Comunidad Católica Vidas Santas Páginas Católicas... dedicadas a las personas que aman la Vida de los Santos, Beatos, Venerables y Siervos de Dios del Mundo! En la vida de los hombres y mujeres llamados Santos encontraremos un camino a seguir en el deambular por este valle de lágrimas que es nuestra vida en la Tierra. En ella se busca el lema de la Paz, la Tolerancia y la Caridad, en un intento de recoger el máximo de imágenes de Santos
lunes, mayo 23, 2016
domingo, mayo 22, 2016
Evangelio Mayo 22, 2016
Día litúrgico: La Santísima Trinidad (C) (Domingo siguiente a Pentecostés)
«Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa»
+ Cardenal
Jorge
MEJÍA
Archivista y Bibliotecario de la S.R.I. - (Città del Vaticano, Vaticano)
Hoy celebramos la solemnidad del
misterio que está en el centro de nuestra fe, del cual todo procede y al
cual todo vuelve. El misterio de la unidad de Dios y, a la vez, de su
subsistencia en tres Personas iguales y distintas. Padre, Hijo y
Espíritu Santo: la unidad en la comunión y la comunión en la unidad.
Conviene que los cristianos, en este gran día, seamos conscientes de que
este misterio está presente en nuestras vidas: desde el Bautismo —que
recibimos en nombre de la Santísima Trinidad— hasta nuestra
participación en la Eucaristía, que se hace para gloria del Padre, por
su Hijo Jesucristo, gracias al Espíritu Santo. Y es la señal por la cual
nos reconocemos como cristianos: la señal de la Cruz en nombre del
Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
La misión del Hijo, Jesucristo, consiste en la revelación de su Padre, del cual es la imagen perfecta, y en el don del Espíritu, también revelado por el Hijo. La lectura evangélica proclamada hoy nos lo muestra: el Hijo recibe todo del Padre en la perfecta unidad: «Todo lo que tiene el Padre es mío», y el Espíritu recibe lo que Él es, del Padre y del Hijo. Dice Jesús: «Por eso he dicho: ‘Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros’» (Jn 16,15). Y en otro pasaje de este mismo discurso (15,26): «Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí».
Aprendamos de esto la gran y consoladora verdad: la Trinidad Santísima, lejos de ponerse aparte, distante e inaccesible, viene a nosotros, habita en nosotros y nos transforma en interlocutores suyos. Y esto por medio del Espíritu, quien así nos guía hasta la verdad completa (cf. Jn 16,13). La incomparable “dignidad del cristiano”, de la cual habla varias veces san León el Grande, es ésta: poseer en sí el misterio de Dios y, entonces, tener ya, desde esta tierra, la propia “ciudadanía” en el cielo (cf. Flp 3,20), es decir, en el seno de la Trinidad Santísima.
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Fuente: evangeli.net
sábado, mayo 21, 2016
Evangelio Mayo 21, 2016
Día litúrgico: Sábado VII del tiempo ordinario
«Dejad que los niños vengan a mí»
Rev. D. Josep Lluís SOCÍAS i Bruguera - (Badalona, Barcelona, España)
Hoy, los niños son noticia. Más que nunca, los niños tienen mucho que decir, a pesar de que la palabra “niño” significa “el que no habla”. Lo vemos en los medios tecnológicos: ellos son capaces de ponerlos en marcha, de usarlos e, incluso, de enseñar a los adultos su correcta utilización. Ya decía un articulista que, «a pesar de que los niños no hablan, no es signo de que no piensen».
En el fragmento del Evangelio de Marcos encontramos varias consideraciones. «Algunos presentaban a Jesús unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían» (Mc 10,13). Pero el Señor, a quien en el Evangelio leído en los últimos días le hemos visto hacerse todo para todos, con mayor motivo se hace con los niños. Así, «al ver esto, se enfadó y les dijo: ‘No se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios’» (Mc 10,14).
La caridad es ordenada: comienza por el más necesitado. ¿Quién hay, pues, más necesitado, más “pobre”, que un niño? Todo el mundo tiene derecho a acercarse a Jesús; el niño es uno de los primeros que ha de gozar de este derecho: «Dejad que los niños vengan a mí» (Mc 10,14).
Pero notemos que, al acoger a los más necesitados, los primeros beneficiados somos nosotros mismos. Por esto, el Maestro advierte: «Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él» (Mc 10,15). Y, correspondiendo al talante sencillo y abierto de los niños, Él los «abrazaba (...), y los bendecía poniendo las manos sobre ellos» (Mc 10,16).
Hay que aprender el arte de acoger el Reino de Dios. Quien es como un niño —como los antiguos “pobres de Yahvé”— percibe fácilmente que todo es don, todo es una gracia. Y, para “recibir” el favor de Dios, escuchar y contemplar con “silencio receptivo”. Según san Ignacio de Antioquía, «vale más callar y ser, que hablar y no ser (...). Aquel que posee la palabra de Jesús puede también, de verdad, escuchar el silencio de Jesús».
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Fuente: evangeli.net
viernes, mayo 20, 2016
Evangelio Mayo 20, 2016
Día litúrgico: Viernes VII del tiempo ordinario
Y ya en casa, los discípulos le volvían a preguntar sobre esto. Él les dijo: «Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».
«Como acostumbraba, les enseñaba»
Rev. D.
Miquel
VENQUE i To - (Barcelona, España)
Hoy, Señor, quisiera hacer un rato
de oración para agradecerte tu enseñanza. Tú enseñabas con autoridad y
lo hacías siempre que te dejábamos, aprovechabas todas las ocasiones:
¡claro!, lo entiendo, Señor, tu misión básica era transmitir la Palabra
del Padre. Y lo hiciste.
—Hoy, “colgado” en Internet te digo: Háblame, que quiero hacer un rato de oración como fiel discípulo. Primero, quisiera pedirte capacidad para aprender lo que enseñas y, segundo, saber enseñarlo. Reconozco que es muy fácil caer en el error de hacerte decir cosas que Tú no has dicho y, con osadía malévola, intento que Tú digas aquello que a mí me gusta. Reconozco que quizá soy más duro de corazón que aquellos oyentes.
—Yo conozco tu Evangelio, el Magisterio de la Iglesia, el Catecismo, y recuerdo aquellas palabras del papa Juan Pablo II en la Carta a las Familias: «El proyecto del utilitarismo asentado en una libertad orientada según el sentido individualista, es decir, una libertad vacía de responsabilidad, es el constitutivo de la antítesis del amor». Señor, rompe mi corazón deseoso de felicidad utilitarista y hazme entrar dentro de tu verdad divina, que tanto necesito.
—En este lugar de mirada, como desde la cima de la cordillera, comprendo que Tú digas que el amor matrimonial es definitivo, que el adulterio —además de ser pecado como toda ofensa grave hecha a ti, que eres el Señor de la Vida y del Amor— es un camino errado hacia la felicidad: «Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla» (Mc 10,11).
—Recuerdo a un joven que decía: «Mossèn el pecado promete mucho, no da nada y lo roba todo». Que te entienda, buen Jesús, y que lo sepa explicar: Aquello que Tú has unido, el hombre no lo puede separar (cf. Mc 10,9). Fuera de aquí, fuera de tus caminos, no encontraré la auténtica felicidad. ¡Jesús, enséñame de nuevo!
Gracias, Jesús, soy duro de corazón, pero sé que tienes razón.
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Fuente: evangeli.net
jueves, mayo 19, 2016
Evangelio Mayo 19, 2016
Día litúrgico: Jueves VII del tiempo ordinario
«Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, os aseguro que no perderá su recompensa»
Rev. D.
Xavier
PARÉS i Saltor - (La Seu d'Urgell, Lleida, España)
Hoy, el Evangelio proclamado se
hace un poco difícil de entender debido a la dureza de las palabras de
Jesús: «Si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela (...). Si tu ojo
te es ocasión de pecado, sácatelo» (Mc 9,43.47). Es que Jesús es muy
exigente con aquellos que somos sus seguidores. Sencillamente, Jesús nos
quiere decir que hemos de saber renunciar a las cosas que nos hacen
daño, aunque sean cosas que nos gusten mucho, pero que pueden ser motivo
de pecado y de vicio. San Gregorio dejará escrito «que no hemos de
desear las cosas que sólo satisfacen las necesidades materiales y
pecaminosas». Jesús exige radicalidad. En otro lugar del Evangelio
también dice: «El que quiera ganar la vida, la perderá, pero el que la
pierda por Mí, la ganará» (Mt 10,39).
Por otro lado, esta exigencia de Jesús quiere ser una exigencia de amor y de crecimiento. No quedaremos sin su recompensa. Lo que dará sentido a nuestras cosas ha de ser siempre el amor: hemos de llegar a saber dar un vaso de agua a quien lo necesita, y no por ningún interés personal, sino por amor. Tenemos que descubrir a Jesucristo en los más necesitados y pobres. Jesús sólo denuncia severamente y condena a los que hacen el mal y escandalizan, a los que alejan a los más pequeños del bien y de la gracia de Dios.
Finalmente, todos hemos de pasar la prueba de fuego. Es el fuego de la caridad y del amor que nos purifica de nuestros pecados, para poder ser la sal que da el buen gusto del amor, del servicio y de la caridad. En la oración y en la Eucaristía es donde los cristianos encontramos la fuerza de la fe y del buen gusto de la sal de Cristo. ¡No quedaremos sin recompensa!
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Fuente: evangeli.net
miércoles, mayo 18, 2016
Evangelio Mayo 18, 2016
Día litúrgico: Miércoles VII del tiempo ordinario
«El que no está contra nosotros, está por nosotros»
Rev. D.
David
CODINA i Pérez - (Puigcerdà, Gerona, España)
Hoy escuchamos una recriminación al
apóstol Juan, que ve a gente obrar el bien en el nombre de Cristo sin
formar parte del grupo de sus discípulos: «Maestro, hemos visto a uno
que expulsaba demonios en tu nombre y tratamos de impedírselo porque no
viene con nosotros» (Mc 9,38). Jesús nos da la mirada adecuada que hemos
de tener ante estas personas: acogerlas y ensanchar nuestras miras, con
humildad respecto a nosotros mismos, compartiendo siempre un mismo nexo
de comunión, una misma fe, una misma orientación, es decir, caminar
juntos hacia la perfección del amor a Dios y al prójimo.
Esta manera de vivir nuestra vocación de “Iglesia” nos invita a revisar con paz y seriedad la coherencia con que vivimos esta apertura de Jesucristo. Mientras haya “otros” que nos “molesten” porque hacen lo mismo que nosotros, esto es un claro indicio de que todavía el amor de Cristo no nos impregna en toda su profundidad, y nos pedirá la “humildad” de aceptar que no agotamos “toda la sabiduría y el amor de Dios”. En definitiva, aceptar que somos aquellos que Cristo escoge para anunciar a todos cómo la humildad es el camino para acercarnos a Dios.
Jesús obró así desde su Encarnación, cuando nos acerca al máximo la majestad de Dios en la pequeñez de los pobres. Dice san Juan Crisóstomo: «Cristo no se contentó con padecer la cruz y la muerte, sino que quiso también hacerse pobre y peregrino, ir errante y desnudo, quiso ser arrojado en la cárcel y sufrir las debilidades, para lograr de ti la conversión». Si Cristo no dejó pasar oportunidad alguna para que vivamos el amor con los demás, tampoco dejemos pasar la ocasión de aceptar al que es diferente a nosotros en la manera de vivir su vocación a formar parte de la Iglesia, porque «el que no está contra nosotros, está por nosotros» (Mc 9,40).
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Fuente: evangeli.net
Nos hace falta 1000 votos!
Familiares y amigos! Ayudemos a ganar un casting para un calendario de 2017!
Nos hace falta 1000 votos! Para ganar el casting
del bebé Pigeon!Cooperen por favor con mi nieto Zabdiel! está participando en un casting infantil y sus votos son importantes. Sólo les tomará un minuto!
1. Ingresar en el link que encuentran abajo.
2. Los va a llevar a una página que donde sale mi bebe vestido de "Indio" y va a decir Voten por mi, deben dar clic.
3. Luego estarán pidiendo su email y tienen que ingresarlo y ponen VOTAR, de ahí automáticamente recibirán un email en el correo electrónico que ingresaron (puede llegarles al correo no deseado).
4. Dentro de ese email va a darle la opción a validar el voto, dar clic en ENLACE, esto los llevará a la pagina de PIGEON y les dirá que escriban el código (numérico y letras) en el espacio en blanco y después dan clic y el voto será procesado.
martes, mayo 17, 2016
Evangelio Mayo 17, 2016
Día litúrgico: Martes VII del tiempo ordinario
Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntaba: «¿De qué discutíais por el camino?». Ellos callaron, pues por el camino habían discutido entre sí quién era el mayor. Entonces se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: «Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos». Y tomando un niño, le puso en medio de ellos, le estrechó entre sus brazos y les dijo: «El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, no me recibe a mí sino a Aquel que me ha enviado».
«El Hijo del hombre será entregado»
Rev. D. Jordi PASCUAL i Bancells - (Salt, Girona, España)
Hoy, el Evangelio nos trae dos enseñanzas de Jesús, que están estrechamente ligadas una a otra. Por un lado, el Señor les anuncia que «le matarán y a los tres días de haber muerto resucitará» (Mc 9,31). Es la voluntad del Padre para Él: para esto ha venido al mundo; así quiere liberarnos de la esclavitud del pecado y de la muerte eterna; de esta manera Jesús nos hará hijos de Dios. La entrega del Señor hasta el extremo de dar su vida por nosotros muestra la infinidad del Amor de Dios: un Amor sin medida, un Amor al que no le importa abajarse hasta la locura y el escándalo de la Cruz.
Resulta aterrador escuchar la reacción de los Apóstoles, todavía demasiado ocupados en contemplarse a sí mismos y olvidándose de aprender del Maestro: «No entendían lo que les decía» (Mc 9,32), porque por el camino iban discutiendo quién de ellos sería el más grande, y, por si acaso les toca recibir, no se atreven a hacerle ninguna pregunta.
Con delicada paciencia, Jesús añade: hay que hacerse el último y servidor de todos. Hay que acoger al sencillo y pequeño, porque el Señor ha querido identificarse con él. Debemos acoger a Jesús en nuestra vida porque así estamos abriendo las puertas a Dios mismo. Es como un programa de vida para ir caminando.
Así lo explica con claridad el Santo Cura de Ars, Juan Bautista Mª Vianney: «Cada vez que podemos renunciar a nuestra voluntad para hacer la de los otros, siempre que ésta no vaya contra la ley de Dios, conseguimos grandes méritos, que sólo Dios conoce». Jesús enseña con sus palabras, pero sobre todo enseña con sus obras. Aquellos Apóstoles, en un principio duros para entender, después de la Cruz y de la Resurrección, seguirán las mismas huellas de su Señor y de su Dios. Y, acompañados de María Santísima, se harán cada vez más pequeños para que Jesús crezca en ellos y en el mundo.
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Fuente: evangeli.net
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