San Máximo de Nápoles, Obispo
11 de junio
Martirologio Romano: En Nápoles, ciudad de la Campania, san Máximo, obispo, que, por defender la fe definida en el Concilio de Nicea, fue expulsado de su sede y enviado al destierro por el emperador Constancio. Consumido por las penalidades del exilio, terminó santamente su vida en el siglo IV.
San Máximo fue el décimo obispo de Nápoles y gobernó aquella Iglesia en una de las épocas más difíciles de la controversia arriana. Tras el Concilio de Nicea (325), que proclamó la plena divinidad de Jesucristo y su consustancialidad con el Padre, muchos obispos y gobernantes continuaron favoreciendo el arrianismo, doctrina que negaba esta verdad fundamental de la fe cristiana.
Fiel defensor de la enseñanza nicena, san Máximo se opuso firmemente a las presiones de los partidarios del arrianismo. Durante el reinado del emperador Constancio II, favorable a esta herejía, fue depuesto de su sede episcopal y enviado al exilio alrededor del año 355. Separado de su diócesis y sometido a numerosas privaciones y sufrimientos, soportó con fortaleza las pruebas que le fueron impuestas por su fidelidad a la verdadera fe.
Las antiguas tradiciones napolitanas afirman que murió lejos de su Iglesia, consumido por las penalidades del destierro. Por esta razón fue venerado desde muy temprano como confesor de la fe y, en algunas tradiciones locales, también como mártir, al haber entregado su vida por la defensa de la doctrina católica.
Su memoria permaneció viva en la Iglesia de Nápoles, que lo honra como uno de los grandes obispos que preservaron la ortodoxia durante las luchas doctrinales del siglo IV. Su ejemplo recuerda que la fidelidad a la verdad del Evangelio exige, en ocasiones, soportar persecuciones, incomprensiones y sacrificios personales.
Fuentes principales consultadas por Vidas Santas:



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