Beato Salvador Valera Parra, Presbítero Diocesano
Febrero 7
Fecha del fallecimiento (dies natalis): 15 de marzo de 1889
† Huércal-Overa (Almería)
7 de febrero (memoria como beato, según la beatificación celebrada ese día)
Vida y ministerio
Salvador Valera Parra nació en Huércal-Overa (Almería) el 27 de febrero de 1816. Desde joven manifestó una profunda vocación sacerdotal, por lo que ingresó en el seminario y fue ordenado presbítero el 13 de marzo de 1840.
Ejerció casi la totalidad de su ministerio en su ciudad natal, primero como vicario parroquial y más tarde como párroco, entregándose sin reservas a su pueblo. En 1853 fue nombrado arcipreste, responsabilidad que desempeñó con gran prudencia pastoral, celo apostólico y espíritu de servicio.
Su vida sacerdotal estuvo marcada por una caridad heroica, especialmente visible durante las epidemias de cólera y los terremotos de 1863, que causaron graves daños materiales y numerosas víctimas. En aquellas circunstancias extremas, el Cura Valera se distinguió por su presencia constante entre los enfermos, la asistencia espiritual y material a los más necesitados, y una entrega sin descanso que le granjeó el reconocimiento unánime del pueblo.
Además de su labor pastoral, colaboró activamente en la extinción de incendios, en la recaudación de fondos para socorrer a los pobres, y en múltiples iniciativas sociales destinadas a aliviar el sufrimiento humano. En 1885, junto con santa Teresa Jornet, fundadora de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, promovió la creación de una residencia y albergue para ancianos, obra que refleja su sensibilidad evangélica hacia los más vulnerables.
Por su ejemplar conducta y servicios prestados, recibió del Estado español los honores de Caballero de la Real Orden de Isabel la Católica y posteriormente de la Orden Civil de Carlos III. Sin embargo, él vivió siempre estos reconocimientos con humildad, considerándose únicamente un servidor del Evangelio.
Espiritualidad y virtudes
Salvador Valera Parra fue un testimonio vivo del Buen Pastor que da la vida por sus ovejas (cf. Jn 10,11). Su obispo lo propuso como modelo de vida y virtudes sacerdotales para los aspirantes al sacerdocio.
Fue un hombre de fe profunda, amante de la oración, fervoroso celebrante de la Eucaristía y constante adorador del Santísimo Sacramento. Vivió un amor filial y entrañable a la Virgen María, a quien acudía en todas las circunstancias de su vida.
Dotado de un carácter firme y decidido, supo ejercer siempre la paciencia, la prudencia y la sobriedad, uniendo la fortaleza con la mansedumbre evangélica. Vivió ejemplarmente los consejos evangélicos, permaneciendo casto y puro de corazón, obediente y profundamente humilde, hasta el final de sus días.
Por la radicalidad evangélica de su vida y su celo pastoral, fue llamado por muchos “el Cura de Ars español”, comparación que refleja la percepción popular de su santidad.
Últimos años y muerte
En los últimos años de su vida sufrió graves enfermedades, aceptadas con espíritu cristiano y abandono confiado en la voluntad de Dios. Falleció en Huércal-Overa el 15 de marzo de 1889, rodeado del afecto y la veneración de su pueblo, que ya lo consideraba un santo.
Reconocimiento eclesial
El 17 de marzo de 2021, el papa Francisco lo declaró Venerable, reconociendo oficialmente la heroicidad de sus virtudes.
Fue beatificado el 7 de febrero, en una solemne celebración presidida por la Iglesia en Huércal-Overa, ante más de 5.000 fieles, en el Espacio de Usos Múltiples y el pabellón anexo habilitado por el Ayuntamiento. Desde entonces es venerado como Beato Salvador Valera Parra, presbítero.
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Fuente: Vidas Santas





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