martes, mayo 06, 2025

Evangelio Mayo 6, 2025


Martes 3 de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 6,30-35): En aquel tiempo, la gente dijo a Jesús: «¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo». Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan». Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed».


«Es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo»

Rev. D. Joaquim MESEGUER García - (Rubí, Barcelona, España)


Hoy, en las palabras de Jesús podemos constatar la contraposición y la complementariedad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento: el Antiguo es figura del Nuevo y en el Nuevo las promesas hechas por Dios a los padres en el Antiguo llegan a su plenitud. Así, el maná que comieron los israelitas en el desierto no era el auténtico pan del cielo, sino la figura del verdadero pan que Dios, nuestro Padre, nos ha dado en la persona de Jesucristo, a quien ha enviado como Salvador del mundo. Moisés solicitó a Dios, a favor de los israelitas, un alimento material; Jesucristo, en cambio, se da a sí mismo como alimento divino que otorga la vida.

«¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas?» (Jn 6,30), exigen incrédulos e impertinentes los judíos. ¿Les ha parecido poco el signo de la multiplicación de los panes y los peces obrada por Jesús el día anterior? ¿Por qué ayer querían proclamar rey a Jesús y hoy ya no le creen? ¡Qué inconstante es a menudo el corazón humano! Dice san Bernardo de Claraval: «Los impíos andan alrededor, porque naturalmente, quieren dar satisfacción al apetito, y neciamente despreciar el modo de conseguir el fin». Así sucedía con los judíos: sumergidos en una visión materialista, pretendían que alguien les alimentara y solucionara sus problemas, pero no querían creer; eso era todo lo que les interesaba de Jesús. ¿No es ésta la perspectiva de quien desea una religión cómoda, hecha a medida y sin compromiso? 

«Señor, danos siempre de este pan» (Jn 6,34): que estas palabras, pronunciadas por los judíos desde su modo materialista de ver la realidad, sean dichas por mí con la sinceridad que me proporciona la fe; que expresen de verdad un deseo de alimentarme con Jesucristo y de vivir unido a Él para siempre.


Pensamientos para el Evangelio de hoy

  • «En la nueva alianza, tenemos un pan celestial y una bebida de salvación que santifican alma y cuerpo. Porque del mismo modo que el pan es conveniente para la vida del cuerpo, así el Verbo lo es para la vida del alma» (San Cirilo de Jerusalén)
  • «El hombre tiene hambre de algo más que del maná del desierto. Como los que escuchaban a Jesús seguían sin entenderlo, Él lo repite de un modo inequívoco: ‘Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará nunca sed’ (Jn 6,35)» (Benedicto XVI)
  • «El diluvio y el arca de Noé prefiguraban la salvación por el Bautismo, y lo mismo la nube, y el paso del mar Rojo; el agua de la roca era la figura de los dones espirituales de Cristo; el maná del desierto prefiguraba la Eucaristía ‘el verdadero Pan del Cielo’ (Jn 6,32)» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1.094)
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  • Fuente: https://evangeli.net/evangelio 

lunes, mayo 05, 2025

Evangelio Mayo 5, 2025


Lunes 3 de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 6,22-29): Después que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos le vieron caminando sobre el agua. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. 


Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello». Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para realizar las obras de Dios?». Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado».


«Obrad (…) por el alimento que permanece para la vida eterna»

Abbé Jacques FORTIN - (Alma (Quebec), Canadá)


Hoy, después de la multiplicación de los panes, la multitud se pone en busca de Jesús, y en su búsqueda llegan hasta Cafarnaúm. Ayer como hoy, los seres humanos han buscado lo divino. ¿No es una manifestación de esta sed de lo divino la multiplicación de las sectas religiosas, el esoterismo?

Pero algunas personas quisieran someter lo divino a sus propias necesidades humanas. De hecho, la historia nos revela que algunas veces se ha intentado usar lo divino para fines políticos u otros. Hoy, en el Evangelio proclamado, la multitud se ha desplazado hacia Jesús. ¿Por qué? Es la pregunta que hace Jesús afirmando: «Vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado» (Jn 6,26). Jesús no se engaña. Sabe que no han sido capaces de leer las señales del pan multiplicado. Les anuncia que lo que sacia al hombre es un alimento espiritual que nos permite vivir eternamente (cf. Jn 6,27). Dios es el que da ese alimento, lo da a través de su Hijo. Todo lo que hace crecer la fe en Él es un alimento al que tenemos que dedicar todas nuestras energías.

Entonces comprendemos por qué el Papa nos anima a esforzarnos para re-evangelizar nuestro mundo que frecuentemente no acude a Dios por los buenos motivos. En la constitución "Gaudium et Spes" ("La Iglesia en el mundo actual") los Padres del Concilio Vaticano II nos recuerdan: «Bien sabe la Iglesia que sólo Dios, al que ella sirve, responde a las aspiraciones más profundas del corazón humano, el cual nunca se sacia plenamente con solo los alimentos terrenos». Y nosotros, ¿por qué continuamos siguiendo a Jesús? ¿Qué es lo que nos proporciona la Iglesia? ¡Recordemos lo que dice el Concilio Vaticano II! ¿Estamos convencidos del bienestar que proporciona este alimento que podemos dar al mundo?


Pensamientos para el Evangelio de hoy

  • «La Sagrada Comunión es para nosotros prenda eterna, de manera que ello nos asegura el cielo; éstas son las arras que nos envía el cielo en garantía de que un día será nuestra morada» (San Juan Mª Vianney)
  • «El pan multiplicado milagrosamente nos recuerda el milagro del maná en el desierto y, rebasándolo, señala al mismo tiempo que el verdadero alimento del hombre es la Palabra eterna, el sentido eterno del que provenimos y en espera del cual vivimos» (Benedicto XVI)
  • «Jesús no revela plenamente el Espíritu Santo hasta que Él mismo no ha sido glorificado por su Muerte y su Resurrección. Sin embargo, lo sugiere poco a poco, incluso en su enseñanza a la muchedumbre, cuando revela que su Carne será alimento para la vida del mundo» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 728)
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  • Fuente: https://evangeli.net/evangelio 

domingo, mayo 04, 2025

Evangelio Mayo 4, 2025


Domingo III (C) de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 21,1-19): En aquel tiempo, se apareció Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dice: «Voy a pescar». Le contestan ellos: «También nosotros vamos contigo». Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. 


Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: «Muchachos, ¿no tenéis pescado?». Le contestaron: «No». Él les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor». Al oír Simón Pedro que era el Señor se puso el vestido —pues estaba desnudo— y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos. 


Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. Díceles Jesús: «Traed algunos de los peces que acabáis de pescar». Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Venid y comed». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos. 


Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?». Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos». Vuelve a decirle por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas». Le dice por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras». Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme».


«Jesús les dice: ‘Venid y comed’»

Rev. D. Jaume GONZÁLEZ i Padrós - (Barcelona, España)


Hoy, tercer Domingo de Pascua, contemplamos todavía las apariciones del Resucitado, este año según el evangelista Juan, en el impresionante capítulo veintiuno, todo él impregnado de referencias sacramentales, muy vivas para la comunidad cristiana de la primera generación, aquella que recogió el testimonio evangélico de los mismos Apóstoles.

Éstos, después de los acontecimientos pascuales, parece que retornan a su ocupación habitual, como habiendo olvidado que el Maestro los había convertido en “pescadores de hombres”. Un error que el evangelista reconoce, constatando que —a pesar de haberse esforzado— «no pescaron nada» (Jn 21,3). Era la noche de los discípulos. Sin embargo, al amanecer, la presencia conocida del Señor le da la vuelta a toda la escena. Simón Pedro, que antes había tomado la iniciativa en la pesca infructuosa, ahora recoge la red llena: ciento cincuenta y tres peces es el resultado, número que es la suma de los valores numéricos de Simón (76) y de ikhthys (=pescado, 77). ¡Significativo!

Así, cuando bajo la mirada del Señor glorificado y con su autoridad, los Apóstoles, con la primacía de Pedro —manifestada en la triple profesión de amor al Señor— ejercen su misión evangelizadora, se produce el milagro: “pescan hombres”. Los peces, una vez pescados, mueren cuando se los saca de su medio. Así mismo, los seres humanos también mueren si nadie los rescata de la oscuridad y de la asfixia, de una existencia alejada de Dios y envuelta de absurdidad, llevándolos a la luz, al aire y al calor de la vida. ¿De qué vida? De la vida de Cristo, que él mismo alimenta desde la playa de su gloria, figura espléndida de la vida sacramental de la Iglesia y, primordialmente, de la Eucaristía. En ella el Señor da personalmente el pan y, con él, se da a sí mismo, como indica la presencia del pez, que para la primera comunidad cristiana era un símbolo de Cristo y, por tanto, del cristiano.


Pensamientos para el Evangelio de hoy

  • «Y habiendo comido delante de ellos, tomó las sobras y se las dio. Para demostrarles la veracidad de su resurrección, se dignó a comer con ellos, para que viesen que había resucitado de una manera real, y no de un modo imaginario» (San Beda)
  • «¿Cuál es hoy la mirada de Jesús sobre mí? ¿Cómo me mira Jesús? ¿Con una llamada? ¿Con un perdón? ¿Con una misión? Estamos todos bajo la mirada de Jesús. Él mira siempre con amor. Nos pide algo y nos da una misión» (Francisco)
  • «El encuentro con Jesús resucitado se convierte en adoración: ‘Señor mío y Dios mío’ (Jn 20,28). Entonces toma una connotación de amor y de afecto que quedará como propio de la tradición cristiana: ‘¡Es el Señor!’ (Jn 21,7)» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 448)
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  • Fuente: https://evangeli.net/evangelio 

sábado, mayo 03, 2025

Evangelio Mayo 3, 2025


3 de mayo: Santos Felipe y Santiago, apóstoles

Texto del Evangelio (Jn 14,6-14): En aquel tiempo, Jesús dijo a Tomás: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto». Le dice Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». Le dice Jesús: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? 


»Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré».


«Yo soy el camino, la verdad y la vida. (...) El que me ha visto a mí, ha visto al Padre»

Rev. D. Joan SOLÀ i Triadú - (Girona, España)


Hoy celebramos la fiesta de los apóstoles Felipe y Santiago. El Evangelio hace referencia a aquellos coloquios que Jesús tenía sólo con los Apóstoles, y en los que procuraba ir formándolos, para que tuvieran ideas claras sobre su persona y su misión. Es que los Apóstoles estaban imbuidos de las ideas que los judíos se habían formado sobre la persona del Mesías: esperaban un liberador terrenal y político, mientras que la persona de Jesús no respondía en absoluto a estas imágenes preconcebidas.

Las primeras palabras que leemos en el Evangelio de hoy son respuesta a una pregunta del apóstol Tomás. «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí» (Jn 14,6). Esta respuesta a Tomás da pie a la petición de Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta» (Jn 14,8). La respuesta de Jesús es —en realidad— una reprensión: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe?» (Jn 14,9).

Los Apóstoles no acababan de entender la unidad entre el Padre y Jesús, no alcanzaban a ver al Dios y Hombre en la persona de Jesús. Él no se limita a demostrar su igualdad con el Padre, sino que también les recuerda que ellos serán los que continuarán su obra salvadora: les otorga el poder de hacer milagros, les promete que estará siempre con ellos, y cualquier cosa que pidan en su nombre, se la concederá.

Estas respuestas de Jesús a los Apóstoles, también nos las dirige a todos nosotros. San Josemaría, comentando este texto, dice: «‘Yo soy el camino, la verdad y la vida’. Con estas inequívocas palabras, nos ha mostrado el Señor cuál es la vereda auténtica que lleva a la felicidad eterna (...). Lo declara a todos los hombres, pero especialmente nos lo recuerda a quienes, como tú y como yo, le hemos dicho que estamos decididos a tomarnos en serio nuestra vocación de cristianos».


Pensamientos para el Evangelio de hoy

  • «Cristo en persona es el camino, por esto dice: Yo soy el camino. Lo cual tiene una explicación muy verdadera, ya que por medio de Él podemos acercarnos al Padre» (Santo Tomás de Aquino)
  • «Felipe nos enseña a dejarnos conquistar por Jesús, a estar con Él y a invitar también a otros a compartir esta compañía indispensable; y, viendo, encontrando a Dios, a encontrar la verdadera vida» (Benedicto XVI)
  • «Dios ‘quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad’ (1Tim 2,4), es decir, al conocimiento de Cristo Jesús. Es preciso, pues, que Cristo sea anunciado a todos los pueblos y a todos los hombres y que así la Revelación llegue hasta los confines del mundo» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 74)
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  • Fuente: https://evangeli.net/evangelio 

San Irodión Ionescude de Lainici, Abad del Monasterio Lainici

San Irodión Ionescude de Lainici, Abad del Monasterio Lainici

Mayo 3

San Irodion es uno de los nuevos santos canonizados en Rumania, un monje que vivió en el siglo XVIII, siendo abad de un monasterio en las montañas, cerca de la frontera entre las provincias de Oltenia y Transilvania.


Un documento descubierto en el Archivo Nacional (N º 335 de 1872), refiriéndose a todos los monjes del condado de Gorj, dice que el monje 𝐈𝐫𝐨𝐝𝐢𝐨𝐧 𝐈𝐨𝐧𝐞𝐬𝐜𝐮 nació en Bucarest en el año 1821, el año de la revolución contra los turcos, cuando el dominio de los nobles griegos del barrio constantinopolitano de El Fanar había finalizado. El mismo archivo ofrece algunas otras informaciones: que fue tonsurado como monje en el monasterio de Cernica, cerca de Bucarest en el año 1846, o sea, con veinticinco años de edad y que con cincuenta y un años de edad, en el 1872, era el abad del monasterio de Lainici. Dice también que tenía un aspecto agradable, el pelo castaño y los ojos verdes.


A principios del siglo XIX, el abad de Cernica era San Calinico, y después de haber sido ordenado como obispo de Râmnic en el año 1850, se llevó al joven Irodion con él y lo envió en el 1851 a la ermita construida en Lainici - un paso hecho por el río Jiu a través de los Cárpatos - sirviendo allí como diácono desde el verano del año 1853. El 15 de junio 1854 un decreto que se guarda en el archivo de la Diócesis Râmnic Nuevo Severin, dice que el obispo lo ordenó de sacerdote y abad de Lainici – donde estuvo treinta y tres años - después de la renuncia del ex abad, el hieromonje Cirilo, del que da una cita en el documento siguiente.


Irodion no aguantó demasiado como abad a causa de las protestas de quienes no aceptaban su fuerte ascetismo y renunció el 30 de junio de 1855, designándose al oikonomos Doroteo (responsable administrativo), el día 2 de julio. Resistió sólo un año y solicitó la renuncia, aunque siguió un año más, siendo reelegido abad, por voluntad de los monjes y de los donantes laicos de la ermita, según sugiere un escrito de San Calinico en una página del Triodion, el 29 de marzo de 1857. Otra solicitud presentada por otro abad llamado Lucas en agosto de 1859, sugiere que de alguna manera la inestabilidad dentro de la comunidad continuó en los años siguientes. 


Probablemente Irodion renunció una vez más y Lucas estaba pidiendo esta vez de nuevo la reelección de Irodion. En cualquier caso, después de 1859, al menos durante los próximos cuatro años, la tranquilidad volvió a Lainici. Irodion ayudó en la construcción de otra ermita, en Locurele, procediendo en 1861 a la venta de algunos de los objetos de culto, a fin de que los monjes tuviesen todo lo necesario. Nombrado por un tiempo como Eclesiarca de la catedral de Craiova, Irodion dejó una vez más  su ermita, siendo reemplazado entre el 8 de junio de 1863 y el 25 de mayo de 1865 por el hieromonje Ilarión.


En el 1865 Irodion fue abad nuevamente y volvió a intentar organizar a la comunidad. Las turbulencias persistieron, por lo que en noviembre de 1869 solicitó nuevamente la renuncia y el traslado a otro monasterio. Los años siguiente la convivencia en la ermita fue muy difícil debido a la falta de organización, y también por una ley dada por el Príncipe Alexandru Ioan Cuza (1859 - 1866), que establecía la secularización de las propiedades de la Iglesia, muy grandes en aquel momento - aproximadamente una cuarta parte de la superficie total del país -, pero de las cuales gran parte de ellas eran administrada por los monjes de los monasterios del Monte Athos, de Palestina y del Sinaí.


Por quinta vez, en 1873, Irodión era nombrado abad de Lainici, ya que no había nadie para tratar de salvar el monasterio. Allí permaneció hasta su muerte, ocurrida en el año 1900. En ese tiempo, la vida espiritual y el número de monjes fue en aumento, pasando de quince a treinta. El obispo Calinico, cada vez que iba al monasterio, solía llamarle " 𝐥𝐚 𝐞𝐬𝐭𝐫𝐞𝐥𝐥𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐦𝐚𝐧̃𝐚𝐧𝐚 𝐝𝐞 𝐋𝐚𝐢𝐧𝐢𝐜𝐢".


En 1877, el nuevo príncipe Carol I (1866-1878, y rey entre 1878-1914) aliado con el zar Alejandro II de Rusia (1855-1881) declaró la guerra contra los turcos. Durante esta guerra (en Rumania conocida como la Guerra de la Independencia) Irodion y doce de sus monjes ayudaron como enfermeros en el campo de batalla. En 1889, el obispo Genadio de Râmnic lo designó también como abad de la ermita Locurele.


Tradicionalmente, los monjes del abad Irodion celebraban diariamente la Divina Liturgia y este tenía el don espiritual de la previsión y de leer el pensamiento de la gente a las que conoció. También hizo exorcismos y profetizó el futuro. Asimismo, conoció su final, profetizando que la ermita sería abandonado pasados algunos años.


El abad Irodion murió en el año 1900 siendo enterrado cerca del altar de la iglesia. En 1916, durante la guerra, los alemanes ocuparon la ermita y transformaron la iglesia en un establo para los caballos. Sólo en el 1929 el abad Visarion Toia logró restaurar allí la vida monástica. Siete años más tarde, el hieromonje Julian Drăghicioiu abrió la tumba y encontró el cuerpo del santo tal cual estaba cuando fue sepultado, por lo que decidió enterrarlo de nuevo.


Más tarde, en 1929 Visarion Toia abrió la tumba nuevamente, pero lo enterró en un lugar profundo que fue descubierto sólo después de que toda la comunidad del monasterio, encabezada por el archimandrita Joachim Parvulescu ayunara y orara durante una semana; también el metropolita Ireneo de Oltenia oró con el mismo objetivo. Finalmente sus reliquias fueron descubiertas el 10 de abril del 2009.  Sus reliquias tenían el acostumbrado color marrón-anaranjado de los cuerpos santos y difundía el típico olor del incienso.


El 29 de octubre de 2010, el Sínodo celebrado en Bucarest decidió la canonización de San Irodion de Lainici, que fue durante un tiempo el confesor de San Calinico de Cernica.


San Irodion es conmemorado el 3 de mayo y sus reliquias se conservan en la iglesia de su monasterio.


viernes, mayo 02, 2025

Evangelio Mayo 2, 2025


Viernes 2 de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 6,1-15): En aquel tiempo, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades, y mucha gente le seguía porque veían las señales que realizaba en los enfermos. Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos. Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia Él mucha gente, dice a Felipe: «¿Dónde vamos a comprar panes para que coman éstos?». Se lo decía para probarle, porque Él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco». Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?». 


Dijo Jesús: «Haced que se recueste la gente». Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos cinco mil. Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda». Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. Al ver la gente la señal que había realizado, decía: «Éste es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo». Dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte Él solo.


«Él sabía lo que iba a hacer»

Rev. D. Stefanus Albertus HERRY NUGROH - (Indonesia)


Hoy, el Evangelio nos recuerda un milagro ante cinco mil hombres cuando «tomó Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron» (Jn 6,11). El Señor no hizo este milagro para lucirse, sino que el hecho encerraba un significado más profundo. Jesús fue movido por el amor de Dios hacia aquella gente. Hemos de hablar de fe y de amor cada vez que intentamos entender qué mueve a Jesús.

El gentío le siguió por la fe y la confianza en Él. Llegados de todas partes, necesitaban saciar su hambre y sed por la verdad y el amor de Dios, que encontraron personalmente. Y el Señor sabía lo que ellos necesitaban. 

Nosotros, los cristianos, podemos manifestar el amor de Dios siempre y en cualquier sitio en que nos encontremos. Uno tiene que empezar por el respeto a sus vecinos, entendiendo cuáles son sus necesidades. Desde ahí uno puede actuar tal como Jesús hizo: esforzarse por mejorar la vida de los vecinos. Estos actos no deben ser tomados a la ligera. Eso es nada más y nada menos que la salvación de Dios obrada a través de nuestras pequeñas manos.

En Bulgaria, el Papa Francisco insistió a los jóvenes: «Algunos milagros sólo pueden darse si tenemos un corazón como el vuestro: un corazón capaz de compartir, soñar, sentir gratitud, confianza y respeto frente a otras personas».

El Señor necesita nuestras manitas como su “compañero” para hacer milagros. Por tanto, hemos de considerar la responsabilidad de ser un “partner” (un “socio”) del Señor: eso podría impulsar a otras personas a ensalzarnos. Si esta circunstancia te permite servir a los demás, ¿por qué no? Pero, si eso te lleva a no hacer nada, entonces necesitas rectificar la intención para continuar la misión, tal como hizo Jesús. En efecto, «dándose cuenta de que intentaban venir a tomarle (…) para hacerle rey, huyó de nuevo al monte Él solo» (Jn 6,15).


Pensamientos para el Evangelio de hoy

  • «Jesús no contaba con una cantidad suficiente de bienes materiales (…). Lo que la razón humana no se atrevía a esperar, con Jesús se hizo realidad gracias al corazón generoso de un muchacho» (San Juan Pablo II)
  • «Jesús no permite que la necesidad del hombre se reduzca al pan, a las necesidades biológicas y materiales. ‘No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’ (Mt 4,4; Dt 8,3)» (Benedicto XVI)
  • «Al liberar a algunos hombres de los males terrenos (…), Jesús realizó unos signos mesiánicos. No obstante, no vino para abolir todos los males aquí abajo, sino a liberar a los hombres de la esclavitud más grave, la del pecado (…), causa de todas sus servidumbres humanas» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 549)
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  • Fuente: https://evangeli.net/evangelio 

jueves, mayo 01, 2025

Evangelio Mayo 1, 2025

Jueves 2 de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 3,31-36): El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo, da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él.


«El que cree en el Hijo tiene vida eterna»

Rev. D. Melcior QUEROL i Solà - (Ribes de Freser, Girona, España)


Hoy, el Evangelio nos invita a dejar de ser “terrenales”, a dejar de ser hombres que sólo hablan de cosas mundanas, para hablar y movernos como «el que viene de arriba» (Jn 3,31), que es Jesús. En este texto vemos —una vez más— que en la radicalidad evangélica no hay término medio. Es necesario que en todo momento y circunstancia nos esforcemos por tener el pensamiento de Dios, ambicionemos tener los mismos sentimientos de Cristo y aspiremos a mirar a los hombres y las circunstancias con la misma mirada del Verbo hecho hombre. Si actuamos como “el que viene de arriba” descubriremos el montón de cosas positivas que pasan continuamente a nuestro alrededor, porque el amor de Dios es acción continua a favor del hombre. Si venimos de lo alto amaremos a todo el mundo sin excepción, siendo nuestra vida una tarjeta de invitación para hacer lo mismo.

«El que viene de arriba está por encima de todos» (Jn 3,31), por esto puede servir a cada hombre y a cada mujer justo en aquello que necesita; además «da testimonio de lo que ha visto y oído» (Jn 3,32). Y su servicio tiene el sello de la gratuidad. Esta actitud de servir sin esperar nada a cambio, sin necesitar la respuesta del otro, crea un ambiente profundamente humano y de respeto al libre albedrío de la persona; esta actitud se contagia y los otros se sienten libremente movidos a responder y actuar de la misma manera.

Servicio y testimonio siempre van juntos, el uno y el otro se identifican. Nuestro mundo tiene necesidad de aquello que es auténtico: ¿qué más auténtico que las palabras de Dios?, ¿qué más auténtico que quien «da el Espíritu sin medida» (Jn 3,34)? Es por esto que «el que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz» (Jn 3,33).

“Creer en el Hijo” quiere decir tener vida eterna, significa que el día del Juicio no pesa encima del creyente porque ya ha sido juzgado y con un juicio favorable; en cambio, «el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él» (Jn 3,36)..., mientras no crea.


Pensamientos para el Evangelio de hoy

  • «Y ahora yo pregunto, ¿qué hay más admirable que la belleza de Dios? ¿Puede pensarse en algo más dulce y agradable que la magnificencia divina? El resplandor de la belleza divina es algo absolutamente inefable e inenarrable» (San Basilio Magno)
  • «La obediencia muchas veces nos conduce por una senda que no es la que yo pienso que debe ser: existe otra, la obediencia de Jesús que dice al Padre en el huerto de los Olivos ‘que se cumpla tu voluntad’» (Francisco)
  • «Creer en Cristo Jesús y en aquél que lo envió para salvarnos es necesario para obtener esa salvación. Ya que ‘sin la fe... es imposible agradar a Dios’ (Hb 11,6) y llegar a participar en la condición de sus hijos (…)» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 161)
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  • Fuente: https://evangeli.net/evangelio