lunes, junio 08, 2015

Evangelio Junio 8, 2015

Día litúrgico: Lunes X del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 5,1-12): En aquel tiempo, viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros».

Comentario: Rev. D. Àngel CALDAS i Bosch (Salt, Girona, España)

Bienaventurados los pobres de espíritu
Hoy, con la proclamación de las Bienaventuranzas, Jesús nos hace notar que a menudo somos unos desmemoriados y actuamos como los niños, pues el juego nos hace perder el recuerdo. Jesús temía que la gran cantidad de “buenas noticias” que nos ha comunicado —es decir, de palabras, gestos y silencios— se diluyera en nuestros pecados y preocupaciones. ¿Recordáis, en la parábola del sembrador, la imagen del grano de trigo ahogado en las espinas? Por eso san Mateo engarza las Bienaventuranzas como unos principios fundamentales, para que no las olvidemos nunca. Son un compendio de la Nueva Ley presentada por Jesús, como unos puntos básicos que nos ayudan a vivir cristianamente.

Las Bienaventuranzas están destinadas a todo el mundo. El Maestro no sólo enseña a los discípulos que le rodean, ni excluye a ninguna clase de personas, sino que presenta un mensaje universal. Ahora bien, puntualiza las disposiciones que debemos tener y la conducta moral que nos pide. Aunque la salvación definitiva no se da en este mundo, sino en el otro, mientras vivimos en la tierra debemos cambiar de mentalidad y transformar nuestra valoración de las cosas. Debemos acostumbrarnos a ver el rostro del Cristo que llora en los que lloran, en los que quieren vivir desprendidos de palabra y de hechos, en los mansos de corazón, en los que fomentan las ansias de santidad, en los que han tomado una “determinada determinación”, como decía santa Teresa de Jesús, para ser sembradores de paz y alegría.

Las Bienaventuranzas son el perfume del Señor participando en la historia humana. También en la tuya y en la mía. Los dos últimos versículos incorporan la presencia de la Cruz, ya que invitan a la alegría cuando las cosas se ponen feas humanamente hablando por causa de Jesús y del Evangelio. Y es que, cuando la coherencia de la vida cristiana sea firme, entonces, fácilmente vendrá la persecución de mil maneras distintas, entre dificultades y contrariedades inesperadas. El texto de san Mateo es rotundo: entonces «alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos» (Mt 5,12).
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Fuente: evangeli.net

Santo Evangelio según san Mateo 5:3


Santo Evangelio según san Mateo 5:4


domingo, junio 07, 2015

Evangelio Junio 7, 2015

Día litúrgico: Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo (B) (Segundo domingo después de Pentecostés)

Texto del Evangelio (Mc 14,12-16.22-26): El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dicen sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas el cordero de Pascua?». Entonces, envía a dos de sus discípulos y les dice: «Id a la ciudad; os saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle y allí donde entre, decid al dueño de la casa: ‘El Maestro dice: ¿Dónde está mi sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?’. Él os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta y preparada; haced allí los preparativos para nosotros». Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad, lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua.

Y mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio y dijo: «Tomad, éste es mi cuerpo». Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella. Y les dijo: «Ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos. Yo os aseguro que ya no beberé del producto de la vid hasta el día en que lo beba de nuevo en el Reino de Dios».

Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos.

Comentario: Mons. Josep Àngel SAIZ i Meneses Obispo de Terrassa (Barcelona, España)

Éste es mi cuerpo. Ésta es mi sangre
Hoy, celebramos solemnemente la presencia eucarística de Cristo entre nosotros, el “don por excelencia”: «Éste es mi cuerpo (...). Ésta es mi sangre» (Mc 14,22.24). Dispongámonos a suscitar en nuestra alma el “asombro eucarístico” (San Juan Pablo II).

El pueblo judío en su cena pascual conmemoraba la historia de la salvación, las maravillas de Dios para con su pueblo, especialmente la liberación de la esclavitud de Egipto. En esta conmemoración, cada familia comía el cordero pascual. Jesucristo se convierte en el nuevo y definitivo cordero pascual sacrificado en la cruz y comido en Pan Eucarístico.

La Eucaristía es sacrificio: es el sacrificio del cuerpo inmolado de Cristo y de su sangre derramada por todos nosotros. En la Última Cena esto se anticipó. A lo largo de la historia se irá actualizando en cada Eucaristía. En Ella tenemos el alimento: es el nuevo alimento que da vida y fuerza al cristiano mientras camina hacia el Padre.

La Eucaristía es presencia de Cristo entre nosotros. Cristo resucitado y glorioso permanece entre nosotros de una manera misteriosa, pero real en la Eucaristía. Esta presencia implica una actitud de adoración por nuestra parte y una actitud de comunión personal con Él. La presencia eucarística nos garantiza que Él permanece entre nosotros y opera la obra de la salvación.

La Eucaristía es misterio de fe. Es el centro y la clave de la vida de la Iglesia. Es la fuente y raíz de la existencia cristiana. Sin vivencia eucarística la fe cristiana se reduciría a una filosofía.

Jesús nos da el mandamiento del amor de caridad en la institución de la Eucaristía. No se trata de la última recomendación del amigo que marcha lejos o del padre que ve cercana la muerte. Es la afirmación del dinamismo que Él pone en nosotros. Por el Bautismo comenzamos una vida nueva, que es alimentada por la Eucaristía. El dinamismo de esta vida lleva a amar a los otros, y es un dinamismo en crecimiento hasta dar la vida: en esto notarán que somos cristianos.

Cristo nos ama porque recibe la vida del Padre. Nosotros amaremos recibiendo del Padre la vida, especialmente a través del alimento eucarístico.
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Fuente: evangeli.net

Santo Evangelio según san Marcos 14:12


sábado, junio 06, 2015

Evangelio Junio 6, 2015

Día litúrgico: Sábado IX del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 12,38-44): En aquel tiempo, dijo Jesús a las gentes en su predicación: «Guardaos de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Esos tendrán una sentencia más rigurosa».

Jesús se sentó frente al arca del Tesoro y miraba cómo echaba la gente monedas en el arca del Tesoro: muchos ricos echaban mucho. Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as. Entonces, llamando a sus discípulos, les dijo: «Os digo de verdad que esta viuda pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del Tesoro. Pues todos han echado de lo que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir».

Comentario: Rev. D. Enric PRAT i Jordana (Sort, Lleida, España)

Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas
Hoy, como en tiempo de Jesús, los devotos —y todavía más los “profesionales” de la religión— podemos sufrir la tentación de una especie de hipocresía espiritual, manifestada en actitudes vanidosas, justificadas por el hecho de sentirnos mejores que el resto: por alguna cosa somos los creyentes, practicantes... ¡los puros! Por lo menos, en el fuero interno de nuestra conciencia, a veces quizá nos sentimos así; sin llegar, sin embargo, a “hacer ver que rezamos” y, menos aún a “devorar los bienes de nadie”.

En contraste evidente con los maestros de la ley, el Evangelio nos presenta el gesto sencillo, insignificante, de una mujer viuda que suscitó la admiración de Jesús: «Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas» (Mc 12,42). El valor del donativo era casi nulo, pero la decisión de aquella mujer era admirable, heroica: dio todo lo que tenía para vivir.

En este gesto, Dios y los demás pasaban delante de ella y de sus propias necesidades. Ella permanecía totalmente en las manos de la Providencia. No le quedaba ninguna otra cosa a la que agarrarse porque, voluntariamente, lo había puesto todo al servicio de Dios y de la atención de los pobres. Jesús —que lo vio— valoró el olvido de sí misma, y el deseo de glorificar a Dios y de socorrer a los pobres, como el donativo más importante de todos los que se habían hecho —quizá ostentosamente— en el mismo lugar.

Todo lo cual indica que la opción fundamental y salvífica tiene lugar en el núcleo de la propia conciencia, cuando decidimos abrirnos a Dios y vivir a disposición del prójimo; el valor de la elección no viene dado por la cualidad o cantidad de la obra hecha, sino por la pureza de la intención y la generosidad del amor.
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Fuente: evangeli.net

viernes, junio 05, 2015

Evangelio Junio 5, 2015

Día litúrgico: Viernes IX del tiempo ordinario

Santoral 5 de Junio: San Bonifacio de Crediton o Maguncia, Obispo y Mártir

Texto del Evangelio (Mc 12,35-37): En aquel tiempo, Jesús, tomando la palabra, decía mientras enseñaba en el Templo: «¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? David mismo dijo, movido por el Espíritu Santo: ‘Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies’. El mismo David le llama Señor; ¿cómo entonces puede ser hijo suyo?». La muchedumbre le oía con agrado.

Comentario: P. Josep LAPLANA OSB Monje de Montserrat (Montserrat, Barcelona, España)

El mismo David le llama Señor
Hoy, el judaísmo aún sabe que el Mesías ha de ser “hijo de David” y debe inaugurar una nueva era del reinado de Dios. Los cristianos “sabemos” que el Mesías Hijo de David es Jesucristo, y que este reino ha empezado ya incoativamente —como semilla que nace y crece— y se hará realidad visible y radiante cuando Jesús vuelva al final de los tiempos. Pero ahora ya Jesús es el Hijo de David y nos permite vivir “en esperanza” los bienes del reino mesiánico.

El título “Hijo de David” aplicado a Jesucristo forma parte de la médula del Evangelio. En la Anunciación, la Virgen recibió este mensaje: «El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la estirpe de Jacob por siempre» (Lc 1,32-33). Los pobres que pedían la curación a Jesús, clamaban: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!» (Mc 10,48). En su entrada solemne en Jerusalén, Jesús fue aclamado: «¡Bendito el reino que viene, el de nuestro padre David!» (Mc 11,10). El antiquísimo libro de la Didakhé agradece a Dios «la viña santa de David, tu siervo, que nos has dado a conocer por medio de Jesús, tu siervo».

Pero Jesús no es sólo hijo de David, sino también Señor. Jesús lo afirma solemnemente al citar el Salmo davídico 110, cita incomprensible para los judíos: pues resulta imposible que el hijo de David sea “Señor” de su padre. San Pedro, testigo de la resurrección de Jesús, vio claramente que Jesús había sido constituido “Señor de David”, porque «David murió y fue sepultado, y su sepulcro aún se conserva entre nosotros (…). A este Jesús Dios lo ha resucitado, y de ello somos testigos todos nosotros» (Ac 2,14).

Jesucristo, «nacido, en cuanto hombre, de la estirpe de David y constituido por su resurrección de entre los muertos Hijo poderoso de Dios», como dice san Pablo (Rm 1,3-4), se ha convertido en el foco que atrae el corazón de todos los hombres, y así, mediante su atracción suave, ejerce su señorío sobre todos los hombres que se dirigen a Él con amor y confianza.
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Fuente: evangeli.net

Santo Evangelio según san Marcos 12:35


Beato Meinwerk de Paderborn, Obispo

Beato Meinwerk de Paderborn, Obispo
Junio 5 y Agosto 7 (traslación de las reliquias a Busdorf)

Nació en Renkum, Holanda, sobre 970 y sus padres Imad IV y Adelheid de Hamald, eran descendientes de una familia real sajona. Tuvo varios hermanos, entre ellos la Beata Emma de Lesum (19 de abril y 3 de diciembre), quien tendría un hijo llamado Imat, que también sería obispo de Paderborn. Desde niño se le destinó a la carrera eclesiástica, como era común entre nobles con varios hijos: alguno sucedería al padre, otro iría encaminado a la Iglesia o al ejército. Para su educación, lo enviaron a las escuelas catedralicias de Halberstadt y luego a Hildesheim, donde conoció y fue amigo del príncipe heredero, futuro emperador San Enrique II (13 de julio). Regresado a Halberstadt, fue ordenado sacerdote y nombrado canónigo, con varios privilegios y beneficios eclesiásticos. Por sus dotes y cultura, Otón III le nombró asesor personal de justicia, y lo mismo sería con Enrique y con el sucesor de este, Conrado.

En 1009 murió el obispo de Paderborn y San Enrique le nombró para la sede, siendo consagrado obispo ese mismo año por el Beato Willig (23 de febrero), obispo de Maguncia. Al tomar posesión de su sede, se propuso restaurar y embellecer la catedral, que databa de la época de Carlomago, y era pequeña, con algunas zonas en ruinas. Comenzó una visita pastoral a su vasto territorio, a la par que hallaba tiempo para asistir a los tribunales de justicia a aconsejar al rey. Convocó algunos sínodos episcopales para reformar la Iglesia, ocasiones en las que aprovechaba para recaudar para la catedral. Ya fuera con limosnas, multas o penas de trabajo a los culpables, privilegios e indulgencias. Sería bendecida el 15 de septiembre 1015, lo mismo que su escuela catedralicia.

Lápida del sepulcro
En 1013 acompañó a Roma a San Enrique, para ser coronado emperador del Sacro Imperio, el 13 de febrero de ese mismo año. Regresó de su viaje cargado de reliquias, ornamentos, vasos sagrados que el papa y algunos obispos romanos regalaron al emperador, que se las donó todas a nuestro beato. De regreso, al pasar por Cluny, pidió al abad 13 monjes para fundar en su diócesis. En 1015 se fundaría el monasterio en Abdinghof, cuyo abad sería el prestigioso Beato Siegward (8 de mayo).

Reformó la abadía de Corvey, caída en la inobservancia religiosa, por la pereza y la avaricia de su abad, al que destituyó, poniendo a San Druthmar (15 de febrero y 13 de agosto) en el cargo. En 1027 volvería a hacer el viaje, por el mismo motivo, la coronación de Conrado II. Toda la vida de nuestro beato fue eso: reforma de la Iglesia, construcción de lugares de piedad y caridad. Construyó un nuevo palacio episcopal y promovió el arte religioso en la diócesis.

En 1016 su madre y su padrastro, el noble Baudry, mandaron quitarle la vida a su hermano Diedrik, al que correspondía el condado, para usurparlo ellos. El emperador quería administrarles la pena de muerte, pero a petición de Meinwerk, les perdonó, pero les confiscó sus bienes  en bien de la Iglesia.

En mayo de 1036 estableció canónigos regulares del Santo Sepulcro en Busdorf, fundando una célebre escuela catedralicia. El 5 de junio de ese mismo año, luego de una vida apostólica llevada hasta lo último, murió en la paz del Señor. Fue enterrado en el monasterio de Abdinghof, como quería. En 1376 se elevaron las reliquias al culto público, lo que equivale a una beatificación. En En 1810, después de la disolución del monasterio, las reliquias fueron trasladadas a la iglesia de los canónigos de Busdorf, hasta 1936, en que fueron llevadas a la catedral, aunque en el coro alto del monasterio de Busdorf quedaron reliquias insignes. La primera “Vita Meinwerci” la escribió el abad Conrado de Abdinghoff en 1165.
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Fuentes:
-"Vita Meinwerci episcopi Paderbornensis".
-Meinwerk de Paderborn y los obispos de Europa del siglo 1000". DR. CHRISTOPH STIEGEMANN.

jueves, junio 04, 2015

Evangelio Junio 4, 2015

Día litúrgico: Jueves IX del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 12,28-34): En aquel tiempo, se llegó uno de los escribas y le preguntó: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?». Jesús le contestó: «El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No existe otro mandamiento mayor que estos».

Le dijo el escriba: «Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».

Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios». Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.

Comentario: P. Rodolf PUIGDOLLERS i Noblom SchP (La Roca del Vallès, Barcelona, España)

No existe otro mandamiento mayor que éstos
Hoy, un maestro de la Ley le pregunta a Jesús: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?» (Mc 12,28). La pregunta es capciosa. En primer lugar, porque intenta establecer un ranking entre los diversos mandamientos; y, en segundo lugar, porque su pregunta se centra en la Ley. Está claro, se trata de la pregunta de un maestro de la Ley.

La respuesta del Señor desmonta la espiritualidad de aquel «maestro de la Ley». Toda la actitud del discípulo de Jesucristo respecto a Dios queda resumida en un punto doble: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón» y «amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mc 12,31). El comportamiento religioso queda definido en su relación con Dios y con el prójimo; y el comportamiento humano, en su relación con los otros y con Dios. Lo dice con otras palabras san Agustín: «Ama y haz lo que quieras». Ama a Dios y ama a los otros, y el resto de cosas será consecuencia de este amor en plenitud.

El maestro de la ley lo entiende perfectamente. E indica que amar a Dios con todo el corazón y a los otros como a uno mismo «vale más que todos los holocaustos y sacrificios» (Mc 12,33). Dios está esperando la respuesta de cada persona, la entrega plena «con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas» (Mc 12,30) a Él, que es la Verdad y la Bondad, y la entrega generosa a los otros. Los «sacrificios y ofrendas» tan solo tienen sentido en la medida en que sean expresión verdadera de este doble amor. ¡Y pensar que a veces utilizamos los “pequeños mandamientos” y «los sacrificios y las ofrendas» como una piedra para criticar o herir al otro!

Jesús comenta la respuesta del maestro de la Ley con un «no estás lejos del Reino de Dios» (Mc 12,34). Para Jesucristo nadie que ame a los demás por encima de todo está lejos del reinado de Dios.
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Fuente: evangeli.net

Santa Nennoc de Ploërmel, Abadesa

Santa Nennoc de Ploërmel, Abadesa
Junio 4

Todo lo que de ella se sabe es legendario, y se obtiene por varias fuentes que luego veremos. Primero expongo la leyenda. Esta la hace la última de las hijas del rey San Brychan de Gales (6 de abril), al que las leyendas dotan de 12, 20, ó 24 hijos entre hombres y mujeres, según quien escriba, una de ellas, Santa Endelienta (29 de abril), de quien hablamos hace poco.
14 fueron en la leyenda de Nennoc. Su madre fue Moneduc, hija del rey Constantino Cornualles, descendiente del emperador  Julio César.

Estos reyes, luego que sus hijos abandonaron el mundo para dedicarse al claustro o la predicación del Evangelio, prometieron a Dios dar el 10% de todos sus bienes a los pobres si este les concedía un hijo más. Para esto, Brychan se retiró con varios sacerdotes al desierto durante 40 días para ayunar y orar. Allí construyó una ermita en una montaña, para impetrar la bendición divina.

La víspera del Domingo de Pascua, tuvo una visión en la que un ángel le reveló que su mujer concebiría una niña que llenaría su reino de alegría y atraería grandes bendiciones para Irlanda. Debía llamarse Nennoc (Nennocha, Cándida, Alba), por su pureza. Por otro lado, la madre recibió el mismo consuelo angélico. Nació la niña, a la que llamaron Nennoc , y fue bautizada por San Columbano de Iona (9 de junio). Los reyes la pusieron bajo la tutela de sus parientes Gurhentil, y su esposa Guenargant, que la educaron en todas las artes y saberes posibles. Además del saber, destacó en su piedad, su gusto por las cosas de Dios, el trabajo manual, la caridad.

Jamás perdió el tiempo en la ociosidad o juegos que la apartaran de la lectura, el trabajo o la oración.

A los 14 años volvió a Nennoc a la casa de su padre, hermosa en el cuerpo y las virtudes. Fue solicitada en matrimonio por un príncipe irlandés, a lo que su padre accedió contento. Montó un banquete el día de Año Nuevo, para que se conocieran los jóvenes, pero en medio de este, la joven le reveló su plan de consagrarse a Dios, eligiendo la mejor parte, como sus hermanos y hermanas habían hecho. Los padres dudaron, pues en ella tenían puestas las esperanzas del reino. La madre intentó presionar, pero la joven tuvo la ayuda de San Germán de Auxerre (31 de julio), que la había tratado mientras estaba con sus parientes, la apoyaba en su decisión de abrazar la vida religiosa, que Nennoc había tomado desde pequeña, gracias a la predicación del santo sobre las excelencias de la dedicación a Dios.

Nennoc deseaba imitar a las santas que lo habían dejado todo por Cristo, y quería retirarse a un sitio donde pasar su vida en oración, penitencia y caridad.

Dicho esto a sus padres, estos, que eran muy santos le dieron su permiso para consagrarse a Dios donde quisiera. Nennoc oró a Dios, y este le señaló que la quería en Bretaña, en una tierra que Él le señalaría. La despedida de la santa virgen fue todo un acontecimiento: San Patricio (17 de marzo) la bendijo, cuatro obispos, cientos de presbíteros y vírgenes que la acompañarían en su consagración, se embarcaron en siete navíos hacia Bretaña, donde atracaron en el puerto de Pullilfyn.

Allí San Germán había preparado su llegada, y la esperaba otra comitiva de prelados y monjes, encabezados por el duque Guerech, que donó a Nennoc un vasto territorio en Ploërmel, para que fundase su monasterio. Allí vivieron recogimiento santo, sirviendo a Dios con la oración, la penitencia y el estudio. Eran atendidas espiritualmente por un monasterio masculino, fundado con los hombres que la acompañaron en su viaje. De aquí salieron obispos y misioneros que, a su vez, fundarían en toda Bretaña.

Nennoc hizo varios milagros: ciegos, sordos, mudos, paralíticos, leprosos, niños moribundos, muertos resucitados, etc., hallaban consuelo cuando invocaban su auxilio. y fuerza a los que habían sido paralizados. También multiplicó cosechas de maíz en más de una ocasión, para alimentar a los pobres de la región de Kemene Thebone. En otra ocasión hizo rebosar de pescados las redes de los pescadores. 

El milagro de la cierva.Este otro portento lo narro aparte, porque trae cola. Es un milagro que se lee de cien y un santo más: Estaban las monjas, los presbíteros y los obispos cantando los oficios divinos, cuando una cierva, perseguida por unos cazadores y perros, se metió en la iglesia, llegando hasta la santa y refugiándose bajo sus pies. Los perros se detuvieron a la entrada del templo, pero el duque Guerech entró y viendo a la cierva allí echada, supo de la gran santidad de Nennoc, tomándole afecto desde entonces y dotando al monasterio de riquezas, y privilegios, así como los beneficios económicos de toda la parroquia y pueblos de Ploërmel. Ella agradeció orando toda su vida por el duque. Su sucesor Gurkentel confirmó los privilegios y elevó el monasterio a abadía, por lo que Nennoc pasó a ser madre de varios monasterios y granjas que le rendían obediencia. El documento de confimación de privilegios data de 458.

Después de una vida entregada a Cristo, Nennoc murió el 4 de junio de 467 (siempre según la leyenda). 

¿Y qué podemos saber de Nennoc, realmente?El primer vestigio de su culto es del siglo XII, o sea unos 700 años después de su supuesta muerte, cuando aparece mencionada en una letanía litúrgica de santos bretones. Su "vita" fue escrita en este mismo siglo, por Gurheden monje de la abadía de Santa Cruz de Quimperle, que afirma confiar en documentos escritos poco después de su muerte, pero que no existen actualmente. A esta “vita” le acompaña una sospechosa defensa de los privilegios de la abadía, basándose en la serie de donaciones que hicieron los gobernantes, y como principio da el portento de la cierva. Está claro que es un invento, para justificar el origen sagrado de las propiedades monásticas.

Algunos historiadores no conceden valor ninguno a esta "vita", mientras que otros creen que no contiene nada irrazonable y que pudiera ser válida, como San Alberto Magno (15 de noviembre), que la tenía por historia pura y dura. La verdad es que es complicado, por las incongruencias que tiene, como hacerla bautizada por San Columbano, que vivió lo menos 100 años después de la época en que la pone la leyenda.

Los Bollandistas dedican más espacio a derribar la leyenda con documentos históricos, que a contar aquella, la cual ponen por tierra, aunque señalan su génesis en el siglo VIII. La mayoría consideran que Nennoc en realidad era un hombre, que a principios de la Edad Media llegó desde Gales a Bretaña y fundó un monasterio cerca de Ploërmel (de esto sí han constancias mínimas, pero fiables).

Más tarde, el monasterio se transformó en un monasterio de mujeres, y para aumentar su importancia y dar fiabilidad a sus orígenes, se inventó una biografía del legendario San Nennoc, transformado en una mujer. El hagiógrafo Farmer, inglés, encuentra puntos fiables históricamente, en un tal Nennoche, que nació alrededor de 403, hijo de un príncipe de Gales y fundó un monasterio en Ploërmel, donde realmente existen las ruinas de una iglesia y edificaciones monásticas de los siglos V-VI.

Esto es todo lo que se sabe de Nennoc, o sea, nada. Butler también se hace eco de esta versión, desmontando la leyenda, pero dándole un origen bretón al santo, varón, fundador del monasterio y poniendo su cronología en el siglo VI. No ha de extrañarnos este desdoble de sexo, también está el caso de su padre San/Santa Brychan (también Brechan, Brochan, Brecknock), que a veces se señala con el adjetivo "dinam", o sea, "virgen", en bretón; causando confusión en si es un hombre o una mujer.

La parroquia de Scaër, está consagrada a su memoria. En Rosporden, distrito de Quimper, la iglesia del siglo XVI está dedicada a San Cándido, que tiene una vida muy parecida a la de Nennoc (Cándida), pero en masculino. En Lannénec hay una fuente con aguas milagrosas, cuyo origen se remonta a la época romana. Su agua se usa para llevar a las embarazadas, para sanar los ojos y las enfermedades intestinales, las fiebres y otros males. Se acostumbraba a meter en ella a los niños con cólicos y creyendo que si al contacto con el agua estiraban las piernas, entonces sobrevivirían; y si las encogían, entonces morirían.
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Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.
-http://omniumsanctorumhibernae.blogspot.com.es.
-“Welsh Classical Dictionary”. PETER BARTRUM . National Library of Wales, 1993.
-"The Oxford Dictionary of Saints. DAVID HUG FARMER. Oxford, 2004.

Tomado de: preguntasantoral.blogspot.com.es

miércoles, junio 03, 2015

Evangelio Junio 3, 2015

Día litúrgico: Miércoles IX del tiempo ordinario

Santoral 3 de Junio: San Carlos Luanga, y 12 compañeros Mártires de Uganda

Texto del Evangelio (Mc 12,18-27): En aquel tiempo, se le acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan que haya resurrección, y le preguntaban: «Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno y deja mujer y no deja hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano. Eran siete hermanos: el primero tomó mujer, pero murió sin dejar descendencia; también el segundo la tomó y murió sin dejar descendencia; y el tercero lo mismo. Ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos, murió también la mujer. En la resurrección, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer».

Jesús les contestó: «¿No estáis en un error precisamente por esto, por no entender las Escrituras ni el poder de Dios? Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en los cielos. Y acerca de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en lo de la zarza, cómo Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? No es un Dios de muertos, sino de vivos. Estáis en un gran error».

Comentario: Pbro. D. Federico Elías ALCAMÁN Riffo (Puchuncaví - Valparaíso, Chile)

No es un Dios de muertos, sino de vivos
Hoy, la Santa Iglesia pone a nuestra consideración —por la palabra de Cristo— la realidad de la resurrección y las propiedades de los cuerpos resucitados. En efecto, el Evangelio nos narra el encuentro de Jesús con los saduceos, quienes —mediante un caso hipotético rebuscado— le presentan una dificultad acerca de la resurrección de los muertos, verdad en la cual ellos no creían.

Le dicen que, si una mujer enviuda siete veces, «¿de cuál de ellos [los siete esposos] será mujer?» (Mc 12,23). Buscan, así, poner en ridículo la doctrina de Jesús. Mas, el Señor deshace tal dificultad al exponer que, «cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer, ni ellas marido, sino que serán como ángeles en los cielos» (Mc 12,25).

Y, dada la ocasión, Nuestro Señor aprovecha la circunstancia para afirmar la existencia de la resurrección, citando lo que le dijo Dios a Moisés en el episodio de la zarza: «Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob», y agrega: «No es un Dios de muertos, sino de vivos» (Mc 12,26-27). Ahí Jesús les reprocha lo equivocados que están, porque no entienden ni la Escritura ni el poder de Dios; es más, esta verdad ya estaba revelada en el Antiguo Testamento: así lo enseñaron Isaías, la madre de los Macabeos, Job y otros.

San Agustín describía así la vida de eterna y amorosa comunión: «No padecerás allí límites ni estrecheces al poseer todo; tendrás todo, y tu hermano tendrá también todo; porque vosotros dos, tú y él, os convertiréis en uno, y este único todo también tendrá a Aquel que os posea a ambos».

Nosotros, lejos de dudar de las Escrituras y del poder misericordioso de Dios, adheridos con toda la mente y el corazón a esta verdad esperanzadora, nos gozamos de no quedar frustrados en nuestra sed de vida, plena y eterna, la cual se nos asegura en el mismo Dios, en su gloria y felicidad. Ante esta invitación divina no nos queda sino fomentar nuestras ansias de ver a Dios, el deseo de estar para siempre reinando junto a Él.
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Fuente: evangeli.net

martes, junio 02, 2015

Evangelio Junio 2, 2015

Día litúrgico: Martes IX del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 12,13-17): En aquel tiempo, enviaron a Jesús algunos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra. Vienen y le dicen: «Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar?».

Mas Él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo: «¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea». Se lo trajeron y les dice: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?». Ellos le dijeron: «Del César». Jesús les dijo: «Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios». Y se maravillaban de Él.

Comentario: Rev. D. Manuel SÁNCHEZ Sánchez (Sevilla, España)

Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios
Hoy, de nuevo nos maravillamos del ingenio y sabiduría de Cristo. Él, con su magistral respuesta, señala directamente la justa autonomía de las realidades terrenas: «Lo del César, devolvédselo al César» (Mc 12,17).

Pero la Palabra de hoy es algo más que saber salir de un apuro; es una cuestión que tiene actualidad en todos los momentos de nuestra vida: ¿qué le estoy dando a Dios?; ¿es realmente lo más importante en mi vida? ¿Dónde he puesto el corazón? Porque... «donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón» (Lc 12,34).

En efecto, según san Jerónimo, «tenéis que dar forzosamente al César la moneda que lleva impresa su imagen; pero vosotros entregad con gusto todo vuestro ser a Dios, porque impresa está en nosotros su imagen y no la del César». A lo largo de su vida, Jesucristo plantea constantemente la cuestión de la elección. Somos nosotros los que estamos llamados a elegir, y las opciones son claras: vivir desde los valores de este mundo, o vivir desde los valores del Evangelio.

Siempre es tiempo de elección, tiempo de conversión, tiempo para volver a “resituar” nuestra vida en la dinámica de Dios. Será la oración, y especialmente la realizada con la Palabra de Dios, la que nos vaya descubriendo lo que Dios quiere de nosotros. El que sabe elegir a Dios se convierte en morada de Dios, pues «si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él» (Jn 14,23). Es la oración la que se convierte en la auténtica escuela donde, como afirma Tertuliano, «Cristo nos va enseñando cuál era el designio del Padre que Él realizaba en el mundo, y cual la conducta del hombre para que sea conforme a este mismo designio». ¡Sepamos, por tanto, elegir lo que nos conviene!
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Fuente: evangeli.net

Beata Isabel de Töss o Hungría, Virgen Dominica Mística

Beata Isabel de Töss o Hungría, Virgen Dominica Mística
Mayo 30 

Isabel nació sobre 1290, un par años antes o después y fue hija del rey Andrés III de Hungría y la reina Fenenna de Polonia. Su ascendiente más ilustre fue su tía abuela, Santa Isabel de Hungría (17 de noviembre), por quien llevó su nombre. En 1295 quedó huérfana de madre, que murió con solo 19 años.

Su padre se casó 13 de febrero de 1296 con Inés de  hija Habsburgo, heredera del duque Albrecht de Austria. En 1298 fue comprometida en matrimonio con el príncipe heredero de Bohemia, Wenceslao, por lo que aún niña fue llevada a la corte vienesa para ser educada por la familia de su futuro marido.

En 1300 fue envenenada su abuela Tomasina Morosini, y en 1301 murió su padre, y durante el funeral, Isabel tuvo su primera visión: Vio su escudo, de la casa real de Àrpad, torcerse hasta caer. No entendía lo que significaba, pero la historia lo decía: la casa de su padre terminaba con la muerte de este, al no tener descendencia masculina.

Su madrastra se la llevó nuevamente a Viena, pues la beata Isabel era una herramienta valiosa para la sucesión del trono húngaro, herramienta que los Habsburgo planeaban utilizar. Sin embargo, tras el asesinato de Alberto I de Habsburgo, el padre de Inés, esta se recluyó en un convento en Köningsfelden en 1310, antes enviando a Isabel a las dominicas de Töss, Suiza, para darle un destino digno: ser religiosa, ya que quedaba lejos su posibilidad de gobernar, habiénsose roto su compromiso 5 años antes. Por el momento, porque unos años más tarde, siendo religiosa, la pretendió duque Enrique de Austria, sin que Isabel quisiera, ni la Iglesia diera la dispensa de votos.

Isabel, con 12 años, es recriminada por su madrastra de vestir austeramente
En 1336 conoció al Beato Enrique Suso (23 de enero), también dominico y místico. Se hizo su discípula, adentrándose en el mundo de la ascesis, la contemplación y la meditación. Tuvieron una profunda amistad espiritual, se admiraban, aconsejaban y ayudaban mutuamente. La admiración que sentía Enrique por ella queda clara en estas palabras del religioso en su autobiografía:

"Por ese tiempo, tuvo el Siervo de la Sabiduría una hija espiritual, religiosa dominica, que vivía en un convento de clausura de cierta ciudad. Su nombre era Isabel Stegel, mujer de vida muy santa en lo exterior y de un espíritu angelical en lo interior. Su noble conversión, por la que su alma y su corazón se volcaron totalmente en Dios, fue tan fuerte, eficaz y vehemente, que inmediatamente dio la espalda a todas las cosas superfluas y a todas las vanidades, por las que muchos descuidan y malogran su propia salvación. Era tan intenso su deseo que ansiaba empaparse de enseñanzas espirituales con las que pudiera obtener una vida feliz y perfecta, único fin de sus desvelos. Por eso, anotaba diligentemente cualquier cosa que hubiese aprendido y que pudiera ayudar, tanto a ella misma como a otros, a adquirir las virtudes divinas. Imitaba a las laboriosas abejas, que recogen la dulce miel de toda clase de flores.

En aquel convento, donde vivía entre otras hermanas como espejo de todas las virtudes, a pesar de su débil salud, escribió un libro excelente que, entre otras cosas, trataba de la vida de las hermanas muertas de su santo y religioso modo conventual de vida, y de las maravillas que había hecho Dios en ellas. Estos escritos despiertan de un modo especial la piedad de los hombres de buen corazón".

Isabel fue una mujer culta, escribía y leía en germánico clásico. Sabía música, canto, teología, y aprendió latín para leer y escribir obras teológicas,aunque no se conserva ninguna. La obra que nos ha quedado de ella es la que menciona Suso, sobre las religiosas que la precedieron. Murió el 6 de mayo de 1338, luego de años de enfermedad. Fue enterrada en el convento, su tumba fue profanada por los herejes calvinistas en el siglo XVI, perdiéndose para siempre las reliquias. Sólo se conserva la lápida sepulcral en el museo de Landes, Zurich.

En el siglo XV el monasterio agregó a su escudo de armas la doble cruz húngara, en especial veneración de su beata Isabel y su tía abuela la gran santa húngara. Igualmente en el siglo XV se escribe una “vita” de la Beata Isabel con amplios episodios legendarios, como que cada año rezaba 33000 avemarías (mil por cada año de Cristo), multiplicación de hostias, de comida, y otros.

Curiosamente, de su época monástica constan como beatas muchas religiosas del monasterio de Töss : Adelaida Frauenberg, Ana Klingenau, Ana Mansaseller, Bárbara Liebenburg, Bárbara de Winterthur, Isabel Bächlin, Isabel Elgau, Isabel Metzi, Ida Sulz, Ida de Wetzikon, Juana de Schul, Catalina Blettlin, Lucía Schultheiss, Margarita Fink, Margarita de Hünikon, Margarita Willi, Margarita de Zúrich, Matilde de Klingenberg, Matilde Stans, y Eufemia de Münchwilen. Todas celebradas igualmente a 30 de mayo.
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Fuentes:
- “Diccionario histórico de Suiza. Isabel de Hungría”. MARTINA WEHRLI-JOHNS.
-“Autobiografía espiritual”. ENRIQUE SUSO. Salamanca 2001.
-"Familia Dominicana. Vol. III: Estampas de místicos”. Salamanca, 1986.
Tomado de: preguntasantoral.blogspot.com.es

lunes, junio 01, 2015

Evangelio Junio 1, 2015

Día litúrgico: Lunes IX del tiempo ordinario

Santoral 1 de Junio: San Justino, Filósofo y Mártir

Texto del Evangelio (Mc 12,1-12): En aquel tiempo, Jesús comenzó a hablarles en parábolas: «Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores, y se ausentó.

»Envió un siervo a los labradores a su debido tiempo para recibir de ellos una parte de los frutos de la viña. Ellos le agarraron, le golpearon y le despacharon con las manos vacías. De nuevo les envió a otro siervo; también a éste le descalabraron y le insultaron. Y envió a otro y a éste le mataron; y también a otros muchos, hiriendo a unos, matando a otros. Todavía le quedaba un hijo querido; les envió a éste, el último, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’. Pero aquellos labradores dijeron entre sí: ‘Éste es el heredero. Vamos, matémosle, y será nuestra la herencia’. Le agarraron, le mataron y le echaron fuera de la viña.

»¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá y dará muerte a los labradores y entregará la viña a otros. ¿No habéis leído esta Escritura: ‘La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos?’».

Trataban de detenerle —pero tuvieron miedo a la gente— porque habían comprendido que la parábola la había dicho por ellos. Y dejándole, se fueron.

Comentario: Fr. Alphonse DIAZ (Nairobi, Kenia)

Envió un siervo a los labradores a su debido tiempo para recibir de ellos una parte de los frutos de la viña
Hoy, el Señor nos invita a pasear por su viña: «Un hombre plantó una viña (...) y la arrendó a unos labradores» (Mc 12,1). Todos somos arrendatarios de esa viña. La viña es nuestro propio espíritu, la Iglesia y el mundo entero. Dios quiere frutos de nosotros. Primero, nuestra santidad personal; luego, un constante apostolado entre nuestros amigos, a quienes nuestro ejemplo y nuestra palabra les anime a acercarse cada día más a Cristo; finalmente, el mundo, que se convertirá en un mejor sitio para vivir, si santificamos nuestro trabajo profesional, nuestras relaciones sociales y nuestro deber hacia el bien común.

¿Qué clase de arrendatarios somos? ¿De los que trabajan duro, o de los que se irritan cuando el dueño envía a sus siervos a cobrarnos el alquiler? Podemos oponernos a los que tienen la responsabilidad de ayudarnos a proporcionar los frutos que Dios espera de nosotros. Podemos poner objeciones a las enseñanzas de la Santa Madre Iglesia y del Papa, los obispos, o quizás, más modestamente, de nuestros padres, nuestro director espiritual, o de aquel buen amigo que está tratando de ayudarnos. Podemos, incluso, volvernos agresivos, y tratar de herirles o, hasta “matarlos” mediante nuestra crítica y comentarios negativos. Deberíamos examinarnos a nosotros mismos acerca de los motivos reales de dicha postura. Quizás necesitamos un conocimiento más profundo de nuestra fe; quizás debemos aprender a conocernos mejor, a efectuar un mejor examen de conciencia, para poder descubrir las razones por las que no queremos producir frutos.

Pidamos a Nuestra Madre María su ayuda para que podamos trabajar con amor, bajo la guía del Papa. Todos podemos ser “buenos pastores” y “pescadores” de hombres. «Entonces, vayamos y pidamos al Señor que nos ayude a llevar fruto, un fruto que permanezca. Sólo así este valle de lágrimas se transformará en jardín de Dios» (Benedicto XVI). Nosotros podríamos acercar a Jesucristo nuestro espíritu, el de nuestros amigos, o el del mundo entero, si tan sólo leyéramos y meditáramos las enseñanzas del Santo Padre, y tratásemos de ponerlas en práctica.
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Fuente: evangeli.net