Nacieron en Eumeni, Frigia, en el siglo y fueron martirizados en Apamea, Frigia, a inicios del siglo III
Un breve párrafo sobre el origen de los nombres; Cayo deriva del latino “Gaius” y tiene un significado muy evidente, es decir “gaio”, de “humor alegre”; esto ha provocado una confusión entre el nombre Cayo y el nombre Gaio, tanto es verdadero que el 10 de marzo en varios calendarios es venerado a veces uno, y a veces el otro, pero se trata siempre del mismo mártir. El nombre Alejandro a su vez deriva del griego “Alexandros”, que significa “protector de los hombres”.
De los dos mártires Cayo y Alejandro, no se sabe nada de sus vidas, las únicas noticias que nos han llegado, están contenidas en el capítulo 16 de la “Historia Eclesiástica” del historiador Eusebio (265-340) erudito obispo de Cesarea; quien los nombra hablando de los numerosos cristianos, encarcelados juntos por los ‘montanistas’ - secuaces de la herejía de Montano, presbítero frigio del siglo II, que predicaba la inminente fin del mundo -, en Apamea del Meandro, Frigia, donde sufrieron el martirio.
Los dos cristianos Cayo y Alejandro eran nativos de Eumenia en Frigia y junto a los otros cristianos, rechazaron hasta lo último de hacer causa común con los montanistas y su falsa doctrina; por autores antiguos, este rechazo es considerado como una prueba del vigor con el cual la Iglesia de los primeros tiempos, se oponía a la herejía.
La fecha del martirio es controvertida, la mayor parte de los Martirologios la coloca bajo el gobierno del emperador Marco Aurelio o bajo el gobierno del emperador Cómodo, pero parece que esto sea falso y que su muerte deba colocarse en el tiempo del emperador Septimio Severo (193-211), por lo tanto en los primeros años del siglo III.
Que tipo de martirio han sufrido, no es relatado en los textos, ni en los diversos Martirologios, que relatan sus nombres junto a otros grupos y localidades distintas y por eso con conmemoraciones en días diferentes.
Desafortunadamente es la situación que se creó en aquel periodo de martirio de los primeros cristianos, que golpeó prácticamente incluso aquellos que tal vez tenían registrado nombres y modalidades de la muerte de los mártires precedentes o contemporáneos, haciendo perder las noticias histórica.
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