sábado, julio 05, 2014

Evangelio Julio 5, 2014

Vino nuevo en odres nuevos
Mateo 9, 14-17.
Tiempo Ordinario.
Cristo tiene el bálsamo que cura nuestra alma, la palabra que pacifica nuestro corazón.

Del santo Evangelio según san Mateo 9, 14-17
Entonces se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?» Jesús les dijo: «Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán. Nadie echa un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, porque lo añadido tira del vestido, y se produce un desgarrón peor. Ni tampoco se echa vino nuevo en pellejos viejos; pues de otro modo, los pellejos revientan, el vino se derrama, y los pellejos se echan a perder; sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos, y así ambos se conservan».

Oración introductoria
¡Ven, Espíritu Santo! Ilumíname para experimentar tu presencia en esta oración. Ayúdame a dejar a un lado mis preocupaciones para darte el tiempo y la atención que mereces. Nada hay más importante en este momento, reorienta mi vida hacia Ti y alimenta mi amor por Ti en esta meditación.

Petición
Señor, concédeme amarte por encima de todas las cosas.

Meditación del Papa Francisco
Ser cristiano no significa hacer cosas sino dejarse renovar por el Espíritu Santo. En la Iglesia existen también estructuras antiguas que no hay que tener miedo de renovar. Vino nuevo en odres nuevos, la doctrina de la Ley es renovada y enriquecida por Jesús. Una verdadera renovación de la misma ley, pero más madura porque las exigencias de Jesús eran más fuertes, más grandes que aquella ley. La Ley permitía odiar al enemigo. Jesús en cambio pide que recen por los enemigos. Este es el reino de Dios que Jesús predica.
La renovación antes de todo es en nuestro corazón, porque a veces pensamos que ser cristianos significa hacer esto o aquello. Pero no es así. Ser cristianos significa dejarse renovar por Jesús con esta vida nueva. (Cf. S.S. Francisco, 6 de julio de 2013, homilía en Santa Marta). .

Reflexión
A un observador de las cosas de este mundo parecería que el hombre debe esperar a llegar al Cielo para tener una vida sin preocupaciones. Si hay carestía de algo en el mundo, no es precisamente de preocupaciones. El que tiene hijos se preocupa por ellos, quien tiene ancianos a su cuidado se preocupa por ellos. El empresario se preocupa porque su empresa vaya adelante, el ama de casa se preocupa de que su hogar esté en orden y dispuesto, el estudiante se preocupa por aprobar sus exámenes. Todos tenemos nuestra ración cotidiana de preocupaciones.

Algunas sin embargo son muy pesadas, y nadie puede negar su importancia. Son enfermedades o situaciones familiares y sociales de muy difícil solución. El evangelio de hoy nos presenta un aspecto de la figura de Cristo que debe llenar de esperanza los corazones atribulados. Cristo como aquel que "tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras iniquidades". Esto puede parecernos simple palabrería, pues el que tiene problemas no siempre encuentra una solución a ellos en la oración. Y surge la tentación de pensar que a Cristo le son indiferentes nuestras preocupaciones. Sin embargo es cierto que Cristo vino a cargar con nuestras flaquezas.

Tal vez no como nosotros lo esperamos, pero seguro que sí como Él quiso entregarse. Porque lo que Cristo nos ofrece quizás no sea la solución material a nuestras dificultades, pero no cabe duda que nadie como Él tiene el bálsamo que cura nuestra alma, el remedio que calma nuestro espíritu, la palabra que pacifica nuestro corazón.

Propósito
Promover, con una buena estrategia, la participación de mi familia en la Eucaristía del domingo.

Diálogo con Cristo
Jesús, la gran aspiración de mi vida es poder amarte por encima de todas las cosas. Dame valor para poder renunciar a todo lo que me aparte de Ti; dame generosidad para saber ayunar siempre de mí mismo, de manera que pueda llenarme de tu amor y de tu gracia. Esto es lo único que busco, lo único que quiero Señor.
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Autor: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net

viernes, julio 04, 2014

Evangelio Julio 4, 2014

Los sanos no necesitan médico
Mateo 9, 9-13.
Tiempo Ordinario.
Jesús, siempre preocupado por sanar nuestras enfermedades.


Del santo Evangelio según san Mateo 9, 9-13
Cuando se iba de allí, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme». Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando Él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?» Mas Él, al oírlo, dijo: «No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

Oración preparatoria
Señor, yo también quiero dejar todo para estar sólo contigo en esta oración. Concédeme desprenderme de todas mis preocupaciones para poder escuchar y ser dócil a las inspiraciones de tu Santo Espíritu.

Petición
Señor, cúrame de todo aquello que me aleje de cumplir tu voluntad.

Meditación del Papa Francisco
Una mirada que lleva a crecer, a ir adelante; que alienta porque hace sentir que Él te quiere; que da el valor necesario para seguirle. Precisamente como ocurrió para el recaudador de impuestos que se convirtió en su discípulo. Para mí es un poco difícil entender cómo Mateo pudo oír la voz de Jesús, que en medio de muchísima gente dice "sígueme". Es más, el obispo de Roma no está seguro de que el llamado haya oído la voz del Nazareno, pero tiene la certeza de que sintió en su corazón la mirada de Jesús que le contemplaba. Y aquella mirada es también un rostro que le cambió la vida. Nosotros decimos: le convirtió.
Después hay otra acción descrita en la escena: En cuanto oyó en su corazón aquella mirada, él se levantó y lo siguió. La mirada de Jesús nos levanta siempre; nos eleva, nos alza; nunca nos "deja ahí" donde estábamos antes de encontrarle. Ni tampoco quita algo: Nunca te abaja, nunca te humilla, te invita a alzarte, y haciendo oír su amor da el valor necesario para poderle seguir... (Cf. S.S. Francisco, 21 de septiembre de 2013, homilía en Santa Marta). .

Reflexión
Las fiestas siempre son para los amigos. No se invitan a extraños, a pobres, o a mendigantes; al contrario, estos son los que siempre quedan de lado. Cristo, un nuevo amigo que ha llegado a la mesa de Mateo, también ha ocupado un lugar en el corazón del publicano.

Pero como en todas las fiestas judías, también se acercan los fariseos, quienes no han ocupado un lugar dentro del corazón del dueño de la casa.

Lo único que buscan es ver caer al Maestro para poder acusarle en el sanedrín. En cambio lo que Cristo quiere es dar la salud espiritual a quienes lo escuchan. Así siempre está preocupado por los demás, de allí la respuesta a los judíos: "no son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos".

Pidamos a Dios la gracia de la salud espiritual de nuestra alma y la de todos los hombres, para que sea él quien viva en nosotros y nosotros para Él.

Propósito
Buscar un acercamiento o tener un acto de caridad con esa persona que «me cuesta» aceptar.

Diálogo con Cristo
Señor, gracias por invitarme a seguirte, a ser tu discípulo y misionero. Ardientemente deseo tener la fe y el amor suficiente para responder con prontitud a tu llamado. Quiero salir de esta oración con la sabiduría, la fuerza y la alegría, que logre contagiar de tu amor a los demás. Siguiendo el ejemplo de María, y por su intercesión, te pido que sea fermento y canal para comunicar tu amor en mi familia, en mi profesión, en el círculo de mis amigos.
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Autor: P. Juan Pablo Menéndez | Fuente: Catholic.net

jueves, julio 03, 2014

Evangelio Julio 3, 2014

Dichosos los que no han visto y han creído
Juan 20, 24-29.
Fiesta de Santo Tomás.
La bendición de la fe es también para nosotros, los que estamos a más de dos mil años de distancia de los apóstoles.

Del santo Evangelio según san Juan 20, 24-29
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré». Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros». Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente». Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío». Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído».

Oración introductoria
Señor Jesús, cuánto me parezco a Tomás. Quiero respuestas inmediatas a mis peticiones. Quiero experimentar tu presencia en la oración, sin ponerme humildemente en tu presencia, sin guardar el silencio, interior y exterior, sin estar atento ni ser dócil a tus inspiraciones. Mi pobre actitud quiere cambiar, con tu gracia, lo puedo lograr.

Petición
¡Señor mío y Dios mío! Aumenta mi fe.

Meditación del Papa Francisco
Hay otros que pensaban que para llegar a Dios hay que ser mortificado y austero, y han elegido el camino de la penitencia: solo la penitencia y el ayuno. Son los pelagianos, que creen que pueden conseguir todo con su esfuerzo. Pero Jesús nos dice que la manera de conocerlo es encontrar sus heridas. Y las heridas de Jesús las encuentras haciendo las obras de misericordia, dándole al cuerpo y también al alma, pero al cuerpo, lo subrayo, de tu hermano llagado, porque tiene hambre, tiene sed, está desnudo, está humillado, es un esclavo, porque está en la cárcel, en el hospital. Esas son las llagas de Jesús hoy. Y Jesús nos invita tener un acto de fe, en Él, pero a través de estas llagas. Pidamos a santo Tomás, la gracia de tener el coraje para entrar en las llagas de Jesús con nuestra ternura, y seguramente tendremos la gracia para adorar al Dios vivo... (Cf. S.S. Francisco, 3 de julio de 2013, homilía en Santa Marta). .

Reflexión
"Dichosos aquellos que crean sin haber visto". Parece mentira que uno de los elegidos del Señor, no crea la palabra de los apóstoles, sino que al contrario busque creer solamente por los signos sensibles.

Tomás parece una persona de nuestro tiempo porque solamente cree aquello que le presenten los sentidos.

Los sentidos son muy buenos, porque nos ayudan a aprender más cosas, a saborear, oler, contemplar, sentir..., pero en el campo de la vida espiritual, estos nos estorban, como le sucedió a Santo Tomás, que no quería creer hasta no ver ni tocar.

Aquí es donde viene la bendición de Dios para aquellos que sin ver crean. La bencidión de la fe es también para nosotros, los que estamos a dos mil años de distancia de los apóstoles. Para nosotros vendrán las bendiciones de Dios, si creemos en todo lo que Él nos ha prometido. Pidamosle que aumente nuestra fe, para que seamos dignos de recibir tales bendiciones.

Propósito
Ser testigo de la esperanza cristiana en mi familia, en mi grupo de amigos, trabajo o lugar de estudio.

Diálogo con Cristo
Señor, como a Tomás me pides una fe viva. Una actitud activa, un corazón abierto, una vida mantenida siempre en pie de lucha, perseverante y fiel, aun en medio de las dificultades. Aquí estoy Señor, cuenta conmigo para colaborar en la nueva evangelización.
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Autor: P José Rodrigo Escorza | Fuente: Catholic.net

Señor Dios, Oración día tras día

Señor Dios, Oración día tras día

miércoles, julio 02, 2014

Evangelio Julio 2, 2014

Curación de dos endemoniados
Mateo 8, 28-34.
Tiempo Ordinario.
Nos entusiasma ver cómo Jesús vence al demonio y nos acerca a su Padre.

Del santo Evangelio según san Mateo 8, 28-34
En aquel tiempo, llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gadarenos. Vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, y tan furiosos que nadie era capaz de pasar por aquel camino. Y se pusieron a gritar: -¿Qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo? Había allí a cierta distancia una gran piara de puercos paciendo. Y le suplicaban los demonios: -Si nos echas, mándanos a esa piara de puercos. Él les dijo: Id. Saliendo ellos, se fueron a los puercos, y de pronto toda la piara se arrojó al mar precipicio abajo, y perecieron en las aguas. Los porqueros huyeron, y al llegar a la ciudad lo contaron todo y también lo de los endemoniados. Y he aquí que toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, en viéndole, le rogaron que se retirase de su término.

Oración introductoria
Señor, porque creo en Ti y te amo, quiero vivir hoy, y siempre, muy cerca de Ti, así el pecado no tendrá cabida en mi vida. En este momento de oración quiero renovar mi total adhesión a Ti, ayúdame a pensar, hablar, actuar y amar como Tú, te lo pido por intercesión de María, tu santísima madre.

Petición
Jesús, te pido que nunca te alejes de mi vida y que reines siempre en mi corazón.

Meditación del Papa Francisco
Siempre debemos vigilar contra el engaño del diablo. No se puede seguir la victoria de Jesús sobre el mal en el miedo, no hay que confundir, relativizar la verdad en la lucha contra el demonio.
Jesús echa fuera demonios, y alguien empieza a dar explicaciones para disminuir la fuerza del Señor. Siempre existe la tentación de menospreciar la figura de Jesús como si fuera, en el mejor de los casos, un curandero, que no debe tomarse muy en serio. Una actitud que ha llegado a nuestros días.
Jesús vino a destruir al diablo, a darnos la liberación de la esclavitud del diablo sobre nosotros. Y, no se puede decir que exageramos. En este punto no hay matices. Hay una lucha, y una lucha en la que se juega la salud, la salud eterna, la salvación eterna para todos nosotros. Siempre debemos vigilar, vigilar contra el engaño, contra la seducción del mal... (Cf. S.S. Francisco, 11 de octubre de 2013, homilía en Santa Marta).

Reflexión
¿Qué harías si al entrar en un pueblo te salen al encuentro dos locos, que comienzan a insultarte y a pedir que te vayas de allí para que no los atormentes? Seguramente saldrías volando del miedo que encontrarías.

Pero Cristo, a pesar de verse en la misma situación decide salvar una vida, aunque el miedo de quienes le acompañaban era muy fuerte. Esa es su misión, salvar a las ovejas perdidas de la casa de Israel.

También nosotros no tenemos que huir de aquellas personas que necesiten de Dios, sino que hay que dárselo muy gustosos, a ejemplo de Cristo, quien siempre estuvo disponible en todo momento

Desde luego, hay momentos en los que Jesús desconcierta. Nos entusiasma ver cómo vence al demonio, cómo libra a dos hombres que sufren. Pero no entendemos por qué dialoga con los demonios y que les permita pasar a los puercos... Sin embargo, el sentido del milagro es claro: vale más la vida de un hombre que los bienes materiales. Los porqueros no lo entendieron. Se asustaron, y, con los demás miembros de la ciudad, pidieron a Jesús que se marchase. Quizá para ellos valían más los animales que los hombres.

Los cristianos debemos vivir como Cristo, dispuestos a sacrificar una pequeña o no tan pequeña ganancia material con tal de poder servir a familiares, amigos, o incluso a extraños que llaman a nuestra puerta. Lo demás pasa a un segundo lugar, vale sólo en tanto en cuanto nos ayude a vivir la caridad cristiana.

Los porqueros no entendieron... Ojalá el ejemplo de Cristo nos abra un poco los ojos y el corazón, y empecemos a comprender y a vivir como cristianos.

Propósito
Hablar menos, para escuchar más y mejor.

Diálogo con Cristo
El pecado, incluso el pecado venial, que tan facilmente consiento en mi vida, no sólo me aleja de los demás sino del amor de Dios. Por eso, Jesús, para establecer tu reinado en mi corazón, me pides una entrega total, responsable y consciente. Ayúdame a responderte con generosidad, más allá de los vaivenes de mi sensibilidad; con tu luz y fuerza sé que podré expulsar toda forma de pecado de mi vida.
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Autor: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net

Nuestra Señora del Boschetto

Nuestra Señora del Boschetto, 1518
Julio 2

Los marineros y pescadores en una hermosa ciudad de Liguria (en Génova) tienen un culto celoso y dedicado al Milagroso cuadro de la Virgen, vigilado en el santuario construido por sus antepasados, en el lugar de una aparición de Nuestra Señora.
 
La historia se transmiten de padres a hijos hasta nuestros días. En una pequeña colina con vistas a Camogli, llamada el Boschetto, entre 1612 y 1630 se construyó un santuario dedicado a Nuestra Señora de Boschetto, para recordar que el 2 de julio de 1518 la Virgen María apareció a una pastora de doce años de edad.

HISTORIA
En el año del Señor 1518, pocas casas dispersas rompían la monotonía del valle de Ruta, lleno de olivares y viñedos, y una parte que estaba cubierta de bosques, de los cuales un hermoso sombreaba el centro del valle.
 
En el Boschetto hubo una vez castaños, robles y olmos. Donde se unían tres vías, existía una construcción con un cuadro que representa a la Virgen y el Niño Jesús en sus brazos. Se ignora cómo y por quién fue expuesta y pintada.
 
Delante del capitel se detenían a recitar oraciones los transeúntes, en su mayoría campesinos. Entre los más asiduos había una chica de doce años de edad, pastora, llamada Angela Schiaffino, que el día 2 del mes de julio, se paró como siempre a orar frente al cuadro. Absorta en la oración de repente apareció una hermosa Señora, que le manifiesta el deseo de que se le cumpla su aspiración de que se le construya una Iglesia. Esa mujer dijo que tenía que decir a la gente que este lugar debía levantarle una Iglesia. Pero Angela la dice que dice que nadie le va a creer.
 
A continuación, la Virgen le hace una marca en la palma de su mano, precisamente una M que en ese tiempo se usaba hacer en carácter gótico, presentándose los ojos de la gente con similitud con una herradura, e hizo lo mismo en una gran piedra cerca de ellos, lo que indicaba el sitio donde debería construirse el Santuario y el Monasterio.
 
Todos los Camoglini dieron gracias a la dulce Reina del Cielo, que de una vez rompió con su luz las sombras del Boschetto, que bien podría simbolizar la oscuridad de nuestro intelecto, y nos santifica por sus múltiples apariciones en esta tierra para la alegría de los justos.
 
El mensaje divino confiado a la niña, como lo demuestran los signos en la mano y en la piedra, y muchas otras maravillas, encontraron rápidamente la aprobación del pueblo. Inmediatamente después comenzó la construcción de una capilla.
 
Por último el cuadro Milagroso fue colocado en el pequeño santuario. Angela Schiaffino, elocuente testigo, vivió largos años y fue muy considerada a lo largo del valle, por su don especial de predecir muchas cosas ocultas y que iban a ocurrir. Cuando terminó su paso por esta tierra, fue enterrada a los pies del cuadro de la Virgen.
 
Durante casi 500 años de historia, cuatro Pontífices romanos intervinieron con actos que afectan directamente a la adoración de Nuestra Señora del Boschetto de Camogli.
 
El papa Pío VII el 12 de agosto de 1817 concedió la coronación de taumaturga, que ocurrió con gran solemnidad el 30 de agosto de 1818 en el tercer Centenario de la aparición.
 
El papa Gregorio XVI el 22 de mayo de 1841 le concedió Oficio y Misa propia.
 
El papa Pío X el 24 de octubre de 1905 concedió la norma de altar privilegiado, con el beneficio de celebrar misas en sufragio de las almas para ganar la liberación del Purgatorio.
 
Por último el papa Pío XII el 27 de marzo de 1955 proclamó a Nuestra Señora del Boschetto como Patrona a la Ciudad de Camogli.
EL SANTUARIO
En el siglo XVI, en la encrucijada de tres rutas había un pilar coronado por una imagen que representa a la Virgen María y el Niño Jesús en su regazo. En esta sagrada efigie, de acuerdo a testimonios recogidos a comienzos del siglo XVII por el padre Serafino de Génova, el 2 de julio de 1518 apareció la Virgen a Angela Schiaffino, una pastora sólo doce años, que expresó el deseo de que rápidamente le erigieran una capilla.
 
Los vestigios de este primer edificio religioso, ahora escondido en el terraplén por debajo de la plaza, salió a la luz cuando se derrumbó el muro de apoyo: se podría calcular que en aquel sagrado templo, la puerta se enfrentaba al norte y el ábside al mediodía. Medía de longitud poco más de diez metros, y de ancho poco menos de cinco.
 
Cuando es necesario hacer una ampliación de la capilla irremediablemente se perdió la piedra histórica marcada por el dedo de la Madonna. En 1603 esta piedra se rompió en varios pedazos por la involuntaria acción de un albañil.
 
En 1612, con la llegada de los padres Servitas, se procedió a la ampliación de la capilla y a la construcción del antiguo convento. El trabajo duró alrededor de veinte años, con la contribución de todas las personas que ofrecieron generosamente los costos de mano de obra y donación de productos de la tierra y el mar: barriles de aceite, vino y pescado salado. La administración cívica, por su parte, destinó los ingresos de fábrica de Capodimonte y algunas contribuciones extraordinarias.
 
La nueva iglesia mide unos treinta metros de largo y diez y medio metros de ancho: el altar mayor, construido de ladrillo, fue re hecho de mármol unos pocos años más tarde, y posteriormente se levantó la parte superior, que fue modificada durante el siglo las restauraciones del siglo XIX.
 
La supresión de las órdenes religiosas y la incautación de sus bienes decretados en la era napoleónica, también golpearon al Santuario del Boschetto, que pudo permanecer abierto al público sólo gracias a la ciudad de Camogli.
 
En 1810 la propiedad se vende a Bartolomé Denegri, genovés, que la restaura. En 1947 el complejo fue adquirido y donado al santuario por el rector Mons. Giacomo Crovari.
 
La actual iglesia conserva pocos elementos del siglo XVII al haber sido objeto de numerosas transformaciones en los siglos siguientes. Se accede a través de un patio cuyo manto de asfalto cubre el adoquinado de 1818.
 
El primer altar que se encuentra entrando a la derecha, está dedicado a un santo de la orden Servita, Pellegrino Laziosi, canonizado en 725. El lienzo setentesco que lo adorna representa un episodio de su vida, cuando su dolencia en la pierna fue milagrosamente curada por Cristo descendido de la cruz.
 
Sigue el altar de Nuestra Señora de los Dolores, patrona y titular de los Servitas y de la Confraternidad del oratorio adyacente a la iglesia. También está la valiosa estatua de madera de Francisco Ravaschio, discípulo de Schiaffino, con los siete medallones ovalados que representan los dolores de María.
 
El tercer altar, decorado con una gran pintura, está dedicada al Sagrado Corazón. Junto al altar, a la derecha, es recordado San Filippo Benizi, fundador de los Siervos de María. El lienzo es una visión del Santo, durante el cual la Virgen, sobre un carro triunfal arrastrado por un león y un cordero, da a San Filippo el hábito de la Orden.
 
A la vuelta de la nave derecha se puede admirar las pinturas recientes de prof. Ferruccio Poggi.
 
En el centro de la nave principal nota el gran fresco del prof. Isola (XIX), que representan a la “Asunta con los cuatro profetas”.
 
Sobre el altar mayor está la tabla con la sagrada imagen de Nuestra Señora, que tiene a su hijo en su regazo. Es una obra de valiosa factura, atribuida a Teramo Piaggio Zoagli, un pintor de la escuela de Antonio Semino, que trabajó mucho en la Riviera di Levante. En 1887 fue incluida en un marco de plata donado por los Camogliesi devotos.
 
A la vuelta, el fresco de Paganelli (XVII) es la aparición de la Virgen a Angela Schiaffino. Al lado del altar mayor dos lienzos, obra de Paolo De Servio de Lucca (XIX), ilustrando la visitación y coronación de la Madonna.
 
En el pasillo izquierdo, se ve el altar de San Agustín, construido por la corporación de tejedores de seda a principios del siglo XVIII, sobre el cual se ha expuesto la reliquia de San Juan Bono, un nativo de Camogli y obispo de Milán en el siglo séptimo.
 
Sigue la capilla una vez dedica a la Asunta, dedicada hoy a San José, con un valioso altar de mármol y una estatua de madera del siglo XIX, obra de Antonio Cánepa.
 
Por último, se puede admirar el altar de Santa María Magdalena, construida en el siglo XVII por la familia Lardone. El ancón representa a la Santa en su lecho de muerte, rodeada de ángeles que la vinieron a acompañar al vuelo al cielo.
 
En el lado este de la iglesia se puede visitar el claustro del siglo XVII, sometido a un largo proceso de restauración que comenzó en 1974 y concluyó en enero de 1986, con la solemne inauguración del cardenal arzobispo de Génova, Giuseppe Siri.
 
El local cuenta con un centenar de pinturas votivas, algunas de las cuales son de buena factura, todas comunican la devoción de los marineros Camogliesi hacia Nuestra Señora del Boschetto. Del siglo XVII es el oratorio contra el brazo del convento, con entrada sobre el patio. Incluso hoy es la sede de la antigua Confraternidad dedicada a Nuestra Señora de los Dolores, que anualmente organiza el viernes el santo de la basílica con una procesión con el arca de la Virgen.

LOS EX-VOTOS
La construcción de este Santuario duró 20 años y todos los ciudadanos participaron los costos, incluyendo al atún; documentos de la época muestran que en 1630 los ingresos de la pesca fueron dedicados al santuario. Este lugar se ha convertido en lo largo de los siglos en la sede del culto y la devoción de los hombres de mar, un verdadero santuario de marineros y pescadores.
 
Los habitantes de Camogli, recurrieron a “su” Virgen a pedirle, y debido a que estaban recibiendo, comenzaron a llevar al santuario votos para de dar las gracias por la ayuda sobrenatural recibida en tiempo de necesidad.
 
Muchos navegantes encargaban pinturas que representan el peligro del que escaparon, algunos de estos cuadros fueron pintados en el extranjero, antes de regresar a casa, otros en condiciones de sanos y salvos, una vez alcanzado su Camogli fueron llevados al Santuario. Cada uno de estos cuadros cuenta una historia, es una especie de diario de bordo, ya que a menudo se informó en detalle no sólo el evento, nombre del buque y el capitán, sino también la latitud y longitud donde el buque se encontraba en peligro.
 
La tradición dice que en el pasado al menos 400 de esos exvotos eran expuestos en el interior de la iglesia, mientras que ya en 1938 eran sólo 76, lamentablemente, habiéndose perdido irremediablemente los otros.
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Fuente: forosdelavirgen.org

martes, julio 01, 2014

Evangelio Julio 1, 2014

¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?
Mateo 8,23-27.
Tiempo Ordinario.
Tú eres Dios, y duermes en la barca de mi alma; necesito tu ayuda, para confiar en ti.

Del santo Evangelio según san Mateo 8,23-27
Después Jesús subió a la barca y sus discípulos lo siguieron. De pronto se desató en el mar una tormenta tan grande, que las olas cubrían la barca. Mientras tanto, Jesús dormía. Acercándose a él, sus discípulos lo despertaron, diciéndole: «¡Sálvanos, Señor, nos hundimos!». Él les respondió: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?». Y levantándose, increpó al viento y al mar, y sobrevino una gran calma. Los hombres se decían entonces, llenos de admiración: «¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?».

Oración introductoria
Jesucristo, muchas veces no comprendo muchas cosas que me suceden ni sé explicar los problemas que surgen en mi vida diaria. Tú eres Dios, y duermes en la barca de mi alma si yo te soy fiel; por eso necesito tu ayuda, para confiar en ti, aunque duermas y parezca que "no te enteras de mi vida". Dame ese poco de fe que le faltó a los apóstoles, pues aun dormido, Tú eres el Dueño del universo. Oh, Jesús, calma la tempestad de mis tentaciones y de mis dificultades y, entonces, yo podré ver de una manera diferente tu voluntad.

Petición
Dulce Jesús, aunque muchas veces no comprendo las circunstancias que vivo, yo me acojo a ti para ver en todas ellas tu mano amorosa y protectora. Que sepa decir, desde hoy, hágase como quieras, pues la misma tormenta obedece a tu amor.

Meditación del Papa Francisco
La tercera situación se da sobre el barco: es el miedo. Cuando hay una gran agitación en el mar, el barco se cubría por las olas. "¡Sálvanos, Señor, que estamos perdidos!", dicen. ¡El miedo! Incluso aquella es una tentación del diablo: tener miedo de avanzar en el camino del Señor.
Hay una tentación que dice que es "mejor quedarse aquí", donde estoy seguro. ¡Pero esto es el Egipto de la esclavitud! Tengo miedo de seguir adelante, tengo miedo de hacia dónde me llevará el Señor. El temor, sin embargo, no es un buen consejero. Jesús muchas veces ha dicho: "¡No tengan miedo!". El miedo no nos ayuda.
La cuarta actitud es la gracia del Espíritu Santo. Cuando Jesús trae la calma al agitado mar, los discípulos en la barca se llenaron de temor. Siempre, ante el pecado, delante de la nostalgia, ante el temor, debemos volver al Señor... (Cf. S.S. Francisco, 2 de julio de 2013, homilía en Santa Marta).

Reflexión apostólica
Imagínate que estás en una barca con tus amigos. Estás en alta mar y de repente estalla una tormenta. Todo alrededor se encrespa, las olas crecen, el viento se enfurece,tú y tus amigos no saben qué hacer. Toman cubos y remos, y también con las manos y empiezan a sacar el agua que se les está metiendo. Toda una noche así, y peligra la vida, entonces, te acuerdas que todo era un simple sueño, y lo dejas por la paz.

Algo parecido les pasó a los discípulos. Ellos partieron y por la noche les agarró la tormenta. Los relampagos, los truenos, las olas y el viento los llenaron de un pavor sin igual, tanto es así que temían perder la vida. Pero se olvidaban de Quién estaba entre ellos, durmiendo apaciblemente.

Despiertan al Maestro con gritos de auxilio, y en un momento, como si se hubieran despertado de un sueño, todo queda en una profunda tranquilidad. Lo que más le dolió a Jesús fue encontrar tan poca fe en aquellos que estaba con Él. De allí la pregunta reproche: ¿por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?

Pidámosle a Cristo que aumente nuestra fe en los momentos de difíciles, para saber y comprender quién está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.

Propósito
Hoy dedicaré en medio de mis ocupaciones habituales, 10 minutos para hablar con Cristo, pidiéndole el regalo de confiar más en Él.

Diálogo con Cristo
Jesús, desde hoy quiero vivir viendo más allá de lo que veo. Sé que dificultades siempre he de tener y que me enfrentaré con tormentas y con baches en el camino. Pero Tú vas a mi lado. Ojalá no te despierte con mis quejas inútiles. Inútiles, porque Tú sabes lo que me sucede y te propones arreglarlo, y eso desde que moriste por mí. Por supuesto, dame la fe necesaria y la voluntad para resistir en el barco aunque éste se tambalee de aquí a allá. Jesús, no quiero preocuparme excesivamente por el futuro, pues aún no existe. Más bien quiero encontrar en ti la serenidad y el equilibrio entre lo que puedo hacer por mí solo y lo que ya corresponde a tu amor.
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Autor: Samuel Hurtado | Fuente: Catholic.net

La Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo


La Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo
Julio 1


¡Canta, lengua, el misterio del Cuerpo glorioso y de la Sangre preciosa de Cristo; de esa Sangre, fruto de un seno generoso, que el Rey de las gentes derramó para rescate del mundo: "in mundi praetium"!
Pero, antes de que la lengua cante gozosa y el corazón se explaye en afectos de gratitud y amor, es necesario que medite la inteligencia las sublimidades del Misterio de Sangre que palpita en el centro mismo de la vida cristiana.
Hay tres hechos que se dan, de modo constante y universal, a través de la historia del hombre: la religión, el sacrificio y la efusión de sangre.

Los más eminentes antropólogos han considerado la religiosidad como uno de los atributos del género humano. La función céntrica de toda forma religioso-social ha sido siempre el sacrificio. Este se presenta como la ofrenda a Dios de alguna cosa útil al hombre, que la destruye en reconocimiento del supremo dominio del Señor sobre todas las cosas y con carácter expiatorio. Por lo que se refiere a la efusión de sangre, observamos que el sacrificio —al menos en su forma más eficaz y solemne— importa la idea de inmolación o mactación de una víctima, y, por lo mismo, el derramamiento de sangre, de modo que no hay religión que, en su sacrificio expiatorio, no lleve consigo efusión de sangre de las víctimas inmoladas a la divinidad.

La sangre es algo que repugna y aparta, sobre todo si se trata de sangre humana. Sin embargo, en los altares de todos los pueblos, en el acto, cumbre en que el hombre se pone en relación con Dios, aparece siempre sangre derramada.
Así lo hace Abel, a la salida del paraíso (Gen. 4, 4), y Noé, al abandonar el arca (Gen. 8, 20-21). El mismo acto repite Abraham (Gen. 15, 10). Y sangre emplea Moisés para salvar a los hijos de Israel en Egipto (Ex. 12, 13), para adorar a Dios en el desierto (Ex. 14, 6) y para purificar a los israelitas (Heb. 9, 22). Una hecatombe de víctimas inmoladas solemnizó la dedicación del templo de Salomón.

Y no es sólo el pueblo escogido el que hace de la sangre el centro de sus funciones religiosas más solemnes, sino que son también los pueblos gentiles; en ellos encontramos igualmente víctimas y altares de sacrificio cubiertos de sangre, como lo cuentan Homero y Herodoto en la narración de sus viajes.

Adulterado el primitivo sentido de la efusión de sangre, en el colmo de la aberración, llegaron los pueblos idólatras a ofrecer a los dioses falsos la sangre caliente de víctimas humanas. Niños, doncellas y hombres fueron inmolados, no sólo en los pueblos salvajes, sino también en las cultas ciudades. Y todavía, cuando los conquistadores españoles llegaron a Méjico, quedaron horripilados a la vista de los sacrificios humanos. Los sacerdotes idólatras sacrificaban anualmente miles de hombres, a los que, después de abrirles vivos el pecho, sacaban el corazón palpitante para exprimirlo en los labios del ídolo

El hecho histórico, constante y universal, del derramamiento de sangre como función religiosa principal de los pueblos encierra en sí un gran misterio, cuya clave para descifrarlo se halla entre dos hechos también históricos, uno de partida y otro de llegada, de los que uno plantea el tremendo problema y el otro lo resuelve, para alcanzar su punto culminante en el "himno nuevo”, que eternamente cantan los ancianos ante el Cordero sacrificado (Apoc. 7, 14), al que rodean los que, viniendo de la gran tribulación, lavaron y blanquearon sus túnicas en la Sangre del Cordero (ibid.), y vencieron definitivamente, por la virtud de la Sangre, al dragón infernal (cf. Apoc. 12, 11).

El pecado original creó un estado de discordia y enemistad entre Dios y el hombre. Consecuencia del pecado fue la siguiente: Dios, en el cielo, ofendido; el hombre, en la tierra, enemigo de Dios, y Satanás, "príncipe de este mundo" (lo. 12, 31), al que reduce a esclavitud.
En la conciencia del hombre desgraciado quedó el recuerdo de su felicidad primera, la amargura de su deslealtad para con el Creador, el instinto de recobrar el derecho a sus destinos gloriosos y el ansia de reconciliarse con Dios.
¡Y surge el fenómeno misterioso de la sangre! El hombre siente en lo más íntimo de su naturaleza que su vida es de Dios y que ha manchado esta vida por el pecado original y por sus crímenes personales. La voz de la naturaleza, escondida en lo íntimo de su conciencia, le exige que rinda al supremo Hacedor el homenaje de adoración que le es debido, y, después de la caída desastrosa, le reclama una condigna expiación. Adivina el hombre la fuerza y el valor de la sangre para su reconciliación con Dios, pues en la sangre está la vida de la carne, ya que la sangre es la que nutre y restaura, purifica y renueva la vida del hombre; sin ella, en las formas orgánicas superiores, es imposible la vida: al derramarse la sangre sobreviene la muerte.
Por otra parte, si en la sangre está la vida —vida que manchó el pecado—, extirpar la vida será borrar el pecado. De ahí que el hombre, llevado por su instinto natural, se decide a "hacer sangre", eligiendo para este oficio a "hombres de sangre", como han llamado algunas razas a sus sacerdotes, para que, con los sacrificios cruentos, rindan, en nombre de todos, homenaje y expiación a la divinidad. Dios mostró su agrado por estos sacrificios (Gen. 4, 4; 8, 21) y consagró con sus mandatos esta creencia al ordenar el culto del pueblo hebreo (Lev. 1, 6; 17, 22).

La sangre, por representar la vida, fue entonces elegida como el instrumento más adecuado para reconocer el supremo dominio de Dios sobre la vida y sobre todas las cosas y para expiar el pecado. Por eso Virgilio, al contemplar la efusión de sangre de la víctima inmolada, dirá poéticamente que es el alma vestida de púrpura la que sale del cuerpo sacrificado (Eneida, 9,349).
Pero como el hombre no podía derramar su propia sangre ni la de sus hermanos, buscó un sustituto de su vida en la vida de los animales, especialmente en la de aquellos que le prestaban mayor utilidad, y los colocó sobre los altares, sacrificándolos en adoración y en acción de gracias, para impetrar los dones celestes y para que le fueran perdonados sus pecados. He aquí descifrado el misterio del derramamiento de sangre. Su universalidad hace pensar si sería Dios mismo el que enseñara a nuestros primeros padres esta forma principal del culto religioso.

Los sacrificios gentílicos, aun en medio de sus aberraciones, no eran otra cosa que el anhelo por la verdadera expiación. Por eso se ofrecían animales inmaculados o niños inocentes, buscando una ofrenda enteramente pura. Pero vana era la esperanza de reconciliación con Dios por medio de los animales: no hay paridad entre la vida de un animal y el pecado de un hombre (cf. Heb. 10, 4). Era inútil para ello la efusión de sangre humana, de niños y doncellas, que eran sacrificados a millares: no se lava un crimen con otro crimen, ni se paga a Dios con la sangre de los hombres.
Quedaban los sacrificios del pueblo judío, ordenados y queridos por Dios, pero en ellos no había más que una expiación pasajera e insuficiente.

Los sacrificios judaicos, especialmente el sacrificio del Cordero pascual y el de la Expiación, tenían por fin principal anunciar y representar el futuro sacrificio expiatorio del Redentor (Heb. 10, 1-9). Estos sacrificios no tenían más valor que su relación típica con un sacrificio ideal futuro, con una Sangre inocente y divina que había de derramarse para nivelar la justicia de Dios y poner paz entre Él y los hombres (cf. Cor, 2, 17). Todo el Antiguo Testamento estaba lleno de sangre, figura de la Sangre de Cristo, que había de purificarnos a todos y de la que aquélla recibía su eficacia. Los sacrificios del Antiguo Testamento eran, en efecto, de un valor limitado, pues su eficacia se reducía a recordar a los hombres sus pecados y a despertar en ellos afectos de penitencia, significando una limpieza puramente exterior, por medio de una santidad legal, que se aviniera con las intenciones del culto, pero que no podía obrar su santificación interior.

Por lo demás, Dios sentía ya hastío por los sacrificios de animales, ofrecidos por un pueblo que le honraba con los labios, pero cuyo corazón estaba lejos de Él (cf. Mt. 15, 8). "¡Si todo es mío! ¿Por qué me ofrecéis inútilmente la sangre de animales, si me pertenecen todos los de las selvas? No ofrezcáis más sacrificios en vano" (Is. 1, 11-13; 40, 16; Ps. 49, 10).
Para reconciliar al mundo con Dios se necesitaba sangre limpia, incontaminada; sangre humana, porque era el hombre el que había ofendido a Dios; pero sangre de un valor tal que pudiera aceptarla Dios como precio de la redención y de la paz; sangre representativa y sustitutiva de la de todos los hombres, porque todos estaban enemistados con Dios. ¡Ninguna sangre bastaba, pues, sino la de Cristo, Hijo de Dios!

Esta sola es incontaminada, como de Cordero inmaculado (1 Petr. 1, 19); de valor infinito, porque es sangre divina; representativa de toda la sangre humana manchada por el pecado, porque Dios cargará a este, su divino Hijo, todas las iniquidades de todos los hombres (Is. 53, 6).
Si los hombres tuvieron facilidad para venderse, observa San Agustín, ahora no la tenían para rescatarse; pero aún más, no tenían siquiera posibilidad de ello. Y el Verbo de Dios, movido por un ímpetu inefablemente generoso de amor, al entrar en el mundo le dijo al Padre: "Sacrificio y ofrenda no quisiste, pero me diste un cuerpo a propósito; holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron; entonces dije: Heme aquí presente" (Heb. 10, 5-7). Y ofreciendo su sacrificio, con una sola oblación, la del Calvario, perfeccionó para siempre a los santificados (Heb. 10, 12-14). Y el hombre, deudor de Dios, pagó su deuda con precio infinito; alejado de Él, pudo acercarse con confianza (Heb. 10, 19-22); degradado por la hecatombe de origen, fue rehabilitado y restituido a su primitiva dignidad. Se había acabado todo lo viejo; la reconciliación estaba hecha por medio de Jesucristo; Dios y el hombre habían sido puestos cerca por la Sangre de Cristo Jesús. Todo había sido reconciliado en el cielo y en la tierra por la Sangre de la Cruz (2 Cor. 5, 18-19; Eph. 2, 16; Col. 1, 20).

La sangre real de Cristo (Lc. 1, 32; Apoc. 22, 16), divina y humana, sangre preciosa, precio del mundo, había realizado el milagro. El rescate fabuloso estaba pagado. "Nada es capaz de ponérsele junto para compararla, porque realmente su valor es tan grande que ha podido comprarse con ella el mundo entero y todos los pueblos" (San Agustín).
Pudo Jesucristo redimir al mundo sin derramar su Sangre; pero no quiso, sino que vivió siempre con la voluntad de derramarla por entero. Hubiera bastado una sola gota para salvar a la humanidad; pero Jesús quiso derramarla toda, en un insólito y maravilloso heroísmo de caridad, fundamento de nuestra esperanza.

¡Oh generoso Amigo, que das la vida por tus amigos! ¡Oh Buen Pastor, que te entregaste a la muerte por tus ovejas! (lo. 15, 13: 10, 15). ¡Y nosotros no éramos amigos, sino pecadores! Jesucristo se nos presenta como el Esposo de los Cantares, cándido y rubicundo; por su santidad inmaculada, mas blanco que la nieve; pero con una blancura como la de las cumbres nevadas a la hora del crepúsculo, siempre rosada por el anhelo, por la voluntad, por el hecho inaudito de la total efusión de su Sangre redentora.

"¡Sangre y fuego, inestimable amor!", exclamaba Santa Catalina de Siena. "La flor preciosa del cielo, al llegar la plenitud de los tiempos, se abrió del todo y en todo el cuerpo, bañada por rayos de un amor ardentísimo. La llamarada roja del amor refulgió en el rojo vivo de la Sangre" (SAN BUENAVENTURA, La vid mística, 23).

Las tres formas legítimas de religión con las que Dios ha querido ser honrado a lo largo de los siglos (patriarcal, mosaica y cristiana) están basadas en un pacto que regula las relaciones entre Dios y el hombre; pacto sellado con sangre (Gen. 17, 9-10,13; Ex. 24, 3-7,8; Mt. 26, 8; Mc. 14, 24: Lc, 22, 20; 1 Cor. 11, 25). La Sangre purísima de Jesucristo es la Sangre del Pacto nuevo, del Nuevo Testamento, que debe regular las relaciones de la humanidad con Dios hasta el fin del mundo.

Cada uno de estos pactos es un mojón de la misericordia de Dios, que orienta la ruta de la humanidad en su camino de aproximación a la divinidad: caída del hombre, vocación de Abraham, constitución de Israel, fundación de la Iglesia.
Todo pacto tiene su texto. El texto del Nuevo Testamento es el Evangelio en su expresión más comprensiva, que significa el cúmulo de cosas que trajo el Hijo de Dios al mundo y que se encierran bajo el nombre de la "Buena Nueva". Buena Nueva que comprende al mismo Jesucristo, alfa y omega de todo el sistema maravilloso de nuestra religión; la Iglesia, su Cuerpo Místico, con su ley, su culto y su jerarquía; los sacramentos, que canalizan la gracia, participación de la vida de Dios, y el texto precioso de los sagrados Evangelios y de los escritos apostólicos, llamados por antonomasia el Nuevo Testamento, luz del mundo y monumento de sabiduría del cielo y de la tierra.

Además, el Pacto lleva consigo compromisos y obligaciones que Cristo ha cumplido y sigue cumpliendo, y debe cumplir también el cristiano. Antes de ingresar en el cristianismo y de ser revestidos con la vestidura de la gracia hicimos la formalización del Pacto de sangre, con sus renuncias y con la aceptación de sus creencias. "¿Renuncias?... ¿Crees?..., nos preguntó el ministro de Cristo. "¡Renuncio! ¡Creo!" "¿Quieres ser bautizado?" "¡Quiero!" Y fuimos bautizados en el nombre de la Trinidad Santísima y en la muerte de Cristo, para que entendiéramos que entrábamos en la Iglesia marcados con la Sangre del Hijo de Dios. Quedó cerrado el pacto, por cuyo cumplimiento hemos de ser salvados. “La Sangre del Señor, si quieres, ha sido dada para ti; si no quieres, no ha sido dada para ti. La Sangre de Cristo es salvación para el que quiere, suplicio para el que la rehusa" (Serm. 31, lec.9, Brev. in fest. Pret. Sanguinis).

El pacto de paz y reconciliación tendrá su confirmación total en la vida eterna. "Entró Cristo en el cielo —dice Santo Tomás— y preparó el camino para que también nosotros entráramos por la virtud de su Sangre, que derramó en la tierra" (3 q.22 a.5).

"No os pertenecéis a vosotros mismos. Habéis sido comprados a alto precio. Glorificad, pues, y llevad a Dios en vuestro cuerpo", advierte San Pablo (1 Cor. 6, 19.20). Glorificar a Dios en el propio cuerpo significa mantener limpia y radiante —por una vida intachable y una conducta auténticamente cristiana— a imagen soberana de Dios, impresa en nosotros por la creación, y la amable fisonomía de Cristo, grabada en nuestra alma por medio de los sacramentos. Si nos sentimos débiles, vayamos a la misa, sacrificio del Nuevo Testamento, y acerquémonos a la comunión para beber la Sangre que nos dará la vida (lo. 6, 54).

En esta hora de sangre para la humanidad sólo los rubíes de la Sangre de Cristo pueden salvarnos. Con Catalina de Siena. "os suplico, por el amor de Cristo crucificado, que recibáis el tesoro de la Sangre, que se os ha encomendado por la Esposa de Cristo", pues es sangre dulcísima y pacificadora, en la que "se apagan todos los odios y la guerra, y toda la soberbia del hombre se relaja".
Si para el mundo es ésta una hora de sangre, para el cristiano ha sonado la hora de la santidad. Lo exige la Sangre de Cristo. "Sed. Santos —amonestaba San Pedro a la primera generación cristiana—, sed santos en toda vuestra conducta, a semejanza del Santo que os ha llamado a la santidad... Conducíos con temor durante el tiempo de nuestra peregrinación en la tierra, sabiendo que no habéis sido rescatados con el valor de cosas perecederas, el oro o la plata, sino con la preciosa Sangre de Cristo, que es como de Cordero incontaminado e inmaculado" (1 Petr. 1, 15-18).

Roguemos al Dios omnipotente y eterno que, en este día, nos conceda la gracia de venerar, con sentida piedad, la Sangre de Cristo, precio de nuestra salvación, y que, por su virtud, seamos preservados en la tierra de los males de la vida presente, para que gocemos en el cielo del fruto sempiterno (Colecta de la festividad).
¡Acuérdate, Señor, de estos tus siervos, a los que con tu preciosa Sangre redimiste!

JUAN HERVÁS BENET

lunes, junio 30, 2014

Evangelio Junio 30, 2014

Condiciones para seguir a Jesús
Mateo 8,18-22.
Tiempo Ordinario.
Si el amor es sincero y sin reservas, Cristo mismo estará presente para darnos la fuerza.


Del santo Evangelio según san Mateo 8, 18-22
Viéndose Jesús rodeado de la muchedumbre, mandó pasar a la otra orilla. Y un escriba se acercó y le dijo: «Maestro, te seguiré adondequiera que vayas». Jesús le dijo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». Otro de los discípulos le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre». Jesús le dijo: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos».

Oración introductoria
Señor, aumenta mi fe, mi esperanza y mi caridad. Teóricamente yo también quiero seguirte, ansío ser fiel a los innumerables dones de tu gracia; pero, bien conoces mi debilidad, mis apegos… Hoy me pongo de rodillas ante Ti y te suplico me des la luz y la fuerza de tu Espíritu Santo.

Petición
Ven, Espíritu Santo, aumenta mi fe, mi esperanza y mi caridad

Meditación del Papa Francisco
El Señor es muy generoso. El Señor abre todas las puertas. También el Señor comprende al que dice: "¡No, Señor, no quiero ir contigo!" Lo entiende y espera, porque es misericordioso. Pero al Señor no le gusta ese hombre que dice ‘sí’ y hace ‘no’; que finge agradecerle por tantas cosas bonitas, pero en realidad va por su camino; que tiene buenas formas, pero hace su propia voluntad y no la del Señor: aquellos que siempre se excusan, aquellos que no conocen la alegría, que no experimentan la alegría de la pertenencia.
Pidamos al Señor esta gracia: entender bien cuanto es hermoso ser invitados a la fiesta, cuanto es hermoso estar con todos y compartir con todos las propias cualidades, cuanto es hermoso estar con Él y que feo es jugar entre el "sí" y el "no", decir que "sí", pero conformarme con estar sólo enumerado en la lista de los cristianos... (Cf. S.S. Francisco, 5 de noviembre de 2013, homilía en Santa Marta).

Reflexión
La petición de Jesús es exigente y a la vez, menciona condiciones muy severas "quien pone la mano en el arado y vuelve la vista atrás no es apto para el reino de los cielos". Pero, cuando se ama, se es exigente con el amado, se desea su fidelidad, su paz, con dividimos con los mismos sentimientos, con las mismas esperanzas y con las mismas necesidades. El amor no se conforma con los recortes de tiempo, entre el trabajo y las diversiones. Una relación de amor se hace a través del diálogo íntimo, del empeño que comporta un riesgo personal. Si no es así, entonces no es una relación auténtica y sincera, sino incumplidora y caprichosa, que espera los acontecimientos y sospecha dudas. ¿Es esta la relación que Dios quiere con los hombres? Y a pesar del amor de Cristo, ¿vamos a responder con menos amor? Él, que nos ha amado absolutamente hasta llegar a morir en la cruz para salvarnos de la muerte y del pecado.

Jesús no rechaza la oferta que el escriba y el discípulo le ofrecen. Pero con su respuesta exigente les hace entender que, cuando se dona una cosa se hace de forma generosa y íntegra, no incierta y parcial.

La vocación, y no sólo a la vida consagrada, sino también la vocación al matrimonio, a la paternidad o al empeño cristiano en general, una vez reconocida, debe ser concretada, sin miedo al respeto humano. A menudo contamos con temores, dificultades, problemas sin embargo, si el amor es sincero y sin reservas, Cristo mismo estará presente para darnos la fuerza y las soluciones para vencerlos.

Propósito
Ante el Santísimo Sacramento, revisar mi vida: ¿qué me pide Dios que no he querido darle?

Diálogo con Cristo
Señor, el ambiente y los medios de comunicación buscan imponer un estilo de vida donde lo práctico y el bienestar ocupan el primer lugar. Seguirte, comprometer la vida al ideal del Evangelio, es ir contra corriente. Así es, y así ha sido siempre. No permitas que me engañe, que busque evadir mis responsabilidades. Ayúdame a saber vivir mi misión, identificándome plenamente con el ideal que me propone tu Evangelio.
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Autor: Jaime Rodríguez | Fuente: Catholic.net

Santo Evangelio según san Mateo 8:20


Carta desde el Cielo...

CARTA DESDE EL CIELO

No estés triste pensando en mí...
Éste es un lugar realmente maravilloso y yo me encuentro feliz y totalmente en paz... no me duele nada Te escribo para que quites la tristeza de tu corazón y la oscuridad de tus pensamientos.

Hay miles de ángeles aquí y son extraordinarios.
Me encanta verlos volar y sabes? Jesús no se parece a ninguna de las fotos que pintan de él .

Aún así tan pronto lo vi lo reconocí en seguida, sabía que era él!
Jesús me llevo con Dios y él hablo conmigo como si yo fuese importante...

Ahí fue cuando le dije que yo quería escribirte una carta para despedirme de ti y decirte cómo me siento ahora... Dios me dio papel y su pluma personal para que yo te escribiera esta carta y un ángel hizo que te llegara.

Es difícil explicarte como me siento, pero lo que puedo decirte es que se siente bien estar acá.. el sol brilla increíblemente y las nubes reflejan su luz provocando rayos de hermosos por todos lados.

Aquí hay mucha gente como yo, también está la gente que hace mucho se me adelantó. Dios me dijo que te contestara una de las preguntas que le hiciste: "Que dónde estaba El cuando yo lo necesitaba" Dios me dijo que estaba en el mismo lugar, conmigo como siempre!

El nunca me ha dejado ni antes ni ahora y eso me regocija el alma, hoy puedo estar con El por siempre y a cada instante! Cada que me necesites solo necesitas cerrar los ojos y vibrarme, estoy junto a ti, te escucho, platícame en el silencio de tu alma... mira al cielo y ahí en un lugarcito estoy feliz, con mi sonrisa, esa que tanto te gusta. Pero no estés triste por favor, YO ESTOY MUY BIEN!!

Tengo que devolverle la pluma a Dios, así que me voy despidiendo... Celebra que puedes verme en cada acto de amor...

Soy solo eso, sencillamente amor. Que tus lágrimas no te impidan ver las estrellas y cerrar tu alma, no te dejes apagar por favor, cuando mas te ríes mas brillo, cuando mas sufres mas te abrazo yo.

Se que me extrañas pero no pienses en cuando me fui, piensa en mí cuando estuve y en todo lo bello que pasamos, en todos esos sencillos momentos que nunca vamos a olvidar. Hoy te digo adiós y no me busques en todos lados, no es necesario porque yo estoy ahí.. en tu alma cerquita de tu corazón velando y orando por ti...

SIEMPRE!!! Yo nunca me iré de tu lado mientras me recuerdes TE AMO!!
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(desconozco el autor)

Nuestra Señora de Calais (Francia)

Nuestra Señora de Calais (Francia)
Junio 30
 
Francia, año 1347
Durante todo un año la ciudad de Calais en Francia fue sitiada por las tropas inglesas y había perdido muchos soldados durante el asedio.
 
El hambre, finalmente obligó a los franceses a considerar el abandono, pero el Rey Inglés Eduardo III, no aceptaría su rendición a menos seis ciudadanos de Calais vinieron ante su presencia con la cabeza descubierta, los pies descalzos, vestidos con camisas rugosas, y cada uno con un cabestro sobre su cuello. Él exigió las llaves de Calais y que estos hombres aceptaran sin reparo alguno, caso contrario el resto de los ciudadanos recibiría ningún tipo de misericordia.
 
Toda la población rezó a la Virgen de Calais, cuya imagen había sido dañada durante la guerra. Los que podían hacerlo se arrodillaron en su santuario. Esta capilla había sido construida por los ingleses.
 
Nadie quería dar su vida sometidos a los invasores. Así, un hombre noble se adelantó y ofreció su cabeza como un rescate para el monarca inglés y otras cinco personas se ofrecieron como voluntarios, todos vestidos como el rey había exigido. Cuando ellos se presentaron delante del rey furioso airadamente les recordó las pérdidas sufridas a través de su terquedad; luego ordenó a sus hombres que decapitaran a los seis ciudadanos.
 
Guerreros más valientes y nobles del rey le suplicaron que por las vidas de esos hombres, pero fue en vano. Entonces fue la reina Philippa quien, arrodillándose delante de él y con lágrimas corriendo por sus mejillas, se declaró: "Mi esposo y señor, he cruzado el mar a través de muchos peligros para estar con usted. Permítanme ahora orar a tener compasión de estos seis presos".
 
Después de unos minutos de pensamiento profundo el rey declaró: "Señora, me gustaría que hubiera sido en otro lugar el día de hoy. No puedo negar el favor usted me solicita. Tome estos hombres y disponer de ellos como quiera".
 
La reina de gracia le dio a los seis rehenes mejor ropa, cada una cierta cantidad de dinero, y tenía los llevaron con seguridad de vuelta a través de las líneas y puestos en libertad para regresar a casa.
 
El rey, humillado en la misericordia de su reina, perdonó a la ciudad. La Reina Philippa era una figura de la Virgen, intercediendo por aquellos hombres y la obtención de la misericordia para ellos al igual que la Santísima Virgen María, Puerta del Cielo, va a hacer por nosotros si le hacemos nuestro abogado ante Dios. A partir de entonces la Virgen de Calais fue cada vez más reconocida como Madre misericordiosa de Calais.
 
Una magnífica capilla esta en el santuario de Nuestra Señora de Calais en el año 1631 por James de Bolloye, cura de Calais.
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traducido por mallinista
Fuente: www.roman-catholic-saints.com

domingo, junio 29, 2014

Evangelio Junio 29, 2014

A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos
Mateo 16, 13-19.
Solemnidad de San Pedro y San Pablo.
Ellos encontraron la fuerza para llevar a término su misión en la tierra.


Del santo Evangelio según san Mateo 16, 13-19
Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas». Díceles él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

Oración introductoria
Cristo, san Pedro y san Pablo, y muchos otros, dieron su vida porque creían en el amor, en la locura de tu amor que te llevó al extremo de morir en la cruz. Dame la gracia de comprender, en esta oración, que debo buscar vivir, transmitir y ser testigo de ese amor.

Petición
Dios mío, que este tiempo de oración sea una expresión de mi amor.

Meditación del Papa Francisco
Jesús da el poder, la Iglesia es depositaria del poder de las llaves. Así de abrir o cerrar, de perdonar. Dios perdona a cada hombre en su soberana misericordia, pero Él mismo ha querido que cuantos pertenecen a Cristo y a su Iglesia, reciban el perdón mediante los ministros de la Comunidad.
A través del misterio apostólico la misericordia de Dios me alcanza, mis culpas son perdonadas y se me dona la alegría. En este modo Jesús nos llama a vivir la reconciliación también en la dimensión eclesial, comunitaria. Y esto es muy bonito. La Iglesia, que es santa y a la vez necesitada de penitencia, acompaña nuestro camino de conversión durante toda la vida. La Iglesia no es dueña del poder de las llaves, no es dueña, sino sierva del ministerio de la misericordia y se alegra todas las veces que puede ofrecer este don divino. (S.S. Francisco, 20 de noviembre de 2013.

Reflexión
Cristo pregunta a sus apóstoles: ¿quién dice la gente que soy yo? Pone esta pregunta sólo después de haber llevado a término su misión de enseñar lo que el Padre le ha dicho. Podría decirse que el caso ya está expuesto y ahora llega el momento de pronunciar el juicio. Sin embargo, la gente que ha visto y oído todas las pruebas necesarias para reconocerlo como Mesías, no termina por comprender sus signos. Es como si un velo cubriera sus ojos y les impidiese dar una respuesta segura y convincente: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo."

Para Pedro, al igual que para Pablo tiempo después, Cristo fue un auténtico enigma difícil de descifrar. Por ejemplo, ¿qué pensaría Pedro al ver a su maestro caminando sobre las aguas? O ¿cuáles sentimientos fluirían es su corazón cuando escucha de Cristo "sobre ti edificaré mi Iglesia" y más tarde le dice "apártate de mí Satanás."

Este misterio sobre Cristo lo comprenderíamos mejor con los ojos de la fe que nos da el Padre. Mientras la fe no sea le oxígeno de nuestra vida, no seremos capaces de reconocer a Cristo como el Mesías. Por esto Cristo le dice a Pedro "dichoso Tú, Pedro, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre sino mi Padre que está en el cielo."

El don de la fe se lo dona el Padre a Pedro no por mérito de Pedro ni por sus cualidades personales -era pescador- sino por su propia bondad Dios. Es el don más precioso, el de reconocer a Dios como Mesías, como la auténtica luz que guiará nuestros pasos hacia la felicidad eterna. Y gracias a la fe Pedro y Pablo encontraron la fuerza para llevar a término su misión en la tierra.

Propósito
Haré una oración especial por el Papa Francisco, pidiendo a Dios lo ilumine y lo fortalezca en su misión.

Diálogo con Cristo
Señor, siendo fiel a la Iglesia, estoy seguro que te soy fiel. Estar en comunión con el Papa es estar en comunión contigo. Por eso hoy te quiero confirmar mi amor y mi deseo de caminar siempre al paso de la Iglesia, sin poner límites a mi servicio ni a mi amor.
=
Autor: Buenaventura Acero | Fuente: Catholic.net

Nuestra Señora de Linares

Nuestra Señora de Linares
Junio 29

El soberano llegó a Córdoba y examinó el arrabal que ya habían fortificado los cristianos, pero era necesario cercar el resto, para lo cual el rey fue por la margen izquierda del río, tomando la fortaleza de la Calahorra e impidiendo con ello que se recibieran en la ciudad alimentos y ayuda militar.
 
El emir árabe Aben Hud, que andaba por Ecija, intentó socorrer a sus vasallos, pero viendo que la situación era muy difícil, abandonó la población con intenciones de volver con un ejército más poderoso y reconquistarla, huyendo hasta Almería, donde fue asesinado por el emir de aquella población, al-Rumami, después de recriminarle su cobardía y el abandono de la ciudad y de los suyos.
 
Cuando los cordobeses conocieron que su rey los había dejado solos, con la ciudad cercada y sin medios de obtener alimentos ni armas, no tuvieron otro remedio que capitular. Pero don Fernando no lo consintió; les pidió que se marcharan sin condiciones y les dio permiso para salir en libertad, llevándose sólo lo que pudieran transportar sobre sus espaldas. Las condiciones fueron aceptadas, y el día 29 de junio de 1236, festividad de San Pedro y San Pablo, salieron de la ciudad, al mismo tiempo que un heraldo del rey castellano-leonés, por mandato real, subió al alminar de la gran mezquita y colocó sobre él el estandarte real y la cruz de Cristo.
 
El día 6 de julio Fernando III y su ejército entraron en Córdoba, dirigiéndose a la Mezquita, donde el obispo de Osma, don Juan, hizo la consagración del templo musulmán como catedral cristiana bajo la advocación de la Asunción de la Virgen y dándole el nombre de Santa María la Mayor.

La atalaya de la sierra
Esto es lo que nos cuentan las crónicas de la Reconquista de Córdoba. Pero a ello debemos añadir que en estas narraciones no se omite que Fernando III instaló su Real Sitio sobre una colina en la que había una atalaya que los árabes usaban para avisarse, de unas a otras, haciendo señales con humo blanco o negro, según los casos, y en la que el Santo Rey mandó colocar la imagen de una Virgen a la que el monarca profesaba una gran devoción y a la que todo su ejército llamaba la Virgen Conquistadora y Capitana.
 
El lugar elegido para capilla de esta imagen de Nuestra Señora fué delante de dicha atalaya, en un hueco que había en el muro, dejando detrás el testero superior de la torre, que formaba un arco, en dónde se puso a la Madre del Salvador, implorándole la intercesión ante su Divino Hijo para obtener la victoria en los combates que precedieran a la reconquista de la ciudad; también ordenó el Rey a los prelados y sacerdotes que acompañaban a las tropas que ofrecieran diariamente el santo sacrificio de la misa.

Primeros pasos de la Hermandad
En el año 1.278 el Obispo D. Pascual, da reglas a los cofrades del Hospital de S. Cristóbal y la Magdalena, más tarde de la Lámpara, con sede en la calle Amparo, para que fueran todos los años al Santuario en procesión solemne al templo de la Virgen de Linares; y es aquí donde podemos decir que comienzan los primeros pasos de la Hermandad.
 
En los siglos XIV y XV hay oscuridad sobre la hermandad. En 1.546 (concretamente el 20 de Agosto de 1.546, se concede "Licencia al Preboste y Cofrades de Linares para hacer fiestas a Nuestra Señora") y demostrándose que existe Hermandad por aparecer varios diputados canónigos nombrados por el Cabildo de la S.I. Catedral para visitar y gobernar anualmente el santuario. Se extinguió en 1.646; volviendo a aparecer en 1.659 y se le dan estatutos nuevos en 1.660. Permaneciendo durante los siglos XVII (centuria en que entra en gran decadencia pero se mantiene con apariciones y desapariciones en los datos del Cabildo) y XVIII con sus altas y bajas.
 
Queremos destacar el nombre de algunos personajes famosos que figuraron con cargos importantes en el santuario de Linares. Por ejemplo, el pintor y escultor Pablo de Céspedes, que fué elegido diputado de Linares en 1.602 y estuvo en este cargo hasta su fallecimiento acaecido en 1.608. También fué elegido con el mismo cargo de diputado el lectoral Luis de Belluga, nombrado en 1.698 y que más tarde llegaría a vestir la púrpura cardenalicia. Por último citaremos a ilustre arcediano de Pedroche, fundador del Monte de Piedad, José Medina y Corella, que fué elegido en el mes de septiembre de 1.766.
 
La creación de la actual Hermandad se remonta al 9 de Enero de 1.861, fecha en que se reforman los estatutos firmándolos el 26 de Abril el Obispo Alburquerque, siendo ésta Hermandad la que ha permanecido hasta nuestros días.
 
El día 15 de Mayo del año de 1.660 fueron ratificados por el Vicario General D. José Hurtado Roldan, y el 26 de Abril de 1.861 por el Obispo Alburquerque.
 
El objetivo principal de los estatutos de la hermandad era y son Mantener y promover la devoción a la Santísima Virgen María y a Su Divino Hijo Nuestro Redentor. Conservar las tradiciones religiosas, históricas y populares.
 
Dar culto en su muy Centenario Santuario a la tan antigua y venerada Imagen de la Purísima Concepción de Linares.
La imagen
La devoción del pueblo de Córdoba por la Virgen de Linares es sin duda una de las más antiguas de las conocidas en ciudades y pueblos reconquistados por los reyes cristianos, si bien no es la única imagen que un monarca castellano depositara en alguna ermita o capilla, a veces en altares improvisados y, en ocasiones, hasta desconociéndose el origen y nombre de las mismas.
 
Ejemplo de ello lo tenemos en la Virgen de Zocueca, patrona de Bailen (Jaén), de la que se ignora su procedencia y el origen de su nombre, y que, como la de Linares, tiene al Niño en su brazo derecho.
 
La Virgen de la Coronada, patrona de Alcalá la Real (Jaén), que fue depositada por el monarca Alfonso XI el Justiciero en una ermita levantada para ella frente al castillo de Aben Zaide, antes de la conquista de la población. O Nuestra Señora de los Reyes, patrona de Sevilla, ofrecida por San Fernando a aquella ciudad después de conquistada, y otras muchas a lo largo de la geografía andaluza.
 
La Virgen de Linares, conocida ya desde tiempos pretéritos como Conquistadora y Capitana, y a veces como "invencible generala", está muy ligada al pueblo de Córdoba desde que Fernando III la depositara en aquella atalaya agarena del bello paraje escogido por el rey castellano-leonés para su Real Sitio, y a través de los siglos, para Ella se organizaron solemnes actos de extraordinaria emotividad, que fueron para la ciudad y los cordobeses ayuda, aliento y amparo.
 
Existe la creencia de que el nombre por el cual se conocía a esta imagen, Nuestra Señora de Linares, era, tal vez, por haber sido recogida por el rey en algún pueblo de este nombre, o bien, por llevar el apellido Linares el sacerdote o capellán a quien se encargó de su custodia, nombre que ya se utilizó hasta nuestros días. Pero en una cita del tomo tercero de la Palestra Sagrada de Sánchez de Feria, se dice que "quando el glorioso Conquistador de Córdoba, el ínclito San Fernando, vino con su Exercito a la toma de Córdoba, hizo alto en este sitio, donde había y hoy permanece, una fuerte Atalaya. Aquí, en un altar portátil, dixo Misa un sacerdote natural de Linares de Baeza, que en su compañía traía esta imagen que colocó en el altar, siendo el culto preparativo a una gloriosa, como ardua conquista".
 
Estudios más recientes, llevados apuntan que "Linares" tal vez sea una castellanización del nombre árabe de estas atalayas llamadas tali'a as'ala al-narum, cuyo significado en castellano es "atalaya donde se enciende el fuego", o bien, simplemente al-narum, "donde se hace fuego", del cual derivaría Linares, como sucedió con otros muchos nombres árabes al castellanizarse, tales como al-Marlya, Almería; al-Yussana, Baena; as-Suja\ra, Zuheros, y un largo etcétera.
 
La imagen de la Virgen de Linares es una talla en madera que lleva un niño en su brazo derecho. Su actitud es majestuosa y su fisonomía acusa una gran expresión mística, tanto en la Virgen como en el bellísimo Niño que descansa sobre el seno de la madre. Su mirada es tierna y la sonrisa, de una dulzura extraordinaria.
 
El padre Juan Bautista Moga, de la Compañía de Jesús, en una visita que efectuó al santuario en 1881, al contemplar la imagen de Nuestra Señora tuvo la curiosidad de levantar la falda con la que entonces se cubría, observando la media luna que ésta tenía a sus pies, quedando así convencido de que la Virgen de Linares estaba representada en el misterio de su Concepción inmaculada.
 
Al dar cuenta de este hecho, dice Redel: "El docto jesuíta padre Moga, tan entusiasta y devoto de este misterio, apresuróse a dar cuenta de su descubrimiento al gobernador eclesiástico don Camilo de Palau, en vista de que se hallaba ausente el obispo, que era a la sazón el insigne filósofo fray Ceferino González. El señor Palau, muy competente en arqueología, cuya asignatura explicaba en el Seminario, dispuso, accediendo a los deseos del padre Moga, que, bajo su presidencia, reconociera la efigie una comisión facultativa, compuesta del mismo ilustrado jesuíta y del elocuente magistral don Manuel González Francés, entre otros capitulares y sacerdotes; del sabio individuo de la Comisión de Monumentos don Francisco de Borja Pavón; del notable arqueólogo y pintor don Rafael Romero Barros; del delicado poeta perteneciente al cuerpo de archiveros, bibliotecarios y anticuarios, don Julio Eguilaz Bengoechea; del aparejador de obras de la Catedral don Rafael Aguilar; del carpintero don José Casvas Heredia, y, del acreditado fotógrafo don José de Hoces..."
 
En otro párrafo, transcribe Redel los cinco primeros puntos del acta que se levantó después del reconocimiento efectuado por los maestros carpinteros llevados al santuario con esta finalidad :
 
"Primero: que la altura de la imagen es de 94 centímetros y la peana de 8 y 1/2, con un diámetro de 25.
 
"Segundo: que imagen y peana forman una pieza, de buena madera de peral, excepto las dos extremidades salientes por los dos lados de la media luna que está a los pies, las cuales son de pino de Segura muy bueno y puesto al hilo para su mayor robustez y consistencia". Acerca de este pormenor añadieron los peritos que de esta misma madera de pino de Segura "son dos remiendos de la peana" y que "ambos remiendos y el de la media luna, según su labrado, color y dureza, son posteriores a la escultura".
 
"Tercero: que la imagen está hueca por dentro.
 
"Cuarto: que aunque labrada la media luna de una madera distinta de la restante de la estatua, no es un simple apegamiento de época posterior, sino que forma con ella un todo, pues de otra suerte no pudiera explicarse la disposición y caída de los pliegues que contornean en parte dicho emblema.
 
"Y quinto: que la madera de la imagen presenta señales de muy remota antigüedad".
 
Por otra parte, de las manifestaciones que hicieron los componentes de la comisión técnica, después de un prolongado reconocimiento, sólo vamos a dar un resumen, que el propio Redel señala de la siguiente manera:
 
"El Reverendo Padre Moga hizo resumen concreto de todos los pareceres, sustentando las tres conclusiones que a continuación se expresan. Primera: que aquella misma imagen era, por lo menos, del siglo XIII, igual que los emblemas que le son anexos, fundado en el reconocimiento, en la tradición oral y en la escrita. Segunda: que los atributos representan, sin género de duda, el misterio de la Concepción de María. Y tercera: que de esta demostración se deduce que esta escultura es la Concepción más antigua de las conocidas y auténticas, existentes en todo el mundo católico, por ser anterior (dos siglos y medio) a las más antiguas, que no pasan de mediados del siglo XV".

Restauraciones de la Imagen
Aunque el número de veces que se retocó la imagen de Nuestra Señora de Linares es difícil de precisar, sí se puede decir que éstas no fueron de lo más acertado. Se conoce la que tuvo lugar el año 1885, aprovechando una de las veces que la imagen fue trasladada a Córdoba para que librase al pueblo de una gran epidemia de cólera.
 
Se sabían los desperfectos que tenía y era necesaria una restauración inmediata, por lo que la hermandad decidió aceptar el ofrecimiento del director de la Escuela de Bellas Artes Rafael Romero Barros, para dirigir dicha restauración, que fue comenzada el 30 de septiembre de dicho año, previa autorización del Cabildo catedralicio. El señor Romero junto con el artífice Rafael Díaz, tras un detenido estudio decidieron hacer una restauración completa de la imagen, que fue concluida el 20 de noviembre del citado año.
 
En otras ocasiones se retocó la imagen de Nuestra Señora de Linares, pero sin duda, la más importante de estas restauraciones, ha sido la última efectuada, se llevó a cabo en 1994 con el consentimiento del Cabildo catedralicio, que es su patrono, encargándose de dicha restauración el imaginero cordobés Miguel Arjona Navarro.
 
Después de un estudio en profundidad de la imagen, tanto exterior como interior, y vistas las malas condiciones en que se encontraba la misma, se procedió a resanar todo el conjunto, descubriéndose que en otros tiempos la imagen había tenido unos rayos salientes a ambos costados, siete en cada lado, que le han sido repuestos y que luce en la actualidad.
 
Una vez restaurada, y antes de cerrar su entorno, le fue colocado en su interior un pergamino, en el que se da cuenta de dicha restauración. La memoria que publica anualmente el boletín de la hermandad, correspondiente a 1994, dice a este respecto: "La Virgen ha estado en el taller de don Miguel Arjona un total de 118 días, trasladándose a la S.I.C. el día 29 de abril y estando nueve días en el altar mayor, para regresar a hombros del pueblo de Córdoba a su altar del Santuario".
 
Es posible que el primer traslado a Córdoba de la imagen de Nuestra Señora de Linares fuera en el año 1808, cuando la invasión francesa, cuyas tropas, al mando del general Dupont, se disponían a entrar en la ciudad. El comandante general de la vanguardia del Ejército de observación de Sierra Morena, Pedro Agustín de Echavarri, a la vista de que disponía de pocos hombres e inexpertos en la lucha, dirigió una proclama a todos los pueblos de su provincia previniéndoles que "con orden, quietud y sosiego se preparasen a tomar las armas, pertrechos y municiones y que impetrasen de los buenos patricios caudales, caballos y demás efectos necesarios, para ponerlo todo a las órdenes del indicado comandante general".
 
El general Echavarri, que era un heroico militar y profesaba una gran devoción a la Virgen de Linares, dispuso que ésta se trajese a la ciudad para que fuera amparo de la misma. "En la tarde del sábado 4 de junio de 1808 -dice Redel- salió para su santuario el rosario de Nuestra Señora del Socorro con multitud de sacerdotes e inmensidad de pueblo, y en la mañana del día 6, domingo de Pascua de Pentecostés, entró por la Puerta de Plasencia precedida de la imagen de San Fernando y acompañada de todos los habitantes de la provincia, que convertidos en soldados, la vitoreaban y proclamaban por su invencible generala".
 
La crónica añade que "ambas efigies, la de la Virgen y la de San Fernando, fueron saludadas al entrar en Córdoba con un repique general de campanas; penetraron a su paso en los templos de Santa María de Gracia y Santa Marta; en la puerta del convento de San Pablo fueron esperadas por la comunidad de dominicos, y en la de San Francisco, por la de los franciscanos. Siguió la procesión por la Cruz del Rastro hasta la parroquia de San Pedro, en cuya iglesia quedaron depositadas las imágenes, a las que se ofrecieron misas y otros actos religiosos, incluidos sermones de doctos representantes de la Iglesia".
 
Más a pesar de todo, las tropas del general Dupont llegaron hasta Alcolea el día 7 de junio, haciendo un gran número de bajas al ejército cristiano y avanzando hasta Córdoba, cuya Puerta Nueva encontraron cerrada; el general francés ordenó que la derribaran a cañonazos, y entró en la ciudad, donde, a su paso por la calles, hicieron los soldados destrozos incalculables.
 
Se cuenta que cuando las tropas galas llegaron hasta la parroquia de San Pedro, que estaba cerrada, creyeron que el templo era un cuartel o palacio en el que se hospedaba el general Echavarri, por lo que se ordenó volar el edificio. La crónica dice que se produjo un hecho milagroso, pues varias veces que se encendieron las mechas del cañón, éstas se apagaron sin que pudiera cumplir su objetivo, dando con ello tiempo a que supieran que aquel edificio era una iglesia y se desistiera de disparar contra ella.
 
El hecho de encontrarse la imagen en el templo fue el motivo para que el pueblo creyera firmemente en la protección de Nuestra Señora a la ciudad, ya que ésta no fue de las que más sufrieron el azote de la invasión francesa, a pesar de que los cordobeses tuvieron que soportar tres días de saqueo durante los cuales se profanaron muchos templos y se cometieron grandes desmanes. El día 16 de junio el general francés debió salir precipitadamente de Córdoba con sus tropas, y los cordobeses, libres del yugo de los franceses, acudieron a la parroquia de San Pedro a dar gracias a Nuestra Señora de Linares, por haber librado a Córdoba de males mayores, como los ocurridos en otras ciudades y pueblos españoles. Después de cuatro meses de permanencia en la ciudad, el 16 de octubre del citado año de 1808 la imagen volvió a su santuario, acompañada de la de San Fernando.
 
Cuatro años más tarde, en 1812, la Virgen de Linares volvió a ser trasladada a Córdoba para que ante ella y en la Santa Iglesia Catedral se procediese al juramento de la Constitución. Refiere la crónica que consultamos sobre el particular que "la imagen de la Virgen salió del santuario en la mañana del día 15 de septiembre de dicho año, depositándola en el molino del arroyo de Pedroche, convenientemente arreglado al efecto, donde estuvo hasta las cinco de la tarde, que atravesando el arroyo, fue llevada hasta la casa de la Pólvora, donde se agregó el clero y las cruces parroquiales, siguiendo hasta la Cruz de Roelas, donde fue recibida por el general Echavarri, que la esperaba con una compañía de lanceros y música militar, siguiendo la comitiva hasta la Puerta Nueva, donde se le incorporó la imagen de nuestro Custodio San Rafael, con su hermandad, siguiendo hasta la Catedral en la que entró, luego de ser recibida por el obispo y capitulares, verificándose en la mañana del día 16 la fiesta de la Jura de la Constitución. La Virgen de Linares regresó a su santuario el día 25 de septiembre del citado año de 1812".
 
En otras varias ocasiones la imagen de Nuestra Señora de Linares fue bajada a la ciudad con motivo de epidemias que asolaban no sólo a Córdoba, sino a Andalucía y España, cuyo relato sería prolijo.
El entorno del santuario
A unos ocho kilómetros de Córdoba siguiendo la carretera de Almadén, por una desviación de la llamada Carrera del Caballo y en un paraje de extraordinaria belleza, se encuentra situado sobre una pequeña colina el santuario de Nuestra Señora de Linares, rodeando a la antigua atalaya agarena en la que mandara colocar el rey Fernando III la imagen de la Virgen Capitana y Conquistadora de la ciudad.
 
De telón de fondo tiene los ya altos cerros de las primeras estribaciones de Sierra Morena, y rodeando a la ermita, otros cerros más bajos, de los que destaca el llamado Cerro de San Fernando o de Jesús, sobre el que la tradición cuenta que en su cúspide ordenó poner su bandera el Santo Rey, y en el que cada año, con motivo de las fiestas de la romería, se continúa colocando la enseña nacional.
 
A los pies de la colina corre un sinuoso arroyo, rumoroso en alguno de sus tramos por los roquedales que tiene en su curso, y tranquilo en las balsas que se forman en su recorrido. A ambas márgenes se alza una frondosa alameda, en la que anidan multitud de ruiseñores que lanzan sus sonoros trinos a los cuatro vientos, teniendo al pie de los álamos y a lo largo de todo el curso del arroyo centenares de rosales y flores silvestres, enredaderas y espinos. El resto del paisaje lo forman olivos, pinos y monte bajo en el que crecen jaras y lentiscos, que hacen del entorno del santuario un paraje verdaderamente delicioso y encantador.
 
A poca distancia de la ermita, con unas panorámicas bellísimas, sobre todo el entorno de la misma, se halla el Puerto de la Salve, lugar desde el cual, al avistar el santuario, los romeros rezan su primera Salve a Nuestra Señora, si bien la tradición cuenta que el nombre lo recibe el lugar "porque allí se detuvieron las tropas de Fernando III, cuando se disponían a venir a la ciudad y que alentadas por el monarca entonaron una Salve a la Virgen de Linares antes de perder de vista la atalaya, tradición que se ha seguido a través de los siglos". Lindando con el santuario está el Camino de la Vegueta, que parte del puente que cruza sobre el arroyo, y las fincas conocidas por San Fernando y Lofuentes o "lo de Fuentes".

Descripición del Santuario
El Santuario es un complejo arquitectónico, basado en un núcleo preexistente, una atalaya o torre vigía, a la que se le fueron adosando hasta constituir una unidad constructiva, con posterioridad, una serie de construcciones: el templo, la hospedería y la vivienda del santero. Todos estos elementos están ensamblados, conformando un único edificio.
 
La torre, perteneciente a la arquitectura militar islámica del siglo IX, fue, según la tradición, el lugar que eligió el rey Fernando III para que sirviese de primer templo a la Virgen. Es de planta cuadrada, fábrica de mampostería con sillares en las esquinas y dos plantas. La planta baja, incluida dentro del ámbito de la iglesia, constituye el antiguo presbiterio y está cubierta con bóveda de cañón. El templo es de cruz latina con un añadido posterior para formar un ábside. Se compone de atrio con coro alto, una nave, capillas laterales, presbiterio y ábside.
 
El atrio, de planta rectangular, presenta una puerta exterior con arco de medio punto, recercada por alfiz y cancel de forja. Se cubre con techo plano y en los muros se conservan algunos exvotos. La portada Interior de acceso a la nave es de piedra caliza, con un arco apuntado cuya clave lleva tallado el emblema de Linares, se apoya en unas jambas de piedra que terminan en una imposta de la que arrancan tanto el arco como el alfiz. Todos estos elementos arquitectónicos tienen una moldura de perfilería gótica.
 
Junto a la portada, en planta alta, se desarrolla el coro, de planta rectangular, abierta a la nave de la iglesia con un arco deprimido rectilíneo y una barandilla de balaustres de madera.
 
La nave es de planta rectangular alargada y no muy regular, con dos brazos abiertos a la nave central por arcos apuntados y capillas laterales decoradas con retablos. Lo más sobresaliente de este espacio es la colección de pintura con obras de Antonio del Castillo o Juan de Alfaros y otras de Zambrano, Sarabia y anónimos cordobeses del siglo XVII.
 
A la derecha, existe una capilla de planta rectangular cubierta con bóveda de arista y tres altares, uno de ellos con la imagen de San Fernando, obra del artista cordobés Lorenzo Cano, de poco relieve artístico; en otro altar está la imagen de San José, atribuida al padre trapense Webber, y el tercero tiene una imagen de San Rafael, de artista desconocido, que algunos autores aseguran que fue la que estuvo en la primera iglesia del Juramento hasta que fue sustituida por la actual, del escultor cordobés Alonso Gómez de Sandoval.
 
A la izquierda, otra capilla de planta rectangular cubierta con bóveda de cañón con lunetos y con dos altares, uno de ellos con la imagen de Jesús Nazareno de bastante valor artístico, cuya procedencia se cree que sea del desaparecido convento de las Dueñas; durante muchos años tuvo una hermandad que en los días de Semana Santa rezaba, procesionando a la imagen, un vía crucis hasta el monte cercano, que desde entonces se conoce por Cerro de Jesús. El retablo tiene una inscripción en la que se dice que fue dorado y pintado a expensas de don Pedro de Heredia en el año 1801. En el siguiente testero se venera una imagen de vestir de Nuestra Señora de los Dolores, de autor desconocido, si bien la expresión de su rostro refleja con bastante acierto el significado de su advocación.
 
Finaliza la nave en un arco apuntado cuya rosca es de piedra arenisca y conecta con un tramo más estrecho, que corresponde al torreón. Era el antiguo presbiterio. Se cubre con bóveda de cañón. El ábside conecta con el tramo anterior, es de forma semicircular cubierta con una cúpula sencilla y en su paramento se abren cinco ventanas apuntadas. Este espacio está presidido por un templete neoclásico que cobija la talla de la Virgen de Linares. Es de planta circular con columnas corintias que sostienen una cúpula.
 
Desde el lado derecho del templo se accede a la sacristía, donde se encuentra el exvoto más antiguo, fechado el 1717. También anexa al muro derecho se ubica la casa del santero, con dos plantas. En la parte izquierda se encuentra parte de la antigua hospedería.
 
La fachada principal del santuario reproduce los esquemas de casas de campo de los siglos XVIII y XIX, con un marcado carácter popular. Presenta, en primer lugar, el muro de cerramiento de la antigua hospedería en la que se abran cuatro arcos de medio punto. La del templo es de dos plantas. En planta baja, hay dos puertas adinteladas con marco de listel y en el centro un vano de arco de medio punto y un rehundido de alfiz, la entrada Interior del templo. En planta alta existen tres balcones sencillos y cubierta con tejado de un agua. Tras él se eleva un parapeto curvilíneo del que sale la espadaña, de dos cuerpos, el bajo con dos arcos de medio punto entre pilastras y el segundo con un arco de campana que termina en una cornisa con copete central. Fue construida en 1862.
 
En resumen, el aspecto de esta construcción es el de un caserío rural andaluz más que un edificio religioso, pero, por su complejidad, no presenta la apariencia de ermita rural.
 
Este Santuario se convierte en el centro de una serie de actividades y ritos religiosos dedicados a la Virgen de Linares (romería, ofrenda de flores...), de amplio eco en la sociedad cordobesa. De aquí la importancia de sus valores etnológicos.

Restauraciones de la ermita
Solamente vamos a referirnos en este capítulo a las restauraciones más importantes llevadas a cabo en la ermita, algunas de las cuales ya se han reseñado anteriormente. Pero no podemos obviar la primera ampliación que se hizo en la misma en época del obispo Lope de Fitero, ni las que se hicieron, posteriormente, en 1519, "por estar arruinado el edificio".
 
Con obras de mayor o menor cuantía que hubieron de efectuarse, se llegó hasta el año 1862, fecha en que se construyó el campanario, al que ya nos hemos referido, de dos cuerpos. En la parte superior se colocó una pequeña campana que estuvo en principio colgada entre las almenas de la antigua atalaya y se le puso el nombre de Santa María de Linares. Esta campana fue sustituida por otra que se hizo en 1691, fecha que consta con su nombre en el bronce de la misma. De las otras dos campanas, una procede de una ermita de Aguilar de la Frontera; se hizo en el año 1702 y tiene los nombre de Jesús, María y José. Y por último, la tercera campana, que es la mayor, pesa 244 libras y fue bautizada en la iglesia del convento de Santa Victoria con los nombres de Acisclo, Victoria de San Rafael, quedando colocada en la espadaña el 28 de junio de 1863. Pero la obra más interesante de las llevadas a cabo en el santuario de Linares tal vez sea la de la construcción de un camarín para la Virgen. De la descripción de esta obra dice Redel que "el 28 de marzo de 1867 acordó definitivamente la Hermandad que se procediera a la obra derribando el retablo y altar mayor, así como cuanto fuere necesario, aunque respetando siempre la forma del castillo. Al efecto, el día 31 del mismo mes fue una comisión de socios al santuario, trasladó la santa imagen de la Virgen al altar de San Fernando y quitando el antiguo retablo, quedó patente, dice un testigo presencial, el primitivo nicho u hornacina toscamente excavada en el muro y lugar céntrico de la torre, formando un hueco exactamente igual al bulto de la Santísima Imagen, con un hierro a su cabeza : que manifiesta a la vez el lugar donde al ser traída fue colocada y permaneció los primeros tiempos, y la lámpara que, pendiente del hierro, perpetuamente la alumbraba".
 
El camarín fue construido a pesar de las dificultades sufridas, como carencia de medios económicos y, especialmente, un voraz incendio ocurrido el 27 de abril de 1882, que inutilizó varias dependencias del santuario, que fue necesario reedificar. El día 19 de febrero de 1905, a pesar de que la imagen de Nuestra Señora se hallaba en Córdoba, se procedió a la bendición del camarín, que presentaba cinco artísticos ventanales con vidrieras de colores que llenan de luz el altar, el presbiterio y parte de la iglesia, desapareciendo la penumbra que hasta entonces reinaba en la misma.
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SALVE A NUESTRA SEÑORA DE LINARES
Dios te salve, Virgen Pura.
Reina del Cielo y la Tierra;
Madre de misecordia,
De gracia pureza inmensa,
Vida y dulzura, en quien vive
Toda la esperenza nuestra
A tí, Reina suspiramos,
Gimiendo y llorando penas,
En aqueste triste valle
De lágrimas y miserias
Ea, pues Dulce Señora,
Madre y abogada nuestra,
Esos tus hermosos ojos
A nosotros siempre vuelvas
Y a Jesús, fruto bendito
De tu vientre hermosa perla.
Después de aqueste destierro
En el Cielo nos le muestra.
¡ Oh clementísima Aurora !
¡Oh piadosísisma Reina !
¡ Oh dulce Virgen María
de Linares Madre Nuestra !
Pues eres Reina del Cielo,
Alcanzad de vuestro Hijo
La salud para este pueblo,
para que todos te alaben
el la tierra y en el Cielo.
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