San Máximo de Éfeso o Asia, Mártir
Mayo 14
fecha en el calendario anterior: 30 de abril
†: c. 250 - país: Turquía
canonización: pre-congregación
En la provincia romana de Asia Menor, san Máximo, mártir durante la persecución bajo el emperador Decio y de quien se dice que murió lapidado.
Thierry Ruinart, el benedictino que en el siglo XVII intentó poner orden en
las caóticas «actas de los mártires» que, por miles, nos había legado la
tradición -muchas de ellas leyendas, relatos de edificación o simples
monsergas-; desarrolló un sistema de clasificación donde ponía los relatos que
con más seguridad podían considerarse testimonios auténticos del martirio en el
grupo que él denominó «Acta sincera». Es verdad que la obra de los bolandistas y
otros estudiosos de la hagiografía, y en especial el gran Delehaye, ya en el XX,
depuró en muchísimos aspectos los métodos un tanto primitivos y acríticos de
Ruinart, pero en el limitado círculo de los «Acta sincera», compuesta por apenas
un centenar de actas, casi siempre validó sus conclusiones.
El mártir que nos ocupa es desconocido bajo otros aspectos, ni siquiera
podemos situarlo con mayor precisión en la geografía que en la vasta "Provincia
romana del Asia Menor"; sin embargo sus «Acta» recibieron de Ruinart la
calificación de «sincera», genuinas. Se trata de un diálogo «oficial» entre el
procónsul Óptimo y Máximo, cristiano:
El procónsul Óptimo le preguntó su nombre y condición social. El mártir
respondió: «Máximo. Nací libre, pero ahora soy esclavo de Cristo.»
Óptimo: ¿En qué te ocupas?
Máximo: Soy un hombre del pueblo y vivo del comercio.
Óptimo: ¿Eres cristiano?
Máximo: Sí, aunque indigno de serlo.
Óptimo: ¿Estás al tanto de los recientes decretos de los invencibles emperadores?
Máximo: ¿Qué decretos?
Óptimo: Los que ordenan que todos los cristianos abjuren de la superstición reconozcan al verdadero y supremo príncipe y adoren a los dioses.
Máximo: Sí, conozco ese decreto del rey de este mundo y, por ello he venido a entregarme.
Óptimo: Ofrece sacrificios a los dioses.
Máximo: Yo sólo ofrezco sacrificios al Dios único, a quien me he sacrificado gozosamente desde la infancia.
Óptimo: Si ofreces sacrificios, te pondré en libertad. Si no, te condenaré a la tortura y a la muerte.
Máximo: Es lo que siempre he deseado. Si me entregué, fue precisamente para cambiar esta vida miserable por la eterna.
Óptimo: ¿En qué te ocupas?
Máximo: Soy un hombre del pueblo y vivo del comercio.
Óptimo: ¿Eres cristiano?
Máximo: Sí, aunque indigno de serlo.
Óptimo: ¿Estás al tanto de los recientes decretos de los invencibles emperadores?
Máximo: ¿Qué decretos?
Óptimo: Los que ordenan que todos los cristianos abjuren de la superstición reconozcan al verdadero y supremo príncipe y adoren a los dioses.
Máximo: Sí, conozco ese decreto del rey de este mundo y, por ello he venido a entregarme.
Óptimo: Ofrece sacrificios a los dioses.
Máximo: Yo sólo ofrezco sacrificios al Dios único, a quien me he sacrificado gozosamente desde la infancia.
Óptimo: Si ofreces sacrificios, te pondré en libertad. Si no, te condenaré a la tortura y a la muerte.
Máximo: Es lo que siempre he deseado. Si me entregué, fue precisamente para cambiar esta vida miserable por la eterna.
El procónsul mandó a los verdugos que azotasen a Máximo. Como esto no
produjese ningún efecto, los verdugos le colgaron en el instrumento de tortura
llamado el «potro». Pero como el mártir permaneció inconmovible, Óptimo
pronunció la sentencia de muerte: «Máximo se ha negado a obedecer a la ley y a
ofrecer sacrificios a la excelsa Diana: por ello, la Divina Clemencia (es decir,
el emperador) le condena a ser lapidado para que su muerte sirva de escarmiento
a los otros cristianos». Máximo fue apedreado fuera de la ciudad y murió
mientras glorificaba y daba gracias a Dios.
Los hechos parece que ocurrieron en la persecusión de Decio, hacia el 250,
y quizás (pero con muy poca seguridad) en la ciudad de Lampsaco. Siempre sera
difícil para nosotros comprender, no ya el "ansia de martirio" (que se ha dado
en todas las épocas) sino esta autoentrega a las autoridades, que se dio con
bastante profusión en los primeros siglos, y que la Iglesia prohibió luego
explícitamente.
=
Ver el texto de las actas en Acta Sanctorum y en Ruinart, Acta sincera. En
la obra de Leclercq, Les Martyrs, se encontrarán otras referencias y notas. El
presente artículo está tomado en lo sustancial del Butler, 30 de abril.
Tomado de: El Testigo Fiel
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