domingo, febrero 15, 2026

Evangelio Febrero 15, 2026

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Domingo 6 (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 5,17-37): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos. Porque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos. 


»Habéis oído que se dijo a los antepasados: 'No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal'. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano "imbécil", será reo ante el Sanedrín; y el que le llame "renegado", será reo de la gehenna de fuego. Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo. 


»Habéis oído que se dijo: 'No cometerás adulterio'. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna. También se dijo: 'El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio'. Pues yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto el caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio. 


»Habéis oído también que se dijo a los antepasados: 'No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos'. Pues yo digo que no juréis en modo alguno: ni por el Cielo, porque es el trono de Dios, ni por la Tierra, porque es el escabel de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey. Ni tampoco jures por tu cabeza, porque ni a uno solo de tus cabellos puedes hacerlo blanco o negro. Sea vuestro lenguaje: "Sí, sí"; "no, no": que lo que pasa de aquí viene del Maligno».


«No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas»

Pe. Givanildo dos SANTOS Ferreira - (Brasilia, Brasil)


Hoy, Jesús nos dice «No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento» (Mt 5,17). ¿Qué es la Ley? ¿Qué son los Profetas? Por Ley y Profetas, se entienden dos conjuntos diferentes de libros del Antiguo Testamento. La Ley se refiere a los escritos atribuidos a Moisés; los Profetas, como el propio nombre lo indica, son los escritos de los profetas y los libros sapienciales.

En el Evangelio de hoy, Jesús hace referencia a aquello que consideramos el resumen del código moral del Antiguo Testamento: los mandamientos de la Ley de Dios. Según el pensamiento de Jesús, la Ley no consiste en principios meramente externos. No. La Ley no es una imposición venida de fuera. Todo lo contrario. En verdad, la Ley de Dios corresponde al ideal de perfección que está radicado en el corazón de cada hombre. Esta es la razón por la cual el cumplidor de los mandamientos no solamente se siente realizado en sus aspiraciones humanas, sino también alcanza la perfección del cristianismo, o, en las palabras de Jesús, alcanza la perfección del reino de Dios: «El que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos» (Mt 5,19).

«Pues yo os digo» (Mt 5,22). El cumplimiento de la ley no se resume en la letra, visto que “la letra mata, pero el espíritu vivifica” (2Cor 3,6). Es en este sentido que Jesús empeña su autoridad para interpretar la Ley según su espíritu más auténtico. En la interpretación de Jesús, la Ley es ampliada hasta las últimas consecuencias: el respeto por la vida está unido a la erradicación del odio, de la venganza y de la ofensa; la castidad del cuerpo pasa por la fidelidad y por la indisolubilidad, la verdad de la palabra dada pasa por el respeto a los pactos. Al cumplir la Ley, Jesús «manifiesta con plenitud el hombre al propio hombre, y a la vez le muestra con claridad su altísima vocación» (Concilio Vaticano II).

El ejemplo de Jesús nos invita a aquella perfección de la vida cristiana que realiza en acciones lo que se predica con palabras.


Pensamientos para el Evangelio de hoy

  • «Dios no acepta el sacrificio de los que provocan la desunión: Dios quiere ser pacificado con oraciones de paz. La obligación más bella para Dios es nuestra paz, nuestra concordia» (San Cipriano)
  • «Rezar por aquel con el que estamos irritados es un hermoso paso en el amor, y es un acto evangelizador» (Francisco)
  • «‘Con nadie tengáis otra deuda que la del mutuo amor’ (Rm 13,8). La comunión de la Santísima Trinidad es la fuente y el criterio de verdad en toda relación (…)» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2.845)

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Fuente: https://evangeli.net

sábado, febrero 14, 2026

Evangelio Febrero 14, 2026

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Sábado 5 del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 8,1-10): En aquel tiempo, habiendo de nuevo mucha gente con Jesús y no teniendo qué comer, Él llama a sus discípulos y les dice: «Siento compasión de esta gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Si los despido en ayunas a sus casas, desfallecerán en el camino, y algunos de ellos han venido de lejos». Sus discípulos le respondieron: «¿Cómo podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?». Él les preguntaba: «¿Cuántos panes tenéis?». Ellos le respondieron: «Siete».


Entonces Él mandó a la gente acomodarse sobre la tierra y, tomando los siete panes y dando gracias, los partió e iba dándolos a sus discípulos para que los sirvieran, y ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos pocos pececillos. Y, pronunciando la bendición sobre ellos, mandó que también los sirvieran. Comieron y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes siete espuertas. Fueron unos cuatro mil; y Jesús los despidió. Subió a continuación a la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.


«No tienen qué comer»

Rev. D. Carles ELÍAS i Cao - (Barcelona, España)


Hoy, tiempo de inclemencia y desasosiego, también Jesús nos llama para decirnos que siente «compasión de esta gente» (Mc 8,2). Hoy, con la paz en crisis, puede abundar el miedo, la apatía, el recurso a la banalidad y a la evasión: «No tienen qué comer».

¿A quién llama el Señor? Dice el texto: «A sus discípulos» (Mc 8,1), es decir, me llama a mí, para no despedirlos en ayunas, para darles algo. Jesús se ha compadecido —esta vez en tierra de paganos— porque también tienen hambre.

¡Ah!, y nosotros —refugiados en nuestro pequeño mundo— decimos que nada podemos hacer. «¿Cómo podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?» (Mc 8,4). ¿De dónde sacaremos una palabra de esperanza cierta y firme, sabiendo que el Señor estará con nosotros cada día hasta el fin de los tiempos? ¿Cómo decir a los creyentes y a los incrédulos que la violencia y la muerte no son solución?

Hoy, el Señor nos pregunta, simplemente, cuántos panes tenemos. Los que sean, ésos necesita. El texto dice «siete», símbolo para paganos, como doce era símbolo para el pueblo judío. El Señor quiere llegar a todos —por eso la Iglesia se quiere reconocer a sí misma desde su catolicidad— y pide tu ayuda. Dale tu oración: ¡es un pan! Dale tu Eucaristía vivida: ¡es otro pan! Dale tu decisión por la reconciliación con los tuyos, con los que te han ofendido: ¡es otro pan! Dale tu reconciliación sacramental con la Iglesia: ¡es otro pan! Dale tu pequeño sacrificio, tu ayuno, tu solidaridad: ¡es otro pan! Dale tu amor a su Palabra, que te da consuelo y fuerza: ¡es otro pan! Dale, en fin, lo que Él te pida, aunque creas que sólo es un poco de pan.

Como nos dice san Gregorio de Nisa, «el que parte su pan con los pobres se constituye en parte de aquél que, por nosotros, quiso ser pobre. Pobre fue el Señor, no temas la pobreza».


Pensamientos para el Evangelio de hoy

  • «“Partir el pan” para el Señor significa la manifestación del misterio de la Eucaristía. Su acción de gracias significa el gozo que le causa la salvación del género humano. La entrega del pan a sus discípulos para que lo repartan significa que ha transmitido a los Apóstoles el encargo de distribuir a su Iglesia el sustento de vida» (San Beda el Venerable)
  • «Este milagro no va destinado sólo a saciar el hambre de un día, sino que es un signo de lo que Cristo está dispuesto a hacer para la salvación de toda la humanidad ofreciendo su carne y su sangre» (Francisco)
  • «Fracción del pan porque este rito, propio del banquete judío, fue utilizado por Jesús cuando bendecía y distribuía el pan como cabeza de familia (…). En este gesto los discípulos lo reconocerán después de su resurrección, y con esta expresión los primeros cristianos designaron sus asambleas eucarísticas (...)» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1.329)

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Fuente: https://evangeli.net

viernes, febrero 13, 2026

Evangelio Febrero 13, 2026

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Viernes 5 del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 7,31-37): En aquel tiempo, Jesús se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. Él, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: «Effatá», que quiere decir: "¡Ábrete!". 


Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. Y se maravillaban sobremanera y decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos».


«Todo lo ha hecho bien»

Rev. D. Joan MARQUÉS i Suriñach - (Vilamarí, Girona, España)


Hoy, el Evangelio nos presenta un milagro de Jesús: hizo volver la escucha y destrabó la lengua a un sordo. La gente se quedó admirada y decía: «Todo lo ha hecho bien» (Mc 7,37).

Ésta es la biografía de Jesús hecha por sus contemporáneos. Una biografía corta y completa. ¿Quién es Jesús? Es aquel que todo lo ha hecho bien. En el doble sentido de la palabra: en el qué y en el cómo, en la sustancia y en la manera. Es aquel que sólo ha hecho obras buenas, y el que ha realizado bien las obras buenas, de una manera perfecta, acabada. Jesús es una persona que todo lo hace bien, porque sólo hace acciones buenas, y aquello que hace, lo deja acabado. No entrega nada a medias; y no espera a acabarlo después.

Procura también tú dejar las cosas totalmente listas ahora: la oración; el trato con los familiares y las otras personas; el trabajo; el apostolado; la diligencia para formarte espiritual y profesionalmente; etc. Sé exigente contigo mismo, y sé también exigente, suavemente, con quienes dependen de ti. No toleres chapuzas. No gustan a Dios y molestan al prójimo. No tomes esta actitud simplemente para quedar bien, ni porque este procedimiento es el que más rinde, incluso humanamente; sino porque a Dios no le agradan las obras malas ni las obras “buenas” mal hechas. La Sagrada Escritura afirma: «Las obras de Dios son perfectas» (Dt 32,4). Y el Señor, a través de Moisés, manifiesta al Pueblo de Israel: «No ofrezcáis nada defectuoso, pues no os sería aceptado» (Lev 22,20). Pide la ayuda maternal de la Virgen María. Ella, como Jesús, también lo hizo todo bien.

San Josemaría nos ofrece el secreto para conseguirlo: «Haz lo que debas y está en lo que haces». ¿Es ésta tu manera de actuar?


Pensamientos para el Evangelio de hoy

  • «¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y lo aspiré, y ahora te anhelo» (San Agustín)
  • «Existe una cerrazón interior, que concierne al núcleo profundo de la persona, al que la Biblia llama el “corazón”. Esto es lo que Jesús vino a “abrir”, a liberar, para hacernos capaces de vivir en plenitud la relación con Dios y con los demás» (Benedicto XVI)
  • «(…) En su predicación, el Señor Jesús se sirve con frecuencia de los signos de la Creación para dar a conocer los misterios del Reino de Dios. Realiza sus curaciones o subraya su predicación por medio de signos materiales o gestos simbólicos. Da un sentido nuevo a los hechos y a los signos de la Antigua Alianza, sobre todo al Éxodo y a la Pascua, porque Él mismo es el sentido de todos esos signos» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1.151)

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Fuente: https://evangeli.net

jueves, febrero 12, 2026

Evangelio Febrero 12, 2026

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Jueves 5 del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 7,24-30): En aquel tiempo, Jesús partiendo de allí, se fue a la región de Tiro, y entrando en una casa quería que nadie lo supiese, pero no logró pasar inadvertido, sino que, en seguida, habiendo oído hablar de Él una mujer, cuya hija estaba poseída de un espíritu inmundo, vino y se postró a sus pies. Esta mujer era pagana, sirofenicia de nacimiento, y le rogaba que expulsara de su hija al demonio. Él le decía: «Espera que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». Pero ella le respondió: «Sí, Señor; que también los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños». Él, entonces, le dijo: «Por lo que has dicho, vete; el demonio ha salido de tu hija». Volvió a su casa y encontró que la niña estaba echada en la cama y que el demonio se había ido.


«Vino y se postró a sus pies (...) le rogaba que expulsara de su hija al demonio»

Rev. D. Enric CASES i Martín - (Barcelona, España)


Hoy se nos muestra la fe de una mujer que no pertenecía al pueblo elegido, pero que tenía la confianza en que Jesús podía curar a su hija. En efecto, aquella madre «era pagana, sirofenicia de nacimiento, y le rogaba que expulsara de su hija al demonio» (Mc 7,26). El dolor y el amor le llevan a pedir con insistencia, sin tener en cuenta ni desprecios, ni retrasos, ni indignidad. Y consigue lo que pide, pues «volvió a su casa y encontró que la niña estaba echada en la cama y que el demonio se había ido» (Mc 7,30).

San Agustín decía que muchos no consiguen lo que piden pues son «aut mali, aut male, aut mala». O son malos y lo primero que tendrían que pedir es ser buenos; o piden malamente, sin insistencia, en lugar de hacerlo con paciencia, con humildad, con fe y por amor; o piden malas cosas que si se recibiesen harían daño al alma o al cuerpo o a los demás. Hay que esforzarse, pues, por pedir bien. La mujer sirofenicia es buena madre, pide bien («vino y se postró a sus pies») y pide algo bueno («que expulsara de su hija al demonio»).

El Señor nos mueve a usar perseverantemente la oración de petición. Ciertamente, existen otros tipos de plegaria —la adoración, la expiación, la oración de agradecimiento—, pero Jesús insiste en que nosotros frecuentemos mucho la oración de petición. 

¿Por qué? Muchos podrían ser los motivos: porque necesitamos la ayuda de Dios para alcanzar nuestro fin; porque expresa esperanza y amor; porque es un clamor de fe. Pero existe uno que quizá sea poco tenido en cuenta: Dios quiere que las cosas sean un poco como nosotros queremos. De este modo, nuestra petición —que es un acto libre— unida a la libertad omnipotente de Dios, hace que el mundo sea como Dios quiere y algo como nosotros queremos. ¡Es maravilloso el poder de la oración!


Pensamientos para el Evangelio de hoy

  • «Cuando nuestra oración no es escuchada es porque pedimos mal, con poca fe o sin perseverancia, o con poca humildad» (San Agustín)
  • «Jesús alaba a la mujer siro-fenicia que insistentemente le pide la curación de su hija. Insistencia que es ciertamente muy agotadora, pero esto es una actitud de la oración. Santa Teresa habla de la oración como una negociación con el Señor» (Francisco)
  • «Del mismo modo que Jesús ora al Padre y le da gracias antes de recibir sus dones, nos enseña esta audacia filial: ‘Todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido’ (Mc 11,24). Tal es la fuerza de la oración, ‘todo es posible para quien cree’ (Mc 9,23), con una fe ‘que no duda’ (Mt 21,22) (…)» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2.610)

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Fuente: https://evangeli.net


“El Señor es mi pastor, nada me faltará”

(Salmo 23)

Beato Janko (Juan) Havlik, Mártir

Beato Janko (Juan) Havlik, Mártir

Febrero12

El Beato Janko (Juan) Havlík es uno de los mártires del silencio del siglo XX, testigo luminoso de Cristo en medio de la persecución comunista en Checoslovaquia. Su vida, consumida lentamente por el sufrimiento, fue una ofrenda total por la Iglesia y por su vocación sacerdotal.


Orígenes humildes y carácter perseverante

Nació el 12 de abril de 1927 en Vlékovany, cerca de Skalica (actual Dubovce), en Eslovaquia. Sus padres, Karol Havlík —obrero— y Justina Polláková, formaban parte de una familia sencilla y trabajadora.


Desde niño mostró una determinación poco común. En su currículum manuscrito escribió:


“Asistí durante dos años a la Escuela Cívica de Holíč, caminando 6 km al día. Luego iba al gimnasio de Skalica en bicicleta, recorriendo 36 km diarios”.


Aquella disciplina juvenil no era solo esfuerzo académico: era ya una preparación providencial para la fortaleza que necesitaría más adelante.


Vocación vicentina

En 1943 ingresó en la Escuela Apostólica (Seminario Menor) de la Congregación de la Misión, fundada por San Vicente de Paúl, en Banská Bystrica.


La espiritualidad vicentina marcó profundamente su vida:

Amor preferencial por los pobres.

Espíritu misionero.

Humildad y servicio.

Fidelidad absoluta a la Iglesia.


Su deseo era ser sacerdote misionero. Pero la Providencia le tenía preparada una misión distinta: la misión del sufrimiento ofrecido.


El contexto histórico: persecución sistemática

En febrero de 1948 el Partido Comunista tomó el poder en Checoslovaquia. El llamado “Febrero victorioso” instauró un régimen totalitario alineado con el bloque soviético.


Las medidas contra la Iglesia fueron drásticas:

Nacionalización de bienes eclesiásticos

Supresión de congregaciones religiosas

Clausura de seminarios

Arresto de obispos y sacerdotes

Campos de trabajo para religiosos


La Iglesia fue considerada enemiga del Estado.

Janko, joven seminarista, se convirtió en objetivo del sistema.


Arresto y torturas

El 29 de octubre de 1951 fue arrestado en Nitra junto con otros miembros de la Congregación. Durante 16 meses sufrió interrogatorios brutales, privación del sueño, hambre y torturas psicológicas.


Del 3 al 5 de febrero de 1953 fue juzgado y condenado a diez años de prisión por supuestas actividades “antistatales”.


Poco después fue trasladado al campo de trabajos forzados de Jáchymov, célebre por sus minas de uranio. Allí trabajó en condiciones extremas: radiación, agotamiento físico, violencia constante.


Sin embargo, su alma permanecía libre.


A su compañero de prisión Anton Srholec le dijo:


“Me siento como en una misión. Ningún misionero podría elegir un lugar de misión mejor y más difícil”.


Estas palabras resumen su transformación interior: el campo de concentración se convirtió en territorio apostólico.


La espiritualidad del martirio lento

El martirio de Janko no fue inmediato ni espectacular. Fue un martirio prolongado.


En 1959 sufrió un segundo juicio que añadió un año más a su condena. Las torturas continuaron. Su cuerpo comenzó a deteriorarse gravemente.


En agosto de 1961 se desplomó en el trabajo. Fue liberado en estado terminal.


Pero espiritualmente estaba más fuerte que nunca.


Sus escritos espirituales

Durante sus últimos años escribió dos cuadernos:

El Vía Crucis de las Almas Pequeñas

Diario


En ellos se percibe:

Unión íntima con Cristo Crucificado

Espiritualidad mariana profunda

Ofrecimiento del dolor por la Iglesia

Ausencia total de odio hacia sus perseguidores


Su espiritualidad recuerda a la “pequeña vía” de abandono confiado: hacerse pequeño para que Dios lo sea todo.


Muerte de pie

El 27 de diciembre de 1965, día de San Juan Evangelista —su santo patrono—, murió en Skalica a los 37 años.


Fue hallado en la calle, de pie, apoyado contra una pared, en las primeras horas de la mañana.


Murió como vivió: firme.

Su muerte fue consecuencia directa de los años de trabajos forzados y torturas. La Iglesia lo reconoce mártir del régimen comunista.


Reconocimiento eclesial

9 de junio de 2013: inicio de la investigación diocesana.

14 de diciembre de 2023: el Papa Francisco reconoció oficialmente su martirio.

31 de agosto de 2024: beatificación en Eslovaquia.


Su memoria litúrgica se celebra el 12 de febrero.


Actualidad de su mensaje

El Beato Janko Havlík enseña que:

La vocación no depende de circunstancias externas.

La misión puede vivirse incluso en la cárcel.

El sufrimiento ofrecido transforma el odio en redención.

La fidelidad silenciosa es más fuerte que cualquier ideología.


Su vida es un testimonio para nuestro tiempo: cuando la fe es probada, la santidad se vuelve más luminosa.

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Fuente: Vidas Santas