domingo, septiembre 08, 2013

Nuestra Señora de la Cueva Santa

Nuestra Señora de la Cueva Santa
Septiembre 8


Santuario de la Cueva Santa y Montmayor

El Santuario de Ntra. Sra. de la Cueva Santa esta situado a 811 m. sobre el nivel del mar y a 12 Km. de Altura. Resuma espiritualidad en el interior de una profunda gruta. Lugar de culto y peregrinación desde tiempos ancestrales, tomo especial significado para el cristianismo desde el hallazgo, en 1502, de una imagen de la virgen a la que atribuyen infinidad de acciones milagrosas. En la actualidad se venera en esta cavidad natural un relieve de alabastro atribuido a Bonifacio Ferrer que es objeto de culto y continuas romerías desde los pueblos del Alto Palencia e inmediaciones.

La sima que lo acoge, de 20 m de profundidad, era conocida desde antiguo con el nombre de Cueva del Latonero y en ella encontraban refugio los pastores y sus ganados, así como los pocos caminantes que por allí pasaban. Así fue hasta que en el s. XV, entre 1503 y 1508, es hallada en el interior de la gruta la Santa Imagen, que con posteridad se llamó Virgen de la Cueva Santa, y se erigió la capilla que con el paso del tiempo, se transformo en el actual Santuario.

La imagen, es un bajo relieve de yeso de 20 cm de alto por 10 de ancho, en cuya parte superior se forma una corona de rayos que se estrecha como la tercera parte de su altura total formando dos ligeras curvas. Representa el rostro anciano de la Virgen con traje de viuda, sobre toca, con el rostro y el cuello descubierto, bajo el cual abrocha la toca.

Dichas imágenes las realizaba y repartía a las gentes Fray Bonifacio Ferrer en la Cartuja de Vall de Cristo de Altura. Llama la atención que la imagen, aun siendo de yeso, no se deteriora por la humedad con el paso del tiempo, pese a que la cueva en la que esta ubicada, presenta una humedad harto apreciable, deteriorando todo objeto de hierro o madera que en ella se deposita.

Precisamente la historia de la Cueva Santa se remonta al año 1410, cuando Fray Bonifacio Ferrer ingresa en la Cartuja de Vall de Cristo, pues en su celda, creó el molde para la fabricación de las imágenes. Estas eran repartidas por el propio fraile a los pastores, para que estos le dieran culto en sus refugios durante sus ausencias del pueblo, pues su tamaño, permitía llevarlas en el zurrón sin ocupar apenas bulto

Uno de aquellos pastores con su ganado, se resguardo un día en la espaciosa Cueva del Latonero, pues sabia que allí había un manantial donde podría abrevar y descansar tanto él, como el ganado, quedando mejor resguardado de las inclemencias meteorológicas. El pastorcillo, coloco la Virgen en un replano de la roca, y allí la arreglaba con florecillas silvestres y le rezaba sus oraciones. Pero cuando, no se sabe el motivo, abandono la cavidad, no se llevo consigo la imagen que le había dado el fraile cartujo, quedando allí olvidada en un rincón.

Casi cien años tuvieron que pasar, para que otro pastor de la vecina población de Segorbe, que también entro a pasar la noche con su rebaño, reencontrase la Imagen abandonada. Se cuenta que cuando el pastorcillo ya empezaba a dormitar, vio aparecérsele la Virgen, la cual le indico donde encontraría una imagen suya para que pudiera darle culto.

El pastor fue a buscar en el lugar indicado, y allí, efectivamente, encontró la imagen fabricada por Fray Bonifacio Ferrer. La trascendencia de aquel hallazgo, seguido de otros portentos atribuidos a la Virgen, fueron atrayendo a muchísimos devotos de la comarca hasta aquella milagrosa Cueva, que en los primeros tiempos quedaba bajo los cuidados de voluntariosos ermitaños.

Sin embargo no fue hasta el año 1574 cuando, en Jérica, al matrimonio formado por Isabel Martínez y Juan Monserrate se les desterró del pueblo, debido a que Juan, había contraído la lepra, enfermedad entonces maldita. En su largo y desolado caminar, llegan a esta Cueva, de la que ya habían oído que en ella tenia su morada una Virgen que obraba milagros a los más necesitados. Isabel, al ver la Virgen, le pide curación a su marido, mientras que a la vez iba lavando las heridas de este con el agua que destilaban las paredes de la gruta. Al noveno día de lavados y rogativas, Isabel contempló atónita como todas las llagas de su esposo habían desaparecido por completo, así como también los dolores que estas le causaban.

Entusiasmados por la buena nueva, deciden retomar el camino a Jérica con la esperanza de ser de nuevo admitidos, pero los jurados de la villa, toman repentina curación por brujería y los repudian de nuevo. Con todas las ilusiones destrozadas, vuelven a la gruta, donde se encontraron a una pareja formada por un fraile, y una anciana en traje de luto. Al ver aparecer al matrimonio tan tristes, les preguntaron qué era lo que les causaba tal tristeza, y el matrimonio les relató emocionados los hechos. Al acabar el relato, el fraile extrajo un pergamino y escribió unas letras a los jurados de Jérica para certificar los hechos.

De nuevo Juan e Isabel parten hacia Jérica con nuevos ánimos, y al llegar a sus puertas, piden que se acercase el Justicia, al cual entregaron el pergamino escrito por el religioso, como prueba de la ausencia de brujería, y sí del favor Divino. Pero ocurría que cuando este intento leerlo, las palabras se volvieron borrosas, resultando el texto ilegible. El Justicia, entrego el pergamino a los Jurados, pero a estos les ocurría lo mismo. Así que finalmente fue a parar a manos del Párroco, que tras leer el contenido, observo que tales palabras solo podían haber sido escritas por mano santa, y tras escuchar las descripciones dadas por Juan e Isabel, ahora ya readmitidos, sobre quienes les habían entregado el pergamino, el cura no dudo en afirmar, de que habían sido la mismísima Virgen, acompañada por S. Vicente Ferrer (hermano de Fray Bonifacio) los autores de dicho manuscrito, organizando para el siguiente domingo, lo que fue la primera romería de acción de gracias a la Cueva Santa.

Isabel, pese a ver sido readmitida en su pueblo, no olvido a la Virgencita que tanto le había ayudado, y cada sábado subía, a veces con más gente, a limpiar la cueva y ponerle flores a la Virgen, quedándose allí a pasar la noche. Una de aquellas noches, los perros empezaron a ladrar y a ponerse nerviosos, y al ir a ver que ocurría encontraron a un matrimonio acompañado por su hija, a que invitaron a entrar y dieron de cenar, y al preguntarles que de donde procedía, estos respondieron que de Altura. A la mañana siguiente, al despertar, el matrimonio y la niña ya habían partido, y tras indagar si alguien los conocía, se dieron cuenta de que habían sido visitados por S. Joaquín y Sta. Ana, acompañados por la Virgen niña, que habían bajado de Las Alturas.

Paso el tiempo, e Isabel, que se encargaba permanentemente de los cuidados de la Cueva, observaba que en la cueva la imagen no estaba segura, pues aparte de que entraba mucho ganado, comenzaban a subir moriscos buscando, no a la Virgen, sino el agua que curaba, aunque sí que dejaban limosnas por los "favores" que "el agua" les hacia. Visto lo visto, un día, decidió llevarse la imagen a su casa de Jérica, así que cogió a la Virgen, la metió en una cesta de mimbre, y comenzó a caminar. Pero al llegar a la cercana fuente de Rivas, abrió la cesta y observó asombrada que la Virgen ya no estaba. No muy convencida, pensó es que de las ganas igual se le había olvidarlo cogerla, cosa que casi se termino de creer cuando al subir de nuevo a por ella, la encontró en el mismo lugar del que la había cogido.

Pero Isabel no desistió de su idea, así que esta vez, una vez metida la imagen la cubrió con hojas de higuera y ramitas para que no se le volviera a escapar, además pensaba bajar hasta Jérica sin descansar para no tener que abrir la cesta. Emprendió de nuevo el camino, y al faltar unos kilómetros para llegar a Jérica, abrió la cesta para ver si la imagen todavía estaba, no fuera a ser que al llegar al pueblo la tomaran por tonta. Y cual fue su sorpresa, al destapar las hojas, descubrir que de nuevo, la Imagen Divina había vuelto a desaparecer. Entonces ya comprendió Isabel, que la Virgen quería estar en la cueva que ella misma había elegido, para poder allí atender a cuantos se lo solicitasen.

En los dos lugares en que Isabel descubrió que la imagen no estaba en su cesta, se ha erigido unos pilones como señal, uno al lado de la carretera unos metros más arriba de Rivas, a la izquierda, y el otro en el camino por el que vienen en romería los vecinos de Jérica.

En vista de la gran afluencia de gente que iba a la Cueva Santa, y para mayor cuidado de la misma, se hacen cargo de su cuidado, las autoridades de Altura por estar la gruta en dicho termino, colocando entonces una puerta para impedir la entrada de ganado, y un cepo para recoger las limosnas, con las que construirían una pequeña Capilla con Altar.

Pero Altura entonces era feudo cartujo, y entendiendo los frailes que aquello era un lugar de culto, deciden en 1592, subir los cartujos al Santuario, para hacerse cargo de este. Durante su estancia mejoran las infraestructuras de la Cueva. También pusieron una campanilla, la cual es conocida porque cada vez que suena, es señal de que la Virgen ha realizado un milagro. Considerando que la imagen que había de yeso era demasiado pobre para recibir tanta admiración, subieron una imagen de alabastro de la Cartuja denominada "la Primitiva", relegando la de yeso a un segundo plano.

Pero ni la feligresía de los alrededores, ni la villa de Altura estaban conformes, ni con el cambio de imagen de la Virgen ni con la ocupación de los monjes, por lo que comienzan una serie de actos legales que finalizan en 1606 con la expulsión de los frailes de la Cueva, que se llevaron la Virgen que habían traído, y colocaron nuevo en su lugar, la original y antigua de yeso.

Aquella victoria en los tribunales, provoco una mayor devoción entre el pueblo, de manera que a partir de entonces, se comenzó a solicitar el traslado de la Virgen en romería a los pueblos casi constantemente, llegando a haber disputas entre algunos por quererla tener en ellos, lo que motivo que, mucho tiempo después, en 1950, para evitar disputas, tuvieran que ser los pueblos los que vallan al Santuario a adorar a la Virgen, y no la Imagen a aquellos.

Pero como ya se ha dicho, eso ocurrió mucho tiempo después. Durante los s. XVII y XVIII los traslados de la Virgen a Segorbe eran muy constantes. La mayoría de las ocasiones era para solicitar por intercesión de la Virgen de la Cueva Santa, la lluvia que necesitaban los campos. La de más relevancia fue la 11ª traslación, realizada en 1726. Ese año se abatió sobre tierras valencianas una sequía general que puso en peligro las cosechas. En tal circunstancia se decidió bajar a la Virgen de la Cueva Santa hasta la catedral de Segorbe y hacer una fervorosa rogativa en la que participaron gentes de muchos pueblos. Y cuentan las crónicas que los labradores de la huerta valenciana decían: "no plourà fins que no ixca la palometa", pues a esta imagen se la llama cariñosamente la Blanca Paloma. Continua la misma crónica que "el 27 de febrero, que era martes, amaneció lloviendo y nevando, y siguió así toda la semana, hasta llenar la medida de los deseos de todo el Reino".

Quizás sea desde entonces que los niños cantasen aquello de:

¡Que llueva, que llueva,

la Virgen de la Cueva...!

La 34ª vez que se trasladó la Virgen, fue a Altura, desde el 17 de marzo al 6 de abril de 1915, alumbrando el 25 de marzo el agua del manantial del Berro, celebrándose a partir de entonces la fiesta de agradecimiento bajo la advocación de esta Virgen, bajo cuya protección se haya el manantial.

No se cesa de repetir, que cada vez era más la devoción popular hacia esta advocación Mariana. Debido a esto las autoridades de Altura, comenzaron a realizar mejoras en las infraestructuras de la cueva. Así, en 1645 se agranda la Cueva y se construye la Capilla del Santo Cristo de la Comunión, a la izquierda de la escalera.

Dos años después se construiría el Altar del Cristo de los Milagros, nada más traspasar el umbral de la puerta que da acceso al Santuario. Sobre el Altar de esta capilla, de talla antigua y estilo irregular, está colocada la venerable efigie del Crucifijo. De este Santo Cristo hay un milagro muy conocido, el del ciego de nacimiento. Allá por el año 1649, llego al Santuario un ciego de nacimiento acompañado por un lazarillo. Este, al pasar junto al Cristo, le indico al ciego la presencia de la Cruz, y este se arrodillo y pidió con vivas ansias curación para su mal, y ¡oh, milagro!, el ciego ante el asombro de algunos testigos, recobro la vista.

Al oír el bullicio organizado por la alegría del ciego, salió el capellán a ver qué es lo que ocurría, y al enterarse del prodigio, le pregunto al ex-ciego que por qué si había venido a pedirle ayuda a la Virgen, todavía no había bajado a verla. El ex-ciego no supo muy bien que contestar, y el clérigo le dijo que de inmediato fuese a ver a la Virgen, y que le pidiese que únicamente le conservara la vista si con ello no ponía en peligro su alma. Bajo el ex-ciego algo indeciso y se postró ante la imagen de la Virgen, repitiendo las palabras que el cura le había dicho, y nada más terminar de decirlas, quedo ciego de nuevo, pero por primera vez en su vida, contento de serlo, sabiendo que al final, su alma quedaría limpia, yéndose del Santuario cantando y narrando a todos lo ocurrido.

Esta capilla fue restaurada en 1915, reformándose, al igual que el Altar, de manera que se pudiera celebrar la misa. El Santísimo Cristo que hoy se venera fue cedido por la familia Bruno Sebastián, ilustre abogado de Altura.

También en la capilla de Ntra. Sra. de la Cueva Santa se realizaron obras de mejora. Tiene esta unas dimensiones de 7´5 x 5´8 m. Sus muros son gruesos, de sillería hasta una altura de un metro, y de mampostería el resto. El piso es de azulejos y sus paredes antiguamente también estuvieron recubiertas de ellos. A ambos lados del retablo, se abren dos vanos o puertas que dan acceso a la sacristía.

El retablo tiene pedestales, y columnas salomónicas dobles de jaspe, entre las que se hallan las estatuas de S. Joaquín y Sta. Ana, de mármol y de buena factura. En el segundo cuerpo hay una tabla de mármol de medio relieve representando a S. Joaquín y Sta. Ana, llevando de la mano a la Virgen Niña, tal como los vio bajar Isabel Monserrate a la Cueva. En medio del retablo se abre un espacioso nicho, coronado de hermosa concha de jaspe, que sirve de aposento al precioso relicario donde se halla la Sagrada Imagen. Este, representa la entrega de una imagen por parte del Vble. Fray Bonifacio Ferrer, artífice de la Imagen, a un pastor. Bajo la Virgen cuelga un campanita, recordando la que suena cada vez que Ella hace un milagro, y que nadie sabe donde está. El bastón que hay apoyado en el relicario, es el que en 1955 dono el Ayuntamiento de la Villa de Altura, para nombrarla Alcaldesa Perpetua de esta población. Este bello retablo fue donado por la Duquesa de Segorbe, Doña Catalina de Aragón, en 1695, y bajo el lugar donde de encuentra el Sagrario, esta colocado el escudo de la Casa Ducal. La mesa del altar, el frontal y la tarima, están hechos de jaspes, mármoles y piedra negra. También se construyo por entonces la torre campanario, construida toda ella de sillería, de 10 m. de alta.

Existía también desde antiguo, una hospedería para aquellos fieles que deseasen quedarse para realizar las novenas. Con motivo de unas reparaciones en la Hospedería en 1714, había de levantarse una viga de considerables dimensiones, que entre seis hombres no podían alzar, por lo que decidieron esperar a que llegase ayuda. Hubo quien fue a rogarle a la Virgen para que llegase pronto, y al poco rato de hacer las plegarias, aparecieron dos jóvenes robustos a quienes se les presento el capellán y les invito a prestar ayuda, accediendo los jóvenes con mucho gusto, y más si era en servicio de la Virgen. Así pues, diciendo y haciendo, en un momento estuvo colocada la viga en su sitio. Y cuando fueron a buscar a los jóvenes para darles las gracias, estos habían desaparecido, teniendo el hecho como milagroso. Posteriormente, la Hospedería volvería a ser reformada en 1880, pero al caer parte de la fachada, tuvo que ser retocada de nuevo en 1930.

Las postrimerías del siglo XVIII todavía serian testigo de otro de los prodigios señalados. La historia viene a ser esta: Un soldado, acampado por la vecina comarca de los Serranos junto a su regimiento, es herido por un compañero a traición, y este, antes de desfallecer, le jura venganza. Cuando ya estuvo recuperado, se le ordeno regresar a su acuartelamiento situado en Segorbe, teniendo que pasar para ello por el Santuario de la Cueva Santa.

Al hacerlo siente deseos de confesarse y arrepentirse por sus sentimientos, pero no lo hace por el juramento de venganza realizado ante todos sus compañeros. Así pues, decidió continuar su camino, pero, poco antes de llegar a Rivas, el caballo, clavó la pata en una roca y tiro a tierra al soldado. Desde el suelo, observa el soldado un repentino resplandor, y en medio ve a la Virgen, la cual le pregunto el porque no subía a confesarse.

El soldado cree haber visto una alucinación a raíz del golpe, y decide hacer caso omiso y continuar su marcha. Pero en cuanto reinició su camino, el caballo volvió a clavar la pata, tirando nuevamente al suelo al soldado, que volvió a tener la misma visión, entonces le promete a la Virgen subir a confesarse. Una vez en la Cueva le comenta al sacerdote lo ocurrido y este le confiesa; pero el soldado no siente que su arrepentimiento por el compañero haya desaparecido, por lo que el cura al saberlo, le hace rezar delante de la Virgen tres salves, para posteriormente volverlo a confesar, quedando el soldado ya satisfecho. Con el alma libre de culpa, retoma el soldado su camino hacia Segorbe, y al llegar al lugar de las caídas equinas y la aparición, esta vez sin tropezones, se dio cuenta que, en la roca del suelo, había quedado marcada la huella de su corcel.

Para conmemorar aquel insólito caso se levantó el conocido como Pilón de La Pota del caballo, que se encuentra situado en la parte izquierda de la actual carretera de acceso al Santuario, aunque su construcción se realizo en el antiguo camino. En el Pilón, se pude contemplar un retablo cerámico alusivo al hecho, y en el que se lee lo siguiente:

De María luz bella

a Yolaville derriba

que su altar contrito arriba.

Ved del caballo la huella.

Y ciertamente debajo del pilón parece distinguirse la huella de un caballo.

El último de los prodigios atribuidos a esta Virgen de la Cueva Santa, es la curación en el año 1997 de una mujer enferma de Parkinson, que bebió del agua que manaba de la Cueva.

La llegada del siglo XX, comienza con la subida en romería, en 1917, de los restos de Fray Bonifacio Ferrer, colocándolos en un sepulcro situado en la Capilla del Stmo. Cristo.

El 24 de abril de 1922, llega al Santuario la Comunidad Carmelita para hacerse cargo de su mantenimiento y prestar los servicios necesarios a los peregrinos, utilizando parte de la hospedería como convento. Esta Comunidad se marchó en 1972.

El vandalismo ocurrido durante la Guerra Civil Española, también llego hasta el Santuario Mariano, donde los restos de Fray Bonifacio Ferrer fueron expoliados, y la Imagen que desde el siglo XV había permanecido presidiendo la Santa Cueva, partida en varios trozos. Al terminar la contienda, una familia valenciana dono otra Imagen, que por tradición familiar había pertenecido a estos desde los tiempos del Venerable Padre Cartujo, al que se le construyo, en 1955, una estatua, donde desde un lugar privilegiado contempla la Calderona, al tiempo que observa su Cartuja, lugar donde fue enterrado.

Ese mismo año es nombrada la Virgen de la Cueva Santa, alcaldesa perpetua de la Villa de Altura, y 10 años después, es nombrada por el Papa Pío XII, patrona de los espeleólogos Españoles, los cuales en su honor portan una imagen de esta que fijan en cada una de las cuevas exploradas.

La sección de exploradores subterráneos del centro excursionista de Valencia, han intentado explorar científicamente la cueva, buscando las grandes galerías, lagos, ríos y rocas con formas curiosas mencionadas por José de la Justicia en sus anotaciones. Aunque estos no han sido hallados, sí en la tercera incursión, a unos 55 m. de la entrada encontraron una roca con forma de fraile yaciente. Dicha roca sí es mencionada por la Justicia al igual que una con forma de mesa con varios personajes sentados en forma de convite.

En otra exploración realizada por este centro en la cueva del Esparteral o del Pelugo de Sagunto se encuentra la imagen de la Virgen grabada en el centro de una piedra de rodeno con forma de altar. Se cree que esta roca fue labrada por algún pastor que allí se resguardara con su ganado entre los años 1580-90, aunque se ignora la verdadera antigüedad. Como anécdota cabe mencionar la boda de una pareja de espeleólogos, ella con traje de faena de exploradora blanco y el, al igual que el resto de invitados, de azul, iluminando la cueva las linternas de los casco de cada espeleólogo.

La Virgen de La Cueva Santa también es Patrona de la Diócesis Segorbe- Castellón, y en estos momentos, esta en tramite el que sea también declarada Patrona de los Jubilados Españoles, sugerencia que salió desde la Unión de Jubilados y Pensionistas de Altura, y que pronto ha sido apoyada por muchísimas asociaciones de este tipo de toda España. Por ultimo destacar, que los ciclistas valencianos también están intentando el tenerla como patrona, pues al estar ubicada junto a un puerto de montaña muy atractivo tanto para motoristas como ciclistas, son muchos los aficionados a estos medios de transporte los que hasta el Santuario se acercan, culminando la subida, después de la Cueva, en el Alto de Montmayor.

No es raro subir cualquier día hasta el Santuario, y encontrarse con autobuses o infinidad de coches que llegan procedentes de algún punto de la Región valenciana o aragonesa en romería, para adorar a la Virgen, si bien, la primera romería de carácter oficial es la que realiza el pueblo de Altura, el ultimo domingo de Abril, única ocasión en que la Imagen de Yeso es bajada de su altar y ofrecida a la feligresía para besarla.

Los alrededores del Santuario también están salpicados de hermosura. A las impresionantes vistas que desde él se contemplan, que abarcan hasta lugares tan lejanos como la Peña Escabia o el de Santa Bárbara de Pina, hay que añadir los pintorescos rincones que se descubren en su entorno más inmediato, como el monumento erigido a Fray Bonifacio Ferrer, autor de la Divina imagen o ese largo Vía Crucis que finaliza en una enorme Cruz.

Las Estaciones del Rosario se comenzaron a construir en 1925 a expensas de los devotos, y tras la guerra, serian los mismos devotos quienes costearían la restauración de la estación que en su día erigieron. Tras cada una de las estaciones, existe una inscripción en la que se indica el nombre del autor de cada una de ellas.

La cruz que hay al final del recorrido, se levanto en 1939. Viene a indicar el lugar en el que se escondió bajo tierra la Imagen de la Virgen de la Cueva Santa durante la guerra Civil, para evitar así su robo o destrucción. Pero cuando fueron a buscarla al acabar la guerra, no hallaron el Camarín de plata que contenía a la Virgen, y a esta la encontraron a trozos, tuvieron que cambiarla por la actual. A esta cruz salía el antiguo camino de acceso al Santuario.

Cada 7 de Septiembre, víspera de la natividad de Ntra. Sra. de la Cueva Santa, se realiza en torno a las 22 horas, el canto del rosario por estas estaciones, siendo bonito de ver por la forma serpenteante de las luces de las velas portadas por los asistentes. También diversos pueblos en sus romerías, como es el caso de Segorbe, realizan su canto del rosario particular, que cuenta con una numerosa participación.

El calendario romero se inicia cada año con la peregrinación de los vecinos de la localidad de Altura, el último domingo de abril, y tiene su punto álgido el 8 de septiembre, festividad de la Cueva Santa.

Otro Calvario con estatua en tamaño natural se comienza a construir en 1968, pero no se llega a terminar porque tal y como se iban terminado las esculturas, los gamberros las rompían, quedando los restos de cinco de ellas. (Juicio de Poncio Pilatos, La Crucifixión, Cristo en la Cruz, Jesús bajado de la Cruz con María y El Santo Sepulcro).

Estas están levantadas junto al trazado del GR- 10, que tiene su paso a escasos metros del Santuario, y sigue hacia la cumbre de Montmayor, cumbre más alta del termino a 1015 m de altitud y 15000 de Altura, donde al caer la noche, cobra especial relevancia la vista de la ciudad de Valencia iluminada.

Como puede verse, el culto a la Virgen, se combina en este Santuario con el goce de la Naturaleza, convirtiéndose de esta manera, en un lugar inolvidable para todo aquel que sube hasta él para ver ese nido que en las entrañas de la tierra tiene la Blanca Paloma de la Virgen de la Cueva Santa.

El Alto de Montmayor, por su altitud y ubicación a 1.015 m. constituye un enclave privilegiado en el corazón de la Sierra Calderona que permite otear simultáneamente los valles de los ríos Turia y Palencia desde un paraje que conjuga ecosistemas de considerable valor ecológico. El bosque de pino carrasco y el encinar son los protagonistas en un proceso de recuperación que cubre progresivamente las laderas donde se yerguen todavía algunos ejemplares monumentales de sabina albar.
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Texto Cortesía de: Paco García Valverde

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