miércoles, abril 23, 2014

Evangelio Abril 23, 2014

Los discípulos de Emaús
Lucas 24 13-35.
Miércoles de Pascua.
Cristo les hizo ver que, en muchas ocasiones, sus caminos no son los nuestros. Por eso, es necesario vivir con una fe profunda.

Del santo Evangelio según san Lucas 24 13-35

Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido. Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojo lo reconocieran. El les dijo: «¿Qué comentaban por el camino?». Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: «¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!». «¿Qué cosa?», les preguntó. Ellos respondieron: «Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les había aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron». Jesús les dijo: «¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No será necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?» Y comenzando por Moisés y continuando en todas las Escrituras lo que se refería a él. Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba». El entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. Y se decían: «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?». En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: «Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!». Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Oración Introductoria
Señor Jesús, abre mis ojos y mi corazón para verte en todas las circunstancias de mi vida. Dame un espíritu abierto a la aceptación de tu voluntad para poder realizarla por Amor, como tú realizaste la voluntad del Padre. Aumenta mi fe para contemplar vivamente, con estos ojos terrenales, tu Sacramento de Amor, es decir, el don de la Eucaristía. Amen.

Petición
Señor te pido que a lo largo de este día mí corazón arda de amor por ti. Enséñame a valorar el don de la Eucaristía.

Meditación de SS Francisco
Cuando Jesús se acerca a los discípulos de Emaús y comparte su camino, escucha su lectura de la realidad, su desilusión y dialoga con ellos; justamente de esta manera reenciende en sus corazones la esperanza, abre nuevos horizontes que estaban ya presentes, pero que solamente el encuentro con el Resucitado permite reconocer. No tengan nunca miedo del encuentro, del diálogo [...]
En el encuentro, el diálogo entre Jesús y los dos discípulos de Emaús, que reenciende la esperanza y renueva la esperanza y renueva el camino de su vida, lleva a compartir: lo reconocen al dividir el pan. Es el signo de la eucaristía, de Dios que se hace así cercano en Cristo de volverse presencia constante, al punto de compartir su propia vida. Y esto nos indica a todos, también a quien no cree, que es justamente en una solidaridad no dicha sino vivida que las relaciones pasan del considerar al otro como "material humano" o como "número" al considerarlo como persona. (S.S. Francisco, 22 de septiembre de 2013).

Reflexión
Los discípulos de Emaús, cuando caminaban con sus dudas y bajo la tentación del desánimo, escucharon las palabras consoladoras de Jesús. Cristo les hizo ver que, en muchas ocasiones, sus caminos no son los nuestros. Por eso, es necesario vivir con una fe profunda y luminosa que nos lleve a la aceptación amorosa de la voluntad de Dios en nuestra vida. Justamente en la Eucaristía encontramos el consuelo y la fuerza para seguir luchando aún en medio de las dificultades y contrariedades de la vida.

Propósito
Acercarme a una Iglesia para visitar a Jesucristo en la Eucaristía y pedirle la gracia de que aumente mi fe.

Diálogo Final
Jesús quédate con nosotros, queremos vivir contigo. Eres Tú, Señor, nuestra única alegría y seguridad. Señor quiero vivir, siempre, cerca de Ti. Déjame entrar en tu corazón para que el mío arda de amor por Ti. Dame la gracia de valorar y recibir dignamente el sacramento de la Eucaristía.
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Autor: H. José Adad Mendoza Sánchez | Fuente: Catholic.net

Estampita y Oración a San Jorge de Lidda, Mártir Patrono de Inglaterra

Estampita y Oración a San Jorge de Lidda, Mártir Patrono de Inglaterra

Carta de unos padres a su hijo abortado hace un año...

Carta de unos padres a su hijo abortado hace un año...

HIJO MIO, ¿cómo estas?… sin duda es una pregunta sin respuesta, pero creemos escucharla en el interior de nuestros corazones. Queremos pensar que estas muy bien, es mas, estamos convencidos de ello, la inocencia de tu corta vida te ha conducido al abrazo de Dios, pero también pensamos que aquí en vida estarías mucho mejor. En ocasiones nos parece escuchar como desde el cielo desciende un susurro en forma de nana, en ese momento sentimos paz y felicidad, pero la realidad es otra muy, muy cruel.

Por nuestra parte HIJO MIO, desearíamos poder abrazarte con todas nuestras fuerzas, traerte y llevarte de la mano, acariciarte besarte y si caes, ir corriendo hacia ti para levantarte. Queremos que sepas que siempre estaremos ahí, a tu lado junto a ti,. Somos conscientes de que no te faltara el Amor, te imaginamos sonriente y alegre. Pero tu estas seguro HIJO MIO la cantidad de AMOR, ALEGRÍA Y FELICIDAD que nuestros corazones estaban dispuestos a darte, ¡ Por eso sabemos que te gustaría estar junto a nosotros HIJO MIO¡, pero al no poder nos produce un intenso dolor e impotencia y replegándonos sobre nosotros, creemos tenerte entre nuestros brazos, pero la verdad es otra muy terrible y es ahí HIJO MIO, donde mama y papa lloran amargamente, donde el arrepentimiento es una carga muy dura, la culpabilidad un sentimiento persistente donde no encontramos consuelo por ningún lado por ningún rincón de nuestro corazón, nuestro dolor es inmenso nuestro sufrimiento un túnel oscuro y la tristeza una enemiga inseparable.

HIJO MIO, debes saber que la mama y el papa te concebimos con mucho amor, no imaginas cuanto. ¿Sabes? era una noche estrellada con una luna que invitaba a soñar, a vivir, a volar… y la mamá y el papá nos fundimos en un intenso abrazo, en inmensas caricias llenas de ternura en un interminable beso, todo lleno de cariño y con el AMOR mas grande nos adentramos en la noche y nos sentimos capaces de surcar los océanos del amor, y detrás de este gran e inmenso amor….. Tu HIJO MIO llegaste a la vida a nuestras vidas a nuestros corazones. Mamá y papá sentimos una gran alegría, en nuestras vidas se nos abría algo grande, la puerta de la FELICIDAD. Desde ese primer instante sentimos la necesidad y el deseo de hablarte, mimarte, darnos y entregarnos a ti, a tu vida HIJO MIO, a tu corazón.

El 27 de diciembre hubieses nacido y seguro que serías el niño mas guapo, dulce, alegre y feliz del mundo y ese día habría sido el mas alegre y feliz de nuestras vidas, para los abuelos para toda nuestra familia, un día para recordar y enmarcar en nuestro corazón, y día a día celebrar tu llegada y decir gracias a Dios por darnos el regalo mas hermoso y especial jamás entregado al corazón de una madre y de un padre, la vida de su HIJO, entregarte con corazón día tras día alegría y sonrisas, amor y felicidad y cuando llegase el año celebrarlo de una forma muy especial donde los regalos con amor y la unión de las familias hagan un encuentro lleno de cariño y felicidad.

Pero no ha sido así, este día se ha convertido en uno de los mas sensibles, de nuestras vidas y va ha estar marcado en nuestro corazón de una forma muy indeseada, en forma de dolor y tristeza al sentir que no estas junto a nosotros la del día de tu nacimiento querido HIJO, es el dolor y la tristeza mas grande que una madre y un padre puedan sentir.

HIJO MIO, te decimos con toda seguridad que anhelamos toda esa maravilla y hermosura que es estar papa y mama con amor, con nuestro corazón y con toda nuestra alma y con toda nuestra vida entregándonos junto a ti a la felicidad, anhelamos todo aquello que hace que la vida tenga un sentido especial y maravilloso, contarte un cuento antes de dormir, cantarte una canción de amor al despertar, oírte llorar para darte el biberón para hacerte fuerte y sano, cambiarte los pañales, ponerte la ropita para ir a pasear, llevarte al parque y jugar con tus amiguitos, jugar junto a ti con tus juguetes, estar en casa en días de frío tapándonos los tres en el calor del amor, los días de lluvia taparte con el manto del cariño para que no te mojes, compartir los momentos inolvidables de la familia, dándote todos el amor familiar, los abuelos los tíos, las tías, los primos todos en unión en cariño y amor, HIJO MIO, aprender de ti, hacerte carantoñas para que tu sonrisa tan especial y alegre estuviesen presentes todo el día, abrazarte, besarte, acariciarte con ternura a cada segundo de nuestras vidas para que tu sonrisa, alegría y felicidad sean tus amiguitos inseparables en tu corazoncito y entregarte nuestro corazón y nuestra vida a quererte y amarte hasta el infinito. HIJO MIO hubiésemos descubierto los tres el MUNDO EL UNIVERSO EL INFINITO DEL PARA SIEMPRE, LA ALEGRÍA, EL AMOR Y LA FELICIDAD.

HIJO MIO, hoy hace un año que te fuiste, porque nosotros te arrebatamos la vida, te rompimos el corazón, ese día ese 9 de mayo, esa fecha donde dejamos que nuestra vida pasase de ser la mas feliz del mundo pasase a ser la mas horrible y tenebrosa de nuestra vida. Si HIJO MIO, te llevamos en nuestras almas y en nuestros corazones dañados por el dolor, el arrepentimiento, la culpabilidad, la impotencia en cada segundo de nuestra vida, pero esta fecha en donde mamá y papá decidimos que no podías nacer la llevaremos en el corazón como la más pecadora, la más inhumana, la más fría, la más penosa, triste de nuestra vida; desearíamos borrarlo de nuestra mente, de nuestras vidas, de nuestros corazones, de nuestra historia, desearíamos arrancarlo del calendario y lanzarlo al infierno con todas nuestras fuerzas, pero no… no podemos….no podemos, HIJO MIO.

Abrimos los ojos para comprobar que todo sigue igual como al principio cuando estabas en la pancita de mamá, un día y otro ….tras otro, pero no, la realidad es otra y el dolor y la pena son presentes y persistentes, el corazón y la mente están en un estado realmente trastornados en nuestra fe y en nuestra forma de ser, y es ese seguro que es la mano de Dios nos esta haciendo justicia de matarte, asesinarte, arrancarte tu vida y tu corazón. Merecemos con toda realidad pasar este sufrimiento y todo este infierno.

Sé que a lo mejor es algo egoísta por nuestra parte pedirte que nos perdones después de arrebatarte tu vida, HIJO MIO, pero deseamos de corazón que nos perdones, que nosotros ya llevamos el peso de la culpabilidad, y el peso del arrepentimiento somos conscientes de nuestra conciencia sucia y manchada por la crueldad y frialdad de quitarte el corazón y la vida.

HIJO MIO, hoy y para siempre cada día de nuestra vida, te llevaremos en nuestro corazón, que no pasa segundo que no nos acordemos de ti, te decimos que… si un millón de veces nacieras un millón de veces te amaríamos.

QUE NUNCA TE OLVIDAMOS Y NUNCA JAMAS TE OLVIDAREMOS DE CORAZÓN TE QUEREMOS QUE TE QUEREMOS CON TODA NUESTRA ALMA Y CON TODA NUESTRA FUERZA Y CON TODO NUESTRO CORAZÓN PARA TODA NUESTRA VIDA.

Queremos gritar al mundo y decir a todas esas personas que por su mente abortar sea lo mas sencillo y fácil y que luego se olvida, pues amigos y amigas es todo irreal, falso, es mentira, que la inocencia de la vida de un niño, de un bebe de un hijo propio no se olvida y mas haciendo uso de la palabra ABORTO.

Deseamos deciros que el aborto es un juicio, puedes salir culpable o inocente, vosotros decidís por la vida de vuestro hijo, si decidís Aborto os saldrá la pena de muerte, el pasillo del terror, el túnel oscuro de la tristeza, la cueva llena de arrepentimiento, de culpabilidad, de impotencia, el brazo de Dios saldrá en busca de culpables y os condenara al sufrimiento para el resto de vuestras vidas. Si hay dudas hablarlo con alguien que os pueda ayudar que os pueda aconsejar no calléis que no entre el miedo en vuestro corazón hablarlo con la familia, con personas que realmente están pasando esta amargura, os lo aseguramos que un hijo no se olvida, ni se cambia por nada ni por nadie, ni por todo el oro del mundo, ser valientes, armaros de coraje, de fuerza puede cambiar mucho vuestro destino para bien, nosotros os decimos que mejor consejero en esta decisión es Dios y Dios quiere la vida. Por lo contrario si decidís dar vida a vuestro hijo se abrirá esperanza, fe, paz interior, alegría y felicidad, así es amigos y amigas y pensar en vuestros besos tiernos a su carita, sus besitos dulces a tu cara, las caricias de sus manitas, en el abrazo con cariño de una madre y un padre a su hijo, a la sonrisa alegre de un bebe, la alegría de la vida, a la felicidad eterna del corazón de un niño. No hagáis de vuestra vida un infierno al abortar y hacer de vuestra vida el mejor regalo la vida de vuestro hijo la felicidad de su corazón.
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PARA NUESTRO HIJO CON TODO NUESTRO CORAZÓN
MAMÁ Y PAPÁ NO TE OLVIDAN.
Es real, pero se omitieron los autores por razones obvias
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Fuente: adopcionespiritual.org

martes, abril 22, 2014

Evangelio Abril 22, 2014

¡He visto al Señor!
Juan 20, 11-18.
Martes de Pascua.
Contágiame también a mí con la alegría de tu Resurrección. Si alguna vez te fallo no te separes de mí.

Del santo Evangelio según san Juan 20, 11-18

María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?». María respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto». Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. Jesús le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?». Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo». Jesús le dijo: «¡María!». Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: «¡Raboní!», es decir «¡Maestro!». Jesús le dijo: «No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: «Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes». María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.

Oración introductoria
Jesús, todo es más difícil y más oscuro cuando tú no estás junto a nosotros. Yo también lloro cuando estoy lejos de Ti. Ven Señor, da vida y paz a mi alma. Sé tú la alegría de mi corazón. Contigo nada me falta. Aumenta mi fe para verte y encontrarte en cada momento de mi vida.

Petición
Señor Jesús, dame la gracia de llevar tu mensaje a todas partes sin miedo. Enciende mi amor para que esté dispuesto a corresponder a las exigencias de mi fe.

Meditación de SS Francisco
En las mujeres permanecía el amor, y es el amor a Jesús lo que les impulsa a ir al sepulcro. Pero, a este punto, sucede algo totalmente inesperado, una vez más, que perturba sus corazones, trastorna sus programas y alterará su vida: ven corrida la piedra del sepulcro, se acercan, y no encuentran el cuerpo del Señor. Esto las deja perplejas, dudosas, llenas de preguntas: «¿Qué es lo que ocurre?», «¿qué sentido tiene todo esto?»
¿Acaso no nos pasa así también a nosotros cuando ocurre algo verdaderamente nuevo respecto a lo de todos los días? Nos quedamos parados, no lo entendemos, no sabemos cómo afrontarlo. A menudo, la novedad nos da miedo, también la novedad que Dios nos trae, la novedad que Dios nos pide. Somos como los apóstoles del Evangelio: muchas veces preferimos mantener nuestras seguridades, pararnos ante una tumba, pensando en el difunto, que en definitiva sólo vive en el recuerdo de la historia, como los grandes personajes del pasado. Tenemos miedo de las sorpresas de Dios. Queridos hermanos y hermanas, en nuestra vida, tenemos miedo de las sorpresas de Dios. Él nos sorprende siempre. Dios es así. (S.S. Francisco, 30 de marzo de 2013).

Reflexión
Jesús resucitado es la fuente de la más grande alegría. Cristo no sólo ha vencido al pecado con su muerte, sino que con su resurrección ha vencido a la misma muerte. En Jesucristo encontramos la paz y la felicidad que el mundo no nos puede dar. Estamos llamados a anunciar la alegría y el gozo de la resurrección del Señor en nuestras vidas. Cristo resucitado llena nuestra existencia de la más grande y segura esperanza.

Propósito
Hoy me comprometo a hablar con alguien acerca de la resurrección.

Diálogo con Cristo
Jesús, tú sabes que sin ti siento que me falta todo. Permanece conmigo Señor, que te necesito. Contágiame también a mí con la alegría de tu Resurrección. Si alguna vez te fallo no te separes de mí, que tú eres mi todo. Haz Jesús que aprenda que lo único valioso en esta vida eres tú y sólo tú.
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Autor: H. Miguel Hernández Díaz | Fuente: Catholic.net

Santa María Virgen, Madre de la Compañía de Jesús

Santa María Virgen, Madre de la Compañía de Jesús
Abril 22

Advocación mariana que se celebra en la Orden de la Compañía de Jesús.

HISTORIA:

El 22 de abril de 1541, en la basílica romana de San Pablo y ante la imagen de la Santísima Virgen, hicieron los votos solemnes los primeros jesuitas.


San Ignacio escribió: “Cuando llegamos a San Pablo los seis nos confesamos, unos a otros. Se decidió que Íñigo dijese misa en la iglesia, y que los otros recibiesen el Santísimo Sacramento de sus manos, haciendo sus votos de la siguiente forma: Ignacio diciendo misa y justo antes de la comunión, sosteniendo un papel con la fórmula de los votos, se volvió hacia sus compañeros que estaban arrodillados, y pronunció las palabas de los votos.

Después de decirlas, comulgó recibiendo el Cuerpo de Cristo. Cuando terminó de consumir colocó las cinco hostias consagradas en la patena y se volvió hacia sus compañeros. Cada uno tomó el texto de los votos en su mano y dijo en voz alta las palabras. Cuando el primero terminó, recibió el Cuerpo de Cristo. Luego, por turnos, los demás hicieron lo mismo. La misa tuvo lugar en el altar de la Virgen, en el que estaba reservado el Santísimo Sacramento.

Cuando acabó la misa, después de orar ante los otros altares, regresaron al altar mayor, donde todos se acercaron a Íñigo. Le dieron un abrazo y el baso de la paz, con mucha devoción, sentimiento y lágrimas; así finalizaron la ceremonia de los votos y el dieron comienzo a su vocación”.

Desde entonces, los jesitas celebran esta fiesta con gran alegría y devoción.
A este día se lo considera como el del nacimiento de la Compañía de Jesús. Y en recuerdo de ello, en este mismo día se celebra la fiesta de Santa María Virgen, Madre de la Compañía de Jesús.


MEMORIA:
Cada año cuando llega el día 22 de abril, los Jesuitas celebran la Fiesta de SANTA MARÍA VIRGEN, MADRE DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS. Y rezan todos ellos con unas hermosas páginas del Breviario.
 

Por ejemplo:
El Invitatorio dice una frase que ya recuerdan a María. “Venid, adoremos a Jesús, HIJO DE MARÍA. ALELUYA”

Después siguen varios Himnos que, todos ellos muy hermosos y respiran MARIOLOGÍA. “Señora la más gloriosa / más alta que el firmamento, /que al que Te dio humano aliento / tu pecho das, generosa”


Todas las Antífonas llevan su Nombre. Después leen una parte de la Constitución Dogmática “Lumen Gentium” del Concilio Vaticano II sobre la Iglesia, en la que se describe que la maternidad de María  tiene un importante lugar en la Economía de la Gracia.

Y así todo el Breviario. Y así todo el día de tu Fiesta, MADRE DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS. Todos se sienten especialmente felices, en este día.

Oración:
"Dios omnipotente y eterno, tú que has enviado tu Palabra al mundo haciéndola nacer de María, la Virgen; confírmanos como servidores de esa misma Palabra en la Compañía de tu Hijo, consagrada a ti delante de Santa María, nuestra Madre" (oración de la Fiesta de Santa María, Madre de la Compañía de Jesús)
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lunes, abril 21, 2014

Evangelio Abril 21, 2014

La mañana de Pascua
Mateo 28, 8-15.
Pascua.
Que la "Pascua" por nuestras vidas no nos deje indiferentes, que nos libere y transforme.

Del santo Evangelio según san Mateo 28, 8-15

En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; con miedo y gran gozo, y corrieron a dar la noticia a sus discípulos. En esto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «¡Dios os guarde!» Y ellas, acercándose, se asieron de sus pies y le adoraron. Entonces les dice Jesús: «No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán». Mientras ellas iban, algunos de la guardia fueron a la ciudad a contar a los sumos sacerdotes todo lo que había pasado. Estos, reunidos con los ancianos, celebraron consejo y dieron una buena suma de dinero a los soldados, advirtiéndoles: «Decid: "Sus discípulos vinieron de noche y le robaron mientras nosotros dormíamos." Y si la cosa llega a oídos del procurador, nosotros le convenceremos y os evitaremos complicaciones». Ellos tomaron el dinero y procedieron según las instrucciones recibidas. Y se corrió esa versión entre los judíos, hasta el día de hoy.

Oración introductoria
Cristo, de nuevo me recuerdas que no hay que tener miedo. Bien conoces mi debilidad que produce ese temor que obstaculiza mi esfuerzo por hacer el bien. Por eso te suplico que me des la luz que busco en esta oración, esa luz de tu resurrección, que me llena de alegría y me fortalece para buscar el bien y la verdad.

Petición
Jesús Resucitado, ilumina mi fe y mi vida.

Meditación del Papa Francisco
Lo que era un simple gesto, algo hecho ciertamente por amor – el ir al sepulcro –, ahora se transforma en acontecimiento, en un evento que cambia verdaderamente la vida. Ya nada es como antes, no sólo en la vida de aquellas mujeres, sino también en nuestra vida y en nuestra historia de la humanidad. Jesús no está muerto, ha resucitado, es el Viviente. No es simplemente que haya vuelto a vivir, sino que es la vida misma, porque es el Hijo de Dios, que es el que vive. Jesús ya no es del pasado, sino que vive en el presente y está proyectado hacia el futuro, Jesús es el "hoy" eterno de Dios.
Así, la novedad de Dios se presenta ante los ojos de las mujeres, de los discípulos, de todos nosotros: la victoria sobre el pecado, sobre el mal, sobre la muerte, sobre todo lo que oprime la vida, y le da un rostro menos humano. Y este es un mensaje para mí, para ti, querida hermana y querido hermano. Cuántas veces tenemos necesidad de que el Amor nos diga: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? Los problemas, las preocupaciones de la vida cotidiana tienden a que nos encerremos en nosotros mismos, en la tristeza, en la amargura..., y es ahí donde está la muerte. No busquemos ahí a Aquel que vive. Acepta entonces que Jesús Resucitado entre en tu vida, acógelo como amigo, con confianza: ¡Él es la vida!
Si hasta ahora has estado lejos de él, da un pequeño paso: te acogerá con los brazos abiertos. Si eres indiferente, acepta arriesgar: no quedarás decepcionado. Si te parece difícil seguirlo, no tengas miedo, confía en él, ten la seguridad de que él está cerca de ti, está contigo, y te dará la paz que buscas y la fuerza para vivir como él quiere. (S.S. Francisco, 30 de marzo de 2013).

Reflexión
La Pascua se refiere al paso del Señor sobre la tierra de Egipto antes de la liberación del pueblo de Israel. Aquella noche, Yahvéh hizo sentir el brazo de su justicia sobre los egipcios y liberó al pueblo elegido. Su paso no fue indiferente. Para todo cristiano, la Pascua, no puede sucederse sin más. La vida de estas mujeres de las que nos habla el Evangelio, no fue la misma después del encuentro con Cristo Resucitado. Los resucitados son los que tienen un «plus» de vida, un «plus» que les sale por los ojos brillantes y que se convierte enseguida en algo contagioso, algo que demuestra que la vida es más fuerte que la muerte.

El Evangelio de hoy nos ofrece dos de las posturas que podemos adoptar tras la Resurrección del Señor. Por una lado, las mujeres que se acercan a los pies de Jesús, se postran y le adoran; por otro, los guardias y los príncipes de los sacerdotes han visto, saben lo que ha ocurrido, pero se niegan a aceptarlo. Vendieron su libertad, su salvación e incluso, un recuerdo digno en la memoria de la historia: «Esta noticia se divulgó entre los judíos hasta el día de hoy».

Y es que, no basta ir a la playa para mojarse. Hace falta ponerse el bañador y sumergirse sin miedo en el agua, penetrando las profundidades del mar. Dejémonos penetrar por la fuerza de la Resurrección del Señor. Que su “Pascua” por nuestras vidas no nos deje indiferentes, que nos libere y nos transforme como lo hizo con los primeros cristianos que fueron capaces, incluso, de dar su vida por la causa del anuncio de la Buena Nueva. «El Evangelio de Jesucristo es un mensaje de libertad y una fuerza de liberación. Liberación es, en primer lugar y de modo más importante, liberación radical de la esclavitud del pecado. Es el fin y el objetivo la libertad de los hijos de Dios, como don de la gracia». (Libertatis Nuntius, Introducción). Acerquémonos a Jesús Resucitado como aquellas mujeres y, postrados de rodillas, adorémosle, pidámosle que nos libere con su gracia de todo aquello que nos impida ser testimonios de alegría y de amor para nuestros hermanos.

Propósito
Que mi testimonio de vida sea un medio de evangelización.

Diálogo con Cristo
Jesús, que la celebración de tu resurrección me renueve en el amor. Que me lleve a un estilo de vida comprometido y responsable en la vivencia de mi fe. Que con perseverancia y astucia busque los medios para que seas conocido y amado por los demás, empezando por mi propia familia, que tanto necesita de mi testimonio y amor.
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Autor: Xavier Caballero | Fuente: Catholic.net

domingo, abril 20, 2014

Evangelio Abril 20, 2014

¡Jesucristo vive!
Juan 20, 1-9.
Resurrección del Señor.
¡Pidamos a Cristo resucitado poder resucitar junto con Él, ya desde ahora!

Del santo Evangelio según san Juan 20, 1-9

El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.

Oración introductoria
Jesús mío, yo te busco en mi peregrinar por este mundo. Concédeme la gracia de poseerte con plenitud y no permitas que me separe de tu amor. Por favor, Jesús, ayuda a nuestros familiares y a todos aquéllos que se hayan olvidado de ti.

Petición
Señor, que de ahora en adelante te busque en cada acontecimiento de mi vida.

Meditación del Papa Francisco
Las mujeres se encuentran con la novedad de Dios: Jesús ha resucitado, es el Viviente. Pero ante la tumba vacía y los dos hombres con vestidos resplandecientes, su primera reacción es de temor: estaban “con las caras mirando al suelo” – observa san Lucas –, no tenían ni siquiera valor para mirar. Pero al escuchar el anuncio de la Resurrección, la reciben con fe. Y los dos hombres con vestidos resplandecientes introducen un verbo fundamental: Recordad. “Recordad cómo os habló estando todavía en Galilea... Y recordaron sus palabras”. Esto es la invitación a hacer memoria del encuentro con Jesús, de sus palabras, sus gestos, su vida; este recordar con amor la experiencia con el Maestro, es lo que hace que las mujeres superen todo temor y que lleven la proclamación de la Resurrección a los Apóstoles y a todos los otros. Hacer memoria de lo que Dios ha hecho por mí, por nosotros, hacer memoria del camino recorrido; y esto abre el corazón de par en par a la esperanza para el futuro. Aprendamos a hacer memoria de lo que Dios ha hecho en nuestras vidas. (S.S. Francisco, 30 de marzo de 2013).

Reflexión apostólica
Los discípulos corrieron al sepulcro vacío y creyeron. En mi vida diaria estoy llamado a correr, también, al encuentro del Señor. En la resurrección de Cristo tenemos la certeza de que nuestra vida no se acaba en el vacío. Nuestra existencia es un continuo peregrinar hacia el encuentro definitivo y eterno con Dios. Nos hiciste Señor para ti e inquieto está nuestro corazón hasta que no descanse en ti (cf. San Agustín).

¿Qué fue lo que vio esa mañana? Seguramente la sábana santa en perfectas condiciones, no rota ni rasgada por ninguna parte. Intacta, como la habían dejado en el momento de la sepultura. Sólo que ahora está vacía, como desinflada; como si el cuerpo de Jesús se hubiera desaparecido sin dejar ni rastro. Entendió entonces lo sucedido: ¡había resucitado! Pero Juan vio sólo unos indicios, y con su fe llegó mucho más allá de lo que veían sus sentidos. Con los ojos del cuerpo vio unas vendas, pero con los ojos del alma descubrió al Resucitado; con los ojos corporales vio una materia corruptible, pero con los ojos del espíritu vio al Dios vencedor de la muerte.

Lo que nos enseñan todas las narraciones evangélicas de la Pascua es que, para descubrir y reconocer a Cristo resucitado, ya no basta mirarlo con los mismos ojos de antes. Es preciso entrar en una óptica distinta, en una dimensión nueva: la de la fe. Todos los días que van desde la resurrección hasta la ascensión del Señor al cielo será otro período importantísimo para la vida de los apóstoles. Jesús los enseñará ahora a saber reconocerlo por medio de los signos, por los indicios. Ya no será la evidencia natural, como antes, sino su presencia espiritual la que los guiará. Y así será a partir de ahora su acción en la vida de la Iglesia.

Eso les pasó a los discípulos. Y eso nos ocurre también a nosotros. Al igual que a ellos, Cristo se nos “aparece” constantemente en nuestra vida de todos los días, pero muy difícilmente lo reconocemos. Porque nos falta la visión de la fe. Y hemos de aprender a descubrirlo y a experimentarlo en el fondo de nuestra alma por la fe y el amor.

Y esta experiencia en la fe ha de llevarnos paulatinamente a una transformación interior de nuestro ser a la luz de Cristo resucitado. "El mensaje redentor de Pascua –como nos dice un autor espiritual contemporáneo— no es otra cosa que la purificación total del hombre, la liberación de sus egoísmos, de su sensualidad, de sus complejos; purificación que, aunque implica una fase de limpieza y saneamiento interior –por medio de los sacramentos— sin embargo, se realiza de manera positiva, con dones de plenitud, como es la iluminación del Espíritu, la vitalización del ser por una vida nueva, que desborda gozo y paz, suma de todos los bienes mesiánicos; en una palabra, la presencia del Señor resucitado".

En efecto, san Pablo lo expresó con incontenible emoción en este texto, que recoge la segunda lectura de este domingo de Pascua: "Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de allá arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con Él, en gloria" (Col 3, 1-4). ¡Pidamos a Cristo resucitado poder resucitar junto con Él, ya desde ahora!

Propósito
Haré una oración especial por todos mis familiares y compañeros difuntos. Demostraré mi alegría por la Resurrección de Jesús.

Diálogo con Cristo
Señor Jesucristo, te pido que nunca me separe de ti. Dame la gracia de amar y tratar a las demás personas con el amor y la bondad con que Tú lo has hecho. ¡Quédate siempre a mi lado, te necesito porque Tú mi fortaleza y mi esperanza. Señor, confío en Ti!
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Autor: H. Bernardo Siller | Fuente: Catholic.net

Nuestra Señora La Dolorosa del Colegio San Gabriel

Nuestra Señora La Dolorosa del Colegio San Gabriel
Abril 20

La Dolorosa del Colegio es un óleo de la Virgen, Quito, Ecuador

LA DOLOROSA DEL COLEGIO, Milagro de.- La noche del 20 de abril de 1906, 36 niños comprendidos entre los 10 y 17 años de edad, todos ellos estudiantes internos del Colegio San Gabriel de Quito -de los jesuitas-, se encontraban en el comedor de dicho plantel acompañados por el padre Andrés Roesch, Prefecto del Colegio, y el hermano Luis Alberdi.
De pronto y en medio de la natural inquietud juvenil de los niños, uno de ellos, Jaime Chávez, fijó sus ojos en el cuadro de La Dolorosa que colgaba en una de las paredes del comedor y pudo notar, entre asustado y emocionado, que la imagen de la Virgen abría y cerraba suavemente los ojos. Prodigiosamente parpadeó en repetidas ocasiones durante 15 minutos.

Fueron testigos de este milagro el P. Andrés Roesch sj, el Hno. Luis Alberdi y 36 alumnos. Tales acontecimientos transcurrieron dentro de un contexto, en el cual, la revolución liberal de 1895 venía propugnando un hostil laicismo para la educación en los establecimientos de enseñanza fiscal. Los católicos vieron en el prodigio de la Dolorosa una preocupación de la Madre de Dios con el futuro de la niñez y juventud ecuatorianas, despertando en todo el país un fuerte impulso de religiosidad.
Cada año los fieles celebran la procesión de la Virgen Dolorosa del Colegio en Quito, capital de Ecuador. He aquí el relato del año 2002.

QUITO, abril 21 de 2002.- El centro de esta ciudad ha sido, una vez más, testigo de la multitud de fieles que año a año crece, para asistir a la procesión de la Virgen Dolorosa del Colegio.
Con esta procesión realizada hoy domingo se concluyóla novena de la Dolorosa del Colegio, la cual fue encabezada por el Sr. Arzobispo de Quito, Cardenal Primado del Ecuador monseñor Antonio González Zumárraga quien fuera acompañado por la comunidad de los padres jesuitas, presidida ésta por su superior el Padre Federico Sanfeliú.

Desde el día 12 de abril se desarrolló la novena que comenzaba diariamente a las 3:25 a.m. con la eucaristía para continuar con el Rosario de la Aurora, a las 4:00 a.m, que se recitaba por las calles del Quito invernal, que fue temperado por el fervor de las 15 cuadras de fieles que lo realizaron madrugada tras madrugada. Durante todo el día, la Iglesia de la Compañía fue visitada por multitudes que llegaban hasta los pies del prodigioso cuadro de la Dolorosa del Colegio, para pedirle especiales favores para ellos y para el Ecuador católico, que no hace sino aumentar con el transcurso del tiempo.
La procesión de cierre terminó con un eucaristía en la atestada Catedral, que no fue capaz de recibir a todos los fervorosos devotos de la Virgen. El Cardenal González en su homilía hizo una especial súplica a la Dolorosa del Colegio "para que su Divino Hijo conduzca al Ecuador por los senderos de la rehabilitación religiosa y espiritual. Para que Ella remedie los graves problemas y necesidades de este país tan amado por la Providencia."

El prelado manifestó "¡Oh Santísima Virgen, Dolorosa del Colegio Patrona de la educación católica del Ecuador, protege a nuestra niñez y nuestra juventud y mantened en ellos la fe incontaminada. Dad a los padres de familia la libertad de escoger para sus hijos la educación católica en los establecimientos fiscales; que el Legislativo apruebe la ley de libertad de enseñanza para los colegios estatales!"

"Proteged también a nuestras ciudades de la costa de las terribles inclemencias de la naturaleza, que azotan a sus habitantes en estos días. Madre dolorosa al pie de la Cruz, Madre espiritual de todos los hombres, Madre espiritual de los ecuatorianos, os agradecemos todos los beneficios de la Redención, y también por estos casi 100 años de favores, recibidos a través de vuestra advocación de la Dolorosa del Colegio. Animo a todos los ecuatorianos para que amemos a la Virgen Santísima, filialmente y constantemente".
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Dolorosa del Colegio: Enviado por: Antonio Modernell Mateus.
Urbanización Campo Alegre, Calle Picaflor 903 y Platero, Quito - Ecuador
Telfs. (5932) 2442585 y (5932) 2258840
EL VÍA CRUCIS DE LA VIRGEN DOLOROSA
Escrito por Madre Adela Galindo, Fundadora, SCTJM

En la Pasión y Crucifixión hay dos personajes que pagaron con sus propias vidas el precio de nuestra redención: Cristo, nuestro Salvador y redentor, que con su sangre preciosa, lavó nuestros pecados y nos abrió la puerta del Cielo. Y María, la Madre dolorosa, la corredentora, que por su amor inmenso hacia Jesús, padece la agonía de su hijo, y así consumida de dolor, inmersa en el cáliz de la sangre redentora de su Hijo, comparte plenamente el sacrificio salvífico de Jesús.  ...y todo por amor a nosotros!

El Camino del Calvario, no solo fue recorrido por Cristo. La Vía dolorosa es también el camino que María recorre, acompañando y consolando a su Hijo. Su campana y su consuelo son silentes y escondidos, desde un rincón de la calle, Ella camina presenciando todo el dolor de su hijo. María desde su lugar, vive la pasión de su amado Hijo dándole la fuerza y la gracia de su amor.

Primera Estación: "Jesús condenado a Muerte" Oh Madre Dolorosa... ¿qué sintió tu corazón cuando escuchaste la sentencia de muerte que imponían a tu adorado hijo? Tu que le diste vida, que lo llevaste en tus entrañas, que le amamantaste, que lo viste crecer, caminar, hablar ... y ahora serias testigo de su muerte. !Qué dolor Madre para ti verlo recorrer el camino pedregoso y estrecho que lo llevaría hacia su crucifixión!  María, Madre del injustamente condenado, se que tu hubieras querido tomar el lugar de Jesús, pero sabias que era el momento de su martirio. Y todo lo guardaste silenciosamente en tu corazón... ¡Todo lo hiciste porque confiabas en el amor del Padre!

Segunda Estación: "Jesús carga con su Cruz" Oh Madre Dolorosa...tu que has sentido el gran dolor de ver a tu hijo con una corona de espinas enterrada en su tierna cabeza; tu que le has visto su cuerpo todo latigado, sangrando,  y su carne toda llagada... Ahora tienes que ver como, sin ninguna consideración, en esa piel tan herida y adolorida, le colocan una cruz. Tu, Madre, sientes en tu corazón, el peso apremiante de ese madero que colocan sobre los hombros de tu amado Hijo. Y tu María, sin poder tomar su Cruz aunque eso era lo que tu corazón deseaba hacer. Y todo lo guardaste silenciosamente en tu corazón... ¡Todo lo hiciste porque confiabas en el amor del Padre!

Tercera Estación: "Jesús cae por primera vez" Oh Madre Dolorosa... tu que viviste para cuidar a tu hijo, ¡qué duro fue para ti verlo ahí indefenso! María, todo tu ser reaccionó y quisiste ir a recoger a Jesús, acariciarle, mitigarle su dolor, igual que cuando niño se caía y tu le limpiabas, le curabas. Pero, no podías hacerlo, debías solo orar y pedirle al Padre Celestial, que le diera las fuerzas necesarias para continuar...Y todo lo guardaste silenciosamente en tu corazón... ¡Todo lo hiciste porque confiabas en el amor del Padre!

Cuarta Estación: "Jesús se encuentra con su Madre" Oh Madre Dolorosa... tu corazón no aguanta más el deseo de darle un poco de cariño a tu hijo. Entonces, te adentras entre la multitud gritando el nombre que tantas veces llamabas para que fuera a comer, a estudiar: "¡Jesús, Jesús, Mi hijo...!" y por fin logras llegar a donde está tu hijo Jesús. Tus ojos llenos de lágrimas y angustia ...sus ojos llenos de dolor, soledad, mendigando de los hombres un poco de amor... En ese momento tomaste fuerzas del amor que le tienes y con tu mirada silenciosa pero mucho más elocuentes que las palabras, le dices: "Adelante hijo, hay un propósito para todo este dolor... la salvación de los hombres, de aquellos a quienes quieres devolverles el poder ser hijos de Tu Padre Celestial. Y regresas, Madre, silenciosa a tu lugar, escondida entre la muchedumbre, guardando todo esto en tu corazón... ¡Todo lo hiciste porque confiabas en el amor del Padre!

Quinta Estación: "Simón Cirineo ayuda a Jesús a llevar la Cruz" Oh Madre Dolorosa... qué alivio sentiste cuando viste que un hombre va ayudar a tu pobre y destrozado hijo, a cargar con esa cruz tan pesada. No sabes quien es ese hombre, sabes que no lo have por amor o por compasión pues le están obligando a llevar la cruz de tu hijo. Pero lo único que sabes es que jamás olvidarás el rostro de aquel hombre que alivió el dolor de tu hijo... oras y pides a Dios que mientras carga la cruz, la sangre de Jesús, que corre por el madero, toque su corazón y le haga comprender cuánto amor se revela en esa cruz, cuánta misericordia se manifiesta en ese evento del cual el está siendo participe. Y tu, Madre recordarás por siempre el rostro del aquel extraño que desde ese momento se convirtió para ti en un hijo. Y todo lo guardaste silenciosamente en tu corazón...  ¡Todo lo hiciste porque confiabas en el amor del Padre!

Sexta Estación: "Verónica limpia el rostro de Jesús" Oh Madre Dolorosa, has estado orando y suplicando al Padre que mueva el corazón de alguien para que generosamente corra al auxilio de tu hijo. Deseabas que fuera una mujer, para que con su delicadeza maternal, aliviara tanta aspereza y brusquedad que ha recibido Jesús. Y cuando vez a la Verónica acercarse a limpiar el rostro todo desfigurado de tu hijo, sientes que tu corazón va a estallar. Ves como su velo blanco y limpio se posa sobre el rostro sangriento y sudado de tu amado Jesús... Y tu sabes Madre, que ante una acción tan amorosa, tu hijo va a dejar una huella de su presencia... El rostro de tu hijo, grabado en un velo blanco... así como está grabado en tu Inmaculado Corazón. Y todo lo guardaste silenciosamente en tu corazón... ¡Todo lo hiciste porque confiabas en el amor del Padre!

Séptima Estación: "Jesús cae por segunda vez" Oh Madre Dolorosa... sientes que con Jesús tu también vas a caer... Tratas de ir a socorrerlo, pero un soldado te detuvo. Tu corazón parece que va a desfallecer, puedes imaginarte el dolor que debe sentir tu hijo Jesús al caer y volver a caer sobre las piedras, rasgándose las rodillas y abriéndosele más las llagas de los azotes. Madre, ¿qué sentías, qué deseabas...? Solo si pudieras llegar hacia donde estaba tu amado hijo, y le dieras un poco de agua, un poco de ternura... Madre tu querías darle todo con tal de aliviar su sufrimiento y su fatiga... Y todo lo guardaste silenciosamente en tu corazón...  ¡Todo lo hiciste porque confiabas en el amor del Padre!

Octava Estación: "Las mujeres de Jerusalén lloran por Jesús" Oh Madre Dolorosa... tus lagrimas han ido humedeciendo el camino tan seco y árido que recorre tu hijo; tus lágrimas de amor y sacrificio van mezclándose con la sangre de tu hijo que cae sobre la tierra. Sufres al ver la frialdad de los hombres ante espectáculo tan doloroso... pero de pronto encuentras que unas mujeres lloran de compasión al ver a tu hijo tan destrozado... y descubres que Jesús se detiene ante ellas... Les dice que no lloren por El, sino que lloren mas bien por ellas y sus hijos... Quizás ellas no entendieron Madre, pero tu si comprendiste la profundidad de aquellas palabras de tu hijo. Sabias en tu corazón, que El las llamaba a un arrepentimiento verdadero, a que lloraran mas bien por sus propios pecados. Tu amado hijo, en medio de su gran sufrimiento seguía siendo el gran maestro de los hombres...Y todo lo guardaste silenciosamente en tu corazón...  ¡Todo lo hiciste porque confiabas en el amor del Padre!

Novena Estación: "Jesús cae por tercera vez" Oh Madre Dolorosa... ves como los soldados obligan a tu hijo a apresurar el paso para así ya acabar con tan incomoda misión. Lo hacen caminar tan rápido, que Jesús en su debilidad y agotamiento, tropieza y cae de nuevo. Los soldados le gritan y le golpean para que se levante... y tu Madre sufriente, lo único que deseas es susurrar en el oído de tu hijo aquellos cánticos de amor, aquellos versos tiernos y dulces que le cantabas por las noches. Deseabas abrazarlo y ayudarle a levantarse para que llegara a su meta final, la cruz. Ya le queda muy poco, y tu corazón está tan desgarrado de compasión por tu hijo que lo único que deseas es que ya llegue a su descanso...Y todo lo guardaste silenciosamente en tu corazón... ¡Todo lo hiciste porque confiabas en el amor del Padre!

Décima Estación: "Jesús es despojado de sus vestiduras" Oh, querida Madre Dolorosa... en este momento recuerdas ese glorioso momento cuando tuviste a Jesús por primera vez en tus brazos en medio de la pobreza del portal de Belén. Lo envolviste en pañales y lo colocaste en un pesebre. Querías que no pasara frío, que no estuviera desnudo, sino que esa ropita que le habías hecho con tanto amor cubriera su inmaculado cuerpo. Qué dolor para ti, María, ver a tu hijo despojado de su ropa... tu que viviste para cubrirlo, protegerlo y cuidarlo, hoy lo ves indefenso, desnudo... muriendo en la misma pobreza en que nació. Y de pronto ves, Madre, en el rostro de Jesús un gesto de profundo dolor, y es que al quitarle la túnica, también arrancaron pedazos de su cuerpo que se habían pegado a la tela...Y todo lo guardaste silenciosamente en tu corazón... ¡Todo lo hiciste por que confiabas en el amor del Padre!

Undécima Estación: "Jesús es clavado en la cruz" Oh, Madre Dolorosa... te preguntas si no es suficiente todo lo que le han hecho, todavía falta más... Ves como colocan a tu hijo en la cruz, ni siquiera podrá pasar sus últimos momentos con algún descanso. No, ahora ves como amarran a la cruz su cuerpo todo herido. Pero, Virgen Mártir, tu corazón se detuvo al oír los martillazos que atravesaban sus huesos. Sus manos y sus pies completamente taladrados por esos clavos. Tu, María, recibes esos clavos, como si verdaderamente te clavaran a ti. Quisieras decirles a los soldados que todo eso no era necesario...no necesitaban clavos para mantener a tu hijo Jesús en la cruz, su amor por los hombres lo hubiera sostenido allí, en la cruz hasta la muerte...Y todo lo guardaste silenciosamente en tu corazón...  ¡Todo lo hiciste porque confiabas en el amor del Padre!

Duodécima Estación: "Jesús muere en la Cruz" Madre Dolorosa, ahí estás tu, al pie de la Cruz de tu hijo... firme, de pie como toda una Reina. Al lado de tu hijo, ofreciéndote tu como sacrificio de consolación. Y ves como un soldado traspasa con una lanza el corazón de tu hijo... y tu corazón Maria es en ese momento traspasado espiritualmente por la misma lanza... La unión indisoluble de tu corazón con el corazón de Jesús, queda revelada para toda la eternidad.

Tu corazón recibe místicamente los efectos del traspaso físico del corazón de tu Hijo. Oh Madre, tu hijo ha muerto, y sientes el dolor, el vacío, la soledad, pero también el descanso de saber que ya el mundo con toda su hostilidad no le pueden hacer mas daño... Qué grande eres María; tu, igual que tu hijo Jesús, llegaste hasta el final. Es en la cima del Monte Calvario, en esa cruz donde tu hijo es elevado en su trono de Rey, que tu te conviertes en Reina. Tu reinado María, lo alcanza tu gran amor y tu fidelidad en el dolor. Todo parece acabado... y todo lo guardaste silenciosamente en tu corazón...
¡Todo lo hiciste porque confiabas en el amor del Padre!

Décima tercera Estación: "Jesús es bajado de la cruz y puesto en los brazos de su Madre" Oh Madre Dolorosa, ahora si puedes tener a tu hijo en tus brazos. Te parece mentira, que aquel niño que tantas veces acunaste, arrullaste y estrechaste contra tu pecho, luce hoy como un despojo humano. Pero lo único que importa en ese momento es tenerlo a El de nuevo en tus brazos maternales. Sabes que el no puede sentir tus caricias, ni tus besos, pero aun así lo besas y lo acaricias... quieres como borrarle el horror de lo que los hombres le hicieron a través de tu ternura y de tu amor. Madre, cómo lo estrechabas, cómo abrazabas ese cuerpo tan desfigurado... sabias que El había llevado sobre si toda nuestra culpa, que con su dolor El había sanado las llagas de nuestros pecados, que con su ser todo destrozado El había devuelto la belleza a nuestras almas...
Y al mirarlo ahí posando inmóvil en tus brazos solo pensabas que El vivió para amar y ahí estaba la prueba más grande de su amor.
Y por eso... todo lo guardaste silenciosamente en tu corazón...  ¡Todo lo hiciste por que confiabas en el amor del Padre!

Décima cuarta Estación: "Jesús es colocado en el sepulcro" Madre Dolorosa, tu nunca dejas a tu hijo, vas con los que lo llevan a enterrar, pues quieres acompañarle hasta su tumba. Tu quisieras arreglar su cuerpo, vestirlo, ponerle un manto blanco, suave y perfumado, pero nada de eso se te permite hacer. Recuerdas en ese momento, los nueve meses que lo tuviste en tu vientre. Donde lo guardabas con tanto amor, refugiándolo y cuidándolo del maltrato del mundo. Y es así como lo depositas en esta tumba. Es hora de dejarlo y de cerrar la puerta del sepulcro. Qué dolor Madre, saber que El se queda ahí, y que tu debes continuar aquí en la tierra, enfrentándote a la oscuridad, a la burla, a la indiferencia, al desprecio que aun después de muerto sigan haciéndole los hombres. María, tu caminas despacio como no queriendo separarte de tu hijo... pero... una gran paz envuelve tu corazón traspasado de dolor... La paz y el gozo de saber que tu hijo muy pronto... RESUCITARÁ
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Feliz Pascua de Resurrección!!!

Feliz Pascua de Resurrección!!!
“¿Por qué buscan entre los muertos al que vive?”

Oración... Señor Resucitado

Oración... Señor Resucitado

sábado, abril 19, 2014

Evangelio Abril 19, 2014

Ha resucitado de entre los muertos
Mateo 28, 1-10.
Semana Santa.
Cristo resucitado, llename de Ti y del gozo de tu triunfo sobre el mal y la muerte.

Del santo Evangelio según san Mateo 28, 1-10

Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. De pronto se produjo un gran terremoto, pues el Ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose, hizo rodar la piedra y se sentó encima de ella. Su aspecto era como el relámpago y su vestido blanco como la nieve. Los guardias, atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos. El Ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: "Vosotras no temáis, pues sé que buscáis a Jesús, el Crucificado; no está aquí, ha resucitado, como lo había dicho. Venid, ved el lugar donde estaba. Y ahora id enseguida a decir a sus discípulos: "Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis." Ya os lo he dicho." Ellas partieron a toda prisa del sepulcro, con miedo y gran gozo, y corrieron a dar la noticia a sus discípulos. En esto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: "¡Dios os guarde!" Y ellas, acercándose, se asieron de sus pies y le adoraron. Entonces les dice Jesús: "No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán."

Oración introductoria
Señor Jesús, dame la gracia para que sepa guardar el silencio que me puede llevar a tener un momento de intimidad contigo en esta oración. Creo en ti, Señor, te amo y confío en que Tú también quieres estar conmigo.

Petición
Señor, que sepa prepararme adecuadamente a la celebración de la Vigilia Pascual.

Meditación del Papa Francisco
La fe de María afrontó entonces la incomprensión y el desprecio; y cuando llegó la "hora" de Jesús, la hora de la pasión: la fe de María fue entonces la lamparilla encendida en la noche. Esa lamparilla en plena noche. María veló durante la noche del sábado santo. Su llama, pequeña pero clara, estuvo encendida hasta el alba de la Resurrección; y cuando le llegó la noticia de que el sepulcro estaba vacío, su corazón quedó henchido de la alegría de la fe, la fe cristiana en la muerte y resurrección de Jesucristo.
Porque siempre la fe nos lleva a la alegría y ella es la madre de la alegría que nos enseña a vivir y caminar por este camino de alegría y a vivir esta alegría. Este es el punto culminante, esta alegría del encuentro de Jesús y María. Este es el punto culminante del camino de la fe de María y de toda la Iglesia. ¿Cómo es nuestra fe? ¿La tenemos encendida como María también en los momentos difíciles, en esos momentos de oscuridad? ¿Tengo la alegría de la fe?. (S.S. Francisco, 12 de octubre de 2013).

Reflexión
Cristo resucitado se conmueve ante el amor desinteresado y fiel de la Magdalena y la llama por su nombre. No puede seguir ocultándose y se le descubre. Y es que un amor así, a pesar de nuestras debilidades pasadas, conmueve a nuestro Señor hasta lo más profundo de su ser y se siente “desarmado”, no puede no corresponder a nuestro amor.

Jesús ha vencido al mal – incluso el que nosotros hemos cometido –, y nosotros hemos triunfado con Él. La Magdalena se postra ante Él, y Él la llena del gozo de su resurrección, como quiere llenarnos a nosotros en este rato de oración. Sólo basta perseverar en la prueba y pedir su gracia, buscar para encontrarlo.

Pero Cristo Resucitado nos muestra que Él no se deja ganar en generosidad. María Magdalena no pensaba encontrar más que un cadáver, y sin embargo, Cristo se le muestra con su cuerpo glorioso, vivo para siempre. Animados por esta confianza, debemos también acercarnos con una disposición de entrega a Jesucristo, para pedirle que nos ayude a vencer al hombre viejo, a vivir como hombres o mujeres nuevos...

La resurrección obra una auténtica transformación en la Magdalena. Ya no llora. Ahora es enviada por Cristo a anunciar el gozo de su triunfo: "Ve y dile a mis hermanos.." ¡Por primera vez en el Evangelio Cristo nos llama hermanos suyos! ¡Se ha realizado la filiación divina: somos verdaderamente hijos adoptivos de Dios y hermanos de Cristo! Y como tales, participamos de su misma misión... La resurrección no podemos guardarla en el baúl de los recuerdos, sino anunciarla a los cuatro vientos como María Magdalena, de manera que muchos otros hombres y mujeres se conviertan en apóstoles convencidos del Reino de Cristo.

María Magdalena sale a dar testimonio de la resurrección, pero su amor no le permite sólo rezar y dar ejemplo con su vida virtuosa para que los demás conozcan a Cristo. Ella siente la necesidad, esencial a nuestra vocación cristiana, de hacer algo, hablar, predicar, atender, ayudar, etc., todo lo que pueda, para dar a conocer el amor de Cristo al mundo.

Propósito
Hoy buscaré servir humildemente a una persona que provoque en mí, sentimientos negativos.

Diálogo con Cristo
Cristo resucitado, me atrevo a ponerme en tu presencia para que me llenes de Ti y del gozo de tu triunfo sobre el mal y la muerte. Creo firmemente en tu presencia renovadora, pero aumenta mi pobre fe. Confío que eres Tú quien me guiará en esta meditación y en toda mi vida para vivir como un hombre o mujer nuevo(a). Enciéndeme con el fuego de tu amor, para que me entregue a Ti sin reservas y quemes con tu Espíritu Santo mi debilidad y cobardía para darte a conocer a mis hermanos.
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Autor: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net

Santo Evangelio según san Mateo 28:2


Estampita y Oración a la Pasión Voluntaria de Cristo

Estampita y Oración a la Pasión Voluntaria de Cristo

Estampita y Oración a Jesús Nazareno


Estampita y Oración a Jesús Nazareno

viernes, abril 18, 2014

Evangelio Abril 18, 2014

Prisión de Jesús
Juan 18, 1-19, 42.
Viernes Santo.
Pidamos la gracia de recordar los dolores de Cristo crucificado.

Del santo Evangelio según san Juan 18, 1-19, 42

Dicho esto, pasó Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, en el que entraron él y sus discípulos. Pero también Judas, el que le entregaba, conocía el sitio, porque Jesús se había reunido allí muchas veces con sus discípulos. Judas, pues, llega allí con la cohorte y los guardias enviados por los sumos sacerdotes y fariseos, con linternas, antorchas y armas. Jesús, que sabía todo lo que le iba a suceder, se adelanta y les pregunta: «¿A quién buscáis?» Le contestaron: «A Jesús el Nazareno.» Díceles: «Yo soy.» Judas, el que le entregaba, estaba también con ellos. Cuando les dijo: «Yo soy», retrocedieron y cayeron en tierra. Les preguntó de nuevo: «¿A quién buscáis?» Le contestaron: «A Jesús el Nazareno». Respondió Jesús: «Ya os he dicho que yo soy; así que si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos.» Así se cumpliría lo que había dicho: «De los que me has dado, no he perdido a ninguno.» Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al siervo del Sumo Sacerdote, y le cortó la oreja derecha. El siervo se llamaba Malco. Jesús dijo a Pedro: «Vuelve la espada a la vaina. La copa que me ha dado el Padre, ¿no la voy a beber?» Entonces la cohorte, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, le ataron y le llevaron primero a casa de Anás, pues era suero de Caifás, el Sumo Sacerdote de aquel año. Caifás era el que aconsejó a los judíos que convenía que muriera un solo hombre por el pueblo. Seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Este discípulo era conocido del Sumo Sacerdote y entró con Jesús en el atrio del Sumo Sacerdote, mientras Pedro se quedaba fuera, junto a la puerta. Entonces salió el otro discípulo, el conocido del Sumo Sacerdote, habló a la portera e hizo pasar a Pedro. La muchacha portera dice a Pedro: «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?» Dice él: «No lo soy.» Los siervos y los guardias tenían unas brasas encendidas porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos calentándose. El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y su doctrina

Oración introductoria
¡Ven Espíritu Santo! Me concedes este día para poder acompañar a Cristo en su pasión. No quiero evadir ni olvidar toda la crueldad y maldad que vives por causa de mis pecados. Que esta oración sea el inicio de un día en donde no te escatime tiempo ni esfuerzo para saber contemplarte en tu pasión y muerte.

Petición
Señor, ayúdame a vivir un ayuno gozoso al saber renunciar a todo lo que no sea tu santa voluntad.

Meditación del Papa Francisco
La Cruz invita también a dejarnos contagiar por este amor, nos enseña así a mirar siempre al otro con misericordia y amor, sobre todo a quien sufre, a quien tiene necesidad de ayuda, a quien espera una palabra, un gesto. La Cruz nos invita a salir de nosotros mismos para ir al encuentro de ellos y tenderles la mano. Muchos rostros, lo hemos visto en el Viacrucis, muchos rostros acompañaron a Jesús en el camino al Calvario: Pilato, el Cireneo, María, las mujeres... Yo te pregunto hoy a ti: ¿Cómo quien quieres ser. Quieres ser como Pilato, que no tiene la valentía de ir a contracorriente, para salvar la vida de Jesús y se lava las manos? Decidme: Ustedes son de los que se lavan las manos, se hacen los distraídos y miran para otro lado, o son como el Cireneo, que ayuda a Jesús a llevar aquel madero pesado, como María y las otras mujeres, que no tienen miedo de acompañar a Jesús hasta el final, con amor, con ternura. Y ustedes, ¿cómo cuál de ellos quieres ser? ¿Cómo Pilato, como el Cireneo, como María? Jesús te está mirando ahora y te dice: ¿me quieres ayudar a llevar la Cruz? Hermano y hermana, con toda tu fuerza de joven ¿qué le contestas?. (S.S. Francisco, 27 de julio de 2013).

Reflexión
La vida del cristiano es un "via crucis" si se acepta la invitación de Jesús de llevar la propia cruz detrás de Él cada día.

Podemos ser condenados al desprecio, podemos sentir el silencio que hiere y condena nuestra fidelidad cristiana. En nuestro "via crucis" hay también momentos de caída, de fragilidad y de cansancio, pero también nosotros tenemos una Madre (María) que nos acompaña en nuestro caminar como a Jesús.

El camino de la cruz de Cristo y el nuestro son unas vías de salvación y de apostolado, porque hemos sido invitados a colaborar en la salvación de nuestros hermanos. Todos los cristianos somos responsables del destino eterno de quienes nos rodean. Cristo nos enseña con la cruz a salir de nosotros mismos, y a dar así un sentido apostólico a nuestra vida.

Cuando contemplemos el crucifijo, cuando veamos la figura sufriente de Cristo en la cruz, pidamos la gracia de recordar que los dolores de Cristo crucificado son fruto del pecado. Evitemos, y pidamos la fortaleza a Dios para ello, cada una de las ocasiones de pecado que se nos presenten en nuestras vidas.

Propósito
Rezar, preferentemente en familia, un vía crucis.

Diálogo con Cristo
Señor Jesús, el ambiente me invita a rehuir todo lo que implique sacrificio, dolor, renuncia. Con tu pasión y muerte me invitas a lo contrario: a recorrer el camino áspero y estrecho de la cruz. Y la verdad es que sé que quiero colaborar en la obra de la salvación, pero sin sufrir, sin renunciar a «mis» haberes. Pero también sé que Tú te las ingenias para darme la sabiduría y la fuerza para renunciar, aunque me cueste, a todo eso que me aparta de Ti. Así, día a día, mi desprendimiento será mayor, aunque no me guste el sacrificio, si vivo la espiritualidad de cruz y de abnegación, por amor, que me propone tu Iglesia
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Autor: José Cisneros | Fuente: Catholic.net

La "Visita de las Siete Casas"

La "Visita de las Siete Casas"

jueves, abril 17, 2014

Evangelio Abril 17, 2014

Lavatorio de los pies
Juan 13, 1-15.
Jueves Santo.
Cristo se da como Alimento en la Eucaristía y como Víctima por nuestros pecados en la cruz.

Del santo Evangelio según san Juan 13, 1-15

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle, sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido. Llega a Simón Pedro; éste le dice: «Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?» Jesús le respondió: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo comprenderás más tarde». Le dice Pedro: «No me lavarás los pies jamás». Jesús le respondió: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo». Le dice Simón Pedro: «Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza». Jesús le dice: «El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos». Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: «No estáis limpios todos». Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros.

Oración introductoria
Ven, Espíritu Santo, dame tu luz para comprender que el amor, para que realmente sea amor, tiene que concretarse en obras. ¡Tengo tanto que aprender de ti, Señor! Creo, espero y te amo tanto que quiero, con tu gracia, llegar a ser otro Cristo para los demás.

Petición
Señor, ayúdame a vivir desde hoy con una actitud de servicio y disponibilidad.

Meditación del Papa Francisco
Servir. ¿Qué quiere decir esto? Servir significa dar cabida a la persona que llega, con cuidado; significa agacharse hasta quien tiene necesidad y tenderle la mano, sin cálculos, sin miedo, con ternura y comprensión, así como Jesús se inclinó para lavar los pies de los apóstoles. Servir significa trabajar al lado de los más necesitados, estableciendo con ellos en primer lugar relaciones humanas, de cercanía, vínculos de solidaridad. Solidaridad, esta palabra que da miedo al mundo más desarrollado. Tratan de no decirla. Es casi un insulto para ellos. ¡Pero es nuestra palabra! Servir significa reconocer y acoger las exigencias de justicia, de esperanza y buscar juntos las vías, los caminos concretos de liberación.
Los pobres son también maestros privilegiados de nuestro conocimiento de Dios; su fragilidad y sencillez ponen al descubierto nuestros egoísmos, nuestras falsas certezas, nuestras pretensiones de autosuficiencia y nos guían a la experiencia de la cercanía y de la ternura de Dios, para recibir en nuestra vida su amor, la misericordia del Padre que, con discreción y paciente confianza, cuida de nosotros, de todos nosotros. (S.S. Francisco, 10 de septiembre de 2013).

Reflexión
Si viéramos a algún presidente servirnos la mesa como uno de nuestra servidumbre nos pasmaríamos de seguro por su acción; y si tenemos buen corazón lo admiraríamos: "¡cómo se ha humillado! ¡Qué ejemplo!" Sin embargo estas cosas no suelen pasar entre los poderosos de este mundo. Cristo, en cambio se humilló como un esclavo.

Dice san Juan: "Habiendo amados a los suyos, los amó hasta el extremo". El Amor hecho carne está lejos de ser una especie de demagogo y fariseo que sólo dice y nada hace o hace lo contrario de lo que dice. Cristo vino con toda su vida a predicarnos el amor. Y nos lo predicó con la palabra y sobre todo con su testimonio. Él que era la Palabra del Padre tenía que decirnos su Palabra con su vida. Por eso no tardó en demostrar el amor sirviendo. Sí, sirviendo. Porque amar de verdad es estar sirviendo al otro, totalmente donado al otro. El oficio de esclavo mandaba lavar los pies a los invitados a un banquete. Cristo asume ese oficio. Por eso Pedro se escandaliza de lo que hace su Maestro: "Tú no me lavarás los pies a mí". No porque no quisiera una merced tan grande del Señor sino porque no aguantaba verle hacer "eso" tan humillante. Pero entiende bien el fondo del asunto. Cristo ha hablado del amor. Si no le lava los pies no tendrá parte con Él. Nada más fuera de las intenciones de Pedro. "Hasta la cabeza me puedes lavar".

Es ahora cuando Jesús les enseña que amar no es un estado emotivo, ni un sentimiento para con algunos o una idea hermosa en la cabeza. Es donarse efectivamente. De este modo, lavarnos los pies equivale a vivir en el amor, sirviendo uno al otro con total desinterés. Nada tenía que darnos Cristo. No sólo se habrá de humillar de esta manera. Se dará como Alimento en la Eucaristía y como Víctima por nuestros pecados en la cruz.

Si para alguien el amor es una palabra hueca, que mire a Cristo. Allí comprenderá qué signifique amar de verdad.

Propósito
Acercarme al sacramento de la reconciliación (confesión) para vivir plenamente el Triduo Pascual.

Diálogo con Cristo
Gracias, Señor, por mostrarme el camino que debo seguir. La gracia me la ofreces en la Eucaristía, el eje alrededor del cual debe girar toda mi existencia, pero para poder recibirte sacramentalmente, necesito primero lavarme, limpiar mi vida de todo lo que te ofende, porque aunque sé que nunca seré digno, tengo la seguridad que con la absolución de uno de tus sacerdotes, mi alma quedará lista para recibirte.
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Autor: Edgar Pérez | Fuente: Catholic.net

miércoles, abril 16, 2014

Evangelio Abril 16, 2014

La Traición de Judas
Mateo 26, 14-25.
Miércoles Santo.
La traición de una persona querida trae siempre un dolor muy profundo. Jesús ha vivido este dolor.

Del santo Evangelio según san Mateo 26, 14-25

Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes,
y les dijo: ¿Qué queréis darme, y yo os lo entregaré? Ellos le asignaron treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregarle. El primer día de los Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: ¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer el cordero de Pascua? El les dijo: Id a la ciudad, a casa de fulano, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos. Los discípulos hicieron lo que Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua. Al atardecer, se puso a la mesa con los Doce. Y mientras comían, dijo: Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará Muy entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno: ¿Acaso soy yo, Señor? El respondió: El que ha mojado conmigo la mano en el plato, ése me entregará. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!» Entonces preguntó Judas, el que iba a entregarle: ¿Soy yo acaso, Rabbí? Dícele: Sí, tú lo has dicho.


Oración introductoria
Jesús, el distintivo de tus discípulos y misioneros es el amor y la fidelidad. Sin embargo, la traición a tu amor continúa y es más dolorosa cuando proviene de quienes buscamos estar más cerca de Ti. Te suplico que me cuentes entre ésos que quieren ser fieles, entre los que te piden tu gracia para ser auténticos apóstoles de tu Reino.

Petición
Dame, Señor, la sabiduría y fortaleza para ser siempre fiel.

Meditación del Papa Francisco
Juan dice expresamente que "el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo"; de manera semejante, Lucas escribe: "Satanás entró en Judas, llamado Iscariote, que era del número de los Doce". De este modo, se va más allá de las motivaciones históricas y se explica lo sucedido basándose en la responsabilidad personal de Judas, que cedió miserablemente a una tentación del Maligno. En todo caso, la traición de Judas sigue siendo un misterio. Jesús lo trató como a un amigo, pero en sus invitaciones a seguirlo por el camino de las bienaventuranzas no forzaba las voluntades ni les impedía caer en las tentaciones de Satanás, respetando la libertad humana.
En efecto, las posibilidades de perversión del corazón humano son realmente muchas. El único modo de prevenirlas consiste en no cultivar una visión de las cosas meramente individualista, autónoma, sino, por el contrario, en ponerse siempre del lado de Jesús, asumiendo su punto de vista. Día tras día debemos esforzarnos por estar en plena comunión con él. (Benedicto XVI, 18 de octubre de 2006).

Reflexión
La traición de una persona querida trae siempre un dolor muy profundo. Jesús ha vivido este dolor sin una reacción irascible, sino que ha hecho todo lo posible por evitar la violencia con Judas de tal manera que, cuando éste llega a Getsemaní con una turba de gente armada, Jesús no rechaza el beso del traidor. Se limita a hacerle ver su error con los ojos de la conciencia y del corazón: "¿Con un beso traicionas al Hijo del Hombre?".

Es paradójico que un beso, un gesto afectivo, llegue a ser un acto de traición. Existe una bella oración que se recita en la Iglesia Oriental tomada de la antigua liturgia de san Juan Crisóstomo. Dice así: "Hijo de Dios, hazme hoy partícipe de tu místico convite, porque no revelaré el Misterio a tus enemigos, ni te daré el beso de Judas. Más bien, como el buen ladrón, te pido que te acuerdes de mí, Señor, cuando estés en tu Reino".

Pidamos hoy la gracia de ser siempre fieles al amor del maestro y busquemos en Él la luz para realizar la voluntad de Dios.

Propósito
Pedir al Espíritu Santo la sabiduría para comprender la grandeza de la Misericordia de Dios.

Diálogo con Cristo
Jesús, no permitas que abuse de tu misericordia. Que mi corazón no se endurezca sino que se llene de ese santo temor que lo encauce a nunca ofenderte conscientemente. Gracias por darme la luz para formar mi conciencia y la fuerza para luchar siempre contra toda forma de egoísmo o doblez. Sé que llegar a santidad es difícil, que no se logra de un día para otro, pero que nunca deje de esforzarme por conseguirla.
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Autor: José Cisneros | Fuente: Catholic.net

martes, abril 15, 2014

Evangelio Abril 15, 2014

Anuncio de la traición
Juan 13, 21-33.36-38.
Martes Santo
En nuestras manos está ser un discípulo fiel y generoso o ser otro Judas.

Del santo Evangelio según san Juan 13, 21-33.36-38

Cuando dijo estas palabras, Jesús se turbó en su interior y declaró: «En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará». Los discípulos se miraban unos a otros, sin saber de quién hablaba. Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la mesa al lado de Jesús. Simón Pedro le hace una seña y le dice: «Pregúntale de quién está hablando». El, recostándose sobre el pecho de Jesús, le dice: «Señor, ¿quién es?» Le responde Jesús: «Es aquel a quien dé el bocado que voy a mojar». Y, mojando el bocado, le toma y se lo da a Judas, hijo de Simón Iscariote. Y entonces, tras el bocado, entró en él Satanás. Jesús le dice: «Lo que vas a hacer, hazlo pronto». Pero ninguno de los comensales entendió por qué se lo decía. Como Judas tenía la bolsa, algunos pensaban que Jesús quería decirle: «Compra lo que nos hace falta para la fiesta», o que diera algo a los pobres. En cuanto tomó Judas el bocado, salió. Era de noche. Cuando salió, dice Jesús: «Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo y le glorificará pronto». «Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros. Vosotros me buscaréis, y, lo mismo que les dije a los judíos, que adonde yo voy, vosotros no podéis venir, os digo también ahora a vosotros. Simón Pedro le dice: «Señor, ¿a dónde vas?» Jesús le respondió: «Adonde yo voy no puedes seguirme ahora; me seguirás más tarde». Pedro le dice: «¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti». Le responde Jesús: «¿Que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes que tú me hayas negado tres veces».

Oración introductoria
Señor, ¿estoy realmente dispuesto a dar todo por Ti? Que ingenuo soy al pensar que podría renunciar a todo por tu amor sino logro serte fiel en el día a día. Permite que esta oración me lleve a crecer en el amor, en lo ordinario del día de hoy, para que así confíe auténticamente en tu gracia y pueda entregarte todo.

Petición
Dame la sabiduría para entender, Señor, que la fidelidad no es otra cosa que la obediencia pronta a tus inspiraciones.

Meditación del Papa Francisco
He ahí quiénes son los corruptos. Y esto es un peligro también para nosotros: convertirnos en corruptos. Los corruptos están en las comunidades cristianas y hacen mucho mal. Jesús habla a los doctores de la Ley, a los fariseos, que eran corruptos; les dice que son sepulcros blanqueados.
En las comunidades cristianas los corruptos son así. Se dice: Ah, es buen cristiano, pertenece a tal cofradía; bueno, es uno de nosotros. Pero nada: existen para ellos mismos. Judas empezó siendo pecador avaro y acabó en la corrupción. La senda de la autonomía es un camino peligroso. Los corruptos son grandes desmemoriados, olvidaron este amor con el que el Señor hizo la viña y los hizo a ellos. Cortaron la relación con este amor y se convirtieron en adoradores de sí mismos. ¡Cuánto mal hacen los corruptos en las comunidades cristianas! El Señor nos libre de deslizarnos por el camino de la corrupción... (Cf. S.S. Francisco, 3 de junio de 2013, homilía en la capilla de Santa Marta).

Reflexión
Cristo se turba. Y no era para menos. La situación era desconcertante. Había amado excepcionalmente a Judas, le permitió ver milagros, le reveló los secretos del cielo y le ofrecía el camino hacia el mismo, pero...

Cristo se duele y se apena por el resultado de esa inversión de amor. Su gran corazón le llevó a darlo todo. Desde un inicio Él sabía que el material de Judas era difícil, poco prometedor, pero no por eso le despreció. Al contrario, le amó con más intensidad y muestra de ello es que, según las referencias de los evangelios, nadie fuera de aquél discípulo infiel besó con tanta confianza al maestro. Sin embargo, el corazón duro de aquel hombre no se abrió a su amor y por ello se duele.

¿Seguirá turbándose Cristo? Cristo es el mismo siempre. Sigue con ese corazón sin límites. Quiere lograr de nosotros un santo. Él nos conoce. Tiene en cuenta nuestras cualidades y defectos. Sabe que son muchos nuestro fallos para la obra que pretende lograr. Pero no nos preocupemos. Él dará, amará y perdonará todo lo que sea necesario. Lo que debemos hacer es abrir nuestro corazón y ser buen administrador de ese amor que tiene tantas esperanzas en nosotros. En nuestras manos está ser un discípulo fiel y generoso o ser otro Judas, traidor del plan y del amor del Dios.

Propósito
Ante las preocupaciones y los problemas del día, decir: Jesús en ti confío.

Diálogo con Cristo
Gracias, Padre mío, por recordarme lo frágil que puede ser mi voluntad. Quiero ser tu amigo fiel que nunca llegue a desconfiar de tu misericordia. Permite que mi servicio a los demás sea humilde y generoso, que no haya nunca un interés egoísta o fines utilitaristas en mis relaciones con los demás.
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Autor: Miguel Ángel Andrés | Fuente: Catholic.net