San Segundo de Asti, Mártir
Marzo 30
Martirologio Romano: En Asti, en la región transpadana, san Segundo, mártir.
La historia sucede en Asti, ciudad de la región de Piamonte, en el noroeste de Italia. Siendo Sapricio prefecto de Asti, quien debía ir a ver a Marciano, (prisionero cristiano en un pueblo llamado Terdón), para intentar obligarle a ofrecer sacrificios a los ídolos, pidió que en este viaje lo acompañara como escolta uno de sus hombres de más confianza: Segundo.
Martirologio Romano: En Asti, en la región transpadana, san Segundo, mártir.
La historia sucede en Asti, ciudad de la región de Piamonte, en el noroeste de Italia. Siendo Sapricio prefecto de Asti, quien debía ir a ver a Marciano, (prisionero cristiano en un pueblo llamado Terdón), para intentar obligarle a ofrecer sacrificios a los ídolos, pidió que en este viaje lo acompañara como escolta uno de sus hombres de más confianza: Segundo.
A poco de iniciarse el viaje una paloma vino a posarse en la cabeza de
nuestro protagonista, lo que sorprendió a Sapricio, la paloma se fue pero, al
rato, cruzando un río, Segundo vio a un ángel del Señor caminando sobre las
aguas que le dijo: “Segundo, abraza le fe cristiana y caminarás sobre los
idólatras igual que yo sobre el agua“.
Sapricio dijo, “Segundo parece que los dioses te hablaran” y siguieron el
camino pero aconteció que que otro ángel se hizo visible al cruzar otro río, y
habló así: ”Segundo, ¿tienes dudas o crees en Dios?”, a lo que Segundo
respondió: “creo en la verdad de su Pasión”. Sapricio, sorprendido por el
soliloquio que había salido de boca de Segundo le preguntó “¿Te pasa algo?”.
Segundo guardó silencio.
A la entrada de Terdón, apareció de repente San Marciano, al que uno de los
ángeles había sacado de la cárcel, y dijo: “Segundo emprende el camino de la
verdad para que puedas recibir la gracia de la fe”. Segundo al averiguarle
Sapricio sobre lo que estaba pasando, ni corto ni perezoso, respondió: “para ti
es como si soñaras, pero para mí es un aviso y una fuente de fortaleza “.
A partir de aquí, Segundo se separó de Sapricio y se dirigió a Milán donde
se encontró con Faustino y Jovita, que habían salido de la cárcel con ayuda de
un ángel y con un poco de agua de lluvia le bautizaron.
Entonces apareció otra paloma que traía en el pico la hostia sagrada, el
cuerpo y la sangre de Cristo, para que Segundo confortara con todo ello a San
Marciano que, nuevamente estaba en una celda en Terdón. Con ayuda de un ángel
cruza el río Po y consigue llevar la comunión a San Marciano, poco tiempo antes
de que lo ejecutaran. Segundo será quien enterrará el cuerpo del mártir.
La historia posterior está decorada con elementos fantásticos, cosa común
en los relatos de las virtudes heroicas en aquellos días. Lo que se puede sacar
en claro es que: habiéndose dado cuenta Sapricio de lo cambiado que estaba
Segundo, y sospechando que este se había hecho cristiano, lo invitó a ofrecer
sacrificios a los ídolos, como Segundo rechazara la invitación, ordenó que lo
aprendan y torturaran, esa noche fue dejado en una celda con sus miembros
dislocados, pero un ángel acudió a curarlo esa noche, por lo que al día
siguiente para sorpresa de Sapricio se presentó ante él totalmente sano.
Mandó a que lo encerraran junto a Calocero, quien de acuerdo a ciertos
relatos —en algún encuentro anterior— fue quien le hiciera conocer a Segundo las
nociones del cristianismo. Tanto Calocero como Segundo seguían negándose a
realizar sacrificios a los ídolos, Sapricio envió nuevamente a Calocero a la
celda pero ordenó que Segundo, en quien en algún momento había puesto toda su
confianza, fuera llevado inmediatamente fuera de la ciudad y decapitado. El año
era aproximadamente el 119.
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Autor: Xavier Villalta - es.catholic.net
Hermosa historia de san Segundo.a el sieempre le pido interseda por mi ante N.S Jesucristo
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