sábado, abril 04, 2026

Evangelio Abril 4, 2026

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Sábado Santo

Texto del Evangelio ( ):  

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Rev. D. Enric CATALÁN - (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy celebramos el gran reposo del Sábado Santo. Dentro del “triduum” Pascual, frecuentemente centramos la atención en la Pasión o la Resurrección del Señor, pero olvidamos fácilmente el vínculo que hay entre los dos acontecimientos: el Sábado Santo. Quizá ocurre porque el silencio profundo de este día se ahoga rápidamente en el ruido de nuestro mundo. Y, sin embargo, es en este silencio donde adquiere sentido la palabra. La muerte de Jesús no es simbólica: es real. No sólo se ha solidarizado con los vivos —en su encarnación— sino que, desde el sepulcro, también se ha solidarizado con los difuntos. 

Una mujer de la parroquia de Sabadell (Barcelona) visitaba el cementerio cada sábado; decía que le gustaba la paz del lugar. Y es que “cementerio” significa “dormitorio” en griego, lugar de reposo después de la gran actividad. Ayer —Viernes Santo— Jesús completaba la obra de la redención. Hoy, en el sepulcro, descansa. No actúa. Es pura pasividad confiada. Se abandona en manos del Padre, sabiendo que será liberado.

El descenso de Cristo va más allá del sepulcro: baja a los infiernos, al abismo, al reino de los muertos. Como Jonás dentro del monstruo marino, Jesús conoce la muerte desde dentro, la sondea, tal como también haremos nosotros algún día. Pero el Sábado Santo no sólo afirma que el Hijo de Dios ha reposado entre los muertos, sino también que ha regresado de ahí. El Padre no lo ha dejado en aquel reino, sino que lo ha liberado de sus ataduras. El monstruo de la muerte no ha podido retener cautivo a Aquél a quien el Padre ama. 

Y si no lo ha podido retener a Él, tampoco podrá retener a quienes han escuchado su voz: los justos que descansaban en la muerte. Éste es el misterio profundo del Sábado Santo, un silencio más elocuente que mil palabras. Preparémonos, en este silencio, para la Pascua. Para la palabra renovada que escucharemos esta noche. «Por eso se alegra mi corazón, se goza mi alma, hasta mi carne descansa en la esperanza» (Sal 16,9).


Pensamientos para el Evangelio de hoy

  • «¿Qué idea de Dios hubiera podido antes formarse el hombre, que no fuese un ídolo fabricado por su corazón? Era incomprensible e inaccesible, invisible y superior a todo pensamiento humano; pero ahora ha querido ser comprendido. ¿De qué modo?, te preguntarás. Pues yaciendo en un pesebre, predicando en la montaña, pasando la noche en oración; o bien colgando de la cruz…» (San Bernardo)
  • «La tiniebla divina de este día, de este siglo, que se convierte cada vez más en un sábado santo, habla a nuestras conciencias. Tiene en sí algo consolador porque la muerte de Dios en Jesucristo es, al mismo tiempo, expresión de su radical solidaridad con nosotros. El misterio más oscuro de la fe es, simultáneamente, la señal más brillante de una esperanza sin fronteras» (Benedicto XVI)
  • «La muerte de Cristo fue una verdadera muerte en cuanto que puso fin a su existencia humana terrena. Pero a causa de la unión que la Persona del Hijo conservó con su cuerpo, éste no fue un despojo mortal como los demás porque ‘no era posible que la muerte lo dominase’ (Hch 2,24) (…). La Resurrección de Jesús ‘al tercer día’ (1Cor 15,4) era el signo de ello, también porque se suponía que la corrupción se manifestaba a partir del cuarto día» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 627)

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Fuente: https://evangeli.net

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