es la misión de la Iglesia, y también la de cada cristiano. El Concilio Vaticano II afirmó que «la vocación cristiana implica como tal la vocación al apostolado. Ningún miembro tiene una función pasiva. Por tanto, quien no se esforzara por el crecimiento del cuerpo sería, por ello mismo, inútil para toda la Iglesia como también para sí mismo» 

El mundo actual necesita —como decía Gustave Thibon— un “suplemento de alma” para poderlo regenerar. Sólo Cristo con su doctrina es medicina para las enfermedades de todo el mundo. Éste tiene sus crisis. No se trata solamente de una parcial crisis moral, o de valores humanos: es una crisis de todo el conjunto. Y el término más preciso para definirla es el de una “crisis de alma”.

Los cristianos con la gracia y la doctrina de Jesús, nos encontramos en medio de las estructuras temporales para vivificarlas y ordenarlas hacia el Creador: «Que el mundo, por la predicación de la Iglesia, escuchando pueda creer, creyendo pueda esperar, y esperando pueda amar» (san Agustín). El cristiano no puede huir de este mundo. Tal como escribía Bernanos: «Nos has lanzado en medio de la masa, en medio de la multitud como levadura; reconquistaremos, palmo a palmo, el universo que el pecado nos ha arrebatado; Señor, te lo devolveremos tal como lo recibimos aquella primera mañana de los días, en todo su orden y en toda su santidad».

Uno de los secretos está en amar al mundo con toda el alma y vivir con amor la misión encomendada por Cristo a los Apóstoles y a todos nosotros. Con palabras de san Josemaría, «el apostolado es amor de Dios, que se desborda, con entrega de uno mismo a los otros (...). Y el afán de apostolado es la manifestación exacta, adecuada, necesaria, de la vida interior». Éste ha de ser nuestro testimonio cotidiano en medio de los hombres y a lo largo de todas las épocas.


Pensamientos para el Evangelio de hoy

  • «Que el mundo, por la predicación de la Iglesia, escuchando pueda creer, creyendo pueda esperar, y esperando pueda amar» (San Agustín)
  • «Hemos de revivir en nosotros el sentimiento apremiante de Pablo, que exclamaba: ‘¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!’ (1Cor 9,16). Esta pasión suscitará en la Iglesia una nueva acción misionera, que no podrá ser delegada a unos pocos “especialistas”, sino que acabará por implicar la responsabilidad de todos los miembros del Pueblo de Dios» (San Juan Pablo II)
  • «El deber de los cristianos de tomar parte en la vida de la Iglesia los impulsa a actuar como testigos del Evangelio y de las obligaciones que de ello se derivan. Este testimonio es trasmisión de la fe en palabras y obras» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2.472)

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Fuente: https://evangeli.net

miércoles, febrero 04, 2026

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Miércoles 4 del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 6,1-6): En aquel tiempo, Jesús salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguieron. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: «¿De dónde le viene esto?, y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?». Y se escandalizaban a causa de Él. Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio». Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. Y se asombró de su falta de fe. Y recorría los pueblos del contorno enseñando.


«¿De dónde le viene esto?, y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos?»

Rev. D. Miquel MASATS i Roca - (Girona, España)


Hoy el Evangelio nos muestra cómo Jesús va a la sinagoga de Nazaret, el pueblo donde se había criado. El sábado es el día dedicado al Señor y los judíos se reúnen para escuchar la Palabra de Dios. Jesús va cada sábado a la sinagoga y allí enseña, no como los escribas y fariseos, sino como quien tiene autoridad (cf. Mc 1,22).

Dios nos habla también hoy mediante la Escritura. En la sinagoga se leen las Escrituras y, después, uno de los entendidos se ocupaba de comentarlas, mostrando su sentido y el mensaje que Dios quiere transmitir a través de ellas. Se atribuye a san Agustín la siguiente reflexión: «Así como en la oración nosotros hablamos con Dios, en la lectura es Dios quien nos habla».

El hecho de que Jesús, Hijo de Dios, sea conocido entre sus conciudadanos por su trabajo, nos ofrece una perspectiva insospechada para nuestra vida ordinaria. El trabajo profesional de cada uno de nosotros es medio de encuentro con Dios y, por tanto, realidad santificable y santificadora. Con palabras de san Josemaría Escrivá: «Vuestra vocación humana es parte, y parte importante, de vuestra vocación divina. Ésta es la razón por la cual os tenéis que santificar, contribuyendo al mismo tiempo a la santificación de los demás, de vuestros iguales, precisamente santificando vuestro trabajo y vuestro ambiente: esa profesión u oficio que llena vuestros días, que da fisonomía peculiar a vuestra personalidad humana, que es vuestra manera de estar en el mundo; ese hogar, esa familia vuestra; y esa nación, en que habéis nacido y a la que amáis».

Acaba el pasaje del Evangelio diciendo que Jesús «no podía hacer allí ningún milagro (...). Y se maravilló de su falta de fe» (Mc 6,5-6). También hoy el Señor nos pide más fe en Él para realizar cosas que superan nuestras posibilidades humanas. Los milagros manifiestan el poder de Dios y la necesidad que tenemos de Él en nuestra vida de cada día.


Pensamientos para el Evangelio de hoy

  • «En Dios el poder, la voluntad y la inteligencia, la sabiduría y la justicia son una sola cosa, de suerte que nada puede haber en el poder divino que no pueda estar en la justa voluntad de Dios o en su sabia inteligencia» (Santo Tomás de Aquino)
  • «Jesús de Nazaret, el carpintero, ilumina con su vida de trabajo vuestra vida de trabajadores cristianos. Vosotros iluminad también vuestro ambiente de trabajo con la luz de Cristo» (San Juan Pablo II)
  • «El valor primordial del trabajo atañe al hombre mismo que es su autor y su destinatario. Mediante su trabajo, el hombre participa en la obra de la creación. Unido a Cristo, el trabajo puede ser redentor» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2.460)

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Fuente: https://evangeli.net