miércoles, julio 31, 2013

Beato Juan Francisco Jarrige de La Morelie de Breuil, Presbítero y Mártir

Beato Juan Francisco Jarrige de La Morelie de Breuil, Presbítero y Mártir
Julio 31

Martirologio Romano: En el mar ante Rochefort, en Francia, beato Juan Francisco Jarriges de la Morelie du Breuil, presbítero y mártir, que durante la Revolución Francesa, cuando la persecución contra la Iglesia se hacía sentir más intensa, fue encerrado en una vieja nave destinada al trasporte de esclavos, en la que murió tísico. (1752-1794).

Nació en Saint-Yrieix. Canónigo de la colegiata de Saint-Yrieix, de la diócesis de Limoges, deportado por ser refractario.

Murió en el barco prisión Deux-Associés, en Rochefort, durante la Revolución Francesa, de hambre y de tisis, donde lo encerraron en Rochefort.


Fue presbítero del clero secular, fiel a Roma, y murió por enfermedad en condiciones inhumanas, sin juicio ni ejecución formal.

=
Fuente: Vidas Santas


Beato Everardo Hanse, Presbítero y Mártir

Beato Everardo Hanse, Presbítero y Mártir
Julio 31

Martirologio Romano: En la ciudad de Londres, en Inglaterra, beato Everardo Hanse, presbítero y mártir, que desde el día en que abrazó la fe católica fue siempre file a ella, la propagó entre sus conciudadanos y, siendo reina Isabel I, confirmó su fe con el martirio en Tybourn. (c.1545 - 1581).

Natural de Northampton. Hijo de protestantes estudió en Cambridge y fue pastor anglicano. Su crisis espiritual se produjo a partir de 1579 cuando, analizando, a raíz de una grave enfermedad, sus convicciones religiosas, encontró falto de fundamento bíblico el anglicanismo. Pensando que se iba a morir, llamó a su hermano Guillermo, que era sacerdote católico, y le pidió que le recibiera en el catolicismo. Inmediatamente renunció a los beneficios anglicanos.

Cuando, fue ordenado sacerdote en Reims (1581). Volvió enseguida a Inglaterra, pero su lealtad al catolicismo le valió la prisión, pues acudió a la cárcel de Marshalsea a visitar a varios católicos detenidos. Fue detenido y encarcelado en Newgate en 1581. Se intentó en vano durante los interrogatorios confundirlo y hacerle decir lo que no decía, pero sorteó todas las insidias dejando en claro que no era rebelde a la reina en cuanto a asuntos temporales y que por cuestión de conciencia religiosa no aceptaba la supremacía religiosa. Pocos meses más tarde fue martirizado en Tyburn, Londres.

Al morir se le oyó exclamar “¡Oh día feliz!”. El día antes de morir escribió a su hermano Guillermo una conmovedora carta, en la que terminaba recordando las palabras de Cristo en la cruz. Ahorcado estuvo muy poco tiempo pendiente de la cuerda, por lo que estaba vivo cuando empezaron a descuartizarlo. Su corazón, arrancado del pecho y echado a la hoguera, saltó de ella.
=
Fuente: Vidas Santas

Nació en Northamptonshire, Inglaterra, en el año 1545 y lo ahorcaron y, aún vivo, lo descuartizaron en la plaza Tyburn de Londres el 31 de julio de 1581

Confirmación de Culto, equivalente a su beatificación, por el Papa León XIII el 29 de diciembre de 1886.


Nació en Northamptonshire, Inglaterra, en el año 1545 en el seno de una familia protestante y de mayor se hizo ministro anglicano. 


Fue educado en Cambridge, y pronto se dio a una buena vida. Su hermano Guillermo, que se había convertido en un sacerdote católico en abril 1579, trató de convertirlo, pero en vano hasta que al estar enfermo y un ataque agudo en su enfermedad le hizo entrar en sí mismo. 


A continuación, pasó al Colegio Inglés de Reims, en el norte de Francia y permaneció allí durante los años 1580-1581, fue ordenado presbítero y regresó a Inglaterra, pero su ministerio fue muy corto.


En julio se encontraba visitando a algunos prisioneros católicos en la cárcel de Marshalsea, cuando el guardia se dio cuenta de que sus zapatos eran de una marca extranjera. Él fue minuciosamente examinado, y su sacerdocio fue descubierto.


Hasta ahora no había ninguna ley contra los sacerdotes, y para satisfacer las hipócritas profesiones de los perseguidores, era necesario encontrar alguna traición de la que era culpable. Se le preguntó en las Sesiones del tribunal de Newgate, lo que pensaba acerca de la autoridad del Papa, y en su respuesta admitió que él cree que “el Papa tiene la misma autoridad ahora como lo había hecho cien años antes"; se le preguntó, además, si el Papa estuvo errado, es decir, pecó en la declaración de excomulgar a la reina Isabel I Tudor, a lo que respondió: "Espero que no." Sus palabras fueron escritas para su acusación, y cuando se le preguntó, además, si él deseaba que otros ingleses a creyeran como él lo hizo, respondió: “Me gustaría tener a todos a creyendo en la fe católica como yo.” Después añadió una segunda respuesta por su cuenta que deseaba hacer que también los traidores creyeran en la doctrina católicacomo él. Fue a la vez declarado culpable de "persuasión", que era alta traición para Isabel I. Por lo tanto, fue en su momento condenado y ejecutado en Tyburn.


El juicio fue, es de destacar, como uno de los casos más extremos de traición verbal de la historia, y fue tan mal recibido que el Gobierno, después, cambió sus métodos de aplicar sentencias. Las últimas palabras del mártir fueron "Oh día feliz!" y su constancia en toda su extensión "era un asunto de gran edificación para el bien". El embajador español escribió: "Dos noches después de su muerte, no había una partícula de tierra sobre la que se había derramado su sangre, que no se había llevado como una reliquia."


Lo ahorcaron y, aún vivo, lo descuartizaron en la plaza Tyburn de Londres el 31 de julio de 1581, a los cuatro meses de recibir la ordenación sacerdotal.



martes, julio 30, 2013

Evangelio Julio 30, 2013

La parábola de la cizaña
Mateo 13, 36–43.
Tiempo Ordinario.
Esperar en el cielo implica trabajar por ser buena semilla del Reino de Dios.

Del Evangelio según san Mateo 13, 36 -43

Entonces, dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo». El les respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles. Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga!

Oración Introductoria

Dios mío, Señor de Misericordia, vengo a ponerme en tu presencia para pedirte que pongas tus palabras y tu mensaje en mi corazón para que sepa darte el fruto que Tú buscas en mí. Aumenta mi fe para verte en mi vida y en los demás; aumenta mi esperanza para vivir con alegría deseando estar contigo en la eternidad; y aumenta mi amor para nunca abandonarte ni dejarte solo porque Tú nunca me abandonas ni te apartas de mí.

Petición
Corazón de Jesús traspasado de amor por mí, inflama mi corazón de amor por ti. Dame tu gracia para darte mi vida; dame tus dones para darte mis acciones y darte gloria por siempre.

Meditación del Papa
San Agustín, comentando esta parábola, observa que "primero muchos son cizaña y luego se convierten en grano bueno". Y agrega: "si éstos, cuando son malos, no fueran tolerados con paciencia, no lograrían el laudable cambio". Queridos amigos, el libro de la sabiduría, del que hoy está tomada la primera lectura, subraya esta dimensión del Ser divino: "porque, fuera de Ti, no hay otro Dios que cuide de todos... porque tu fuerza es el principio de tu justicia y tu dominio sobre todas las cosas te hace indulgente con todos". Y el salmo 85 lo confirma: "Tú Señor eres bueno e indulgente, rico en misericordia con aquellos que te invocan". Por tanto, si somos hijos de un Padre tan grande y bueno, ¡tratemos de parecernos a Él! Éste era el objetivo que Jesús se planteaba con su predicación. Decía a quien lo escuchaba: "Sed perfectos como es perfecto el Padre que está en los cielos". Encomendémonos con confianza a María, a quien ayer invocamos con la advocación de la Virgen Santísima del Monte Carmelo, para que nos ayude a seguir fielmente a Jesús, y de este modo vivir como verdaderos hijos de Dios. (Benedicto XVI, 17 de julio de 2011).

Reflexión
Hay que decirle al Señor que hoy también nos acercamos a su presencia para pedirle que nos explique sus enseñanzas. En nuestra vida muchas veces no podemos ver claro lo que Él pide o no entendemos lo que nos dice. En esta parábola, sin embargo, abre con claridad lo que quiso explicar a la humanidad. Jesús quiere que seamos la buena semilla que pertenece al Reino de Dios. Cuánto duele al Señor saber que muchos eligen el camino del mal y se apartan de Él; a nosotros también nos apena ver que efectivamente muchos se deciden por ser cizaña que ha sembrado el demonio. Satanás está en lucha contra Dios y contra los hombres, que busca constantemente que las almas se alejen de su Creador.

Pero Dios, el creador y dueño de campo que es el mundo, seguirá cuidando con mucha misericordia de su campo y trabajará no por arrancar la cizaña, sino para convertirla en bellas espigas que serán recogidas en la buena cosecha. Aunque en el mundo físico esto no es posible, sin embargo Dios puede hacer esto, pero necesita también de nuestra labor, de nuestras oraciones y nuestros sacrificios para ayudar a convertir a los pecadores.
Para nosotros esto es posible mientras hay vida, y una vez llegado el momento de rendir cuentas, Dios que nos persiguió con su amor infinito, nos evaluará con su infinita justicia. Pidamos a los ángeles, cosechadores del Señor, que ayuden a los seres humanos a obrar el bien y pertenecer al Reino de Dios. Hay que tener fe, porque en nuestra vida muchas veces luchamos por lo que no vemos, pero al final veremos por lo que luchamos: por Dios y su Reino.

El Señor nos dice que el que persevere hasta el fin, ése se salvará (Mt 10, 22). Este es el llamado a la perseverancia en el bien, en ser semilla buena que da fruto abundante en el campo del mundo creado por Dios. Pero la soberbia es la que puede descomponer la buena semilla que Dios ha sembrado, porque es asemejarse al maligno que se ha rebelado contra Dios, o como decía San Agustín, es hacerse perverso e imitador de los errores del diablo.

La cizaña será quemada en el día de la ciega. Este día final se le suele pintar con tintes tremendistas y catastróficos, infundiendo miedos y terrores. Para quien se ha esforzado en seguir la voluntad de Dios, aun a pesar de nuestras muchas deficiencias, debilidades y errores, no puede menos que esperar la misericordia y consideración por parte de Dios. No nos preparamos para un día de temor, sino para un día de esperanza y retribución. Si pensamos más frecuente en este día de la cosecha, sabremos vivir rectamente, incluso en las derrotas si van acompañadas de una sincera lucha y un sincero arrepentimiento. Así brillaremos también en este mundo con el fulgor de los hijos de Dios.

Propósito
Hoy rezaré mucho por la salvación de las almas del purgatorio, para que Dios, en su infinita bondad, mitigue los ardores de la purificación de estas almas que esperan con ansias el momento glorioso de su encuentro eterno con Dios.

Diálogo con Cristo
Señor, tuyo es el mundo porque Tú lo has creado, tuyo es el Reino porque tú lo has instaurado, tuyas son las almas porque Tú las has amado y salvado. Haz, Señor misericordioso, que no nos cerremos a tus palabras y a tu gracia. Transforma los corazones que se han alejado de ti para que no caigan en manos del enemigo que busca perderlos. También concede a mi alma ser la tierra fértil donde caiga la semilla de tu Palabra para que pueda dar fruto, para ayudar a otros y para hacer crecer tu Reino de paz, de vida y de gracia en mí y en el mundo entero.

Jesús nos enseña a ver las cosas con realismo cristiano y a afrontar cada problema con claridad de principios, pero también con prudencia y paciencia. Esto supone una visión trascendente de la historia, en la que se sabe que todo pertenece a Dios y que todo resultado final es obra de su Providencia. Juan Pablo II, audiencia general 25 de septiembre de 1991
=
Autor: P. Francisco Javier Arriola, LC | Fuente: Catholic.net

San Pedro Crisólogo, Obispo de Rávena, Doctor de la Iglesia


San Pedro Crisólogo, Obispo de Rávena, Doctor de la Iglesia
Julio 30

Martirologio Romano: San Pedro, “Crisólogo” de sobrenombre, obispo de Ravena y doctor de la Iglesia, que, habiendo recibido el nombre del santo apóstol, desempeñó su oficio tan perfectamente que consiguió capturar a multitudes en la red de su celestial doctrina, saciándolas con la dulzura de su palabra. Su tránsito tuvo lugar el día treinta y uno de este mes en Imola, en la región de la Emilia Romagna. (406 - c.450)
 
San Pedro, quien fue uno de los oradores más famosos de la Iglesia Católica, nació en Imola, Italia y fue formado por el Obispo de esa ciudad Cornelio, por el cual conservó siempre una gran veneración. El Obispo Cornelio convenció a San Pedro de que en el dominio de las propias pasiones y en el rechazar los malos deseos reside la verdadera grandeza, y que este es un medio seguro para conseguir las bendiciones de Dios.
San Pedro gozó de la amistad del emperador Valentiniano y de la madre de éste, Plácida, y por recomendación de los dos, fue nombrado Arzobispo de Ravena. También gozó de la amistad del Papa San León Magno.

Cuando empezó a ser arzobispo de Ravena, había en esta ciudad un gran número de paganos. Y trabajó con tanto entusiasmo por convertirlos, que cuando él murió ya eran poquísimos los paganos o no creyentes en este lugar.

A la gente le agradaba mucho sus sermones, y por eso le pusieron el sobrenombre de crisólogo, que quiere decir, el que habla muy bien. Su modo de hablar era conciso, sencillo y práctico. La gente se admiraba de que en predicaciones bastante breves, era capaz de resumir las verdades más importantes de la fe. Se conservan de él, 176 sermones, muy bien preparados y cuidadosamente redactados. Por su gran sabiduría al predicar y escribir, fue nombrado Doctor de la Iglesia, por el Papa Benedicto XIII.

Recomendaba mucho la comunión frecuente y exhortaba a sus oyentes a convertir la Sagrada Eucaristía en su alimento de todas las semanas.

Murió el 30 de julio del año 451.
=
Fuente: ACI Prensa

Beato Manés de Guzmán y Aza, Confesor

Beato Manés de Guzmán y Aza, Confesor
Julio 30

Caleruega, en el corazón de la provincia burgalesa, se nos ofrece todavía como un ejemplar de aquellas aldeas, con su caserío agrupado junto a la silueta recia y protectora de un viejo torreón medieval, maltratado por los siglos, pero aún erguido con noble apariencia retadora. Caleruega es, en la actualidad, un pueblecito de unos mil habitantes que mira por el Mediodía hacia una vasta llanura, árida y monótona, y distingue hacia el Norte una agreste región que a lo lejos se empina en sierras fieramente dentadas de riscos y precipicios. Adosado a su torreón, de trazo rectangular, que conserva cierta inflexible esbeltez, se levantó en un tiempo el castillo de los Guzmanes, finalmente destinado, en 1270, por Alfonso el Sabio, para monasterio de dominicas.


Muchos años antes, a mediados del :siglo XII, habitaba el castillo una familia que dio a la Iglesia dos santos y un beato en sólo el curso de dos generaciones.

Suena bien el apellido de Guzmán en oídos españoles. Las páginas de nuestra historia le recuerdan con frecuencia y aparece entre las estrofas del Romancero por mor de la hazaña de Guzmán el Bueno en la defensa de Tarifa. Pero en los tiempos a que nos referimos ya no se luchaba por los campos de Burgos, y don Félix de Guzmán, a quien el monarca había confiado la defensa de aquella plaza, pudo cultivar en paz las sólidas virtudes de religiosidad y dulzura hogareña que anidaban en su corazón, profundamente fervoroso y cristiano.

Noble apellido el de don Félix. Pero nada tenía que envidiarle el de su esposa, doña Juana de Aza, dama acaudalada, cuyos padres residían y mandaban en la villa de este nombre, entre Aranda y Roa, y de dotes tan elevadas y escogidas que la llevaron, tras una vida ejemplar, a los altares, donde hoy la ofrece la Iglesia a la devoción de los fieles entre la corte admirable de sus santos.

Unidos por el amor, don Félix de Guzmán y doña Juana de Aza, en un tiempo en que los valores del espíritu resplandecían sobre toda clase de apreciaciones materialistas, y compitiendo sus almas en celo religioso y nobleza de sentimientos, era lógico que formaran un hogar donde Dios recogiera frutos de evangélica belleza y la Iglesia encontrara paladines para sus empresas y moradores para sus cenáculos.

Así fue, en efecto. Félix de Guzmán murió en olor de santidad y su cuerpo duerme el sueño de los justos en el monasterio de San Pedro, de Gumiel de Izán. Doña Juana, elevada, como hemos dicho, a los altares, fue sepultada primero al lado de su esposo, y descansa ahora en San Pablo de Peñafiel. De tres hijos suyos nos habla la historia. El mayor, Antonio, se consagró a Dios en el sacerdocio, y, desdeñando altos beneficios y dignidades eclesiásticas, muy posibles dada la posición de su noble familia, se enterró en vida en un hospital, para cuidar de los pobres y los peregrinos que acudían por entonces en gran número al sepulcro de Santo Domingo de Silos. El menor fue aquella gran figura de la hagiografía hispana que el mundo conoce por Santo Domingo de Guzmán. Entre ambos Manés, a quien están dedicadas las presentes líneas.

A menudo resulta difícil discriminar lo histórico de lo legendario cuando se pretende presentar la biografía de los santos de la Edad Media. Ello ocurre aun con figuras del más destacado relieve, de aquellos que brillaron con acusado fulgor en el firmamento de las glorias cristianas. Bien conocido parece ser Santo Domingo de Guzmán y harto evidentes resultan la mayoría de sus hechos, andanzas y milagros. Y, sin embargo, sus propios biógrafos suelen hacer constar esta premisa de carácter general y los más escrupulosos se afanan en presentar por separado lo que en sus investigaciones han hallado como historia cierta de aquello otro que no se atreven a desarraigar totalmente del campo de la leyenda, tan fecundo en profundos barroquismos de maravillas, éxtasis y revelaciones.

Si tal sucede con el propio fundador de la Orden de Predicadores y creador del rezo del rosario, imagínense las dificultades que se encontrarán para sacar a luz la existencia de su hermano Manés que, sencillo y humilde como florecilla perdida en ubérrimo valle, pasó por el mundo sin apenas dejar otro recuerdo que el olor de una bondad fragante y una abnegación silenciosa.

Su propio nombre resulta dudoso, pues hay quienes le llaman Mamés y otros Mamerto, y hasta la fecha de su nacimiento se ignora, aunque hubo de ser antes, probablemente no mucho, del año 1170, en que, según todas las probabilidades (tampoco esto es seguro), vino al mundo su hermano Santo Domingo.

Ocupa, pues, Manés, en la cronología familiar, el puesto intermedio entre sus dos hermanos Antonio y Domingo, y este lugar parece encerrar cierto simbolismo que refleja algunas de las particularidades de su carácter. De lo que no cabe duda es de que fue callado y de pocas iniciativas: hombre de ideas sencillas y dulce carácter: firme en su profunda devoción y amor a Dios y a sus semejantes: aficionado a la oración y meditativo. Se le conoce como Manés el contemplativo: su alma era transparente como el cristal y nunca perdió la pura inocencia, que es una de las características de muchos de los elegidos del Señor.

Manés se sintió atraído y como subyugado por la férrea voluntad y el trepidante dinamismo de Domingo: se unió a éste, y a su lado permaneció largos años, siempre dispuesto a secundarle en sus empresas y a obedecer sus indicaciones, tan calladamente que apenas se le nombra de tarde en tarde por los historiadores del fundador de los dominicos, pero con una efectividad operante que surge como con destellos propios cada vez que esto ocurre.

Gran parte de su juventud la pasó Manés al lado de su santa madre, entregado a la práctica de la piedad y de las virtudes cristianas y a la lectura de los libros santos hasta que marchó a unirse a su hermano Domingo en tierras francesas del Lanquedoc, donde aquél trabajaba en la conversión de los herejes, a lo que también se entregó Manés, prodigando sus sermones y sus exhortaciones, que alternaba con la oración fervorosa y las más severas penitencias.

Tarea había, ciertamente, para todos en la gran empresa en que Santo Domingo se encontraba enfrascado. Sus luchas contra los errores y las malicias de los albigenses requerían el mayor número posible de auxiliares, y, al fundar aquél la Orden dominicana, a la que dio como especiales características las del estudio y la contemplación, Manés fue uno de los primeros miembros de la misma que en manos de su propio hermano hizo profesión de seguirle y cooperar al acrecentamiento de la obra de Dios.

Sabido es que Domingo, una vez confirmada la Orden por el Papa Honorio III, decidió dispersar sus frailes por el mundo, haciéndoles salir del monasterio de Prulla, verdadera cuna de la Orden, para que establecieran en diversos países nuevas casas que sirvieran de centros irradiadores de la verdad evangélica.

La dispersión tuvo lugar el día de la Asunción de Nuestra Señora, de 1217, fecha que ha pasado a las crónicas de la Orden con el calificativo de Pentecostés dominicano. La despedida del fundador fue tierna y patética. Se apartaban de él quienes primero se le habían unido y a su lado habían rezado y predicado, y entre ellos se encontraba el hermano, Manés, que formaba parte del grupo que salió con dirección a París, para, como atestigua Juan de Navarra, "estudiar, predicar y fundar un convento" en la capital de Francia.

Es curioso que, a la par que estos religiosos, salieran otros para España y que Manés figurase, no obstante, entre los primeros. No parece arriesgado presumir que Santo Domingo lo decidiera así por parecerle más difícil la lucha evangélica en Francia que en España, dando con ello una prueba de la confianza que tenía en su hermano. No era, por otra parte, Manés el único español que figuraba en el grupo, sino que había otros dos más entre los siete que lo componían. La labor que todos ellos llevaron a cabo fue magnífica. A su llegada a París se acomodaron en una vivienda modesta, frente al palacio del obispo; pero poco más tarde les concedieron una casa de mayor amplitud, donde fundaron el convento de Santiago, que no tardó en convertirse en uno de los de más nombradía de la Orden, tanto por aquel tiempo como en los posteriores.

Pero aún había de conferir Domingo a su hermano otra misión, si no de tanta trascendencia, quizá más delicada y difícil, y a la que el santo fundador concedía importancia singular.

Iniciadas las Comunidades de dominicas, Santo Domingo tuvo decidido interés en destinar a cada una de ellas algún vicario de la propia Orden que las gobernase, dirigiese y santificase. "Proveyólas principalmente -dice a este respecto el grave historiador Hernando del Castillo- de maestros y padres espirituales que las enseñasen, guardasen, amparasen, alumbrasen, consolasen y desengañasen en los muchos y varios casos y cosas a que en la prosecución de tan santa y nueva vida se les habían de ofrecer. Y, después de pintar cuáles son las virtudes que deben hacer de las comunidades religiosas, "congregaciones de ángeles", añade: "Para tales las criaba Santo Domingo, y por eso fue su primer cuidado dejar en su guarda y compañía a quien pudiese ser maestro y padre de la perfección que buscaron dejando el mundo y de la que prometieron buscando a Dios".

Si éstos eran el pensamiento y los deseos de Santo Domingo, puede suponerse con cuánto cuidado elegiría a aquellos de sus monjes que habían de encargarse de la función de vicarios en las Comunidades religiosas dominicas. Para esto también resultaban insuperables las dotes de Manés, virtuoso, prudente, reflexivo y file cumplidor de las reglas de la Orden y de las advertencias de su fundador.

Por eso, sin duda, cuando en Madrid se estableció la primera Comunidad de dominicas en el monasterio que más adelante se conoció con el nombre de Santo Domingo que gozó de la protección del rey San Fernando, designo para vicario de la misma a su hermano Manés, que con este motivo se reintegró a la madre patria para continuar en ella su vida religiosa.

Manés cumplió su misión a plena satisfacción de Santo Domingo, que, desde Roma, dirigió a la superiora de la Comunidad de Madrid una carta, en la que desborda el cariño que experimentaba por su hermano y la alta estima que las dotes y virtudes de éste le merecían. Dice así aquella tierna misiva:

"Fray Domingo, maestro de los frailes Predicadores, a nuestra muy amada priora y hermanas del monasterio de Madrid, salud y acrecentamiento de virtudes.

Mucho nos alegramos y damos gracias a Dios por haberos favorecido en esa santa vocación y haberos librado de la corrupción del mundo. Combatid, hijas, el antiguo enemigo del género humano, dedicándoos al ayuno, pues nadie será coronado si no pelease. Guardad silencio en los lugares claustrales, esto es, en el refectorio, dormitorio y oratorio, y en todo observad la regla. Ninguna salga del convento, y nadie entre, no siendo el obispo y los superiores que viniesen a predicar y hacer visita canónica. Aficionaos a vigilias y disciplinas; obedeced a la priora; no perdáis tiempo en inútiles pláticas. Como no podemos procuraros socorros temporales, tampoco os obligamos a hospedar religiosos ni otras personas, reservando esta facultad a la priora con su consejo. Nuestro carísimo hermano fray Manés, que no ha omitido sacrificio alguno para conduciros a tan santo estado, adoptará cuantas disposiciones le parezcan convenientes para que llevéis santa y religiosa vida. Le autorizamos para visitar y corregir a la Comunidad y, si fuese preciso, para sustituir a la priora, con el parecer de la mayoría de vosotras, y para dispensar en algunas cosas, según su discreción. Os saludo en Cristo".

Después de la muerte de Santo Domingo, ocurrida en el convento de San Nicolás, en Bolonia, el 6 de agosto de 1221, apenas se vuelven a tener noticias del Beato Manés. Consta, sin embargo, que siguió su vida religiosa en España y que guardó siempre un inextinguible cariño y una profunda veneración por aquel hermano que había sido su estrella y su guía y a cuyo amparo, y, por así decirlo, a sus inmediatas órdenes, estaba acostumbrado a actuar. Muchos de sus esfuerzos debieron dirigirse a procurar que los fieles le tributaran culto y a que su memoria perdurara en el discurrir de los tiempos.

A este respecto refiere Rodrigo de Cerrato, contemporáneo del Santo, que, "cuando en España se supo que era canonizado el bienaventurado Domingo, su hermano fray Manés vino a Caleruega, y, predicando al pueblo, los excitó a que en el lugar donde el Santo había nacido edificaran una iglesia, y añadió: "Haced ahora una iglesia pequeñita, que será ensanchada cuando a mi hermano le placiere".

Efectivamente, se construyó la iglesia y, según el mismo historiador, "lo que el varón venerable predijo con espíritu de profecía de que aquella pequeñita iglesia sería agrandada lo vemos en nuestros días cumplido, pues Don Alfonso, rey ilustrísimo de Castilla y de León, hizo que allí se edificase un monasterio con toda magnificencia, donde sirven al Señor Dios religiosas de nuestra Orden".

Manés continuó su vida humilde de oración, predicación y estudio, hasta el año 1234, en que, hallándose de nuevo en Caleruega, Dios le llamó a compartir en el cielo la gloria del hermano a quien tanto había amado y ayudado en la tierra, y fue enterrado en el panteón de su familia, en el monasterio de San Pedro, del cercano pueblo de Gumiel de Izán.

El dominico Bernardo Guidón lo confirma así: "Descansa en un monasterio de los monjes blancos en España, donde es esclarecido con milagros. Es reputado santo y conservado en una sepultura cerca del altar. Así lo refirió un religioso español, socio del prior provincial de España, que asistió al Capítulo general celebrado en Tolosa el año 1304, y había visitado dicho sepulcro".

Cuando principiaron a darle culto trasladaron sus reliquias del panteón de su familia al altar mayor, y allí estaban expuestas a la veneración pública, juntamente con otras muchas de otros santos, traídas de Colonia. El padre fray Baltasar Quintana, prior del convento de Aranda de Duero, enviado por el padre provincial a Gumiel para examinar lo referente al sepulcro de los Guzmanes, dice en carta escrita el año de 1694, al padre maestro fray Serafín Tomás Miguel, autor de una vida de nuestro padre Santo Domingo, que "la venerable cabeza de San Manés y otras reliquias suyas se hallaban en el altar mayor y tenían esta inscripción: Sancti Mamerti Ordinis Praedicatorum, Fratris Sancti Dominici de Caleruega in Hispania".

Después las benditas reliquias pasaron por varias vicisitudes y, a excepción de un pedazo del cráneo que conservaron las dominicas de Caleruega, se desconoce lo ocurrido con el resto, si bien es muy probable que desapareciera cuando los desórdenes y quemas de conventos de los años 1834 y 35 en Barcelona, adonde, según todas las apariencias, las había llevado el por entonces procurador general de la Orden, padre fray Vicente Sopeña.

Como quiera que fuese, el culto a San Manés se difundió mucho después de su muerte. Canonizada su madre por el Papa León XII, a ruegos del rey de España Don Fernando VII y de los magnates de la nación, estos mismos grandes señores elevaron a Roma sus solicitudes para que el segundo hijo de Santa Juana de Aza recibiera también los honores del culto y, efectivamente, Manés fue proclamado Beato por el Papa Gregorio XVI, sucesor de León XII.
=

Santa Julita o Juliana de Cesarea, Viuda y Mártir

Santa Julita o Juliana de Cesarea, Viuda y Mártir
Julio 30

Martirologio Romano: En Cesarea de Capadocia, santa Julita, mártir, que, por negarse constantemente a ofrecer incienso a los ídolos como se lo mandaba el juez, fue arrojada al fuego. M. 303.


Era una rica matrona de Cesarea de Capadocia, que cuando reclamaba en un juicio sus bienes usurpados por un hombre poderoso, alegaba éste que no podía ser escuchada por ser cristiana; el juez le ordenó que ofreciera incienso a los dioses antes de ser oída y ante su negativa, en la que dijo:

“Nosotras, las mujeres, somos de la misma carne que los hombres y por eso debemos a Dios la misma firmeza”; fue quemada en la hoguera. San Basilio el Grande la alabó mucho. 
=
Fuente: Vidas Santas

Santa Angelina de Serbia (Majka Angelina), Fundadora

Santa Angelina de Serbia (Majka Angelina), Fundadora
Julio 30
 
(Iglesia ortodoxa serbia).
1516. Hija de Jorge Arianita y cuñada del príncipe Iván Cronojevic, al que Eugenio IV había confiado el estandarte de la Iglesia en la lucha contra los turcos. Angelina se casó con Esteban el Ciego, hermano de Lázaro II Greblanovic.
 
Cuando en 1458 Lázaro murió sin descendiente masculinos, Esteban fue elegido déspota de Serbia, pero en el 1467 fue obligado a huir con su familia para sustraerse a la presión turca y llegó a Italia, donde, diez años después moriría.

Angelina se estableció en Kupinovo (Srem), donde trasladó el cuerpo de su marido, y, tomó el título de déspota a la muerte de Zmaj Vuk (1485 o 1486), acuñó monedas de plata y de oro en las que aparecían su imagen y las de sus hijs Djurdje e Iván.
 
Construyó un monasterio femenino en Krusedol (Srem). Fue sepultada en esta ciudad con su marido e hijos. La Iglesia serbia la venera con el nombre de “Majka Angelina”.
=

Beato Arnaldo Amalrico, Monje de Citeaux, Abad

Beato Arnaldo Amalrico, Monje de Citeaux, Abad
Julio 30
 
Arnaldo Amalric, Amalarico, Amalrico, Amaury o Almeric (Narbona, 1160-Fontfroide, 26 de septiembre de 1225) fue abad, inquisidor, legado papal y arzobispo francés.
 
Miembro de la Orden del Císter. Fue abad de Poblet y después de Císter en 1200-1212.1 En 1204 fue nombrado legado papal por Inocencio III en Occitania e inquisidor. Posteriormente, fue nombrado arzobispo de Narbona de 1212 a 1225.
 
En 1209 dirigió la cruzada contra los albigenses. Excomulgó al gobierno municipal de Toulouse por proteger a los herejes cátaros, y proclamó un interdicto contra la ciudad prohibiendo todos los oficios católicos.
 
En 1212 formó parte del contingente ultamontano que combatió en la batalla de Las Navas de Tolosa, tras convencer al rey de Navarra, Sancho VII, para que participara en la cruzada promulgada por el papa Inocencio III contra los almohades.
 
Cuando alcanzó el arzobispado de Narbona se enfrentó a Simón IV de Montfort, conde de Narbona, que exigía parte del poder y de los ingresos. En 1216 excomulgó a Simón por insistir en sus prerrogativas hacia Narbona. Respaldó a Raimundo VII de Tolosa en su lucha por recobrar el Condado de Tolosa. Fue nombrado abad general de la Orden del Císter en 1221.
 
Murió en la abadía cisterciense de Fontfroide el 26 de septiembre de 1225, aunque su cuerpo fue enterrado en la abadía de Císter.
 
La frase de la cruzada albigense
Arnaldo es célebre por serle atribuida la frase «¡Matadlos a todos. Dios reconocerá a los suyos!» («Caedite eos. Novit enim Dominus qui sunt eius.»),2 pronunciada durante el sitio de la ciudad francesa de Béziers, en julio de 1209, en la cruzada albigense.
 
Cesáreo de Heisterbach, monje de la Orden del Císter, fue el primero en atribuirle la frase a Arnaldo Amalric, treinta años después de finalizada la cruzada albigense en su Dialogus miraculorum; si bien Cesáreo, que normalmente hacía constar sus fuentes, en este caso precede la cita con un dubitativo «se cuenta que dijo» («fertur dixesse»).
 
La frase se hace eco de los pasajes bíblicos de la Segunda epístola a Timoteo 2:19 y del libro Números 16:5, lo que por otra parte hace más probable que la frase provenga de un eclesiástico educado.
=

Santas Máxima, Donatila y Segunda de Tuburbo, Vírgenes y Mártires

Santas Máxima, Donatila y Segunda de Tuburbo, Vírgenes y Mártires
Julio 30

Martirologio Romano: En Tuburbo, en la actual Túnez, santas Máxima, Donatila y Segunda, vírgenes y mártires, de las que las dos primeras, durante la persecución de Diocleciano, rechazaron sin temor la orden del Cesar de sacrificar a los dioses y, por sentencia del procónsul Anulino, primero fueron arrojadas a las fieras junto a la pequeña Segunda y después degolladas con la espada. M. 304.

Tres muchachas (Segunda tenía sólo 12 años) martirizadas durante la persecución de Diocleciano, en Tuburbo en África.

Sus Actas están poco retocadas. Máxima y Donatila eran una jóvenes doncellas que durante la persecución de Valerio y Galieno, se negaron a sacrificar a los dioses y después de ser interrogadas de nuevo por el procónsul Anulino, se probó que con ellas había una muchacha llamada Segunda, y por ello dictó sentencia para que fueran degolladas.
=

San Leopoldo de Castelnovo (Adeodato Mandic), Capuchino


San Leopoldo de Castelnovo (Adeodato Mandic), Capuchino
Julio 30


Apóstol de la Confesión
En Pavía, ciudad de Italia, san Leopoldo (Bogdan) de Castelnuovo Mandic, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, que ardió de celo por la unidad de los cristianos y gastó toda su vida trabajando para la reconciliación de los mismos (1942).

El P. Leopoldo, llamado en el siglo Adeodato Mandic, nació en Castelnovo de Càttaro o Herceg-Novi (Croacia) el 12 de mayo de 1866, siendo el penúltimo de doce hijos. Todavía joven, se sintió llamado por Dios a trabajar por la unidad de los Ortodoxos a la Iglesia católica. Para ello, se trasladó a la región de Venecia y, a la edad de 16 años, ingresó en el noviciado capuchino de Udine (Italia), con la ilusión de ir más tarde a Oriente como misionero.

Ordenado de sacerdote en 1890, pidió a los superiores permiso para marchar a misiones, pero nunca se lo concedieron, entre otras razones, por su frágil constitución física y su delicado estado de salud, así como un pequeño defecto de pronunciación que le hacía penosa la predicación. No obstante, supo buscar la realización de su ideal allá donde le enviaba la obediencia. Se dedicó a las diversas tareas que le encomendaron los superiores, hasta centrarse en el ministerio de la confesión.

Durante cuarenta años, y hasta la víspera de su muerte, estuvo siempre dispuesto a acoger, escuchar, consolar y reconciliar a innumerables penitentes en una pequeña habitación aneja al convento de los Capuchinos en Padua. Murió, a la edad de 76 años, el 30 de julio de 1942: mientras se preparaba para celebrar la misa, le dio un ataque cerebral que le causó poco después la muerte, mientras sus hermanos cantaban la Salve a la Virgen.

Pablo VI lo beatificó el 2 de mayo de 1976, y Juan Pablo II lo canonizó el 16 de octubre de 1983, dentro del Año Santo de la Reconciliación y precisamente durante la VI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que tenía como tema central «La reconciliación y la penitencia en la misión de la Iglesia».
=
Fuente: Franciscanos.org