La parábola del sembrador
Marcos 4, 1-20.
Tiempo Ordinario.
Nos ha tocado el camino de la tierra buena, donde Dios ha dejado crecer poco a poco la semilla de la fe.
Del santo Evangelio según san Marcos 4, 1-20
En aquel tiempo Jesús se puso a enseñar a orillas del mar. Y se
reunió tanta gente junto a él que hubo de subir a una barca y, ya en el
mar, se sentó; toda la gente estaba en tierra a la orilla del mar. Les
enseñaba muchas cosas por medio de parábolas. Les decía en su
instrucción: Escuchad. Una vez salió un sembrador a sembrar. Y sucedió
que, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino; vinieron las
aves y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no
tenía mucha tierra, y brotó en seguida por no tener hondura de tierra;
pero cuando salió el sol se agostó y, por no tener raíz, se secó. Otra
parte cayó entre abrojos; crecieron los abrojos y la ahogaron, y no
dio fruto. Otras partes cayeron en tierra buena y, creciendo y
desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras sesenta,
otras ciento. decía: Quien tenga oídos para oír, que oiga. Cuando
quedó a solas, los que le seguían a una con los Doce le preguntaban
sobre las parábolas. Él les dijo: A vosotros se os ha dado el misterio
del Reino de Dios, pero a los que están fuera todo se les presenta en
parábolas, para que por mucho que miren no vean, por mucho que oigan no
entiendan, no sea que se conviertan y se les perdone. Y les dice: ¿No
entendéis esta parábola? ¿Cómo, entonces, comprenderéis todas las
parábolas? El sembrador siembra la Palabra. Los que están a lo largo
del camino donde se siembra la Palabra son aquellos que, en cuanto la
oyen, viene Satanás y se lleva la Palabra sembrada en ellos. De igual
modo, los sembrados en terreno pedregoso son los que, al oír la
Palabra, al punto la reciben con alegría, pero no tienen raíz en sí
mismos, sino que son inconstantes; y en cuanto se presenta una
tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumben enseguida. Y
otros son los sembrados entre los abrojos; son los que han oído la
Palabra, pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las
riquezas y las demás concupiscencias les invaden y ahogan la Palabra, y
queda sin fruto. Y los sembrados en tierra buena son aquellos que oyen
la Palabra, la acogen y dan fruto, unos treinta, otros sesenta, otros
ciento.
Oración introductoria
Señor, hoy vienes a la tierra de mi alma dispuesto a sembrar tu mensaje
en ella. Ayúdame a escucharte, a aceptar tu Palabra, a configurar mi
vida con ella. Concédeme ser una tierra buena que produzca fruto
abundante por saber acoger y trasmitir tu gracia.
Petición
Jesucristo, concédeme corresponderte y ser fiel a todas las gracias que derramas en mi alma.
Meditación del Papa
Está dentro..., pero ¿cómo? Como la vida está oculta en la semilla: así
lo explicó Jesús en un momento crítico de su ministerio. Éste comenzó
con gran entusiasmo, pues la gente veía que se curaba a los enfermos,
se expulsaba a los demonios y se proclamaba el Evangelio; pero, por lo
demás, el mundo seguía como antes: los romanos dominaban todavía, la
vida era difícil en el día a día, a pesar de estos signos y de estas
bellas palabras. El entusiasmo se fue apagando, hasta el punto de que
muchos discípulos abandonaron al Maestro, que predicaba, pero no
transformaba el mundo. Y todos se preguntaban: En fondo, ¿qué valor
tiene este mensaje? ¿Qué aporta este Profeta de Dios? Entonces, Jesús
habló de un sembrador, que esparce su semilla en el campo del mundo,
explicando después que la semilla es su Palabra y son sus curaciones:
ciertamente poco, si se compara con las enormes carencias y dificultades
de la realidad cotidiana. Y, sin embargo, en la semilla está presente
el futuro, porque la semilla lleva consigo el pan del mañana, la vida
del mañana. La semilla parece que no es casi nada, pero es la presencia
del futuro, es la promesa que ya hoy está presente; cuando cae en
tierra buena da una cosecha del treinta, el sesenta y hasta el ciento
por uno. (Benedicto XVI, 21 de marzo de 2009).
Reflexión:
La semilla que Dios ha plantado en nosotros, es más difícil que
florezca en estos tiempos que estamos viviendo sin un cuidado personal.
En este pasaje vemos cuatro diversos caminos. De estos cuatro, Dios
nuestro Señor ha preparado uno para cada uno de nosotros. Por fortuna
nosotros no estamos en el camino pedregoso. Sabemos que nos ha tocado el
camino de la tierra buena, donde Dios ha dejado crecer poco a poco la
semilla de la fe.
Esto a su vez tiene un gran compromiso. Nacer en tierra buena significa
un gran esfuerzo de nuestra parte. Si nosotros somos los agricultores
de la semilla de nuestra fe, no esperemos que la semilla crezca y se
desarrolle por sí sola. Es una cosa tan natural el cuidado y
manutención de una semilla, y más si se trata nuestra propia fe.
Tal vez nosotros tenemos una semilla para ser un gran árbol frondoso,
de raíces que necesiten espacio para crecer. Sin embargo no nos damos
cuenta y la tenemos en una maceta de adorno y encerrada. ¿No será ese
nuestro caso? Si en ocasiones experimentamos las ganas de irradiar
nuestro amor a los demás, es porque Dios nos ha dado un gran corazón.
Al menos podríamos decir que si Dios no plantó en nosotros una semilla
de un árbol, sí la de una flor. Como la de una violeta. Es pequeñita y
muy hermosa. Pero necesita de un ambiente, muchos cuidados, momentos de
sombra y sol. Incluso necesita amor, de lo contrario moriría. Este
cuidado lo necesita tanto el gran árbol como la flor más pequeña.
Comparémosla con nuestra fe que su cuidado también debe ser día a día. Y
esa aquí entra la dificultad, porque si la cultivamos constante y
amorosamente puede producir maravillas nuestra fe. En cambio, el olvido
es el peor de los males. Al final de la vida nos pedirán cuentas de
nuestra propia semilla.
Propósito
Ser tierra buena que da frutos por nutrirse por la Palabra de Dios, leer el salmo 95.
Diálogo con Cristo
Señor, no permitas que en mi vida se vaya ahogando la semilla de la fe,
concédeme descubrir cuáles son esas piedras, esos espinos que la
impiden crecer, haz que me deshaga de todo lo que seca la tierra de mi
alma y me impide dar frutos de oración, de apostolado, de caridad.
=
Autor: Roberto Méndez
Comunidad Católica Vidas Santas Páginas Católicas... dedicadas a las personas que aman la Vida de los Santos, Beatos, Venerables y Siervos de Dios del Mundo! En la vida de los hombres y mujeres llamados Santos encontraremos un camino a seguir en el deambular por este valle de lágrimas que es nuestra vida en la Tierra. En ella se busca el lema de la Paz, la Tolerancia y la Caridad, en un intento de recoger el máximo de imágenes de Santos
miércoles, enero 30, 2013
Icono de la Madre de Dios "Tinos"
Icono de la Madre
de Dios "Tinos"
Enero 30
Este venerable icono de la Anunciación fue descubierto en las ruinas de la antigua iglesia de San Juan Bautista el 30 de enero de 1823.
Un hombre mayor, Michael Polyzoes, tuvo un sueño poco antes de la fiesta de la Anunciación en el 1821, en el cual la Madre de Dios se le apareció a el con ropa blanca y brillante.
Ella le mandó cavar en el campo de Anthony Doxaras fuera de la ciudad, en donde él encontraría su icono. Ella también le dijo que construyera una iglesia en el sitio. La reina del cielo también prometió ayudarle a lograr estas tareas.
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Fuente: oremosjuntos.com
Enero 30
Este venerable icono de la Anunciación fue descubierto en las ruinas de la antigua iglesia de San Juan Bautista el 30 de enero de 1823.
Un hombre mayor, Michael Polyzoes, tuvo un sueño poco antes de la fiesta de la Anunciación en el 1821, en el cual la Madre de Dios se le apareció a el con ropa blanca y brillante.
Ella le mandó cavar en el campo de Anthony Doxaras fuera de la ciudad, en donde él encontraría su icono. Ella también le dijo que construyera una iglesia en el sitio. La reina del cielo también prometió ayudarle a lograr estas tareas.
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Fuente: oremosjuntos.com
Santa Habrilia, Virgen y Ermitaña
Santa Habrilia, Virgen y Ermitaña
Enero 30
c. 1100. Fue una joven de Bregenzerwald que se hizo reclusa bajo la
obediencia del abad de Mehrerau en Suiza; en aquel tiempo este monasterio
pertenecía a los benedictinos negros.
Vivió como reclusa en la celda de santa Wiborada. También se afirma que fue
llamada para erigir un monasterio femenino. Su cuerpo se encuentra en la
basílica de los Santo Apóstoles Pedro y Pablo de Mehrerau.
La leyenda según la cual fue nombrada abadesa del monasterio de Mehrerau por san Galo, no es posible porque habría nacido en el siglo VII.
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Beato Alano Magno de Lille, Confesor
Beato Alano Magno de Lille, Confesor
Enero 30
(c.1120-1202). Filósofo y teólogo, conocido como “Doctor universalis”,
nació en Lille (Francia). Fue professor de grado en París y en Montpellier; tomó
el hábito de converso en Citeaux, donde llevó una vida ejemplar. Fue un profundo
conocedor de las doctrinas platónicas-aristotélicas, en gran parte a través de
Boecio, más que un pensador original, fue discípulo de Gilberto Porretano.
Ecléctico en filosofía, se le aprecia como teólogo por la exposción de las
máximas teológicas en forma aforística, que lo distingue de las tradiciones
contemporáneas. Puso las bases de la terminología teológica de su tiempo y
polemizó con cierta fuerza dialéctica, pero sin un verdadero rigor racional.
Llevó su esfuerzo de sistematización del saber en obras en verso.
Sus obras se pueden dividir en: Escritos filosóficos teológicos: “Contra hereticos”, en 4 vol. “Regulae de sacra theologia”. “Distinctiones dictionum thologicarum”. “Summa de arte praedicatoria”. Además “Sermones”; “De sex alis Cherubini”; “Elucidatio in Cantica canticorum”; “Liber poenitentialis”. Escritos poéticos: “Anticlaudianus”, que parece que influyó en Dante. “De planctu naturae”. “Doctrinale minus” (o “liber parabolarum”). Se le han atribuido otros libros pero no son suyos.
La excepcional doctrina de Alano hizo que se considerara un ser superior, a la misma altura que san Alberto Magno, y favoreció el nacimiento de una idealización legendaria. No hay ninguna referencia que se haya venerado su sepulcro ni de otras manifestaciones de culto, pero en el “Brevis quorundam sanctorum et beatorum sacri Cisterciensis ordinis enumeratio” del abad Jean de Cirey (Dijon 1491) y en los martirologios cistercienses y benedictinos.
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San Peregrino de Triocala, Obispo
San Peregrino de Triocala, Obispo
Enero 30
s. I. Según la leyenda, el apóstol san Pedro, después de ordenar obispo a
Peregrino, natural de Lucca de Grecia, lo envió desde Roma a Sicilia junto a
algunos compañeros para que convirtiera a los paganos de la isla.
Peregrino desembarcó en la desembocadura del río Verdura, según otros
autores, en Heraclea Minoa (recordada con el nombre de pequeña Cartago), allí se
paró algunos días para predicar.
A pesar de las dificultades iniciales convirtió a muchos, después llevó su
misión hacia la ciudad de Triocala. Allí de forma milagrosa liberó a la ciudad
de un temible dragón y esto le valió la aceptación del pueblo y su
conversión.
Peregrino organizó la diócesis que presidirá durante 30 años, hasta la edad de 70 años. Su sucesor será un tal san Liberato, niño que él salvó del dragón.
Una tradición dice que Peregrino murió mártir durante la persecución de
Nerón, en cambio otra dice que después de salir ileso de las torturas se marchó
a vivir en una gruta cerca de la ciudad, donde morirá pacíficamente. Su culto se
celebra en Caltabellotta.
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San Pablo Ho Hyob, Mártir
Martirologio Romano: En la ciudad de Seúl, en Corea, san Pablo Ho Hyob,
mártir, que, siendo soldado, fue encarcelado por confesarse cristiano y,
sometido a tormento, sus fuerzas cedieron y pareció que se retractaba, pero,
arrepentido, él mismo se presentó ante el juez confirmando su fe en Cristo, por
lo cual, encarcelado de nuevo, después de largo tiempo falleció a consecuencia
de los golpes recibidos. (1796-1840).
Soldado coreano de 45 años, y cristiano junto con su esposa, Clara Ni. Atrapado entre su deber de fidelidad militar y el de su fidelidad a la fe, prefirió esta, y fue encarcelado junto con su mujer, y cuatro compañeras más: Cecilia Ham, Ana Min, Teresa Nam y Teresa Son. A punto estuvo de apostatar al faltarle las fuerzas, pero con la gracia de Dios reaccionó y confeso abiertamente ante el juez que era cristiano por lo que fue enviado de nuevo a la cárcel, donde murió, según parece estrangulado.
Soldado coreano de 45 años, y cristiano junto con su esposa, Clara Ni. Atrapado entre su deber de fidelidad militar y el de su fidelidad a la fe, prefirió esta, y fue encarcelado junto con su mujer, y cuatro compañeras más: Cecilia Ham, Ana Min, Teresa Nam y Teresa Son. A punto estuvo de apostatar al faltarle las fuerzas, pero con la gracia de Dios reaccionó y confeso abiertamente ante el juez que era cristiano por lo que fue enviado de nuevo a la cárcel, donde murió, según parece estrangulado.
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Beata María Bolognesi, Laica
Beata María Bolognesi, Laica
Enero 30
Mística del siglo XX
Martirologio Romano: En Rovigo, Italia, Beata María Bolognesi, mística, que ofreció sus sufrimientos físicos y espirituales para la salvación del prójimo dando ejemplo de una extraordinaria aceptación y confianza en los designios de Dios. († 1980)
Martirologio Romano: En Rovigo, Italia, Beata María Bolognesi, mística, que ofreció sus sufrimientos físicos y espirituales para la salvación del prójimo dando ejemplo de una extraordinaria aceptación y confianza en los designios de Dios. († 1980)
La experiencia terrenal de la mística María Bolognesi inició el 21 de octubre de 1924 en Bosaro (Rovigo, Verona, Italia) en una familia extremadamente pobre. Su vida se puede sintetizar en una vida de sufrimiento al servicio de Nuestro Señor Jesucristo. Desde que recibió de Jesús -en una visión onírica- el primero de los tres anillos que Cristo le dio (con 5 rubíes señal de las 5 heridas de Jesús) soportó los mismos sufrimientos de Jesús en el Calvario y comenzó a sudar sangre, pero ella no tan sólo experimentó el sufrimiento de Cristo, lo soportó con paciencia y ofreciendo su cruz a Jesús por quienes lo necesitaran.
En cuatro años tan sólo pudo asistir a dos clases de educación básica,
debiendo retirarse para ayudar a cuidar de sus hermanos biológicos y la huerta
familiar. La pobreza era tal que incluso llegó a comer las cáscaras de las
patatas que sus amigas tiraban sobre el estiércol de vaca, luego de lavarlas tan
sólo un poco.
Antes de mostrarse a ella, Dios permitió que pasara un período de posesión
demoníaca para su purificación, fue desde el 21 de junio de 1940 hasta el 1 de
abril de 1942 cuando tuvo su primera visión onírica en la que además de recibir
el anillo tuvo la confirmación de la curación milagrosa de una mujer.
Los biógrafos describen este período de casi dos años de la siguiente
forma: "Ella alternó momentos que eran normales, por así decirlo, con otros
momentos en los cuales obviamente algo indefinible estaba en ella. Sus padres
pensaron ayudarla con bendiciones. Durante el transcurso de los meses se
hicieron muchos diferentes intentos para liberar a María de ese «extraño
malestar», pero sin resultado alguno, en parte porque María huía aterrorizada
cuando se daba cuenta de la presencia de un sacerdote o cuando alguien llevaba
agua bendita a su casa". María no podía rezar ni acercarse a edificios
eclesiásticos "una vez, cuando llegó con otras jóvenes al puente que lleva al
camino hacia la parroquia de San Casiano, María se congeló y una extraña
presencia tiró de su falda, dado que no había viento, sus amigas lógicamente se
asustaron".
Pasado el período de posesión, además de la sudoración sanguínea sufrió de
neumonía, bronconeumonía, oftalmia crónica (sequedad extrema de los ojos por
total ausencia de lágrimas), oxiuros, vómitos, anemia, reumatismo, ciática,
laringitis crónica y faringitis, dextrocardia (el corazón está en la mitad
derecha del tórax) e infartos le debilitaron el cuerpo por largos años. El
primer infarto lo sufrió en 1971, y fue el inicio de su viaje hacia la casa del
Padre, que ocurrió el 30 de enero de 1980.
Su continuo sufrimiento y permanente sacrificio fueron premiados por Jesús
sustituyendo el primer anillo con uno mucho más hermoso que el "Ecce Homo" y
posteriormente por otro de oro macizo.
Al momento de morir estaba implementando una casa para convalecientes, obra
que no pudo ver terminada.
El 2 de mayo de 2013 S.S. Francisco firmó el decreto reconociemdo un
milagro atribuido a su intercesión lo cual permitirá su próxima
beatificación.
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Autor: Francesco Ristori | Fuente: santiebeati.it
Tomado de: es.catholic.net
Santa Sabina de Milán, Matrona
Santa Sabina de Milán, Matrona
Enero 30
Enero 30
Matrona de Milán que, durante la persecución de Diocleciano, asistió a los
mártires encarcelados y los enterró después de la ejecución; la leyenda dice que
murió mientras oraba ante la tumba de los santos Nabor y Félix. 311.
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Santa Martina de Roma, Virgen y Mártir
Santa Martina de Roma, Virgen y Mártir
Enero 30
Martirologio Romano: En Roma, conmemoración de santa Martina, a quien el papa Dono dedicó una basílica a su nombre en el foro romano (677).
Etimología: Martina = femenino de Martín = martillo, es de origen latino.
La historia de esta joven santa comienza por su tumba, 1400 años después de su martirio; es decir, cuando en 1634 el activísimo Urbano VIII, empeñado en lo espiritual en la contrareforma católica, y en lo material en la restauración de famosas iglesias romanas, descubrió las reliquias de la mártir, les propuso a los romanos la devoción a Santa Martina y fijó la celebración para el 30 de enero. El mismo compuso el elogio con el himno: “Martinae celebri plaudite nomini, Cives Romulei, plandite gloriae”, que era una invitación a honrar a la santa en la vida inmaculada, en la caridad ejemplar y en el valiente testimonio que demostró a Cristo con su martirio.
Son pocas las noticias históricas. La más antigua es del siglo VI, cuando el Papa Onorio le dedicó una iglesia en Roma. Quinientos años después, al hacer excavaciones en esta iglesia, se encontraron efectivamente las tumbas de tres mártires. En el siglo VIII ya se celebraba la fiesta de la santa. No se sabe nada más, y por eso es necesario buscar noticias en una Passio legendaria. Según esta narración, Santa Martina era una diaconisa, hija de un noble romano. Debido a su abierta profesión de fe, la arrestaron y la llevaron al tribunal del emperador Alejandro Severo (222-235). Este príncipe semioriental, abierto a todas las curiosidades, hasta el punto de incluir a Cristo entre los dioses venerados en la familia imperial, fue muy tolerante con los cristianos y su gobierno marcó un fructuoso paréntesis de calma respecto de la Iglesia, que en ese tiempo logró una gran expansión misionera.
El autor de la Passio ignora todo esto, y hace más bien una lista de las atroces tortures con que el emperador martirizó a la santa. Cuenta que cuando Martina fue llevada ante la estatua de Apolo, la convirtió en pedazos y ocasionó un terremoto que destruyó el temple y mató a los sacerdotes del dios.
El prodigio se repitió con la estatua y el templo de Artemidas. Todo esto hubiera debido hacer pensar a sus perseguidores; pero no, se obstinaron más y sometieron a la jovencita a crueles tormentos, de los que salió siempre ilesa. Entonces resolvieron cortarle la cabeza con una espada, y su sangre corrió a fertilizar el terreno de la Iglesia romana.
=
Autor: P. Ángel Amo | Fuente: Catholic.net
Enero 30
Martirologio Romano: En Roma, conmemoración de santa Martina, a quien el papa Dono dedicó una basílica a su nombre en el foro romano (677).
Etimología: Martina = femenino de Martín = martillo, es de origen latino.
La historia de esta joven santa comienza por su tumba, 1400 años después de su martirio; es decir, cuando en 1634 el activísimo Urbano VIII, empeñado en lo espiritual en la contrareforma católica, y en lo material en la restauración de famosas iglesias romanas, descubrió las reliquias de la mártir, les propuso a los romanos la devoción a Santa Martina y fijó la celebración para el 30 de enero. El mismo compuso el elogio con el himno: “Martinae celebri plaudite nomini, Cives Romulei, plandite gloriae”, que era una invitación a honrar a la santa en la vida inmaculada, en la caridad ejemplar y en el valiente testimonio que demostró a Cristo con su martirio.
Son pocas las noticias históricas. La más antigua es del siglo VI, cuando el Papa Onorio le dedicó una iglesia en Roma. Quinientos años después, al hacer excavaciones en esta iglesia, se encontraron efectivamente las tumbas de tres mártires. En el siglo VIII ya se celebraba la fiesta de la santa. No se sabe nada más, y por eso es necesario buscar noticias en una Passio legendaria. Según esta narración, Santa Martina era una diaconisa, hija de un noble romano. Debido a su abierta profesión de fe, la arrestaron y la llevaron al tribunal del emperador Alejandro Severo (222-235). Este príncipe semioriental, abierto a todas las curiosidades, hasta el punto de incluir a Cristo entre los dioses venerados en la familia imperial, fue muy tolerante con los cristianos y su gobierno marcó un fructuoso paréntesis de calma respecto de la Iglesia, que en ese tiempo logró una gran expansión misionera.
El autor de la Passio ignora todo esto, y hace más bien una lista de las atroces tortures con que el emperador martirizó a la santa. Cuenta que cuando Martina fue llevada ante la estatua de Apolo, la convirtió en pedazos y ocasionó un terremoto que destruyó el temple y mató a los sacerdotes del dios.
El prodigio se repitió con la estatua y el templo de Artemidas. Todo esto hubiera debido hacer pensar a sus perseguidores; pero no, se obstinaron más y sometieron a la jovencita a crueles tormentos, de los que salió siempre ilesa. Entonces resolvieron cortarle la cabeza con una espada, y su sangre corrió a fertilizar el terreno de la Iglesia romana.
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Autor: P. Ángel Amo | Fuente: Catholic.net
Santo Tomás Khuong, Presbítero y Mártir
Enero 30
n.: c. 1789 - †: 1860 - país: Vietnam
B: Pío XII 29 abr 1951 - C: Juan Pablo II 19 jun 1988
En
Tonkin, actual Vietnam, santo Tomás Khuong, presbítero y mártir, que en
la persecución bajo el emperador Tu Duc confesó con gran fuerza de
ánimo ser cristiano. Fue encarcelado y, finalmente, de rodillas ante la
Cruz, lo mataron a hachazos.
Nacido en 1780, poco más o menos, tenía cerca de ochenta años cuando le llegó la hora del martirio. Su familia era noble, su padre, a lo que parece, mandarín, y él se había hecho cristiano siendo un niño. Hechos los estudios oportunos, se ordenó de sacerdote y se hizo también terciario dominico. Su cristianismo le costó la cárcel en la persecución del emperador Minh-Manh, pero gracias a su alcurnia obtuvo la libertad. Llevó desde entonces una vida prudente y retirada, aunque sin dejar de ejercer su ministerio, y gracias a ello sorteó los peligros de la persecución de Thieu-Tri (1840-1847), el siguiente monarca.
Desatada en 1854 la persecución de Tu-Duc, pudo durante años esquivar su captura. Pero un jefe militar, con el fin de prender a los cristianos, puso una gran cruz en el puente de Tran-Xa de forma que era imposible atravesarlo sin pisarla. Volverse atrás antes de entrar en el puente era la señal de ser cristiano. Acertó Tomás, cuando cambiaba de escondite, a ir a pasar por el puente, y así que vio la cruz volvió sobre sus pasos, pero los soldados que espiaban le echaron mano.
Llevado a Hung-Yen se le conminó a apostatar y a aconsejarlo así a los demás fieles, pero Tomás se negó firmemente a la propuesta y dijo que a sus ochenta años no era tiempo de cambiar de convicciones. Condenado a muerte, se dilató la ejecución de la sentencia un mes, por si cedía, pero finalmente fue llevado al suplicio. El mártir había hecho con dos cañas una cruz. Se postró ante ella y ofreció su cabeza al verdugo, que la segó de un tajo mientras su alma volaba al cielo. Fue canonizado con los demás mártires de Vietnam el 19 de junio de 1988.
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fuente: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
Tomado de: El Testigo Fiel
Santa Crisa e Hipólito de Roma, Mártires de Ostia
Santa Crisa e Hipólito de Roma, Mártires de Ostia
Enero 30
269. El Hiero mártir Hipólito, y los mártires Censorino, Sabino, Crisa la virgen y otros veinte sufrieron el martirio en el año doscientos sesenta y nueve.
La virgen Crisa fue arrestada y llevada a interrogación. Ella se confesó airosamente a un cristiano y fue sujetada a la tortura. Después de que pasó horribles tormentos, la ahogaran en el mar.
Con Santa Crisa sufrieron los mártires Ares, Félix, Máximo, Herculiano, Venerio, Stiracio, Mennas, Commodo, Hermes, Mauro, Eusebio, Rustico, Monagrio, Amandino, Olympo, Chipre, Teodoro el Tribuno, Máximo el Presbítero, Archelao el diácono, y Ciriaco el obispo.
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Fuente: ormosjuntos.com
Enero 30
269. El Hiero mártir Hipólito, y los mártires Censorino, Sabino, Crisa la virgen y otros veinte sufrieron el martirio en el año doscientos sesenta y nueve.
La virgen Crisa fue arrestada y llevada a interrogación. Ella se confesó airosamente a un cristiano y fue sujetada a la tortura. Después de que pasó horribles tormentos, la ahogaran en el mar.
Con Santa Crisa sufrieron los mártires Ares, Félix, Máximo, Herculiano, Venerio, Stiracio, Mennas, Commodo, Hermes, Mauro, Eusebio, Rustico, Monagrio, Amandino, Olympo, Chipre, Teodoro el Tribuno, Máximo el Presbítero, Archelao el diácono, y Ciriaco el obispo.
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Fuente: ormosjuntos.com
Beato Segismundo Pisarski, Sacerdote y Mártir
Beato
Segismundo Pisarski, Sacerdote y Mártir
Enero 30
Al mes siguiente de la guerra, cuando los alemanes dominaban todo el país, su parroquia le fue confiscada y entregada a la confesión ruteno-ortodoxa. Él convirtió en capilla una habitación de su casa y allí siguió ejerciendo su ministerio en medio de una atmósfera de terror creada por los nazis y los nacionalistas ucranianos.
Fuente: oremosjuntos.com
Enero 30
Alemania, 1943. Zygmunt Pisarski nace en Krasnystaw, cerca de Lubelskie en
Polonia, el 24 de abril de 1902.
Martirologio Romano: En la ciudad de Gdeszyn, en Polonia, beato Segismundo
Pisarski, presbítero y mártir, que durante la guerra, por no renunciar a su fe
ante los perseguidores, fue fusilado junto a su parroquia. (1902-1943).
Nació en Krasnystaw, Ucrania. En 1921 ingresó en el seminario de Lublín.
Fue ordenado sacerdote en 1926. Después de trabajar en Modliborzyce y Sol, fue
enviado a Zamch para organizar una parroquia católica en medio de una población
de mayoría ruteno-ortodoxa. Después de numerosas dificultades, y de acusaciones
contra él tuvo que ser trasladado.
La encuesta abierta sobre su conducta lo rehabilitó por completo. Tras una
breve estancia en Perespa, fue nombrado párroco de Gdeszyn (Hmbieszów). Aquí
estaría 10 años, en los que se acreditó como un párroco celoso y entregado a su
ministerio. Era sobrio, austero, modesto, humilde, había logrado dominar su
fuerte carácter y gozaba de la estima de su feligresía.
Al mes siguiente de la guerra, cuando los alemanes dominaban todo el país, su parroquia le fue confiscada y entregada a la confesión ruteno-ortodoxa. Él convirtió en capilla una habitación de su casa y allí siguió ejerciendo su ministerio en medio de una atmósfera de terror creada por los nazis y los nacionalistas ucranianos.
La policía lo arrestó y lo sometió a un brutal interrogatorio con el fin de
sacarle los nombres de los comunistas y de quienes se habían quedado con las
llaves de la iglesia. Como se negó a delatar a nadie, fue llevado a la salida
del pueblo donde fue fusilado.
Era el 30 de enero de 1943. El 13 de de junio 1999 el Papa Juan Pablo II
elevó a los honores de los altares a 108 víctimas de la misma persecución
nazista, entre las cuales el alma bendita de Sigismondo Pisarski, que ahora se
celebra el aniversario de su martirio.
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Beato Sebastián Valfre, Sacerdote
Beato Sebastián Valfre, Sacerdote
Enero 30
710. Sebastián Valfré nació en Verduno del Piamonte, en 1629. Sus padres eran pobres y la familia numerosa. Desde su niñez decidió ser sacerdote, y trabajó para pagarse todos sus estudios, copiando libros.
Se cuenta que al partir del hogar, lo único que sus padres pudieron darle fue un tonel de vino. Sebastián ingresó en la Congregación de los Padres del Oratorio, en Turín, el día de la fiesta de San Felipe, en 1651.
Un año después, fue ordenado sacerdote y cantó su primera misa en Verduno para consuelo de sus padres. Desde el primer momento, se entregó con toda el alma al cumplimiento de sus deberes sacerdotales. Un hecho notable fue que desde el arribo del beato, el Oratorio de Turín, que hasta entonces había estado en decadencia por muchas dificultades, empezó a prosperar y a atraer al pueblo.
El primer cargo de Sebastián fue el de prefecto del "Pequeño Oratorio", es decir una cofradía de laicos que se reunían para los ejercicios de piedad. El beato desempeñó durante muchos años el cargo con gran fruto y su extraordinario don de entusiasmar a los jóvenes parece haberle ganado el puesto de maestro de novicios. En 1661, habiendo cumplido la edad canónica de cuarenta años, fue elegido superior, contra su voluntad. Se dice que su gobierno fue una imitación perfecta del de San Felipe, tanto por el cuidado de la observancia hasta en los menores detalles, como por la gran bondad de Sebastián con los enfermos, para los que nada le parecía demasiado bueno.
Dios le llamó a Sí, a los ochenta y un años de edad, el 30 de enero de 1710. Fue beatificado en 1834.
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Fuente: oremosjuntos.com
Enero 30
710. Sebastián Valfré nació en Verduno del Piamonte, en 1629. Sus padres eran pobres y la familia numerosa. Desde su niñez decidió ser sacerdote, y trabajó para pagarse todos sus estudios, copiando libros.
Se cuenta que al partir del hogar, lo único que sus padres pudieron darle fue un tonel de vino. Sebastián ingresó en la Congregación de los Padres del Oratorio, en Turín, el día de la fiesta de San Felipe, en 1651.
Un año después, fue ordenado sacerdote y cantó su primera misa en Verduno para consuelo de sus padres. Desde el primer momento, se entregó con toda el alma al cumplimiento de sus deberes sacerdotales. Un hecho notable fue que desde el arribo del beato, el Oratorio de Turín, que hasta entonces había estado en decadencia por muchas dificultades, empezó a prosperar y a atraer al pueblo.
El primer cargo de Sebastián fue el de prefecto del "Pequeño Oratorio", es decir una cofradía de laicos que se reunían para los ejercicios de piedad. El beato desempeñó durante muchos años el cargo con gran fruto y su extraordinario don de entusiasmar a los jóvenes parece haberle ganado el puesto de maestro de novicios. En 1661, habiendo cumplido la edad canónica de cuarenta años, fue elegido superior, contra su voluntad. Se dice que su gobierno fue una imitación perfecta del de San Felipe, tanto por el cuidado de la observancia hasta en los menores detalles, como por la gran bondad de Sebastián con los enfermos, para los que nada le parecía demasiado bueno.
Dios le llamó a Sí, a los ochenta y un años de edad, el 30 de enero de 1710. Fue beatificado en 1834.
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Fuente: oremosjuntos.com
Beato Francisco Taylor, Mártir
Beato Francisco Taylor, Mártir
Enero 30
Irlanda,
1621. Nació en el 1550 en Dublín, Irlanda. Francisco Taylor (Proinsias Tàilliùr),
laico irlandés de la diócesis de Dublino, padre de familia, estuvo en la
cárcel durante siete años por ser católico.
Finalmente abrumado del sufrimiento y de su edad muy avanzada, murió bajo el reinado de Santiago el 30 de enero de 1621, Fue beatificado por su Santidad el papa Juan Pablo II el 27 de septiembre de 1992.
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Fuente: oremosjuntos.com
Enero 30
Martirologio Romano: En Dublín, ciudad de Irlanda, tránsito del beato
Francisco Taylor, mártir, el cual, siendo padre de familia, pasó siete años en
la cárcel por razón de su fe católica, y después de soportar tribulaciones y
ancianidad, terminó su martirio bajo el reinado de Jacobo I. 1621.
Finalmente abrumado del sufrimiento y de su edad muy avanzada, murió bajo el reinado de Santiago el 30 de enero de 1621, Fue beatificado por su Santidad el papa Juan Pablo II el 27 de septiembre de 1992.
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Fuente: oremosjuntos.com
Beato Colombo Marmion, Sacerdote Abad Benedictino
Beato Colombo Marmion, Sacerdote Abad Benedictino
Enero 30
Bélgica, 1923. Nació en Dublín, el 1 de abril de 1858, de padre irlandés (William Marmion) y de madre francesa (Herminie Cordier). Tres de sus hermanas se consagraron a Dios en la congregación de Hermanas de la Misericordia. Ingresó en el seminario diocesano de Dublín al cumplir 16 años y terminó brillantemente sus estudios de teología en el Colegio de "Propaganda Fide" en Roma.
Se ordenó sacerdote el 16 de junio de 1881. Soñaba con llegar a ser monje misionero en Australia, pero lo cautivó la atmósfera litúrgica de la nueva abadía de Maredsous en Bélgica (fundada en 1872), adonde fue para visitar a un compañero de estudios, antes de regresar a Irlanda, en 1881.
Quiso entrar en este monasterio, pero su obispo le pidió que esperase, y lo nombró vicario en Dundrum y, luego, profesor en el seminario mayor de Clonliffe (1882-1886). Cuando murió, víctima de una epidemia de gripe, el 30 de enero de 1923, muchos de sus contemporáneos lo tenían por santo, como lo confirmó dom Thibaut en la biografía de dom Marmion que publicó en 1928. Además, sus libros fueron muy leídos y se tradujeron a más de trece idiomas.
Para toda una generación de católicos, y más especialmente de sacerdotes, religiosos y religiosas, dom Columba Marmion ha sido un maestro de vida espiritual.
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Fuente: oremosjuntos.com
Enero 30
Bélgica, 1923. Nació en Dublín, el 1 de abril de 1858, de padre irlandés (William Marmion) y de madre francesa (Herminie Cordier). Tres de sus hermanas se consagraron a Dios en la congregación de Hermanas de la Misericordia. Ingresó en el seminario diocesano de Dublín al cumplir 16 años y terminó brillantemente sus estudios de teología en el Colegio de "Propaganda Fide" en Roma.
Se ordenó sacerdote el 16 de junio de 1881. Soñaba con llegar a ser monje misionero en Australia, pero lo cautivó la atmósfera litúrgica de la nueva abadía de Maredsous en Bélgica (fundada en 1872), adonde fue para visitar a un compañero de estudios, antes de regresar a Irlanda, en 1881.
Quiso entrar en este monasterio, pero su obispo le pidió que esperase, y lo nombró vicario en Dundrum y, luego, profesor en el seminario mayor de Clonliffe (1882-1886). Cuando murió, víctima de una epidemia de gripe, el 30 de enero de 1923, muchos de sus contemporáneos lo tenían por santo, como lo confirmó dom Thibaut en la biografía de dom Marmion que publicó en 1928. Además, sus libros fueron muy leídos y se tradujeron a más de trece idiomas.
Para toda una generación de católicos, y más especialmente de sacerdotes, religiosos y religiosas, dom Columba Marmion ha sido un maestro de vida espiritual.
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Fuente: oremosjuntos.com
Beata Carmela García Moyon, Catequista y Mártir
Beata
Carmela García Moyon, Catequista y Mártir
Enero 30
España, 1937. Carmen María Ana García Moyon, fiel laica de la arquidiócesis de Valencia, nació en Nantes, en Francia, el 13 de septiembre de 1888. Entonces se fue a España, era enseñada y convencida de la doctrina cristiana.
Tras la explosión de la guerra civil y de la fiera persecución religiosa que cruzaron España, Carmen fue y defendió su sangre y donó su vida para defender su fe a Cristo el 30 enero de 1937 al torrente, cerca de Valencia: era violentada por su fe y aún viva quemada.
El 11 de marzo de 2001 el Papa Juan Pablo II elevó a la Gloria de los altares a 233 víctimas de la misma persecución, entre las cuales el alma bendita de Carmela García Moyon, que bien se celebra el aniversario de su martirio.
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Fuente: oremosjuntos.com
Enero 30
España, 1937. Carmen María Ana García Moyon, fiel laica de la arquidiócesis de Valencia, nació en Nantes, en Francia, el 13 de septiembre de 1888. Entonces se fue a España, era enseñada y convencida de la doctrina cristiana.
Tras la explosión de la guerra civil y de la fiera persecución religiosa que cruzaron España, Carmen fue y defendió su sangre y donó su vida para defender su fe a Cristo el 30 enero de 1937 al torrente, cerca de Valencia: era violentada por su fe y aún viva quemada.
El 11 de marzo de 2001 el Papa Juan Pablo II elevó a la Gloria de los altares a 233 víctimas de la misma persecución, entre las cuales el alma bendita de Carmela García Moyon, que bien se celebra el aniversario de su martirio.
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Fuente: oremosjuntos.com
Martirologio Romano: En la villa de Torrent, en España, beata Carmela García
Moyón, mártir, maestra de la doctrina cristiana, que en la cruel persecución
religiosa fue violada y quemada viva por causa de su fe en Cristo (1937).
Fecha de beatificación: 11 de marzo de 2001, junto a otros 232 mártires
españoles, por el Papa Juan Pablo II.
Carmela García, penúltima de cinco hermanos, nace el 13 de Septiembre de 1888 en la ciudad francesa de Nantes. Hija de padre español y madre francesa, a los ocho días recibe las aguas bautismales en la parroquia de Notredame de Bon Port de su ciudad natal.
Carmela García, penúltima de cinco hermanos, nace el 13 de Septiembre de 1888 en la ciudad francesa de Nantes. Hija de padre español y madre francesa, a los ocho días recibe las aguas bautismales en la parroquia de Notredame de Bon Port de su ciudad natal.
Educada religiosamente, Carmela da muy pronto muestras de sus verdaderos
sentimientos cristianos, que posteriormente defiende con todas sus fuerzas.
Mujer de temperamento heróico y de una amabilidad sin límites, se revuelve
valiente sintiendo hervir en su interior la ira de Dios, cual otro San Juan
Eudes ante un hereje, para defender sus propios derechos y los de la
Iglesia.
A principios de siglo la familia García-Moyón vuelve a España, instalándose
en la ciudad de Segorbe, Castellón. Seguramente que por el contacto de la joven
Carmela con las hijas del Venerable Luis Amigó prende en ella la vocación
religiosa. De hecho el 11 de enero de 1918 ingresa en la congregación de las
Terciarias Capuchinas y, al concluir sus votos religiosos, no los renueva. En
1926 la encontramos ya en la ciudad de Torrent, Valencia.
En seguida entra en contacto con los frailes del convento de Monte Sión.
Con el tiempo la francesita, así se la conocía, se emplea en dar catequesis a
los niños del convento, repasar las ropas sagradas, limpieza de la hermosa
iglesia, y hasta puso un taller de costura en su casa, donde enseñaba a las
jóvenes torrentinas el arte de coser, zurcir y bordar ropas. Una verdadera
catequista, cooperadora parroquial y trabajadora social.
Sus convicciones religiosas le llevan a sufrir muerte violenta la noche del
30 de enero de 1937 en el Barranc de les Canyes, frente a la casa de Camineros,
camino de Montserrat. ¡Viva Cristo Rey! fueron sus últimas palabras.
Quienes la conocieron nos dicen que Carmela, humanamente, era muy cariñosa
y comprensiva; físicamente era de pequeña estatura, llenita, bien parecida y de
mirada serena y penetrante; y moralmente, una persona muy religiosa y sumamente
piadosa. Fue una auténtica líder del pensamiento cristiano femenino.
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Fuente: ACIprensa.com
San Pedro I, Rey de Bulgaria
San Pedro
I, Rey de Bulgaria
Enero 30
Para demostrar que era un digno sucesor de su padre en su hogar y en los ojos de los gobiernos extranjeros, Pedro comenzó su reinado con una ofensiva militar en la Tracia bizantina en 927. Sin embargo, Pedro siguió su rápido éxito en secreto con la negociación de un tratado de paz antes de que el gobierno bizantino tuviera la oportunidad de tomar represalias. El emperador bizantino Romano I Lacapeno aceptó con entusiasmo la propuesta para la paz y arregló un matrimonio diplomático entre su nieta María y el monarca búlgaro.
Los éxitos iníciales del reinado de Pedro fueron seguidos por varios reveses de menor importancia. Alrededor de 930, Pedro se enfrentó a una revuelta liderada por su hermano menor, Iván, que fue derrotado y enviado al exilio en Bizancio. Poco después, el hermano mayor de Pedro, Miguel se escapó de su monasterio y lideró una gran formidable rebelión, que terminó con su prematura muerte. El hermano más joven, Benjamín (también llamado Bojan), fue acusado de ser un hombre lobo y un mago por el obispo italiano Liutprando de Cremona, pero aparentemente no representaba una amenaza para la autoridad de Pedro.
Tal vez aprovechando estos desafíos al gobierno de Pedro, el príncipe serbio Sviatoslav Klonimirovich escapó de la capital búlgara de Preslav en 931 y, con el apoyo tácito bizantino, logró reunir una revuelta serbia contra el dominio búlgaro. La rebelión tuvo éxito, y la parte occidental de Serbia recuperó su independencia. Pedro pudo haber tenido que enfrentar también las incursiones de los magiares, que habían sido derrotados y expulsados a Panonia por su padre en 896.
Pedro I presidió un reinado pacífico y relativamente largo, aunque poco iluminado por fuentes extranjeras o nativas. A pesar de los desafíos que encontró poco después de su ascensión y la situación crítica al final de su vida, con Pedro, Bulgaria parece haber sido próspera y cada vez mejor organizada, con un equipo administrativo señalado por los viajeros extranjeros y confirmados por los numerosos hallazgos de sellos imperiales.
Las relaciones con el Imperio Bizantino se agravaron tras la muerte de la esposa de Pedro a mediados de 960. Con la victoria sobre los árabes, el emperador Nicéforo II Focas se negó a pagar el tributo anual a Bulgaria en el año 966, quejándose de la alianza de Bulgaria con los magiares, y llevó a cabo una demostración de fuerza en la frontera con Bulgaria.
A pesar de este éxito temporal y la reconciliación con Bizancio, Bulgaria se enfrentó a una nueva invasión de Sviatoslav en 969. Los búlgaros fueron derrotados otra vez, y Pedro sufrió un derrame cerebral, que le llevó a abdicar y convertirse en monje. Pedro era profundamente religioso y un activo constructor de iglesias y fue canonizado poco después de su muerte por la Iglesia ortodoxa búlgara.
Su culto es particularmente vivo en la Iglesia ortodoxa búlgara y también lo consideran santo las Iglesias católicas orientales o greco-católicas.
Enero 30
(c.903-969). (Iglesia ortodoxa búlgara).
Pedro I fue el hijo de Simeón I de Bulgaria con su segunda esposa. En 913
Pedro pudo haber visitado el palacio imperial de Constantinopla junto con su
hermano mayor Miguel. Por razones no especificadas, Simeón había obligado a
Miguel a convertirse en monje y había nombrado a Pedro como su sucesor.
Para demostrar que era un digno sucesor de su padre en su hogar y en los ojos de los gobiernos extranjeros, Pedro comenzó su reinado con una ofensiva militar en la Tracia bizantina en 927. Sin embargo, Pedro siguió su rápido éxito en secreto con la negociación de un tratado de paz antes de que el gobierno bizantino tuviera la oportunidad de tomar represalias. El emperador bizantino Romano I Lacapeno aceptó con entusiasmo la propuesta para la paz y arregló un matrimonio diplomático entre su nieta María y el monarca búlgaro.
En octubre de 927 Pedro llegó cerca de Constantinopla para encontrarse con
Romano y firmar el tratado de paz, se casó con María en la iglesia de Zoödochos
Pege. Para significar la nueva era en las relaciones búlgaro-bizantinas, la
princesa pasó a llamarse Irene ("paz"). El tratado de 927 representa en realidad
el fruto de los éxitos militares de Simeón y las iniciativas diplomáticas,
hábilmente continuada por el gobierno de su hijo.
Los éxitos iníciales del reinado de Pedro fueron seguidos por varios reveses de menor importancia. Alrededor de 930, Pedro se enfrentó a una revuelta liderada por su hermano menor, Iván, que fue derrotado y enviado al exilio en Bizancio. Poco después, el hermano mayor de Pedro, Miguel se escapó de su monasterio y lideró una gran formidable rebelión, que terminó con su prematura muerte. El hermano más joven, Benjamín (también llamado Bojan), fue acusado de ser un hombre lobo y un mago por el obispo italiano Liutprando de Cremona, pero aparentemente no representaba una amenaza para la autoridad de Pedro.
Tal vez aprovechando estos desafíos al gobierno de Pedro, el príncipe serbio Sviatoslav Klonimirovich escapó de la capital búlgara de Preslav en 931 y, con el apoyo tácito bizantino, logró reunir una revuelta serbia contra el dominio búlgaro. La rebelión tuvo éxito, y la parte occidental de Serbia recuperó su independencia. Pedro pudo haber tenido que enfrentar también las incursiones de los magiares, que habían sido derrotados y expulsados a Panonia por su padre en 896.
Tal vez después de una derrota inicial, Pedro llegó a un acuerdo con el
enemigo, y ahora utilizaba los grupos magiares como sus aliados contra
Serbia.
Pedro I presidió un reinado pacífico y relativamente largo, aunque poco iluminado por fuentes extranjeras o nativas. A pesar de los desafíos que encontró poco después de su ascensión y la situación crítica al final de su vida, con Pedro, Bulgaria parece haber sido próspera y cada vez mejor organizada, con un equipo administrativo señalado por los viajeros extranjeros y confirmados por los numerosos hallazgos de sellos imperiales.
Pedro fue particularmente generoso con la Iglesia, a la que dotó
abundantemente a lo largo de su reinado. La generosidad del emperador llegó a
tal punto que fue visto como un factor de corrupción, incluso por los clérigos
ortodoxos, como el presbítero Cosme. Otros optaron por un camino alejado de las
tentaciones del mundo secular, sobre todo san Iván de Rila, sin embargo su
existencia ascética llamó aún la atención del monarca. El lujo y las tensiones
sociales pudieron haber contribuido a la propagación de la herejía del
bogomilismo, que Pedro debidamente se comprometió a luchar en su contra,
solicitando el asesoramiento de ermitaños famosos e incluso su tío político, el
Patriarca de Constantinopla Teofilacto.
Las relaciones con el Imperio Bizantino se agravaron tras la muerte de la esposa de Pedro a mediados de 960. Con la victoria sobre los árabes, el emperador Nicéforo II Focas se negó a pagar el tributo anual a Bulgaria en el año 966, quejándose de la alianza de Bulgaria con los magiares, y llevó a cabo una demostración de fuerza en la frontera con Bulgaria.
Disuadido de un ataque directo contra Bulgaria, Nicéforo II envió un
mensajero al príncipe de Kiev Sviatoslav Igorevich para organizar un ataque
kievano contra Bulgaria desde el norte. Sviatoslav fácilmente puso en marcha una
campaña con una gran fuerza (60.000 soldados), y marchó contra los búlgaros en
el Danubio y los derrotó en la batalla cerca de Silistra, apoderándose de unas
80 fortalezas búlgaras en 968.
Impresionado por el éxito de su aliado y sospechando de sus intenciones
reales, el emperador Nicéforo II se apresuró a hacer la paz con Bulgaria y
arregló el matrimonio de sus protegidos, los emperadores menores de edad Basilio
II y Constantino VIII, con dos princesas búlgaras.
Dos de los hijos de Pedro fueron enviados a Constantinopla como
negociadores y rehenes de honor. Mientras tanto, Pedro logró obtener el retiro
de las fuerzas de Kiev por incitar a los aliados tradicionales de Bulgaria, los
pechenegos, para atacar a la misma Kiev.
A pesar de este éxito temporal y la reconciliación con Bizancio, Bulgaria se enfrentó a una nueva invasión de Sviatoslav en 969. Los búlgaros fueron derrotados otra vez, y Pedro sufrió un derrame cerebral, que le llevó a abdicar y convertirse en monje. Pedro era profundamente religioso y un activo constructor de iglesias y fue canonizado poco después de su muerte por la Iglesia ortodoxa búlgara.
Su culto es particularmente vivo en la Iglesia ortodoxa búlgara y también lo consideran santo las Iglesias católicas orientales o greco-católicas.
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Santa Jacinta de Mariscotti, Virgen
Santa Jacinta de Mariscotti, Virgen
Enero 30
(1585-1640) Santa Jacinta Mariscotti, hija de Marcantonio Mariscotti y de Ottavia Orsini, condesa de Vignanello, lugar cercano a Viterbo, nació en Vignanello el año 1585, al parecer el 16 de marzo. El matrimonio Mariscotti tuvo cuatro hijos más, que fueron los siguientes: Ginebra, que el año 1594 ingresó religiosa en el convento de Terciarias Franciscanas de San Bernardino de Viterbo, donde, con el nombre de sor Inocencia, vivió santamente hasta su muerte, que tuvo lugar en el mes de julio de 1631. Hortensia (1586-1626), joven virtuosa, el año 1605 casó con Paolo Capizucchi, marqués de Podio Catino. Sforza (1589-1655) casó en 1616 con Vittoria Ruspoli, y heredó el título de la familia de los Mariscotti. Galeazzo (1599-1626) fue abreviador de las letras apostólicas, y murió en la Curia Romana.
Jacinta, a quien en el bautismo habían impuesto el nombre de Clarix, niña aún, fue enviada por sus padres al monasterio de San Bernardino de Viterbo, al lado de sor Inocencia, para que al ver de cerca la santa vida que practicaba su hermana y las venerables sor Inés Guerrieri, virgen romana, y sor Lucrecia Fracassini, tenidas por muy virtuosas dentro y fuera del convento, se educara en el santo temor de Dios. Pero estos buenos ejemplos y los de otras piadosas religiosas influyeron poco en el ánimo de la joven Clarix, que no pensaba más que en la mejor manera de hacer resaltar su conocida hermosura y hablar con vanidad y jactancia de la prosapia de su familia. Como no soñaba más que en llevar una vida mundana, y no soportó por más tiempo el retiro del monasterio, se determinó a abandonarlo para regresar al lado de sus padres.
Bella y coqueta, tenía sus pretensiones y aspiraba conseguir un matrimonio brillante; por eso fue para ella una gran decepción cuando vio que su hermana Hortensia, más joven, pero muy prudente y virtuosa, casaba con el noble romano Paolo Capizucchi, mientras que a ella no se le presentaba ningún partido ventajoso. Se volvió entonces más ligera y mundana, no pensando más que en afeites y reuniones profanas, y parecía incapaz de poder tener alguna idea seria. Sus padres estaban preocupados con esta hija que, al no poder casarse, llevaba una vida tan extraviada que podía terminar en su completa ruina espiritual, por lo que deciden, aunque la joven manifiesta una extrema repugnancia hacia la vida religiosa, convencerla para que ingrese en un monasterio. Accedió Clarix, con más despecho que vocación y afecto a la nueva vida que se proponía abrazar, a tomar el hábito de Terciaria Franciscana en el mismo convento de San Bernardino de Viterbo, que unos años antes había abandonado, cambiando el nombre de pila por el de Jacinta con que ahora la conocemos. Sucedió esto el 9 de enero de 1605, cuando nuestra joven contaba veinte años de edad. Los asistentes derramaron abundantes lágrimas en el rito de la vestición, mientras que ella no dio señales de la menor emoción al pronunciar las palabras rituales de su total entrega a Dios.
Durante los diez primeros años (1605-1615) lleva en el convento una vida mundana, detestando de las pequeñas habitaciones de las religiosas, por lo que se hace construir para sí una celda magnífica que adorna con todo lujo, más propio de una princesa mundana que de una servidora de Cristo. Practica con tibieza los ejercicios de piedad y soporta con fastidio los rigores prescritos por la regla del convento, amando sobre todo la vida regalada y cómoda. Ni las amonestaciones de los superiores, ni las exhortaciones de sus parientes, ni siquiera el asesinato de su padre, perpetrado el 4 de septiembre de 1608 por Ubaldino y Hércules de Marsciano en el lugar de Parrano, fueron suficientes para volverla a una conducta de vida más conforme con el espíritu del santo instituto que había profesado.
Pero en 1615, cuando tenía treinta años de edad, el Señor se dignó echar sobre ella una mirada de su divina misericordia. Sor Jacinta cayó gravemente enferma, y aquejada de agudos dolores, dio en pensar horrorizada qué sería de su alma si en aquel estado calamitoso y de infidelidades fuera llamada a juicio delante de Dios Nuestro Señor. Pidió, pues, con insistencia la presencia de un sacerdote que la oyera en confesión, y para atenderla espiritualmente llegó al monasterio el franciscano P. Antonio Bianchetti, varón de sólida piedad, el cual, al penetrar en una habitación tan suntuosamente enriquecida con tantos objetos lujosos impropios de la pobreza franciscana, retrocediendo rehusó oírla en confesión, declarando que el paraíso no estaba reservado para los soberbios y las religiosas de vida cómoda.
Ante esta enérgica decisión por parte del padre franciscano, muy dolorida de todos sus pecados, hizo al día siguiente confesión general de todos ellos, determinándose resueltamente a cambiar de la vida que llevaba. Pronto dio evidentes señales de este sincero arrepentimiento. No obstante la grave enfermedad que la aquejaba, se levantó del lecho en que estaba postrada, y después de cambiar por un tosco sayal la fina ropa de seda que hasta entonces usaba, presentóse en el refectorio, donde se dio la disciplina en presencia de sus hermanas las religiosas, a quienes pidió perdón con lágrimas en los ojos. Las religiosas, llenas de alegría en vista de esta súbita transformación, la consolaban y animaban a continuar en esta santa vida, prometiéndole por su parte la ayuda de sus mejores oraciones. Jacinta, que comenzaba a vivir para el Señor, no quiso que en lo sucesivo le recordaran la grandeza de los Mariscotti, para lo cual rogó que le llamaran solamente sor Jacinta de Santa María.
Eligió por patronos en el cielo a santos que como ella se habían dejado arrastrar en los primeros años de su vida por los atractivos de las vanidades mundanas: por padre escogió a San Agustín; por madre, a Santa María Egipcíaca; por hermano, a San Guillermo; por hermana, a Santa Margarita de Cortona; por tío suyo, a San Pedro; finalmente, por sobrinos, a los tres niños del horno de Babilonia. Con la ayuda de esta familia celestial que ella misma se había elegido, se proponía más fácilmente conseguir los fines que se había propuesto: santificarse en esta vida y ganar el cielo en la otra. Abrazó entonces una vida de penitencia tan austera, que no podemos pensar en ella sin estremecernos. Se impuso el sacrificio de no volver a ver a sus parientes y amigos mientras no se lo ordenara la abadesa, para practicar de esta manera la virtud de la obediencia que tantas veces había despreciado; Jesucristo sufriendo por nosotros en la cruz, será desde ahora su único pensamiento y su único amor.
Jacinta poseía la virtud de la humildad en sumo grado. Rica en todos los dones de la naturaleza y de la gracia, verdaderamente santa a los ojos de Dios y de los hombres, se consideraba la mujer más pecadora. La más pobre hermana conversa tenía un hábito mejor que el suyo y una habitación menos pobre. Aprovechaba todas las ocasiones que se le ofrecían para ejercitar la virtud santa de la humildad. Frecuentemente iba al refectorio con una cuerda echada al cuello, y en estas condiciones besaba los pies a las religiosas, pidiéndoles perdón por los escándalos que les había dado con su mala vida pasada. Cuando la nombraron vicesuperiora del convento y maestra de novicias, tuvieron que imponérselo por obediencia, pues ella no quería aceptarlo, pretextando que, no sabiendo gobernarse a sí misma, mal podía gobernar a las demás.
Profundamente convencida de los grandes pecados por ella cometidos, Santa Jacinta soportaba con una tranquilidad y una calma perfectas los sufrimientos que Dios tenía a bien enviarle y que ella consideraba el mejor medio para limpiarse y purificarse de su vida pasada. Durante diecisiete años fue atacada de cólicos casi continuos, producidos por las malas comidas a las que se había sometido y por las austeridades excesivas que se había impuesto. El demonio, que veía con furor cómo esta alma privilegiada se le escapaba de las manos, ensayó contra ella toda clase de tentaciones y astucias; pero los poderes del infierno no prevalecieron contra la esposa de Cristo, sostenida por el amor de su Dios y la gracia del Espíritu Santo, las largas meditaciones al pie del Crucificado, la lectura de los buenos libros y los sabios consejos de su confesor el P. Bianchetti.
Sentía hacia los pecadores una inmensa piedad, que se traducía en palabras y oraciones tan tiernas, que no podían menos de prometerle la enmienda y la vuelta al seno de la Iglesia. Entre los pecadores de Viterbo sobresalía Francisco Pacini, hombre atrevido, poderoso y deshonesto, a quien la Santa no solamente convirtió al Señor y lo convenció a llevar una vida de ermitaño, sino que fue en lo sucesivo su principal colaborador en la organización y desarrollo de las dos Cofradías por ella fundadas.
La primera fue la Compagnia dei Sacconi (o Cofradía de los encapuchados de Viterbo), que Santa Jacinta fundó en 1636, con sede en la iglesia de Santa María de las Rosas, regida por unos Estatutos que, compuestos por los mismos cofrades, fueron aprobados por el cardenal Tiberio Muti (? 1636), obispo de Viterbo. El fin de la Cofradía era procurar el cuidado material de los enfermos y ayudarles a bien morir espiritualmente. Santa Jacinta añadió a los Estatutos de los cofrades especiales ejercicios que se habían de hacer en los últimos días de Carnaval, con públicas procesiones y visita a las iglesias donde estaba expuesto el Santísimo Sacramento, por lo que introdujo entre estos cofrades la práctica del piadoso ejercicio de las Cuarenta horas, que en el siglo anterior ya había aprobado el papa Clemente VIII.
La Congregación de los oblatos de María, fundada también por Santa Jacinta en 1638, estableció su sede en la vieja iglesia de San Nicolás, en el llano de Ascarano, donde los oblatos de San Carlos Borromeo les hicieron donación del hospicio que ellos habían erigido en 1611 para ancianos e inválidos. La Congregación de los oblatos de María fue aprobada, después de no pequeñas dificultades, por el ordinario, Francisco María, cardenal Brancacci, el 5 de julio de 1639; el mismo ordinario aprobó, el 2 de marzo de 1643, las Constituciones de los dichos oblatos, redactadas por Santa Jacinta. Según las mismas, la Casa Madre era conocida con el nombre de il Fratello (el Hermano); se prescribe un año de probación, y el noviciado, el Oficio divino, oraciones y varias meditaciones, austeridades y abundantes penitencias. Esta legislación, que más convenía a monjas contemplativas de clausura que a una congregación de seglares, dados a obras de caridad y actividades apostólicas, fue la causa principal de que la Congregación de los oblatos de María tuviera escasa duración.
Sería muy largo enumerar aquí todas las conversiones que consiguió la Santa; los conventos que ella reformó por medio de severas cartas dirigidas a superioras demasiado remisas en el cumplimiento de sus obligaciones; las villas donde la fama de su santidad cambió en reuniones piadosas las asambleas mundanas y frívolas. De todas partes le pedían consejos y oraciones. Debido a su iniciativa, Camila Savelli, duquesa de Farnesio y de Savella, fundó dos monasterios de clarisas en Farnesio y en Roma; las novicias acudían al convento de Viterbo para marchar bajo su dirección por el camino de la vida espiritual, muchas de las cuales, entre otras la Beata Lucrecia, siguieron tan a la letra sus enseñanzas que murieron en olor de santidad.
Había en el coro del convento siete capillas, donde las religiosas podían ganar las indulgencias de las siete iglesias de Roma. Todas las noches, aun en invierno, Jacinta recorría las siete capillas orando devotamente delante de las imágenes de Jesucristo y de la Santísima Virgen y de los demás santos que allí se veneraban. Hacía esta especie de peregrinación llevando los pies desnudos y con una pesada cruz sobre sus espaldas, practicando al mismo tiempo otras duras penitencias. Tenía gran devoción al arcángel San Miguel, cuya asistencia invocaba en todas sus necesidades. Mas su principal abogada en el cielo era la Santísima Virgen, de manera que su corazón se consumía de amor cada vez que pronunciaba su dulce nombre. El santo sacrificio de la misa, donde el Salvador se ofrece todos los días como víctima expiatoria por los pecados de los hombres, le hacía derramar abundantes lágrimas. Oraba continuamente y sacaba de sus oraciones el consuelo y la esperanza que necesitaba para sobrellevar los sufrimientos de su vida. Dios quiso recompensar ya a su sierva en este mundo concediéndole el don de profecía, de milagros, de penetración de los corazones, abundantes éxtasis y arrebatos espirituales y otros favores que sería largo enumerar aquí. Una vida tan rica en méritos y en virtudes no podía ser coronada más que con una muerte preciosa delante del Señor. El 30 de enero de 1640 el alma de sor Jacinta volaba a las eternas moradas del cielo.
Desde el momento en que la nueva de su muerte se extendió por la villa de Viterbo, la emoción de las gentes fue general, e inmenso el número de los que concurrieron a sus funerales. Los muertos que ella resucitó, los enfermos que ella curó y tantos otros prodigios por ella realizados después de su muerte manifestaron claramente el gran poder de que ella gozaba delante de Dios. Esta ilustre virgen fue beatificada en 1762 por Benedicto XIII, de la familia de los Orsini, a la cual pertenecía Ottavia, la madre de nuestra Santa, como ya hemos visto; el 24 de mayo de 1807 el papa Pío VII la inscribió en el catálogo de los santos. El cuerpo de Santa Jacinta descansa en el monasterio de Terciarias Franciscanas de San Bernardino de Viterbo, que había sido testigo de sus virtudes heroicas; después de dos siglos, allí se conserva incorrupto a la veneración de los fieles.
=
Manuel de Castro, OFM, Santa Jacinta de Mariscotti, en Año Cristiano, Tomo I, Madrid, Ed. Católica (BAC 182), 1959, pp. 216-222.
franciscanos.org
Enero 30
(1585-1640) Santa Jacinta Mariscotti, hija de Marcantonio Mariscotti y de Ottavia Orsini, condesa de Vignanello, lugar cercano a Viterbo, nació en Vignanello el año 1585, al parecer el 16 de marzo. El matrimonio Mariscotti tuvo cuatro hijos más, que fueron los siguientes: Ginebra, que el año 1594 ingresó religiosa en el convento de Terciarias Franciscanas de San Bernardino de Viterbo, donde, con el nombre de sor Inocencia, vivió santamente hasta su muerte, que tuvo lugar en el mes de julio de 1631. Hortensia (1586-1626), joven virtuosa, el año 1605 casó con Paolo Capizucchi, marqués de Podio Catino. Sforza (1589-1655) casó en 1616 con Vittoria Ruspoli, y heredó el título de la familia de los Mariscotti. Galeazzo (1599-1626) fue abreviador de las letras apostólicas, y murió en la Curia Romana.
Jacinta, a quien en el bautismo habían impuesto el nombre de Clarix, niña aún, fue enviada por sus padres al monasterio de San Bernardino de Viterbo, al lado de sor Inocencia, para que al ver de cerca la santa vida que practicaba su hermana y las venerables sor Inés Guerrieri, virgen romana, y sor Lucrecia Fracassini, tenidas por muy virtuosas dentro y fuera del convento, se educara en el santo temor de Dios. Pero estos buenos ejemplos y los de otras piadosas religiosas influyeron poco en el ánimo de la joven Clarix, que no pensaba más que en la mejor manera de hacer resaltar su conocida hermosura y hablar con vanidad y jactancia de la prosapia de su familia. Como no soñaba más que en llevar una vida mundana, y no soportó por más tiempo el retiro del monasterio, se determinó a abandonarlo para regresar al lado de sus padres.
Bella y coqueta, tenía sus pretensiones y aspiraba conseguir un matrimonio brillante; por eso fue para ella una gran decepción cuando vio que su hermana Hortensia, más joven, pero muy prudente y virtuosa, casaba con el noble romano Paolo Capizucchi, mientras que a ella no se le presentaba ningún partido ventajoso. Se volvió entonces más ligera y mundana, no pensando más que en afeites y reuniones profanas, y parecía incapaz de poder tener alguna idea seria. Sus padres estaban preocupados con esta hija que, al no poder casarse, llevaba una vida tan extraviada que podía terminar en su completa ruina espiritual, por lo que deciden, aunque la joven manifiesta una extrema repugnancia hacia la vida religiosa, convencerla para que ingrese en un monasterio. Accedió Clarix, con más despecho que vocación y afecto a la nueva vida que se proponía abrazar, a tomar el hábito de Terciaria Franciscana en el mismo convento de San Bernardino de Viterbo, que unos años antes había abandonado, cambiando el nombre de pila por el de Jacinta con que ahora la conocemos. Sucedió esto el 9 de enero de 1605, cuando nuestra joven contaba veinte años de edad. Los asistentes derramaron abundantes lágrimas en el rito de la vestición, mientras que ella no dio señales de la menor emoción al pronunciar las palabras rituales de su total entrega a Dios.
Durante los diez primeros años (1605-1615) lleva en el convento una vida mundana, detestando de las pequeñas habitaciones de las religiosas, por lo que se hace construir para sí una celda magnífica que adorna con todo lujo, más propio de una princesa mundana que de una servidora de Cristo. Practica con tibieza los ejercicios de piedad y soporta con fastidio los rigores prescritos por la regla del convento, amando sobre todo la vida regalada y cómoda. Ni las amonestaciones de los superiores, ni las exhortaciones de sus parientes, ni siquiera el asesinato de su padre, perpetrado el 4 de septiembre de 1608 por Ubaldino y Hércules de Marsciano en el lugar de Parrano, fueron suficientes para volverla a una conducta de vida más conforme con el espíritu del santo instituto que había profesado.
Pero en 1615, cuando tenía treinta años de edad, el Señor se dignó echar sobre ella una mirada de su divina misericordia. Sor Jacinta cayó gravemente enferma, y aquejada de agudos dolores, dio en pensar horrorizada qué sería de su alma si en aquel estado calamitoso y de infidelidades fuera llamada a juicio delante de Dios Nuestro Señor. Pidió, pues, con insistencia la presencia de un sacerdote que la oyera en confesión, y para atenderla espiritualmente llegó al monasterio el franciscano P. Antonio Bianchetti, varón de sólida piedad, el cual, al penetrar en una habitación tan suntuosamente enriquecida con tantos objetos lujosos impropios de la pobreza franciscana, retrocediendo rehusó oírla en confesión, declarando que el paraíso no estaba reservado para los soberbios y las religiosas de vida cómoda.
Ante esta enérgica decisión por parte del padre franciscano, muy dolorida de todos sus pecados, hizo al día siguiente confesión general de todos ellos, determinándose resueltamente a cambiar de la vida que llevaba. Pronto dio evidentes señales de este sincero arrepentimiento. No obstante la grave enfermedad que la aquejaba, se levantó del lecho en que estaba postrada, y después de cambiar por un tosco sayal la fina ropa de seda que hasta entonces usaba, presentóse en el refectorio, donde se dio la disciplina en presencia de sus hermanas las religiosas, a quienes pidió perdón con lágrimas en los ojos. Las religiosas, llenas de alegría en vista de esta súbita transformación, la consolaban y animaban a continuar en esta santa vida, prometiéndole por su parte la ayuda de sus mejores oraciones. Jacinta, que comenzaba a vivir para el Señor, no quiso que en lo sucesivo le recordaran la grandeza de los Mariscotti, para lo cual rogó que le llamaran solamente sor Jacinta de Santa María.
Eligió por patronos en el cielo a santos que como ella se habían dejado arrastrar en los primeros años de su vida por los atractivos de las vanidades mundanas: por padre escogió a San Agustín; por madre, a Santa María Egipcíaca; por hermano, a San Guillermo; por hermana, a Santa Margarita de Cortona; por tío suyo, a San Pedro; finalmente, por sobrinos, a los tres niños del horno de Babilonia. Con la ayuda de esta familia celestial que ella misma se había elegido, se proponía más fácilmente conseguir los fines que se había propuesto: santificarse en esta vida y ganar el cielo en la otra. Abrazó entonces una vida de penitencia tan austera, que no podemos pensar en ella sin estremecernos. Se impuso el sacrificio de no volver a ver a sus parientes y amigos mientras no se lo ordenara la abadesa, para practicar de esta manera la virtud de la obediencia que tantas veces había despreciado; Jesucristo sufriendo por nosotros en la cruz, será desde ahora su único pensamiento y su único amor.
Jacinta poseía la virtud de la humildad en sumo grado. Rica en todos los dones de la naturaleza y de la gracia, verdaderamente santa a los ojos de Dios y de los hombres, se consideraba la mujer más pecadora. La más pobre hermana conversa tenía un hábito mejor que el suyo y una habitación menos pobre. Aprovechaba todas las ocasiones que se le ofrecían para ejercitar la virtud santa de la humildad. Frecuentemente iba al refectorio con una cuerda echada al cuello, y en estas condiciones besaba los pies a las religiosas, pidiéndoles perdón por los escándalos que les había dado con su mala vida pasada. Cuando la nombraron vicesuperiora del convento y maestra de novicias, tuvieron que imponérselo por obediencia, pues ella no quería aceptarlo, pretextando que, no sabiendo gobernarse a sí misma, mal podía gobernar a las demás.
Profundamente convencida de los grandes pecados por ella cometidos, Santa Jacinta soportaba con una tranquilidad y una calma perfectas los sufrimientos que Dios tenía a bien enviarle y que ella consideraba el mejor medio para limpiarse y purificarse de su vida pasada. Durante diecisiete años fue atacada de cólicos casi continuos, producidos por las malas comidas a las que se había sometido y por las austeridades excesivas que se había impuesto. El demonio, que veía con furor cómo esta alma privilegiada se le escapaba de las manos, ensayó contra ella toda clase de tentaciones y astucias; pero los poderes del infierno no prevalecieron contra la esposa de Cristo, sostenida por el amor de su Dios y la gracia del Espíritu Santo, las largas meditaciones al pie del Crucificado, la lectura de los buenos libros y los sabios consejos de su confesor el P. Bianchetti.
Sentía hacia los pecadores una inmensa piedad, que se traducía en palabras y oraciones tan tiernas, que no podían menos de prometerle la enmienda y la vuelta al seno de la Iglesia. Entre los pecadores de Viterbo sobresalía Francisco Pacini, hombre atrevido, poderoso y deshonesto, a quien la Santa no solamente convirtió al Señor y lo convenció a llevar una vida de ermitaño, sino que fue en lo sucesivo su principal colaborador en la organización y desarrollo de las dos Cofradías por ella fundadas.
La primera fue la Compagnia dei Sacconi (o Cofradía de los encapuchados de Viterbo), que Santa Jacinta fundó en 1636, con sede en la iglesia de Santa María de las Rosas, regida por unos Estatutos que, compuestos por los mismos cofrades, fueron aprobados por el cardenal Tiberio Muti (? 1636), obispo de Viterbo. El fin de la Cofradía era procurar el cuidado material de los enfermos y ayudarles a bien morir espiritualmente. Santa Jacinta añadió a los Estatutos de los cofrades especiales ejercicios que se habían de hacer en los últimos días de Carnaval, con públicas procesiones y visita a las iglesias donde estaba expuesto el Santísimo Sacramento, por lo que introdujo entre estos cofrades la práctica del piadoso ejercicio de las Cuarenta horas, que en el siglo anterior ya había aprobado el papa Clemente VIII.
La Congregación de los oblatos de María, fundada también por Santa Jacinta en 1638, estableció su sede en la vieja iglesia de San Nicolás, en el llano de Ascarano, donde los oblatos de San Carlos Borromeo les hicieron donación del hospicio que ellos habían erigido en 1611 para ancianos e inválidos. La Congregación de los oblatos de María fue aprobada, después de no pequeñas dificultades, por el ordinario, Francisco María, cardenal Brancacci, el 5 de julio de 1639; el mismo ordinario aprobó, el 2 de marzo de 1643, las Constituciones de los dichos oblatos, redactadas por Santa Jacinta. Según las mismas, la Casa Madre era conocida con el nombre de il Fratello (el Hermano); se prescribe un año de probación, y el noviciado, el Oficio divino, oraciones y varias meditaciones, austeridades y abundantes penitencias. Esta legislación, que más convenía a monjas contemplativas de clausura que a una congregación de seglares, dados a obras de caridad y actividades apostólicas, fue la causa principal de que la Congregación de los oblatos de María tuviera escasa duración.
Sería muy largo enumerar aquí todas las conversiones que consiguió la Santa; los conventos que ella reformó por medio de severas cartas dirigidas a superioras demasiado remisas en el cumplimiento de sus obligaciones; las villas donde la fama de su santidad cambió en reuniones piadosas las asambleas mundanas y frívolas. De todas partes le pedían consejos y oraciones. Debido a su iniciativa, Camila Savelli, duquesa de Farnesio y de Savella, fundó dos monasterios de clarisas en Farnesio y en Roma; las novicias acudían al convento de Viterbo para marchar bajo su dirección por el camino de la vida espiritual, muchas de las cuales, entre otras la Beata Lucrecia, siguieron tan a la letra sus enseñanzas que murieron en olor de santidad.
Había en el coro del convento siete capillas, donde las religiosas podían ganar las indulgencias de las siete iglesias de Roma. Todas las noches, aun en invierno, Jacinta recorría las siete capillas orando devotamente delante de las imágenes de Jesucristo y de la Santísima Virgen y de los demás santos que allí se veneraban. Hacía esta especie de peregrinación llevando los pies desnudos y con una pesada cruz sobre sus espaldas, practicando al mismo tiempo otras duras penitencias. Tenía gran devoción al arcángel San Miguel, cuya asistencia invocaba en todas sus necesidades. Mas su principal abogada en el cielo era la Santísima Virgen, de manera que su corazón se consumía de amor cada vez que pronunciaba su dulce nombre. El santo sacrificio de la misa, donde el Salvador se ofrece todos los días como víctima expiatoria por los pecados de los hombres, le hacía derramar abundantes lágrimas. Oraba continuamente y sacaba de sus oraciones el consuelo y la esperanza que necesitaba para sobrellevar los sufrimientos de su vida. Dios quiso recompensar ya a su sierva en este mundo concediéndole el don de profecía, de milagros, de penetración de los corazones, abundantes éxtasis y arrebatos espirituales y otros favores que sería largo enumerar aquí. Una vida tan rica en méritos y en virtudes no podía ser coronada más que con una muerte preciosa delante del Señor. El 30 de enero de 1640 el alma de sor Jacinta volaba a las eternas moradas del cielo.
Desde el momento en que la nueva de su muerte se extendió por la villa de Viterbo, la emoción de las gentes fue general, e inmenso el número de los que concurrieron a sus funerales. Los muertos que ella resucitó, los enfermos que ella curó y tantos otros prodigios por ella realizados después de su muerte manifestaron claramente el gran poder de que ella gozaba delante de Dios. Esta ilustre virgen fue beatificada en 1762 por Benedicto XIII, de la familia de los Orsini, a la cual pertenecía Ottavia, la madre de nuestra Santa, como ya hemos visto; el 24 de mayo de 1807 el papa Pío VII la inscribió en el catálogo de los santos. El cuerpo de Santa Jacinta descansa en el monasterio de Terciarias Franciscanas de San Bernardino de Viterbo, que había sido testigo de sus virtudes heroicas; después de dos siglos, allí se conserva incorrupto a la veneración de los fieles.
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Manuel de Castro, OFM, Santa Jacinta de Mariscotti, en Año Cristiano, Tomo I, Madrid, Ed. Católica (BAC 182), 1959, pp. 216-222.
franciscanos.org
San David Galván Bermúdez, Presbítero Mártir
San David Galván Bermúdez, Presbítero Mártir
Enero 30
México 1915. Nació en Guadalajara, Jalisco., el 29 de enero de 1881.
Profesor del Seminario de Guadalajara. Su gran caridad para con los pobres y los trabajadores le hicieron organizar y ayudar al gremio de zapateros, oficio que ejerció al lado de su padre. Defensor de la santidad del matrimonio, ayudó a una jovencita perseguida por un militar, quien ya casado pretendía contraer matrimonio con ella. Esto acarreó al padre Galván la enemistad del teniente que, al final, se convirtió en su verdugo.
El 30 de enero de 1915, por auxiliar espiritualmente a los soldados heridos en un combate efectuado en Guadalajara, fue tomado prisionero. En espera de la ejecución su compañero de prisión le comentó que no había desayunado, y el padre Galván tranquilamente le dijo: "Hoy vamos a ir a comer con Dios". Y, frente a los encargados de ejecutarlo, se señaló serenamente el pecho para recibir las balas.
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Fuente: oremosjuntos.com
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Día 23 de septiembre. "Yo me vine a la casa a escribir los apuntes que estaban atrasados y Juan con el P. Galván, visitaba los pintorescos pueblos de Atzcapotzalco y Tacuba"...
Día 24. "Misa en Catedral. Tempranito tomamos el tranvía a Coyoacán para ver la Exposición Ganadera en Tlalpan... Conocimos los pintorescos pueblos de San Ángel y Coyoacán"...
Día 25. "Otra vez a la Basílica y como a las 6, acompañando al Padre Galván, conocimos las más preciadas donaciones y alhajas que posee la Virgen... Después de la cena salieron Galván y Juan a pasear... Nos recogimos con la ilusión de marchar a la siguiente mañana a Veracruz".
Día 26. "Marchamos a tomar el tranvía de Santa María y llegamos a la Estación del Ferrocarril Mexicano, después de comprar los boletos, nos acomodamos...
El P. Galván nos acompaña... ¡Caramba!, con un calor de 40 grados tengo que hacer mis apuntes... en el cuarto número 14 del Hotel América en Veracruz"...
Día 27. "Comimos y luego visitamos todo Veracruz... El P. Galván y yo, hemos andado de particulares, porque aquí hay mucho anticlericalismo; casi no hay piedad... La corona la hemos dejado crecer (se refiere al cabello de la corona de la cabeza que es rapado a los clérigos cuando son tonsurados); apenas si se nota; de suerte, que ni por mal pensamiento se puede suponer que seamos eclesiásticos"...
En el Informe del Seminario de 1911 el Rector, presbítero Dr. José Mercedes Esparza, hizo un público reconocimiento al Padre Galván por su meritoria labor como director de la revista del Seminario, "Voz de Aliento", que publicó diecisiete números de diciembre de 1910 a marzo de 1912 con veinte páginas cada ejemplar.
Rosalío Lozano, papá de Petra, les preguntó a los villistas la razón de su encuartelamiento y le dijeron que habían llevado presos a dos sacerdotes, el Padre Galván y el Padre Araiza.
Petrita, a punto de cumplir sus 95 años de edad, recuerda la escena perfectamente; no tuvo oportunidad de conocer al Padre Galván con anterioridad, pero después de estos hechos, ella, al igual que muchas otras personas, comenzaron a venerarlo y a llevarle, al lugar de su muerte piedritas y veladoras con las que al tiempo le formaron un altar, hasta que "de seguro al gobierno no le pareció y acabaron con esa devoción", comentó doña Petra.
Los despojos del Padre Galván, luego de tan escrupuloso seguimiento de la ley, fueron recogidos por las profesoras María Dolores Alcaraz y María Soledad Dueñas quienes los colocaron en un ataúd y lo condujeron en medio de silenciosa marcha y de una multitud, hasta el colegio del Niño Jesús, que se ubicaba en la calle de Pedro Loza, donde fueron velados toda la noche por gente piadosa y por sus discípulos, amigos y compañeros.
Desde ese día, los fieles han considerado mártir al Padre David Galván; pronto se extendió esa veneración y es una tradición que se conserva viva aún hoy día.
El Padre David Galván fue declarado Beato por el Papa Juan Pablo II el día 22 de noviembre de 1992 en ceremonia celebrada en la Basílica de San Pedro en Roma, junto con sus 24 Compañeros Mártires Mexicanos.
Autor: Lic. Juan Manuel Robles Gil
Fuente: oremosjuntos.com
Enero 30
México 1915. Nació en Guadalajara, Jalisco., el 29 de enero de 1881.
Profesor del Seminario de Guadalajara. Su gran caridad para con los pobres y los trabajadores le hicieron organizar y ayudar al gremio de zapateros, oficio que ejerció al lado de su padre. Defensor de la santidad del matrimonio, ayudó a una jovencita perseguida por un militar, quien ya casado pretendía contraer matrimonio con ella. Esto acarreó al padre Galván la enemistad del teniente que, al final, se convirtió en su verdugo.
El 30 de enero de 1915, por auxiliar espiritualmente a los soldados heridos en un combate efectuado en Guadalajara, fue tomado prisionero. En espera de la ejecución su compañero de prisión le comentó que no había desayunado, y el padre Galván tranquilamente le dijo: "Hoy vamos a ir a comer con Dios". Y, frente a los encargados de ejecutarlo, se señaló serenamente el pecho para recibir las balas.
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Fuente: oremosjuntos.com
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Mártir Mexicano 1881-1915
En la ciudad de Guadalajara, Jal., en el barrio de "El Retiro" se encuentra el templo neogótico de la Virgen del Rosario, conocido como el templo del Padre Galván, a donde mucha gente acude para visitar la tumba que guarda los restos del sacerdote sacrificado el 30 de enero de 1915.
En la ciudad de Guadalajara, Jal., en el barrio de "El Retiro" se encuentra el templo neogótico de la Virgen del Rosario, conocido como el templo del Padre Galván, a donde mucha gente acude para visitar la tumba que guarda los restos del sacerdote sacrificado el 30 de enero de 1915.
Hijo del señor J. Trinidad Galván Trejo y de la señora Mariana Bermúdez
Rodríguez, nació el 29 de enero de 1881 en Guadalajara y recibió el bautismo el
2 de febrero en el templo de Nuestra Señora del Pilar.
A la edad de 3 años falleció su madre y quedó bajo el cuidado de su padre y
sus hermanos, y de su madrastra Victoriana Medina. Recibió el sacramento de la
Confirmación el 19 de septiembre de 1886 en el templo llamado de la Universidad,
o sea el del Santo Tomás, que perteneció en su tiempo al Colegio de los
Jesuitas; años más tarde convertido en oficina de Telégrafos y actualmente como
Biblioteca-Museo. Siendo niño David Galván participó como monaguillo y en el
coro de Infantes de la Catedral de Guadalajara.
Pronto le manifestó a su padre que deseaba entrar al Seminario y él aceptó
llevarlo a matricular en octubre de 1895. Allí cursó como alumno aplicado y con
muy buenas calificaciones los cinco años de latín y humanidades. Terminados se
salió del Seminario.
Los tres años que estuvo fuera del Seminario, trabajó en un taller de
zapatería y como profesor de escuela primaria. Tuvo una conducta algo disipada y
con extravíos en ese tiempo, incluso fue encarcelado por agredir a su
novia.
Pasada esta experiencia, el joven David, con veintiún años de edad, sintió
de nuevo el deseo intenso de volver al Seminario, porque oía en su interior el
llamado de Dios; acudió con empeño a la oración y a los actos de culto; visitaba
al Santísimo y a la Virgen de Zapopan y la invocaba diciéndole:
"Madre mía, dame acierto para conocer mi vocación".
Antes de admitirlo, el Prefecto del Seminario, Miguel de la Mora, lo
sometió durante un año a pruebas rigurosas que él superó muy bien, porque con
vivo deseo y por motivos verdaderamente sobrenaturales quería David ser
admitido. Ya de nuevo seminarista observó muy buena conducta como alumno
ejemplar, piadoso y aplicado con brillantes estudios, ocupando casi siempre el
primer lugar en las clases.
El sábado 7 de noviembre de 1903 el señor Arzobispo José de Jesús Ortiz le
confirió la Primera tonsura Clerical y el día 23 de diciembre de 1905 las
Ordenes Menores.
En octubre de 1907, al principio del año escolar, fue nombrado maestro del
2º. Curso de Latín en el Seminario de Guadalajara; en este curso y en los seis
años que fue profesor del Seminario se desempeñó con gran estimación de los
superiores por el buen éxitos de sus clases y el aprovechamiento de los alumnos,
que lo querían mucho por su sabiduría y el fiel cumplimiento en las clases de
latín, lógica, derecho natural y sociología, que impartió en los años de 1908 a
1914.
En el año de 1909 por el ministerio del señor Arzobispo José de Jesús
Ortiz, en el templo de la Soledad, cercano a la Catedral (destruido en 1950 para
dejar su sitio a la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres) el joven David Galván
fue ordenado diácono y el 20 de mayo, fiesta de la Ascensión, recibió la
Ordenación Sacerdotal.
En septiembre de 1910, toda la República Mexicana se aprestaba a celebrar
el primer centenario de la proclamación de su independencia. No hubo ciudad o
rincón de nuestra nación que no lo conmemorase.
Juan Robles Hurtado, presidente municipal de Mascota, Jal., asistió a las
fiestas centenarias en la capital de México, y quiso llevar consigo a su hermano
José María Robles, quien había terminado para entonces sus exámenes con
calificación máxima.
El seminarista José María Robles a su vez invitó al Padre David Galván,
entonces su profesor de Lógica. "Indio de recia musculatura ancestral, carente
de un ojo, pulcro de alma y cuerpo (todos los días se bañaba), muy estimado de
sus discípulos por su varonía". (Así describe al Padre Galván el Pbro. Ramiro
Camacho).
Que afortunado el abuelo Juan Robles Hurtado al realizar este viaje
acompañado de dos Santos Mártires. Nuestro Tío San José María Robles dejó un
largo e interesantísimo diario de este viaje:
Día 23 de septiembre. "Yo me vine a la casa a escribir los apuntes que estaban atrasados y Juan con el P. Galván, visitaba los pintorescos pueblos de Atzcapotzalco y Tacuba"...
Día 24. "Misa en Catedral. Tempranito tomamos el tranvía a Coyoacán para ver la Exposición Ganadera en Tlalpan... Conocimos los pintorescos pueblos de San Ángel y Coyoacán"...
Día 25. "Otra vez a la Basílica y como a las 6, acompañando al Padre Galván, conocimos las más preciadas donaciones y alhajas que posee la Virgen... Después de la cena salieron Galván y Juan a pasear... Nos recogimos con la ilusión de marchar a la siguiente mañana a Veracruz".
Día 26. "Marchamos a tomar el tranvía de Santa María y llegamos a la Estación del Ferrocarril Mexicano, después de comprar los boletos, nos acomodamos...
El P. Galván nos acompaña... ¡Caramba!, con un calor de 40 grados tengo que hacer mis apuntes... en el cuarto número 14 del Hotel América en Veracruz"...
Día 27. "Comimos y luego visitamos todo Veracruz... El P. Galván y yo, hemos andado de particulares, porque aquí hay mucho anticlericalismo; casi no hay piedad... La corona la hemos dejado crecer (se refiere al cabello de la corona de la cabeza que es rapado a los clérigos cuando son tonsurados); apenas si se nota; de suerte, que ni por mal pensamiento se puede suponer que seamos eclesiásticos"...
Día 30. "De regreso... Dejamos la histórica Querétaro, y más tarde, cuando
dormíamos Juan y yo, se separó el compañero de viaje, el P. Galván, sin
despedirse. Tal vez no quiso interrumpir nuestro sueño. El Padre Galván iba a
Aguascalientes, y en Irapuato, hay cambio de tren".
En el Informe del Seminario de 1911 el Rector, presbítero Dr. José Mercedes Esparza, hizo un público reconocimiento al Padre Galván por su meritoria labor como director de la revista del Seminario, "Voz de Aliento", que publicó diecisiete números de diciembre de 1910 a marzo de 1912 con veinte páginas cada ejemplar.
En los años de 1909 a 1914 el Padre Galván también fue Capellán del
Orfanatorio de la Luz y del Hospital de San José, situados en el barrio de la
Capilla de Jesús; y con gran caridad y finas atenciones trató a los enfermos, a
las niñas huérfanas y a las hermanas religiosas encargadas de estas casas.
Los testigos declaran que el Padre Galván celebraba con gran devoción la
Santa Misa, a la cual se preparaba con una hora de oración, y después daba
gracias con gran fervor. Pasaba largos ratos en oración frente al Santísimo,
todos los días, por la mañana y en la noche, en el templo de Santa Mónica, anexo
al Seminario (el edificio del Seminario es actualmente ocupado por las
instalaciones de la XV Zona Militar). En su vida sacerdotal dio ejemplo de
muchas virtudes porque fue sencillo, humilde, obediente y servicial; tenía gran
devoción a la Santísima Virgen María, y la honraba diariamente con el rezo del
Santo Rosario e inculcaba esta devoción a los niños.
Se esforzó en mortificar sus sentidos para evitar las ocasiones de pecado y
tener pureza en todos sus actos.
Procuró siempre ayudar a los necesitados proporcionando instrucción a los
ignorantes, medicinas a los enfermos y auxilios espirituales a los moribundos,
sin lograr impedírselo la lluvia, el frío, el sol, las barrancas, o los más
graves peligros.
En el mes de julio de 1914 entró a Guadalajara la tropa del ejército del
general Venustiano Carranza, y atropelló templos, conventos, seminaristas,
religiosos y sacerdotes. En estos días los alumnos y los maestros del Seminario
fueron dispersados por las fuerzas del ejército.
Por esta razón el Padre Galván fue destinado en ese año, como vicario, a Amatitlán, Jal. En este lugar una joven le pidió un consejo, ya que Enrique Vera, militar carrancista, quería seducirla, siendo este casado. El Padre Galván le aconsejó que se escondiera y esto mismo aconsejó a sus padres. Esta muchacha cometió la imprudencia de platicarlo a Vera, despertando en este militar un verdadero odio al sacerdote, quien esperaba la oportunidad de vengarse.
Por esta razón el Padre Galván fue destinado en ese año, como vicario, a Amatitlán, Jal. En este lugar una joven le pidió un consejo, ya que Enrique Vera, militar carrancista, quería seducirla, siendo este casado. El Padre Galván le aconsejó que se escondiera y esto mismo aconsejó a sus padres. Esta muchacha cometió la imprudencia de platicarlo a Vera, despertando en este militar un verdadero odio al sacerdote, quien esperaba la oportunidad de vengarse.
A fines del año 1914 llegaron para aprehenderlo dos escoltas militares del
teniente Enrique Vera, por el rumor de que el Padre se iba a levantar en armas.
Al detenerlo, pidió a los soldados permiso de consumir el Sagrado Depósito del
Sagrario y se lo concedieron; pero los soldados se metieron al templo, hasta
cerca del altar, llevando el sombrero puesto y fumando, por lo que el Padre
Galván sintió gran indignación.
Los soldados se lo llevaron preso a Tequila, Jal., y permitieron al señor
Juan González Mercado acompañarlo. Tanto en el camino, por el cerro, como en el
cuarto en que los encerraron, los dos tuvieron la oportunidad de fugarse; y eso
le aconsejaba don Juan que hicieran, pero el Padre Galván no quiso hacerlo y le
contestó:
"No debo nada, ni estoy ligado a nadie, solamente temo que nos maten por
usted, por su familia, ya que nomás viene a acompañarme".
También lo tuvieron preso en Ameca, Jal., y después en Guadalajara en la
prisión de Escobedo. En el mes de diciembre lo dejaron en libertad y los
superiores de la curia Diocesana tuvieron el proyecto de destinarlo a El
Salvador y Atemanica, Jal., y él estaba dispuesto a irse, pero nunca le
entregaron el nombramiento.
El 18 de enero de 1915, doce días antes de su muerte, se pasó más de seis
horas auxiliando heridos en la línea de fuego en un terrible combate que
sostuvieron los villistas y carrancistas en Las Juntas, Jal.
En la madrugada del sábado 30 de enero los soldados villistas de Julián
Medina atacaron a los carrancistas que tenían dominada la ciudad de Guadalajara,
y muchos cayeron mortalmente heridos. El Padre Galván estaba hospedado en una
casa del barrio del Santuario, por la calle Pedro Loza, y se levantó pronto para
ir a auxiliar a los heridos. Aunque le decían que no saliera porque lo matarían,
el Padre Galván les contestó:
"¡Qué mayor gloria que morir salvando un alma a quien acabo de
absolver!".
Y salió a invitar al Padre Rafael Zepeda Monraz a confesar heridos, pero
este sacerdote no quiso acompañarlo con tanto peligro y le dijo que no le
obligaba ir porque no era párroco ni ministro, a lo cual el Padre Galván le
contestó: "No por obligación, sino por caridad".
Le pidió la ampolleta de los Santos Oleos y se fue al templo de la Soledad,
cercano a la Catedral, e invitó al Padre José María Araiza a auxiliar a los que
iban a fusilar, porque tenía permiso del general. Enseguida caminaron los dos
hacia el Jardín Botánico y al pasar frente al cuartel, les preguntaron los
soldados qué si eran frailes y ellos contestaron que sí eran sacerdotes, por lo
cual los soldados los detuvieron.
El teniente coronel Enrique Vera aborrecía al Padre Galván porque antes le
había impedido seducir y raptar a una señorita. Ese mismo día Vera ordenó que
encerraran a los sacerdotes en un cuarto del cuartel. Esto lo hizo por su odio a
la fe y para vengarse del sacerdote.
Estando presos como dos horas, los dos sacerdotes hicieron su confesión
sacramental y se dieron mutuamente la absolución. A las palabras del Padre
Araiza, que lamentaba no haberse desayunado, el Padre Galván le contestó:
"No importa, nos vamos a comer con Dios".
En aquel entonces Petra Lozano Torres tenía nueve años de edad y hoy es, al
parecer, la única testigo sobreviviente del caminar del Padre Galván hacia su
martirio:
"El cuartel de los villistas estaba en la calle Juan Álvarez, antes de llegar a Venustiano Carranza; nosotros vivíamos en Humboldt, en una vecindad de tres patios; en uno de ellos vivían algunos villistas. El 30 de enero de 1915 los villistas se dirigieron a la vecindad a cambiarse sus ropas; se iban a disfrazar para distraer a los carrancistas".
"El cuartel de los villistas estaba en la calle Juan Álvarez, antes de llegar a Venustiano Carranza; nosotros vivíamos en Humboldt, en una vecindad de tres patios; en uno de ellos vivían algunos villistas. El 30 de enero de 1915 los villistas se dirigieron a la vecindad a cambiarse sus ropas; se iban a disfrazar para distraer a los carrancistas".
Rosalío Lozano, papá de Petra, les preguntó a los villistas la razón de su encuartelamiento y le dijeron que habían llevado presos a dos sacerdotes, el Padre Galván y el Padre Araiza.
Con la autorización del general Manuel M. Diéguez, gobernador del Estado,
el militar carrancista Enrique Vera ordenó al pelotón de soldados que llevaran a
los dos sacerdotes a la calle Coronel Calderón junto a la pared oriente del
Hospital Civil y que allí los fusilaran.
Cuando los sacaron, Petra y su hermano menor se asomaron por las
"hendiduras" de las puertas de su casa, el Padre David -recuerda Petra- traía
las manos atadas en sus espaldas y su cabeza con la vista hacia abajo; de su
cuello colgaba una larga bufanda blanca.
Eran las doce del día 30 de enero de 1915; el Padre Galván, dándose cuenta
que su muerte era inminente, entregó a los soldados las monedas y otros objetos
personales y la ampolleta de los Santos Oleos.
Enseguida se quitó el sombrero, y sin permitir que le cubrieran los ojos,
les dijo a los verdugos, señalándose el pecho: "Peguen aquí". El subteniente
Martín Ocampo ordenó la ejecución, los soldados dispararon las armas y el Padre
cayó fusilado derramando su sangre, víctima del odio a la religión de
Jesucristo.
Petrita, a punto de cumplir sus 95 años de edad, recuerda la escena perfectamente; no tuvo oportunidad de conocer al Padre Galván con anterioridad, pero después de estos hechos, ella, al igual que muchas otras personas, comenzaron a venerarlo y a llevarle, al lugar de su muerte piedritas y veladoras con las que al tiempo le formaron un altar, hasta que "de seguro al gobierno no le pareció y acabaron con esa devoción", comentó doña Petra.
Los familiares y amigos pidieron a las autoridades civiles y militares la
libertad para los dos sacerdotes, pero cuando llegaron con la orden del indulto
ya habían fusilado al Padre Galván, y sólo pudo aprovechar el indulto el Padre
José María Araiza, a quien todavía dejaron preso cinco días hasta que pagó gran
cantidad de dinero.
Al poco rato se presentaron las autoridades a recoger el cadáver del Padre
Galván para llevarlo al anfiteatro del Hospital de Belén y seguir los trámites
oficiales y, no obstante saber que se había visto muerto por fusilamiento,
todavía le hicieron la autopsia "de rigor".
Los despojos del Padre Galván, luego de tan escrupuloso seguimiento de la ley, fueron recogidos por las profesoras María Dolores Alcaraz y María Soledad Dueñas quienes los colocaron en un ataúd y lo condujeron en medio de silenciosa marcha y de una multitud, hasta el colegio del Niño Jesús, que se ubicaba en la calle de Pedro Loza, donde fueron velados toda la noche por gente piadosa y por sus discípulos, amigos y compañeros.
El sepelio fue impresionante, la tarde del domingo 31 de enero de 1915. El
cortejo fúnebre fue apoteótico, formado por multitud de personas de todas las
clases sociales, no obstante el temor que infundían en ese momento las
circunstancias.
Desde ese día, los fieles han considerado mártir al Padre David Galván; pronto se extendió esa veneración y es una tradición que se conserva viva aún hoy día.
En junio de 1922 los restos del Padre David Galván fueron depositados en un
templo en construcción, próximo al lugar del martirio, la actual Parroquia de
Nuestra Señora del Rosario, en el barrio de El Retiro, de la ciudad de
Guadalajara, Jal.
El Padre David Galván fue declarado Beato por el Papa Juan Pablo II el día 22 de noviembre de 1992 en ceremonia celebrada en la Basílica de San Pedro en Roma, junto con sus 24 Compañeros Mártires Mexicanos.
En el gran Jubileo del año 2000 de la Encarnación de nuestro Señor
Jesucristo, el Papa Juan Pablo II celebró, el domingo 21 de mayo, la
Canonización de los Santos Mexicanos: Cristóbal Magallanes y Veinticuatro
Compañeros Mártires, incluido el Padre David Galván Bermúdez, junto con el Padre
José María de Yermo y Parres, y la Madre María de Jesús Sacramentado
Venegas.
Doña Petra trata de impulsar la devoción a San David Galván, platicando los
favores que le ha hecho el mártir. "Hace 14 años me fracturé esta pierna, le
pedí al Padre Galván que no quedara inválida; duré tres meses enyesada y aquí me
tienen", dijo, convencida de su fe y demostrando un gran amor a su Santo.
=
Dios todopoderoso y eterno, que concediste la gracia de morir por
Cristo a tus Santos Mártires Mexicanos, ven en ayuda de nuestra debilidad, para
que podamos dar con nuestra vida el mismo testimonio de Tí que ellos no dudaron
en dar con su muerte.
Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.
Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.
¡San David Galván Bermúdez, ruega por nosotros!
=Autor: Lic. Juan Manuel Robles Gil
Fuente: oremosjuntos.com
Santa Aldegundis o Aldegunda, Abadesa
Santa Aldegundis o Aldegunda de Maubeuge, Abadesa
Enero 30
Enero 30
Formas del nombre: Aldegundis, Adelgundis, Aldegonda, Aldegonde, Aldegondes, Aldegunais, Orgonne
En el monasterio de Maubeuge, en Neustria, santa Aldegunda, abadesa, en tiempo del rey Dagoberto.
De la familia real de Turingia y fundadora
del monasterio de Maubeuge, en el Hainaut, 689.
Santa Aldegunda nació en Hainaut,
de familia ilustre y vinculada con la casa de Francia; empero, sus virtudes
la han hecho más célebre que su nacimiento. Rechazó la mano de un príncipe de
Inglaterra para seguir a Jesús en la soledad.
Allí Jesús, para festejar las bodas
de su casta esposa, cambió en vino el agua que ella había tocado, y ordenó a
su ángel custodio que la consolara en sus aflicciones. ¿Dónde encontrar sobre
la tierra un esposo de tanto poder y de tanta generosidad como el divino Salvador?
Adhiérete, pues, a Él, con vínculos indisolubles, Santa Aldegunda murió a fines
del siglo VII.
Esta santa deja la corte para ir al desierto; las delicias,
para vivir en la austeridad; la fortuna de un gran príncipe, para seguir a Jesucristo
en la pobreza. Desde hace mucho tiempo Jesús te llama, ¿cuándo lo escucharás?
¡Esta santa supera todos los obstáculos, y a ti la más pequeña dificultad
te desalienta!
Por más fuertes que sean las cadenas que te atan, fácilmente las
romperás si amas a Jesús, y si temes al infierno.
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Fuente: oremosjuntos.com
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