San Celestino de Barcelona, Mártir de las Catacumbas
Mayo 15
(Copatrono de la ciudad de Barcelona, Venezuela)
Del mártir San Celestino no existe ningún dato histórico seguro acerca de su vida. Su identidad original permanece desconocida, como sucede con muchos de los llamados “mártires de las catacumbas”, cuyos restos fueron descubiertos en los antiguos cementerios cristianos de Roma y distribuidos posteriormente por distintas iglesias del mundo católico.
Mucho tiempo después, el sacerdote Juan Miguel Lárez intentó identificar a San Celestino con uno de los mártires mencionados en el antiguo Martirologio Romano para el 2 de mayo:
“En Roma, los santos mártires Saturnino, Neópolo, Germán y Celestino, los cuales, padecidos muchos trabajos y, por último, encerrados en una cárcel, descansaron allí en el Señor”.
A partir de esta identificación surgió la tradición según la cual San Celestino habría sido apresado mientras ayudaba a los pobres y habría muerto en prisión. Sin embargo, dicha identificación parece poco probable, pues de haber pertenecido realmente a ese grupo martirial, difícilmente sus reliquias habrían sido enviadas fuera de Roma.
Este tipo de identificaciones erróneas fue relativamente común en muchos lugares donde se veneraban mártires de las catacumbas. Con frecuencia, el pueblo deseaba conocer la historia del santo que veneraba, por lo que se le atribuían nombres, relatos o asociaciones tomadas del Martirologio Romano. En otros casos surgían leyendas populares que, aunque carecían de fundamento histórico, fortalecían la devoción local.
Aun así, algunos datos interesantes pueden extraerse de antiguos relatos de viajeros y documentos parroquiales relacionados con el descubrimiento y traslado de las reliquias del santo.
Uno de los testimonios más antiguos procede del noble brasileño Miguel Maria Lisboa, quien visitó Venezuela en varias ocasiones. En uno de sus escritos relata una conversación sostenida con el párroco de la entonces iglesia matriz de Barcelona:
“Me asegura el cura de la iglesia que este era un esqueleto de los que se hallaron en las catacumbas de Roma con distintivos pertenecientes a mártires de la fe, y que los papas daban nombres arbitrarios y canonizaban…”
Este comentario demuestra que el propio clero local conocía que muchos de aquellos mártires extraídos de las catacumbas eran anónimos. Probablemente San Celestino pertenecía precisamente a este grupo de cuerpos santos sin identificación precisa.
El nombre “Celestino” posee además un claro sentido alegórico. Derivado del latín caelestis, significa “celestial” o “perteneciente al cielo”, indicando simbólicamente la gloria alcanzada por aquel mártir desconocido.
La costumbre de imponer nombres a santos anónimos no fue una invención tardía. Desde la antigüedad cristiana se otorgaron nombres simbólicos a numerosos mártires cuya identidad real se había perdido. Un ejemplo tradicionalmente citado es San Cristóbal, cuyo nombre significa “Portador de Cristo” y probablemente no corresponde a su nombre original.
Esta práctica continuó existiendo tanto en Occidente como en Oriente. Incluso en épocas recientes, algunos santos ortodoxos hallados de forma anónima recibieron nuevos nombres mediante revelaciones o ceremonias eclesiásticas.
En el caso de San Celestino, es posible que su losa sepulcral se hubiese perdido o separado de las reliquias antes de su traslado. También pudo ocurrir que la tumba perteneciera a un cristiano humilde y careciera de inscripciones claras.
Según refiere el padre Fernando del Bastardo y Loaiza en sus Noticias Historiales de la Nueva Barcelona, las reliquias fueron extraídas de la catacumba de San Lorenzo o Santa Ciriaca durante el pontificado del papa Pío VI:
“También pidió al padre Pío VI, y fue Su Santidad servido de conceder el sagrado cuerpo del glorioso mártir San Celestino, sacado del cementerio de San Lorenzo en Roma…”
La catacumba de San Lorenzo gozaba desde la Edad Media de gran prestigio por albergar numerosos sepulcros venerados como martiriales. A partir del siglo XVI, el descubrimiento de las catacumbas romanas provocó un intenso movimiento de extracción y distribución de reliquias hacia diversos países católicos.
Los restos eran examinados por autoridades eclesiásticas que intentaban identificar señales de martirio, tales como símbolos cristianos, inscripciones o los llamados vas sanguinis, pequeños recipientes que tradicionalmente se interpretaban como indicios de sangre martirial.
Posteriormente, muchos de aquellos cuerpos santos recibían un nombre nuevo y eran preparados para su veneración pública. Algunos eran distribuidos parcialmente entre distintas iglesias, mientras que los cuerpos completos quedaban reservados para obispos, nobles o diócesis importantes.
España fue uno de los principales destinos de estas reliquias. Desde tiempos de Felipe II existió un gran interés por reunir reliquias de mártires romanos, interés que posteriormente se extendió también a las diócesis americanas.
La humilde población de Nueva Barcelona difícilmente habría podido solicitar directamente un cuerpo santo de tal importancia. Sin embargo, gracias a la intervención del clero local y de figuras influyentes dentro de la Iglesia, se consiguió finalmente obtener las reliquias del mártir.
Según las crónicas, los restos fueron trasladados desde Roma hasta Génova, y posteriormente enviados a España. Más tarde llegarían a Puerto Rico y finalmente a Venezuela.
El 8 de diciembre de 1777 las reliquias de San Celestino fueron recibidas solemnemente en Barcelona, en medio de celebraciones públicas, procesiones, repiques y fuegos festivos. Al día siguiente fueron trasladadas a la iglesia parroquial de Santa Eulalia.
Poco después, el cabildo local proclamó a San Celestino como copatrono de la comarca, fijándose inicialmente su festividad el 4 de mayo.
Con el paso de los años, la devoción al mártir arraigó profundamente entre los barceloneses. Surgieron tradiciones populares que lo representaban como un soldado romano, probablemente debido al revestimiento militar con que fue preparado el cuerpo santo para su exposición pública.
Durante la Guerra de Independencia venezolana, las reliquias sufrieron profanaciones y saqueos. Miguel Maria Lisboa relata que tropas inglesas despojaron al santo de sus vestiduras y objetos preciosos, incluida una espada con empuñadura de oro.
Es posible que, tras aquellos daños, el cuerpo fuese restaurado y revestido nuevamente, incorporándose elementos que más tarde llevarían al pueblo a creer equivocadamente que el santo permanecía incorrupto.
A pesar de las dificultades históricas, el culto a San Celestino permaneció vivo durante generaciones. En el siglo XX, el primer obispo de Barcelona, monseñor José Humberto Paparoni, promovió nuevamente su veneración y reconoció públicamente la importancia del mártir para la ciudad.
Tras las reformas litúrgicas posteriores al Concilio Vaticano II, la fiesta de San Celestino fue trasladada al 15 de mayo. Otros obispos continuarían impulsando su culto y devoción popular.
Aunque durante algún tiempo la veneración disminuyó debido a diversos factores sociales y religiosos, a comienzos del siglo XXI surgió un renovado interés por rescatar la memoria histórica y devocional del santo. Gracias al trabajo de sacerdotes, investigadores y numerosos fieles laicos, el culto a San Celestino ha experimentado una notable revitalización en distintas comunidades del estado Anzoátegui.
Fuentes:
— William Gómez García, “San Celestino, el santo más venerado por los barceloneses” (2017).
— Félix Becerra, “De Corposantos y Milagros: San Celestino, Mártir”, Revista Piedad (2024), págs. 7-11.
— Báez Hernández, M. A., “‘Sancti Christi Martyris Justini’ en la Puebla de los Ángeles…” Espacio Tiempo y Forma, Serie VII, Historia del Arte (2024).
— Báez Hernández, M. A., “Sacre reliquie dei cimiteri di Roma…” Revista Eviterna10 (2021).
— Cécile Vincent-Cassy, “Las reliquias de los santos de las catacumbas romanas en España…”.
— Massimiliano Ghilardi, “Paolino e gli altri martiri…” (2013).
— Ramón Badaracco, Hechos Historiales de Cumaná (2016).
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Vidas Santas


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