domingo, septiembre 01, 2013

San Augusto de Caserta, Obispo

San Augusto de Caserta, Obispo
Septiembre 1

Según la tradición venía de África y era uno de los doce religiosos africanos, que, a causa de las incursiones vádalas de Genserico, debieron dejar su tierra, embarcados en un viejo bajel sin remos y sin velas, que llegaron milagrosamente a las costas de Campania. M. c. 490.

El Martirologio Romano decía: “San Prisco obispo, el cual fue uno de los sacerdotes, que en la persecución vándala, por la fe católica sufrieron diversos tormentos y subidos en una vieja nave, salieron de África y llegaron a las costas de Campania, propagaron admirablemente la religión cristiana.
 
Fueron sus compañeros Castrense, Tamaro, Rosio, Heraclio, Secundino, Adyutor, Marcos, Augusto, Elpidio, Canión y Vindonio”.

Considerado primer obispo de la antigua Galazia, ciudad de Campania, es venerado en la diócesis de Casa Hirta (Caserta) después que su sede episcopal fue trasladada a causa de la destrucción por los sarracenos.
 
Murió en edad avanzada y fue sepultado en el monasterio de Santa Magdalena y San Marciano en la actual ciudad de Maddaloni.


 Grupo: Doce obispos africanos exiliados en Campania

Origen: África del Norte

Motivo del exilio: persecución vándala bajo Genserico (siglo V)

Llegada: milagrosa travesía en nave sin remos ni velas

Lugar de culto: Campania, Italia

Sedes atribuidas: Benevento, Caserta, Calatia, Capua, Todi, etc.


Contexto histórico

Durante la persecución vándala bajo Genserico (429–477), numerosos obispos católicos fueron expulsados de África del Norte por negarse a adoptar el arrianismo. Algunos fueron martirizados, otros exiliados. Un grupo de doce, según la tradición campana, fue embarcado en una nave sin remos ni velas, dejados a la deriva como castigo. La travesía milagrosa los llevó a las costas de Campania, donde fueron acogidos por comunidades cristianas locales.


Llegada y misión en Campania

La nave habría llegado a Volturno, Capua, Calatia, y otras ciudades del sur de Italia.

Los obispos fueron recibidos como confesores de la fe y se les asignaron sedes episcopales destruidas o abandonadas.

Fundaron o restauraron comunidades cristianas, consolidando la ortodoxia frente a influencias arrianas y paganas.

Algunos fueron enterrados en monasterios locales, como San Augusto en Maddaloni, y San Castrense en Capua.


Tradición litúrgica

El grupo fue venerado desde el siglo VIII en calendarios locales.

El Martirologio Romano anterior a la reforma los menciona como “sacerdotes que sufrieron tormentos y propagaron admirablemente la religión cristiana”.

En algunas diócesis, como Caserta, Capua, y Sessa Aurunca, se les celebra conjuntamente el 1 de septiembre.

No se les atribuye martirio, sino confesión de la fe y misión pastoral.


Críticas y defensa

Algunos historiadores del siglo XIX consideraron la tradición como legendaria o duplicada desde el caso de san Quodvultdeus.

Sin embargo, estudios recientes como el de Noelia Vicent Ramírez sobre el exilio eclesiástico africano Arevalorizan el fenómeno como parte de una estrategia de supervivencia y expansión de la Iglesia católica en tiempos de crisis.



Los 12 Obispos

-San Augusto de Calatia, Obispo Africano

-San Adyutor de Sessa Aurunca, Obispo Africano

-San Castrense de Volturno, Obispo Africano

-San Canión de Acerra, Obispo Africano

-San Elpidio de Atella, Obispo Africano

-San Heraclio de Telese, Obispo Africano

-San Marcos de Frattamaggiore, Obispo Africano

-San Prisco de Capua, Obispo de África

-San Rosio de Atella, Obispo Africano

-San Secundino de Cales, Obispo Africano

-San Tamaro de Calatia, Obispo Africano

-San Vindonio de Benevento, Obispo Africano

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Fuente: Vidas Santas


Beata Juana Soderini de Florencia, Terciaria Servita Virgen

Beata Juana Soderini de Florencia, Terciaria Servita Virgen
Septiembre 1


Los Soderini eran considerados como miembros de una de las familias más nobles de Florencia al iniciarse el siglo XIV. Precisamente en aquélla ciudad, en el año de 1301, y en el seno de la aristocrática familia, vino al mundo Juana, la que habría de alcanzar la gracia de la beatitud. Desde muy temprana edad, demostró ser una niña excepcionalmente buena y con una devoción tan profunda y sincera hacia Dios, que en cierta ocasión dijo a su aya, Felicia Tonia, que, por revelación del cielo, sabía que ella, Felicia, iba a morir muy pronto y ésta, que estaba al tanto del fervor de la niña y de sus continuas oraciones, le creyó y comenzó a prepararse para su próxima muerte.

Cuando Juana llegó a la adolescencia, sus padres le concertaron un matrimonio ventajoso, pero ella protestó con tanta energía que, a fin de cuentas y a regañadientes, puesto que Juana era la única hija, consintieron en que tomase el hábito de monja. Por aquel entonces, Santa Juliana Falconieri organizaba la tercera orden regular de los servitas (las "Mantellate") en Florencia y Juana decidió unirse a esa nueva comunidad. No tardó en distinguirse por las austeridades corporales que practicaba y su perseverancia en la oración, pero al mismo tiempo se mantenía activa en los trabajos de la casa y el cuidado de los enfermos que acudían en busca de atención.
 
Voluntariamente y de buen grado, se hacía cargo de las tareas más desagradables y penosas y, en el desempeño de las mismas provocaba la admiración de sus hermanas, por su alegría y mansedumbre. Juana debió padecer duras pruebas espirituales y grandes tentaciones, sobre las que, al fin y al cabo, triunfó y aun adquirió grandes gracias celestiales, incluso el don de profecía. Juana era la auxiliar personal y permanente de Santa Juliana y no se apartó de ella ni por un instante en el curso de su prolongada enfermedad postrera, cuando la fundadora no podía pasar alimento alguno y estaba tan débil que necesitaba ayuda para poder moverse.

Por eso, se atribuye a la Beata Juana el descubrimiento de una imagen de Cristo crucificado que, al parecer, quedó grabada en el pecho de Santa Juliana desde poco antes de su muerte. Juana sobrevivió a su amada madre durante más de veinte años, como sucesora suya en el gobierno de la comunidad, hasta que murió, el lº de septiembre de 1367. La Beata Juana Soderini fue sepultada en la iglesia de la Annunziata de Florencia y, durante algún tiempo, su tumba fue un lugar de peregrinaciones. En 1828, el conde de Soderini, pariente de Juana, solicitó al Papa León XII la confirmación del culto que fue concedida a su debido tiempo.
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Beata Juliana de Collalto, Abadesa

Beata Juliana de Collalto, Abadesa
Septiembre 1

Martirologio Romano: En Venecia, de Italia, beata Juliana de Collalto, abadesa de la Orden de San Benito. (1186-1262).

Nació 1186. Treviso, Italia
Muerte: 1 de Septiembre de 1262. Venecia, Italia
 
Nació en Collato (hoy pedanía del Ayuntamiento de Susegana en Treviso) en el seno de la noble familia de los Collato; sus padres eran el conde Rambaldo VI y la condesa Juana de Sant'Angelo de Mantua. A los diez años ingresó en el convento benedictino de Santa Margarita de Salarola. Aquí vivió los primeros años de vida religiosa de forma ejemplar.
 
En 1220 ingresó en el monasterio la beata Beatriz del Este I: entre las dos nació una profunda amistad.

En 1222 fue encargada de fundar un monasterio junto a la iglesia de San Cataldo en la isla Spinalonga (hoy Giudecca) en Venecia. Nació así, en aquel lugar abandonado una comunidad claustral que durante siglos se dedicará a la oración. La iglesia fue dedicada a San Blas. La acompañó la beata Beatriz del Este.
Juana fue nombrada abadesa, además del respeto a la Regla, tuvo siempre especial consideración por los pobres. Su caridad se notó enseguida en toda la ciudad y realizó muchos milagros.
 
Del monasterio de Santos Blas y Cataldo de Giudecca dependiva aquel de  "tierra firme" de Pianiga que Juliana hizo restaurar.

Durante los últimos años de su vida, padeció de fuertes dolores de cabeza, por esta razón es protectora de todas las personas que sufren de este mal. Murió con 77 años. Fue sepultada en el cementerio de la iglesia. Su cuerpo encontrado incorrupto fue trasladado a la parroquia de Santa Eufemia.
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Beato Gabra Mikael, Mártir

Beato Gabra Mikael, Mártir
Septiembre 1


Poco tiempo después de que el beato Justino de Jacobis llegara a Etiopía, en 1839, conoció a Abba Gabra Mikael, monje de la disidente Iglesia de Etiopía, hombre de unos cincuenta años, que gozaba de gran renombre por su santidad y saber, pero que era mal visto por los otros monjes, ya que había manifestado una decidida inclinación hacia el catolicismo, lo cual se condenaba como un estigma, al considerarse como abertura hacia el arrianismo. Mikael no era sacerdote, pero había estudiado teología tan profundamente como se lo permitían las condiciones en su Iglesia, dedicado a la enseñanza y al estudio de los distintos monasterios.
 
Las actividades de la delegación etíope a Egipto y Roma, de la que fue miembro Gabra Mikael así como el beato Justino, fueron descritas en el artículo dedicado a éste, el 31 de julio. Después de aquellas experiencias y de sus largas conversaciones con el padre Justino, Gabra Mikael regresó convertido en miembro de la Iglesia católica a mediados de 1844.

El culto abisinio fue un auxiliar muy valioso para el padre de Jacobis, especialmente en lo que se refiere a la enseñanza de los naturales del país que aspiraban al sacerdocio. Juntos, redactaron un catecismo de la doctrina adaptado a las necesidades locales, tradujeron una obra de teología moral al amárico y establecieron un colegio del que se hizo cargo Gabra Mikael. Esto sirvió de pretexto al abuna Salama, jefe de la iglesia disidente, para atizar los sentimientos contra "los francos". La campaña culminó con un decreto del gobierno para desterrar a los dos jefes, que se refugiaron en la isla de Massawa. Allí fue donde Mons. Massaia consagró obispo al padre de Jacobis. Este se las arregló para retornar ocultamente al territorio de su misión y su primer acto episcopal fue la ordenación sacerdotal de Gabra Mikael, en 1851. Siguió un período de sorprendentes éxitos en el trabajo de conversión de los disidentes. Pero entonces estalló la rebelión del caudillo Karsa, que se apoderó de la colonia • ocupó el trono con el nombre de Teodoro inmediatamente se desató la persecución contra la Iglesia.

Gabra Mikael y cuatro compatriotas suyos fueron arrojados en prisión y amenazados con la tortura para que renegaran de su religión. Desde un principio se negaron y, durante un período de nueve meses, a intervalos regulares eran llevados desde su inmunda celda a presencia de Teodoro II y su metropolitano Salama para ser interrogados y amenazados de nuevo. Cada vez que demostraban su firmeza, eran brutalmente azotados con unos látigos hechos con rabos de jirafa (las cerdas de los rabos de las jirafas son como alambres de acero) y se los sometía a otros tormentos. "En cuestiones de la fe", decía Gabra Mikael al metropolitano Salama, "yo tengo que estar en el campo opuesto al tuyo, pero en lo que concierne a la caridad cristiana, creo que sólo te he hecho el bien". Por cierto que, gracias a la intervención de Gabra Mikael, pocos años antes, se desterró a Salama en vez de ejecutarlo. En marzo de 1855, Teodoro II emprendió una expedición contra el gobernador de Shoa y no quiso dejar atrás a Gabra Mikael que, encadenado, se fue en la comitiva del rey usurpador.

El 31 de marzo, se hizo un último intento para que se sometiera y renegara de su fe. En la sala del tribunal se negó y fue condenado a muerte. El cónsul inglés, Walter Chichele Plowden, quien había apoyado la usurpación de Teodoro, se hallaba presente en el juicio e interpuso una suspensión de sentencia en favor de Gabra Mikael, que fue aceptada: se cambió su condena a muerte, por la de prisión perpetua. Por intermedio de un amigo, envió un mensaje conmovedor a los otros prisioneros en Gondar, con estas palabras: "Permaneced firmes para morir en vuestra fe. No tengo esperanzaslver a veros en esta tierra. Si me matan, moriré por dar el testimonio de mi fe; si me dejan con vida, no cesaré de predicarla."
 
Decrépito por su avanzada edad, agotado por los sufrimientos y los malos tratos, Gabra Mikael cargado de cadenas, fue arrastrado de un lugar a otro, en la comitiva del rey; jamás se quejaba; siempre demostraba su serenidad y su abnegación, hasta el punto de renunciar a la ración alimenticia que le correspondía, para darla a otros presos que padecían tanto como él; así se conquistó la estimación de todos los que le conocieron, incluso de los guardias. Contrajo el cólera, pero se recuperó; hasta que por fin, al cabo de 3 meses de semejante existencia, el 28 de agosto de 1855 se tendió a un lado del camino para morir . . .

Sus guardias se apresuraron a quitarle los grilletes y lo sepultaron. Gabra Mikael, considerado siempre como un mártir, fue beatificado en 1926.
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San Josue, (Ant. Testamento)

San Josue, (Ant. Testamento)
Septiembre 1


A juzgar por el tiempo que sobrevivió a Moisés, nació en Egipto, durante la esclavitud de los hebreos. Llamábase Oseas = Salvación, pero Moisés, al enviarle con los otros once exploradores a reconocer la tierra prometida, se lo cambió en el de Josué = El Señor salva. Por su padre Nun o Non (en griego Nave) y a través de sus cinco ascendientes Elisama, Amiud, Ladán, Taan y Tale, hermano de Beria, Sara, Rafa y Resef, hijos estos cinco de Efraím, descendía Josué de José, hijo del patriarca Jacob. Realzan su persona tanto el cambio de nombre como el detalle de su genealogía conservada en la Biblia. Elisama, abuelo de Josué, era uno de los doce tribunos, representando en los actos solemnes a la tribu de Efraím.

Por demás significativos son los epítetos y las frases con que el sagrado texto ha querido reflejar las hermosas cualidades personales de Josué. Oigamos al Eclesiástico: "Esforzado en la guerra fue Jesús (Josué) hijo de Nave (Nun), sucesor de Moisés en el don de profecía; grande según su nombre y más que grande como Salvador de los elegidos de Dios; vencedor de los enemigos de Israel y repartidor de la herencia de su pueblo. ¡Cuánta gloria alcanzó levantando su brazo y lanzando el dardo contra los muros del adversario! ¿Quién antes de él así combatió? Porque el Señor le puso en sus manos los enemigos... Fue siempre en pos del Omnipotente y en vida de Moisés hizo una obra muy buena junto con Caleb, hijo de Jefone, oponiéndose a la revuelta del pueblo para apartar de él la venganza divina y apaciguando el sedicioso murmullo y la maligna murmuración, resolviendo hacer frente al enemigo; estos dos fueron aquellos que del número de 600.000 hombres salieron salvos de todo peligro para conducir al pueblo a la posesión de la tierra que mana leche y miel". En efecto —se nos dice en los Números—, todos aquellos hombres que Moisés envió a reconocer la tierra, y a la vuelta hicieron murmurar al pueblo contra él, publicando falsamente que la tierra era mala, fueron heridos de muerte a la presencia del Señor. Solamente Josué, hijo de Nun, y Caleb, hijo de Jefone, quedaron con vida de todos los que fueron a explorar la tierra. La gran confianza, que en Dios tenía, le hizo clamar contra la infidelidad y perfidia de los otros; y así "Josué por su obediencia llegó a ser caudillo de Israel", pudo escribirse en el libro primero de los Macabeos. Tuvo el espíritu de sabiduría por imposición de las manos de Moisés; y Flavio Josefo le llama "varón de incomparable prudencia y elocuencia, así como fuerte y diligente en el mando supremo".

No es menos elocuente la narración de sus empresas políticas y militares, que llenan todo un libro de la Sagrada Escritura, al que se ha dado su nombre, considerándole muchos como su autor. Al primer encuentro bélico en Rafidín, cerca del Sinaí, con Amalec, que cortaba el paso a los israelitas, Moisés manda a Josué ponerse al frente de los soldados, mientras él con los brazos en cruz oraba en el monte. Esta designación de Josué como caudillo militar es aprobada por Dios, dándole la victoria y ordenando se escribiese para recuerdo perpetuo. Si Moisés asciende por mandato de Dios a la cumbre del Sinaí, es Josué el único que sube y baja con él y, como parece desprenderse de la narración bíblica, le acompaña también en la visión dentro de la nube. No en vano era para Moisés el principal, el íntimo, carísimo y familiarísimo; tan celoso de la gloria del Legislador que no pudo llevar en paciencia los carismas de Eldad y Medad, por temor a que su ejemplo suscitase la rebelión del pueblo. La misión política y militar de Josué tuvo dos partes: conquistar la tierra prometida y repartirla entre las tribus de Israel. El paso del río Jordán, la circuncisión de los que habían nacido en el desierto, la celebración de la Pascua, la aparición del ángel "príncipe del ejército del Señor", la conquista de Jericó, de Hai, la sumisión de los gabaonitas y el sometimiento primero de la Palestina del norte y después de la Palestina del sur, con la victoria de 31 reyes, son los hechos culminantes de la primera parte de la misión de Josué. En la segunda, asentadas al otro lado del Jordán las tribus de Rubén, Gad y media de Manasés en vida de Moisés, quedó a Josué la tarea de inspeccionar, medir y repartir entre las demás tribus el territorio de la Palestina cisjordánica. Dio cuarenta y ocho ciudades a la tribu sacerdotal de Leví, estableció seis ciudades de asilo (tres a cada lado del río), promulgó las bendiciones y maldiciones en los montes Hebal y Garizín, celebró la fiesta de los Tabernáculos y el año sabático, y colocó en un sepulcro del campo de Jacob, cerca de Siquén (hoy Naplus), los restos de José traídos de Egipto.

De tantos triunfos militares y políticos obtenidos con el divino auxilio, según la palabra del Señor, que le dijo: "Ninguno podrá resistiros en todo el tiempo de tu vida; como estuve con Moisés, así estaré contigo: no te dejaré ni te desampararé", es necesario destacar cuatro hechos por su evidente carácter sobrenatural: el paso a pie enjuto del río Jordán, el estrepitoso derrumbamiento de las murallas de Jericó, la lluvia de piedras en Betorón y la "detención" del sol en Azeca. "Mañana ha de obrar el Señor maravillas entre vosotros", dijo al pueblo Josué la víspera de pasar el Jordán. En efecto, "siendo el tiempo de la siega, el Jordán había salido de madre" y, sin embargo, sus aguas se dividieron y las que bajaban se detuvieron, "elevándose a manera de un monte", hasta que pasó todo el pueblo protegido por el Arca de la Alianza.

Al séptimo día de rodear procesionalmente con el Arca de la Alianza el recinto murado de Jericó, levantando el grito todo el pueblo y resonando las trompetas, luego que la voz y el estruendo penetró los oídos del gentío, de repente cayeron las murallas". "¿No es así que al ardor del celo de Josué se detuvo el sol, por lo que un día llegó a ser como dos? Invocó al Altísimo todopoderoso mientras le estaban batiendo por todos los lados sus enemigos y el grande, el santo Dios, oyendo su oración, envió un furioso granizo de piedras de mucho peso."

Murió Josué de ciento diez años y fue sepultado en su ciudad de Tamnasaret, coincidiendo su historia probablemente con el año 1440 antes de J. C.

De la santidad de Josué dan testimonio, en primer lugar, las sagradas letras. Ellas dicen que "fue hombre de espíritu, que siempre anduvo en pos del Omnipotente, y en los días de Moisés mostró piedad y no se apartaba del Tabernáculo". Flavio Josefo termina su elogio con estas palabras: "Era en la paz bueno y generoso y además en toda virtud eximio". Josué ha sido tenido por los Santos Padres como figura y tipo de Jesucristo en su nombre y en sus hechos, y San Juan Crisóstomo le llama "Josué casto".

San Roberto Belarmino, reduciendo a compendio las virtudes de este general hebreo, se expresa de este modo: "Viniendo ya a las virtudes y privilegios de San Josué, diré: Fue el caudillo Josué de una inocencia igual a la del patriarca José, cuyo descendiente era. Otra virtud, y ella singularísima en nuestro Josué, fue la castidad virginal, en la que superó a la castidad del patriarca José y la de su señor y maestro Moisés, En cuanto a la fe en Dios, no sé que haya existido otro mayor que él, y lo mismo creo se puede afirmar de su esperanza y amor a Dios y al prójimo. A todos son notorias su prudencia y fortaleza".

En la literatura medieval se le cuenta entre los 24 ancianos del Apocalipsis, figurando su nombre al lado de Moisés. Su sepulcro, según San Jerónimo, fue venerado por Santa Paula en su visita a los Santos Lugares de Palestina; los árabes de esta región celebran también su fiesta iluminando el cenotafio tenido en Tibne por el sepulcro de Josué.

Y, para que nada falte a honrar su memoria, San Gregorio de Tours refiere que se curaban los leprosos bañándose en las aguas termales, que se creían de Josué, de Lévida, ciudad distante unas doce millas de Jericó. El mismo autor escribe que su padre, acudiendo a la intercesión de San Josué, curó de las fiebres y gota que padecía.

Coptos, griegos y el martirologio Romano le nombran el 1 de septiembre, como también Usuardo y Abdón, quienes le dan el título de "Profeta". Un calendario antiguo, llamado Juliano, le pone el 30 de abril y los musulmanes de Siria acuden a la ciudad de Trípoli en el Líbano para venerar el sepulcro de Josué, que ellos creen estar allí.
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JULIÁN CANTERA ORIVE

San Prisco de Capua, Mártir

San Prisco de Capua, Mártir
Septiembre 1


San Prisco, Obispo, en Capua, fue otro de aquellos sacerdotes que en la persecución de los vándalos, afligidos de diversos modos por defender la fe católica, y metidos en un barco viejo, desde el África arribaron a las riberas de la Campaña de Italia; y esparciéndose por aquel país, y siéndoles encomendado el gobierno de varias Iglesias, propagaron maravillosamente la religión cristiana.

Sus compañeros eran Castrense, Tamaro, Rosio, Eraclio, Secundino, Adyutor, Marcos, Augusto, Elpidio, Canion y Vindonio.
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San Sixto de Reims, Obispo y Discípulo de San Pedro

San Sixto de Reims, Obispo y Discípulo de San Pedro
Septiembre 1


Martirologio Romano: En Reims, de la Galia Bélgica, san Sixto, considerado primer obispo de esta ciudad.

Primer obispo de Reims, fue enviado desde Roma, antes de establecer su sede en Reims, la situó en Soissons.

San Sixto fue discípulo de San Pedro. El mismo Apóstol lo consagró Obispo y fue el primero de la ciudad de Reims; alcanzó la corona del martirio en tiempo de Nerón.
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San Terenciano de Todi, Obispo y Mártir

San Terenciano de Todi, Obispo y Mártir
Septiembre 1


San Terenciano se convirtió gracias a la fe que veía en los primeros cristianos que llegaron a la ciudad de Todi, Italia. Llegó a ser obispo de Todi. Muchos paganos se convirtieron a la fe de Cristo por su celo pastoral.

La envidia de los sacerdotes paganos hacia él, crecía de día en día. Por eso, llevados por su envidia y enfurecidos las numerosas conversiones, lo denunciaron al emperador Adriano.

Por orden del procónsul Licinio, fue atormentado en el potro y con escorpiones; mientras se le iba la vida, repetía: "Señor, sean confundidos los que adoran a dioses falsos y se glorían de sus ricas imágenes". Y sucedió que un sacerdote pagano quedó ciego y los templos se cayeron al suelo. Entonces el santo volvió a decir: "Gloria a ti, Jesús bendito, que colmas de bendiciones a quienes creen en ti".

El juez le preguntó: ¿Dónde está tu Dios? Y Terenciano contestó: "Está conmigo y si tú creyeras en él, encontrarías misericordia".

Enfurecido, el juez mandó que le cortaran la lengua, y luego le degollaron.
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San Lupo, Loup o Leu de Sens, Obispo

San Lupo, Loup o Leu de Sens, Obispo
Septiembre 1


San Loupo o Leu, perteneciente a una familia noble, nació en Orléans. Fue elegido Arzobispo de Sens en 609.

Clotairo, rey de los Francos, entrando en Borgoña, envió a su senescal contra los habitantes de Sens, éste sitió la ciudad. San Lupo, hizo repicar la campana de la iglesia de Saint Eesteban. Los sitiadores, oyendo ese sonido, sintieron tal pánico, que pensaron que no podrían escapar a la muerte, y emprendieron la huida.

Habiéndose finamente apoderado de la Borgoña, Clotario envió a Sens a otro senescal. Como San Lupo no acudió a su presencia llevándole presentes, lo difamó ante el rey, y éste lo envió al exilio. Allí, San Lupo se destaca por su doctrina y milagros.

Los habitantes de Sens pidieron al rey que llamara a San Lupo del exilio. Cuando Clotario se encontró ante aquel hombre paciente y mortificado, se sintió tan conmovido que se prosternó a sus pies solicitando su perdón. Colmándolo de presentes, lo restableció en su Sede.

Después de haberse hecho famoso por sus grandes virtudes y milagros, el Santo Obispo entregó su alma a Dios alrededor de 610.
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